“Sé insignificante y escaparás de los celos de los grandes”: La moralidad en medio de la tiranía en The Man in the High Castle

The Man in the High Castle (2015) es una serie producida y distribuida por Amazon Studios basada en la obra homónima de 1962 del maestro de la ciencia ficción, Philip K. Dick. Si bien al principio puede resultar difícil encontrar lo ciencia-ficcional en esta obra en particular (tendemos a asociar al género únicamente con viajes al espacio o tecnología avanzada), en realidad pertenece a un sub-género de la ciencia ficción llamado ucronía, que, según el diccionario de Oxford, es una “Reconstrucción histórica construida lógicamente que se basa en hechos posibles pero que no ha sucedido realmente”, es decir, es una especulación histórica estructurada y llevada hasta sus últimas consecuencias. La serie plantea lo que pasaría si los Nazis y los japoneses hubieran ganado la Segunda Guerra Mundial. 

El extrañamiento[1] producido por esta ucronía se hace notar desde los títulos introductorios del primer capítulo. El territorio norteamericano se encuentra dividido en tres partes: al este se encuentra el “Gran Nazi Reich”, al oeste los “Estados Japoneses del Pacífico” y ambos están divididos por lo que se conoce como la “Zona neutral”, que ocupa el área de las Montañas Rocosas. En los títulos, un mapa mundial muestra la distribución de territorios mientras en el fondo suena la canción “Edelweiss” (que pertenece al famoso musical The Sound of Music [1959] en el que una familia numerosa intenta lidiar con los primeros estragos del régimen Nazi) en la que resaltan las palabras “limpia” y “blanca” que, dentro de este contexto y de manera irónica por el origen de la canción, hacen referencia a la cruzada, impulsada principalmente por Hitler, de la dominación mundial por parte de la raza aria.

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© Amazon Studios

Cada uno de los personajes lidia con conflictos que se relacionan de diferentes maneras con estas dos palabras y su carga ideológica. Incluso cuando los personajes viven en el territorio dominado por los japoneses se ven afectados por las políticas de terror que caracterizan este tipo de regímenes autoritarios. Frank Frink (Rupert Evans), de ascendencia judía, podría ser asesinado en cualquier momento. Juliana Crain (Aleza Davalos) sufrió un accidente que probablemente le impida tener hijos y esto la vuelve un ser humano desechable, bajo los principios de la sociedad en la que vive. Robert Childan (Brennan Brown) rechaza y denigra sus orígenes para enaltecer a la cultura japonesa, que considera más pura y superior. Nobuske Tagomi (Cary-Hiroyuki Tagawa) intenta evitar que se desarrolle un nuevo conflicto entre alemanes y japoneses. John Smith (Rufus Sewell) y Joe Black (Luke Kleintank) son dos nazis que llegarían a sacrificar las cosas que más valoran para poder ser de utilidad a su patria y al Reich. Todos esto personajes pertenecen a diferentes clases sociales y poseen grados de poder distintos dentro de la sociedad en la que viven. Unos ocupan altos cargos en el gobierno, algunos intentan mantenerse neutrales y otros pertenecen a la resistencia que busca socavar el régimen totalitario.

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© Amazon Studios

El octavo capítulo de la primera temporada, “Three Monkeys”, es quizá el ejemplo más claro de cómo las ideas de pureza y limpieza que el régimen alemán enaltece permean las vidas de los personajes. El capítulo muestra, principalmente, a John Smith y a Joe Black celebrando el Día de la victoria (una fiesta que luce muy similar a la del 4 de julio en Estados Unidos) con la familia y un viejo amigo del primero. Por otra parte, Juliana continua con su intento de ayudar a la resistencia al conseguir un trabajo en las oficinas del gobierno japonés, del otro lado del país. La misión de esta última es encontrar a una persona llamada Sakura Iwazaru, pero pronto se entera de que no se trata realmente de una persona sino de la flor del cerezo (sakura) y una referencia al antiguo proverbio japonés de “Los tres monos sabios”. El dicho Mizaru, Kikazaru, Iwazaru[2] es conocido mundialmente (a tal punto que los famosos emojis de los tres changuitos que se tapan la boca, las orejas, y los ojos, respectivamente, derivan de este) y se traduce como “no ver el mal, no escuchar el mal, no decir el mal”. El dicho tiene dos interpretaciones principales que resultan ser casi opuestas: la primera es que insta a las personas a mantenerse puras de mente, palabra y acción, alejadas de todo mal. La segunda es que puede ser una invitación a hacerse de la vista gorda ante situaciones que involucren el mal. Aunque similares (intentar ignorar el mal podría verse como una manera de mantenerse alejado de éste), realmente existe una diferencia en términos de moralidad entre estas dos interpretaciones y eso resulta relevante porque los dilemas morales se encuentran en el centro de los conflictos de todos los personajes principales y la manera en que lidian con ellos se relaciona directamente con el poder que poseen dentro del sistema.

