Sic Parvis Magna: La legitimación heroica en Uncharted 4: A Thief’s End

“Soy un hombre con fortuna, y debo buscar mi fortuna”
Henry Avery

Después de hallar tres ciudades legendarias (El Dorado, Shambala e Iram de los Pilares) queda claro que Nathan Drake (Nolan North), protagonista de la saga Uncharted, es un héroe hecho y derecho. En los primeros dos juegos Nathan todavía parece ser descendiente del explorador Sir Francis Drake y, por lo tanto, merecedor por herencia del mismo estatus “noble” y olímpico que permea a las figuras héroicas. Por otra parte, además de responder a la estructura narrativa aristotélica, los 4 juegos también hacen uso del ya muy explorado viaje del héroe propuesto por Joseph Campbell, es decir: “El héroe inicia su aventura desde el mundo de todos los días hacia una región de prodigios sobrenaturales; se enfrenta con fuerzas fabulosas y gana una victoria decisiva; el héroe regresa de su misteriosa aventura con la fuerza de otorgar dones a sus hermanos” (45). En sus primeras tres aventuras, Drake comienza buscando riqueza y gloria; sin embargo, al enfrentarse a los villanos (epítomes de la maldad en el mundo por megalomaniacos, posesivos, tiranos, egocéntricos y codiciosos), termina sacrificando su fortuna para salvar a sus seres queridos o a toda la humanidad.

La trama de Uncharted 4: A Thief’s End (2016) parte de una premisa similar y podría ser resumida de la siguiente manera: Nathan Drake es visitado por su hermano Samuel (Troy Baker) (recién “resucitado” de entre los muertos), quien le pide ayuda en la búsqueda del tesoro del Pirata Henry Avery para poder pagar el precio sobre su cabeza puesto por el narcotraficante Héctor Alcázar (lo cual resulta ser una invención de Sam para sacar a Nathan de su casa). En el camino se enfrentan a Rafe Adler (Warren Kole), heredero de una fortuna inmensa, y a Nadine Ross (Laura Bailey), líder de una banda de mercenarios. Sin entrar mucho en detalles aún, me parece que aunque Uncharted 4 parte de una trama básica logra presentar algunas cuestiones importantes en términos de desarrollo de personajes. El videojuego explora el intento de cada personaje por la legitimación de su estatus heroico, pues todos buscan demostrar a los demás y a sí mismos que son merecedores de la fama, gloria y poder que pretenden, incluso si la búsqueda puede representar al mismo tiempo su propia perdición.

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© Sony Computer Enternteinment

Luego de un inicio in medias res (a modo de las narraciones épicas), A Thief’s End hace una analepsis hacia el pasado más remoto de Nathan hasta la fecha: sus días en el orfanato Saint Francis. El joven escapa de la institución por la noche para reunirse con su hermano Sam y meterse a una casa a recuperar los diarios de su madre. El episodio, me parece, tiene varios propósitos. En primer lugar, establece que el inicio de los dos hermanos es desde cero (a diferencia, por ejemplo, de Rafe): ambos son huérfanos cuyo padre los abandona luego del suicidio de la madre (lo cual también justifica a Sully como figura paterna). Además, enfatiza los caracteres de ambos: Sam como el engañoso hermano protector y Nathan como el explorador rebelde pero honorable (pues es confinado a su cuarto luego de pelear por el honor de su familia y tiene que escabullirse por los pasillos y techos del orfanato para encontrarse con su hermano). Si bien en este primer episodio hay rastros de lo heroico en Nathan, también es presentado como un niño un tanto ilegítimo (no conocemos su verdadero apellido aún) y sin mucho futuro. Es bastante significativo que ese nivel se llame “La llamada a la aventura” (pum, Campbell) pues, como nos enteramos después, es ese episodio en la vida de Nathan y Samuel el que los orilla a lanzarse por el mundo en busca de tesoros legendarios y ciudades perdidas.

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© Sony Computer Enternteinment

La continuación de este episodio viene al final del segundo acto, en el nivel titulado “Los hermanos Drake”. Aquí, Nathan y Samuel irrumpen en la casa de una anciana coleccionista de tesoros llamada Evelyn para robar los viejos diarios de Cassandra Morgan, madre de los jóvenes. Ésta decisión demuestra el apego y cariño irrevocables de los hermanos hacia la madre e incita la vocación de ladrones por primera vez (en la cronología jugable, al menos) justificada por el impulso sanguíneo hacia el pasado. Allí se enteran que su madre estaba buscando el tesoro perdido de Avery y más tarde la dueña de la casa les cuenta que Cassandra tenía la teoría de que, contrario a la creencia popular, Sir Francis Drake sí había tenido descendientes. Luego de escapar de la casa rodeada de policías, Samuel y Nathan deciden cambiar su apellido a Drake, haciendo alusión a los herederos perdidos del famoso explorador, y escapar de la ciudad para continuar con la búsqueda que llevó a su madre a la muerte.

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© Sony Computer Enternteinment

Es en éste episodio donde nos enteramos que el verdadero apellido de Nathan es Morgan. Los nombres en la ficción suelen estar cargados de significado y me parece que el apellido, de resonancia claramente piratesca, predestina en cierto modo a los hermanos a la vida de ladrones (saqueando tumbas, en lugar de barcos). Al sustituir ese nombre por el nuevo, también aceptan un nuevo papel: el de exploradores. Ambas características se fusionan en Nathan que es tanto explorador como ladrón. En A Thief’s End (traducido al castellano como “el desenlace del ladrón”) la decisión de cambiarse el nombre es de vital importancia ya que los hermanos pasan el resto de su vida en un esfuerzo constante por llenar los zapatos del apellido Drake.

