Una persona, no una función: maternidad en La hija oscura, de Elena Ferrante

“Las cosas más difíciles de contar son las que
nosotros mismos no llegamos a comprender.”
Elena Ferrante, La hija oscura

Desde la antigüedad clásica y judeocristiana, ser madre ha sido una de las funciones principales de la mujer. Las sociedades que se rigen por premisas patriarcales siempre la han visto como una persona cuya ocupación principal es la de ser incubadora y criar hijos e hijas, además de velar por su marido y la casa. Siguiendo los pensamientos tradicionalistas sobre lo importante que es la maternidad en la vida de la mujer, si ésta no llega a cumplir con ese cargo, se le considera incompleta; es decir, nunca podrá ser plenamente feliz si no llega a ser madre o esposa. Simone de Beauvoir, en su libro El segundo sexo (1949), explica:

[L]a maternidad es como la mujer cumple íntegramente su destino fisiológico; ésa es su vocación ‘natural’[.][…][D]esde la infancia se le repite a la mujer que está hecha para engendrar y se le canta el esplendor de la maternidad; los inconvenientes de su condición –reglas, enfermedades, etc. – el tedio de las faenas domésticas, todo es justificado por este maravilloso privilegio que ostenta de traer hijos al mundo. (464, 473)

Pero, ¿qué pasa cuando una mujer no se siente feliz en su papel de madre? Para algunos esto es imposible o impensable; no obstante, sucede.

Elena Ferrante, autora italiana famosa por su anonimidad, se ha convertido en una de las escritoras con más reconocimiento en su país natal y mundialmente a raíz del éxito de la tetralogía Dos amigas: La amiga estupenda, Un mal nombre, Las deudas del cuerpo y La niña perdida (2011-2014). Su obra se ha traducido al castellano, francés, portugués, inglés, entre otros idiomas. Elena Ferrante es una de las autoras contemporáneas que escribe y ahonda sobre temas feministas y sus novelas se caracterizan por abordar temas crudos, violentos y con tabús sociales. Además, las obras están situadas, en su mayoría, en la ciudad de Nápoles.

En La hija oscura, la protagonista es Leda[1], mujer y madre que recién se encuentra en una nueva etapa de su vida ya que sus hijas dejan la casa e Italia para irse a vivir con su padre en Toronto, Canadá. En esta novela, Ferrante aborda un tema del cual casi no se habla en la vida diaria: no ser feliz como madre. Desde el primer capítulo, Leda narra, con un poco de culpa, el nuevo sentimiento de bienestar a raíz de que sus hijas se van a vivir con el padre: “Descubrí con una penosa felicidad que no sufría ningún dolor, sino que me sentía ligera como si sólo entonces las hubiera dado a luz” (8). Así, con la prosa elegante de Ferrante, el lector se sumerge en el monólogo interior de la protagonista.

Para dar contexto a la novela, a raíz de que Leda vive sola, decide tomar unas vacaciones de verano e irse a una playa cerca de Nápoles. Es allí donde la protagonista conoce a una familia napolitana integrada por: una madre muy joven llamada Nina, su hija Elena -de no más de cuatro años-, el esposo y la cuñada de Nina, Rosaria, quien actualmente se encuentra embarazada. Desde el momento en que Leda ve a Nina y a Elena, siente curiosidad por la mamá joven y la niña, mirándolas como si fueran un espectáculo:

quote ferrante 3

En la cita se puede ver cómo Leda queda impresionada por la relación de madre e hija; misma que la hace recordar la suya con sus hijas. De este modo, la obsesión de la protagonista por Nina y Elena, así como por la familia napolitana, podría ser porque ve reflejada su niñez y su vida en Nápoles.

A raíz de que Elena pierde su muñeca Nani, con la cual no puede dejar de estar un minuto, la niña se sumerge en un sufrimiento absoluto, lo cual impacienta a su madre Nina. Aquí, Leda se presenta como un personaje difícil ya que es ella la que encuentra la muñeca de Elena y, en vez de entregarla para acabar con el martirio de la niña, la recoge y se la lleva a su casa, secuestrándola, no muy convencida de regresarla a su dueña. Es interesante que Ferrante nos muestre un personaje con el cual, tal vez, es difícil sentir empatía, ya que es difícil entender por qué Leda esconde la muñeca. Es a partir del incidente de la muñeca que Leda se acerca a Nina y las dos comienzan una amistad llena de complicidad, aunque la narradora sigue sin revelarle que es ella la que oculta la muñeca de su hija. Sin embargo, Nina siente confianza por Leda y se acerca cada vez más a ella, confesándole, por ejemplo, su aventura con un chico de la playa y pidiéndole que les deje la casa para que esté a solas con su amante. En otro momento, una tarde que se encuentran en el pueblo, Leda les confiesa a ella y a Rosaria que por tres años abandonó a sus hijas, a lo cual Rosaria, asustada, contesta:

quote ferrante 1

De este modo, Leda también recuerda su infancia, cuando su madre la amenazaba con dejarla a ella y sus hermanas, repitiendo “ya no puedo más con ustedes, no puedo más” (19).

