“Estábamos rodeados de silencio”: la vida en medio de la fantasía en Never Let Me Go

Never Let Me Go (2006) es una novela de Kazuo Ishiguro (Premio Nobel de literatura en 2017) que se centra en las vidas de Kathy, Ruth y Tommy, un grupo de amigos que se conoce en Hailsham, un internado en la campiña inglesa. A finales de los años noventa, Kathy H. alcanza un punto crítico en su vida y comienza a recordar su tiempo en dicha escuela y lo cambiantes que fueron sus relaciones con Ruth y Tommy, esto con el objetivo de analizarlas desde una perspectiva diferente y de intentar reconciliar el pasado con las cosas que ha descubierto a lo largo de su vida.

Desde el principio de la novela, aparecen palabras como “cuidadores”, “donadores” y “estudiantes” que, aunque parecieran ser conceptos que no aluden a ningún  elemento fuera de lo común, se intuye que tienen acepciones que escapan su connotación habitual. Kathy narra la historia en primera persona y la revelación detrás del verdadero significado de estas palabras llega de manera progresiva para quien la lee, de la misma manera que les pasa a los personajes. En esta entrada no haré lo mismo así que pasemos directamente a la revelación: los tres personajes principales (y el resto de las personas que estudian en Hailsham) son clones creados con el único propósito de alcanzar la mayoría de edad y después donar, uno a uno, sus órganos vitales. Son básicamente granjas de órganos andantes. Esta entrada explora cómo, una vez que los protagonistas salen al mundo y las mentiras que les habían dicho en el colegio emergen, los intentos de Kathy, Ruth y Tommy de formarse una identidad propia o individual chocan constantemente con el futuro que ha sido establecido para los clones.

El primer elemento relevante para analizar la lucha contra corriente de los personajes es el internado en el que habitan la mayor parte de su vida: Hailsham. El nombre se compone de dos palabras: hail, que puede ser un saludo de origen germánico o una referencia al lugar de origen de alguien y sham, que es “una cosa que no es lo que pretende ser”  o en el caso del verbo “presentar algo falso como una verdad.”[1] Entonces, los personajes principales de la novela provienen de un lugar que pretender ser lo que no es, en este caso, una institución que se presenta como un internado pero que no es más que una especie de lugar de contención que sirve como experimento para intentar revelar algunos aspectos de la naturaleza de los clones. En un sentido práctico, no es necesario que éstos crezcan con lujos o comodidades; de hecho, evitar que crezcan de esta manera quizá sea la mejor opción si se quiere ignorar el dilema ético que implica utilizar clones (seres vivos que pueden o no tener un alma) para extender la esperanza de vida de todos o de ciertos humanos (no se aclara si el trasplante de órganos es un método accesible para toda la población). Sin embargo, Hailsham decide tomar la vía difícil.

En ese internado se da mucha importancia a la creatividad y al arte. Kathy recuerda haber tenido clases de apreciación musical, de pintura, escultura, poesía y por supuesto, menciona La Galería. Cada determinado tiempo, una mujer francesa a la que los estudiantes llamaban Madame, acudía a la escuela y se llevaba los mejores trabajos de las clases de arte, para ponerlos en su galería. Kathy y Tommy se cuestionaron el propósito de recolectar las obras de los alumnos a lo largo de sus años en Hailsham, especialmente porque Tommy no destacaba en lo artístico. No es sino hasta que son adultos y van a visitar a Miss Emily, una de sus antiguas maestras, que encuentran la respuesta a sus dudas:

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Así que, la política de la escuela era utilizar medias verdades y eufemismos para intentar que los clones crecieran, en la medida de lo posible, de la misma manera que los humanos, poniendo un énfasis en las actividades artísticas y culturales para intentar averiguar qué tan diferentes eran realmente. Es entonces que la segunda acepción de sham se vuelve relevante: ¿están los clones siendo presentados como algo que no son, como humanos?, ¿son realmente diferentes los unos de los otros?