Thief
© Sony Computer Enternteinment

Sin embargo, la legitimación de Nathan como explorador no ocurre en éste juego, sino en los pasados tres y esto es evidente en que casi todos los personajes hacen alusiones a las aventuras pasadas del protagonista. Más bien, aquí el conflicto en Nathan radica en su incapacidad de aceptar el tedio que le causa la vida sedentaria pues está claramente destinado a la aventura (como un Odiseo moderno): es decir, hay un choque entre su amor por Elena y su amor por el peligro (el clásico eros y tánatos). Justamente, la aparición inesperada de su hermano desde la tumba y la excusa de que no lo hace por el dinero o la gloria sino por altruismo fraternal, le abre la puerta para terminar esa primera aventura pero lo impulsa a mentirle a Elena y abandonar su casa. Poniéndolo así, la inclusión de este episodio en la vida de Nathan, de esta “llamada a la aventura”, convierte al juego en el cierre perfecto de la saga pues, al presentar el detonante de su vocación de explorador y al legitimarse por herencia de su madre y por la decisión de convertirse en el heredero ilegítimo de Sir Francis Drake, le da a Nathan el objetivo que permea toda su vida y de ese modo, le da la posibilidad de cumplirlo y cerrar el ciclo del héroe.

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© Sony Computer Enternteinment

Por otra parte, aunque adjudicada a Avery, la frase del epígrafe, “Soy un hombre con fortuna, y debo buscar mi fortuna”, también resuena en los conflictos y motivaciones de los demás personajes. Tanto Rafe, Avery y Samuel buscan crear su propio nombre a través de sus acciones, aunque de forma más bien maquiavélica. En primer lugar, Rafe Adler parece sentir celos del protagonista y su fama y, al ser heredero de la fortuna de su padre, cree que necesita ganarse el respeto de los demás por sus propios medios. Por desgracia, sus modos poco ortodoxos lo llevan a utilizar, traicionar, extorsionar e incluso matar a quienes se le ponen en el camino. En segundo, el pirata Henry Avery había fingido su muerte para poder retirarse a Madagascar y fundar una ciudad independiente utópica llamada “Libertalia”. Sin embargo, la fantasía aparente idealista (Sullivan la llama, en broma, “comunista”) de Avery se muestra al final como realmente es: un infierno de locura y traición en el que el poder y el dinero corrompen al pirata y lo llevan a matar a todos sus aliados. Así, en su intento por amasar poder y legitimarse Avery y Adler se convierten los villanos, un poco similares al Monstruo-Tirano expuesto por Campbell cuyo ego desproporcionado “es una maldición para sí mismo y para su mundo aunque sus asuntos aparenten prosperidad” (29). La obsesión de ambos personajes es la que finalmente los lleva a su muerte y no es casual que Rafe y Avery mueran de un modo similar: en medio de un tesoro brillante pero ensangrentado.

Tew y Avery
© Sony Computer Enternteinment

Por otra parte, Samuel parece obsesionarse del mismo con el tesoro debido a que lo ve como un modo de legitimarse como merecedor ya sea el apellido Morgan (arrebatado por las circunstancias) o Drake (elegido por decisión propia). La obsesión de Samuel, empujada por esa falta de nombre y el rechazo de ambos padres, es la que lo orilla a mentirle a Nathan para sacarlo de su zona de confort (un lugar al que vuelve al final de la narración) y detona todos los sucesos del juego. Al final del juego, Samuel no es muy distinto a Rafe o Avery (pues no le importa poner la vida de los demás en peligro y traicionar con tal de lograr su propósito) e incluso casi sufre el mismo destino que éstos, y es únicamente el heroísmo incondicional de Nathan el que lo salva de un final trágico.

Nathan y Sam
© Sony Computer Enternteinment

En conclusión, es claro que los cuatro personajes buscan encontrarse a través de la gloria que trae el descubrimiento de algo maravilloso: ya sea un tesoro legendario o un paraíso perdido. Los cuatro buscan ser hijos de sus propias obras, pero a diferencia de Samuel, Rafe o Avery, Nathan es el único que logra sobreponerse a la corrupción que demasiada ambición representa. Al completar el viaje, volver al inicio y lograr conocerse a sí mismo, Nathan se vuelve el único merecedor del título legítimo de héroe. Al comenzar como un niño problemático y abandonado que logra legitimarse por sus grandes obras, Nathan encarna el lema de Sir Francis Drake: Sic Parvis Magna. “La grandeza nace de pequeños comienzos”. Sin intención de encapsular el juego en reducciones moralistas, me parece que Nathan, al inventarse a sí mismo, nos enseña una lección importante: sin importar su linaje, y siempre que no se deje corromper por la ambición, cualquiera puede ser un héroe.

 

Campbell, Joseph. “El Monomito”. El héroe de las míl caras. Psicoanálisis del mito. Trad. Luisa Josefina Hernández. Fondo de Cultura Económica : Ciudad de México. 2017, pp. 17-62.

 

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