El proverbio aparece indirectamente en las actitudes de los personajes a lo largo de este capítulo y si corresponde a la primera o a la segunda interpretación depende directamente de la importancia que el personaje da a las ideas de pureza del estado totalitario alemán. Repetidamente a lo largo de este capítulo, John Smith, el Obergruppenführer (equivalente al rango del General), dice que “No se puede permitir que las emociones interfieran con lo que está bien. Tienen que hacerse sacrificios”, especialmente cuando Rudolph Wegener, un compañero del ejército que ha perdido la fe en el Reich, le señala que nadie habla de los Campos de concentración ni de la cantidad de gente que ha sido exterminada. Smith señala que es mejor mirar hacia el otro lado porque ahora tienen un mundo mejor. La idea de tener una sociedad “pura” sin importar el costo, sin darle importancia a lo moral, se relaciona con la segunda definición de proverbio.

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© Amazon Studios

Por otro lado, cuando el Obergruppenführer descubre que su propio hijo, Thomas, sufre de una enfermedad degenerativa incurable y, bajo las leyes del Reich, no se le puede permitir seguir viviendo, decide hacerse de la vista gorda y no eutanasiarlo[3] inmediatamente. John Smith se caracteriza por su impecable obediencia y su fuerte patriotismo hacia el imperio alemán; pero falla en mantenerse puro (o “limpio”) y alejado del mal que representa desobedecer explícitamente la ley cuando uno de los miembros de su familia se ve directamente afectado por las políticas radicales de exterminación. John Smith parece seguir alineado con la segunda definición del proverbio porque pretende que la enfermedad de Thomas no existe. Sin embargo, al incorporar el aspecto moral a su toma decisión, es decir, evaluar lo que es “bueno” o  “malo” independientemente de lo que dicta la ley, no puede seguir ignorando las atrocidades cometidas por los nazis.

Juliana Crain enfrenta un conflicto moral que resulta similar en varios aspectos. Cuando recibe de manos de su hermana Trudy una caja con un rollo de película cinematográfica y un boleto de autobús con el nombre de un restaurante – justo antes de que ésta sea asesinada por el Kempeitai (la policía militar del Ejército Imperial Japonés) – Juliana decide completar la misión de entregar el filme para intentar hacer que la muerte de su hermana signifique algo. Al igual que con el caso de John Smith y su hijo, la decisión de cruzar hacia la zona neutral para ayudar en la misión de la resistencia implica ir directamente contra las leyes establecidas por el imperio dominante.

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© Amazon Studios

Las diferencias entre estos dos conflictos resultan fundamentales para demostrar cómo funciona el poder dentro de un régimen totalitario y su relación con lo moral. En primer lugar, John Smith posee poder político, y por lo tanto los medios, para impedir que su hijo tenga que morir. Cuando el doctor que descubre la enfermedad de Thomas amenaza con denunciar al Obergruppenführer por impedir que se ejecute lo que dicta la ley, este último lo asesina para que la información no se divulgue y pueda seguir con su plan de enviar al muchacho a la Zona Neutral y así permitirle seguir con vida. Juliana, por otro lado, no posee ni la posición ni los medios para completar la misión o siquiera para defenderse a sí misma (sólo los japoneses y los nazi tienen derecho a portar armas); su determinación es lo único de lo que puede hacer uso para lograr sus fines. Tanto Juliana como Smith, sobreponen lo que consideran que es correcto moral y éticamente por encima de lo que es legal.

