Editorial III. Reescrituras: cuentos de hadas y mitología griega

Aún recuerdo las reacciones mixtas de mis amigos cuando salieron los cortos de Beauty and the Beast (2017) con Emma Watson, adaptación de la película animada de 1991. Personalmente, sigo muy desencantada con la nueva película, y no porque esté mal hecha, sino porque le tengo muchísimo cariño a la versión animada (que es mi película favorita de Disney y de la infancia). A raíz de que Disney está haciendo versiones live-action de casi todas sus películas animadas, me puse a pensar en las reescrituras y como vemos que siguen saliendo múltiples libros y películas sobre reinterpretaciones de cuentos de hadas. Por ejemplo, Maleficent (2014) y la serie de televisión Once Upon a Time (2011-2018), en las que se da una nueva perspectiva o historia a las villanas y se propone una nueva lectura de por qué terminaron siendo las “malas” del cuento. Muchas de ellas, como Maléfica o la Reina de Blancanieves, adquieren un trasfondo más profundo que, en la mayoría, tiene que ver con cómo fueron engañadas por un hombre de manera violenta o hasta con una violación. Y no sólo hay reescrituras de cuentos de hadas en adaptaciones fílmicas, sino en novelas o cuentos. Por ejemplo, Angela Carter, en su colección de cuentos The Bloody Chamber (1979), les da una perspectiva feminista a las heroínas. En el cuento que nombra la colección, la madre es quien rescata a la protagonista de ser asesinada; no los hermanos, como en el cuento “Barba Azul” de Charles Perrault.

Entonces, en general, se le da un giro a las historias que se nos contaban de niños. Muchas de las veces las heroínas o las protagonistas ya no esperan ser salvadas por el príncipe azul, y a veces éste no es el príncipe maravilloso que las películas animadas lo hacían parecer. Además (y en mi opinión lo más fascinante de las reescrituras) por fin se le da una voz a las que no la tuvieron. De la misma manera, el mundo ya no parece de color rosa como lo veíamos de niños, el mundo está lleno de violencia y decepciones; se parece más a la realidad.

Muchas de las veces, son las mujeres las que no tuvieron voz o un trasfondo a su historia, una oportunidad para contar su versión de los hechos. Y esto no solamente pasa en los cuentos de hadas; pasa en Wide Sargasso Sea (1966), de Jean Rhys, una reescritura de Jane Eyre (1847), en la que la mujer del ático cuenta su historia antes de conocer a Rochester. Una mujer que, en la novela de Charlotte Brontë, se nos presentó como una “loca” o como la villana que arruina la boda de Jane y Rochester. Asimismo, pasa en las obras de William Shakespeare. El protagonismo lo tienen los hombres y, muchas de las veces, nunca sabemos gran cosa de las mujeres, que siempre son la novia o la esposa del protagonista; por ejemplo, Ophelia, de Hamlet, quién acaba “loca” por la muerte del padre y el rechazo de Hamlet. Por ello termina ahogándose en un lago.

Pensemos también en la mitología griega, en donde los hombres (sobre todo Zeus) imponen su poder y control violando a múltiples mujeres que no tienen voz en esos mitos, y a quienes no les queda más remedio que aceptar su destino. Por otro lado, hay reescrituras de la guerra de Troya con una perspectiva queer, como The Song of Achilles (2011), de Madeline Miller, en la que se aborda la historia de amor entre Aquiles y Patroclo.

La mayoría de las reescrituras y adaptaciones no sólo aparecen por producto o consumo, sino que sirven para representar a las minorías y a darle voz a esas personas que no la tuvieron. Por ello es que ahora hay múltiples nuevas adaptaciones de franquicias comerciales en las que los protagonistas ya no son hombres blancos, sino mujeres, personas de la comunidad LGBT+, afrodescendientes, entre otros. La representación en la cultura popular y en las ficciones importa. Eso lo pudimos ver claramente con Wonder Woman (2017) y Black Panther (2018), por ejemplo. El cine, la literatura y los videojuegos forman parte de nuestra vida cotidiana, y considero necesario que se logren cambiar las cosas también ahí y no sólo en la vida real.

Al final, las ficciones son una manera de escape, pero también un consuelo.

Francesca Tori

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