Una mujer que no ve en primer lugar por sus hijos se convierte en un “monstruo”, ya que es una barbaridad que una mujer no pueda sentirse completa o satisfecha siendo madre. Así, la identidad de la mujer depende de la maternidad; no se reconoce que la mujer es un sujeto autónomo con una identidad propia, que no depende de ser esposa o madre. La sociedad está acostumbrada a ver de manera más común que el hombre sea el que desaparezca; sin embargo, si la mujer lo hace, cae en un espectro de críticas; esto se convierte casi en una doble moral. La novela nos invita a hacer una reflexión de la vida de la mujer como madre cuando esta identidad se pierde y la mujer no reconoce en lo que se ha convertido[2]. Leda, a pesar de sus errores como ser humano, busca impulsar su vida académica al irse a Inglaterra y deja a cargo al padre de sus hijas. Si bien puede verse como un acto egoísta, es importante reconocer la búsqueda de identidad autónoma de Leda.

Por otro lado, Nina, al principio de la obra, parece ser una madre tranquila y devota, como lo narra Leda:

quote ferrante 2

Sin embargo, el comportamiento de su hija al perder la muñeca, la lleva a la impaciencia y a perder la “tranquilidad” que la definía. De este modo, empieza a confiar en Leda, ya que admira la honestidad con la que la narradora confiesa el haber abandonado a sus hijas por tres años. El personaje de Nina representa la soledad que, en algunas ocasiones, las madres sienten al ser dejadas con la absoluta responsabilidad de sus hijos. No quiero decir que Nina haya perdido su identidad autónoma al convertirse en madre, sino que es constantemente controlada por el marido y Rosaria, siendo ésta última quien la vigila y no quiere que frecuente a Leda.

Por otra parte, podríamos interpretar que Leda[3], al robar la muñeca, intenta redimirse por haber abandonado a sus hijas y empieza a “cuidar” a la muñeca de Elena, como en la ocasión que va al mercado a comprarle un vestido nuevo. Más adelante, en una analepsis, la protagonista le escribe una carta a cada una de sus dos hijas, explicándoles el porqué de su decisión de irse a Inglaterra, dejándolas. Sin embargo, al ver que sus hijas no le dan importancia a la carta, dice: “Qué tonta fui. Pretender ser vista por ellas como una persona y no una función” (120).

Al llegar el clímax de la novela, Leda decide regresarle la muñeca a Nina y ésta se enfurece por haberla escondido tanto tiempo, reaccionando de manera violenta y enterrándole una pinza a la narradora para herirla. Leda, finalmente decide irse de la playa y regresar a su casa, atormentada por las decisiones que tomó. Casi a punto de irse, recibe una llamada de una de sus hijas:

<<Mamá, qué haces, ¿ya no nos llamas? ¿Nos podrías al menos avisar si sigues viva>>
Dije, conmovida: <<Estoy muerta, pero estoy bien. >> (141)

El desenlace deja varias posibilidades de interpretación, y deja más preguntas que respuestas: ¿Qué pasa con Leda? ¿Es esta muerte simbólica una manera de empezar de nuevo para Leda? La hija oscura retrata de manera honesta, conmovedora y dolorosa las experiencias femeninas y nos deja reflexionando sobre el rol de la mujer y de la madre en la sociedad actual. Es decir, una sociedad que aún se rige por premisas machistas, y que sigue asumiendo que la mujer debe sentirse completa y feliz al ser madre, o bien que la mujer es incompleta si no llega a serlo.

Notas:

[1] El nombre de la protagonista podría tener un significado simbólico. En la mitología griega, Leda es solamente conocida por ser la mujer que Zeus sedujo, y por ser madre de Helena, Pólux, Clitemnestra y Cástor.
[2] Henrik Ibsen, dramaturgo noruego, también abordó el tema en su obra de teatro Casa de muñecas (1879). Varios críticos han considerado la obra como parte de la literatura feminista.
[3] Es interesante notar que Leda es retratada de modo similar a Emma Bovary y a Anna Karenina, aunque en Madame Bovary (1857) y Anna Karenina (1877) el tema tabú social era el adulterio. No obstante, ellas son ejemplos importantes de las dobles morales que sufren las mujeres, y del rechazo y la soledad que enfrentan. También vale la pena recalcar que fueron hombres quienes escribieron sobre Emma Bovary, Anna Karenina y la experiencia femenina, mientras que en La hija oscura es una mujer la que escribe sobre la mujer y la maternidad.

*Las traducciones son mías. Sin embargo, hay una traducción al castellano por Edgar Borboy publicada por la editorial Lumen.

EH405319

Bibliografía:

De Beauvoir, Simone. El segundo sexo. Trad: Juan García Puente. México: Penguin Random House Grupo Editorial. 2016.

Ferrante, Elena. La figlia oscura. Roma: Edizioni e/o. 2006.

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