Otro elemento importante es que Juliana es mujer y dentro de la sociedad que se presenta en The Man in the High Castle dicho género no puede ocupar posiciones de poder. Esto responde, en parte, a que la sociedad estadounidense de los años 50 (independientemente de quién hubiera ganado la guerra) relegaba a las mujeres a las tareas del hogar. Dando así pie a que el régimen intimide a la población para legitimar su poder, únicamente lográndolo al permitir que sólo una pequeña parte del pueblo (los hombres) pueda (o tenga la ilusión de) acceder a algún tipo de poder. Podríamos llegar a creer que en este tipo de sociedades uno no puede permitirse ser moral y que la única definición que admite el proverbio es la de hacerse de la vista gorda y fingir que el mal no está ahí si no se posee el suficiente poder para lidiar con las consecuencias; pero personajes como Juliana -que cumple su cometido de entregar el filme, a pesar de no poseer las ventajas de John Smith- demuestran que la política basada en el terror es realmente una estructura muy frágil.

Sin importar en dónde se encuentren, nadie sale privilegiado de una sociedad así. No triunfa quien intenta mantenerse en un estado de pureza, evitando el contacto con el mal (al menos con el mal establecido por lo legal). Podemos creer que no hay nada de malo con torturar y matar montones de personas en nombre de un ideal y que triunfan los individuos que deciden hacerse de la vista gorda, aquellos que fingen que las cosas están bien, porque son éstos los que poseen el poder. Pero tal vez con los que simpatizamos más son con los que, para hacer lo que creen que es correcto, desafían las leyes que sabemos injustas. Resulta esperanzador ver que incluso el que parecía ser el más devoto de los nazi, John Smith, ignora las reglas en nombre del amor que le tiene a su hijo, pero también resulta complicado sentir empatía con alguien a quien hemos visto cometer tantas atrocidades y quizá una parte de nosotros piensa que lo tiene merecido. Es por eso que la serie no sólo plantea estos conflictos morales dentro de los personajes, también logra transmitirlos a la audiencia y hacer que nos cuestionemos nuestros propios principios e incluso cuán humanos realmente somos.

 

 

[1] “El extrañamiento (cognitivo) es un procedimiento utilizado, según los formalistas rusos, por la ficción en general mediante el cual se produce una relación dialéctica entre las reglas que gobiernan el mundo ficticio que se nos propone y la alteración de esas reglas. Este procedimiento nos seduce en una normalidad aparente de la que nos volvemos presa a medida que avanza la trama de la historia y que, en un momento determinado, es utilizada para subvertir ese orden generado y sorprendernos al alterar, a veces en grado mínimo, pero otras en un grado sustancial, estas reglas intrínsecas. Habitualmente, mientras más sutilmente esté llevada esta relación hasta los extremos, mientras más imperceptibles sean los cambios y se produzca, no obstante, una modificación importante de las reglas, más nos gustará la historia.” Fuente: Cineyciencia.wordpress.com.

[2]  Como dato curioso, A. W. Smith, en su ensayo “Sobre la ambigüedad de ‘Los tres monos sabios’” analiza las raíces etimológicas del proverbio y muestra que se trata de un juego de palabras: Para los japoneses la palabra para mono (“saru”) pronunciada después de una vocal (por lo tanto, “zaru”) se vuelve lo mismo que la terminación negativa de un verbo. Solo en japonés las palabras (no ver, no escuchar, no hablar) son ilustradas apropiada e ingeniosamente por la imagen de los monos” (143).

[3] Si bien desde la perspectiva de alguien que no pertenece al régimen (o incluso desde la de algunas personas que sí lo hacen), esto podría parecer más asesinato que eutanasia porque Thomas no pide la muerte de manera voluntaria, el diccionario de Oxford define la eutanasia como el “Acto de provocar intencionadamente la muerte de una persona que padece una enfermedad incurable para evitar que sufra” y esta parece ser la definición que siguen en la serie.

 

Bibliografía:

Cineyciencia.wordpress.com. (2018). extrañamiento | Ciencia, Cámara…¡Acción!https://cineyciencia.wordpress.com/tag/extranamiento/. Consultado: 6 de agosto de 2018.

Smith, A. W. “On the Ambiguity of the Three Wise Monkeys.” Folklore, vol. 104, no. 1/2, 1993, pp. 144–150. JSTOR, JSTOR, http://www.jstor.org/stable/1260803.

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