Debido a que estaban habituados a vivir en este ambiente de engaños y pretensiones, los estudiantes de Hailsham utilizan esta misma técnica cuando se trata de formarse una identidad individual e incluso llegan a aceptar este tipo de pretensiones como una norma social, que es algo que se pueden permitir porque no tienen contacto real con el mundo exterior; todo lo que conocen lo hacen a través de sus maestros, quienes no les dicen toda la verdad. Por ejemplo, cuando alcanzan la edad en que “empiezan” a tener sexo (los clones son infértiles e incluso los maestros los animan a tener una vida sexual activa para que su cuerpo se desarrolle plenamente), se vuelve prácticamente obligatorio asumir que todo el mundo lo ha hecho:

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No se trata solamente de una cuestión de estatus sino de una cuestión de pertenencia, de formar parte de algo y con esto, intentar crearse una identidad propia.

Uno de los personajes que más lucha con estas cuestiones es Ruth. Durante su tiempo en la escuela tiene una colección de caballos imaginaria, inventa una guardia secreta para defender a su maestra favorita de supuesto secuestro y hace lo imposible para fingir que dicha maestra le regaló su lapicera nueva y que no la compró en Las Ventas (un evento regular donde los estudiantes podían cambiar por objetos de segunda mano las fichas que obtenían por las obras de arte que creaban). Años más tarde, cuando viven en Las Cabañas (una especie de granja abandonada a donde envían a los clones durante el periodo en el que terminan la escuela y alcanzan la mayoría de edad), Ruth confiesa que sueña con trabajar en una oficina. A pesar de que sabe que no puede hacerlo y que su futuro ya fue decidido, ella siempre se empeña en usar esta técnica de pretensiones y medias verdades para construirse una identidad individual, como le explica Tommy a Kathy: “Tú y yo, desde el principio, incluso cuando éramos pequeños, siempre estábamos intentando averiguarlo todo. ¿Te acuerdas, Kath, de todos esos secretos que teníamos? Pero Ruth no era así. Ella siempre quería creer en algo” (Ishiguro 284). La mayoría de las veces los intentos de Ruth por sentir que tiene injerencia en su vida fracasan; como cuando copia los manierismos de algunos de los Veteranos (así es como Kathy y sus amigos apodan a los clones que ya vivían en Las Cabañas antes de que ellos llegaran) sin darse cuenta que éstos, a su vez, los copian de la televisión. La negativa de Ruth a aceptar la razón por la que fue creada hace que estas fantasías se vuelvan indispensables para su existencia. Ruth intenta construirse una identidad que resulta ser bastante frágil porque está basada en mentiras.

Kathy, por otra parte, idealiza el pasado y se construye una identidad a través de sus recuerdos. La narración en primera persona pone en duda la objetividad de Kathy en relación a los eventos que describe y esto es algo de lo que ella misma está consciente: “Esto fue hace mucho tiempo así que quizá no sea tan cierto” (Ishiguro 13). Aun así, en el momento en el que recibe el aviso de su primera donación y sabe que su tiempo como Cuidadora se acerca a su fin,[2] Kathy se pone a analizar los eventos que la han llevado a ese punto de su vida y tiende a verlos de manera nostálgica, por lo que los percibe mejor de lo que realmente fueron, quizá de la misma manera que la gente tiende a hablar (casi exclusivamente) cosas buenas de los muertos. Por ejemplo, cuando recuerda el momento en el que confrontó a Ruth por copiar los manierismos de los Veteranos: “Como dije, esta explicación es algo que se me ocurrió recientemente. En ese momento no vi el panorama general ni mi rol en éste. Supongo que, en general, en esos días nunca aprecié el gran esfuerzo que Ruth estaba haciendo para seguir adelante, para crecer y dejar Hailsham atrás” (Ishiguro 130). Kathy siente que fue injusta y lamenta la manera en la que actuó; también piensa que no comprendía que Ruth se estaba esforzando por encajar.

Mirar el pasado con nostalgia es algo común, especialmente cuando una enfrenta momentos difíciles, pero Kathy se refugia en el pasado porque los tiempos en los que ignoraba mucho de lo que descubrió al salir del colegio eran mejores, porque aceptar la realidad es difícil y a veces ésta sólo se puede comprender cuando se mira al pasado:

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Esta reflexión de Kathy al visitar el centro de rehabilitación donde se encuentra Tommy revela mucho acerca del proceso introspectivo que ella misma realiza. Si bien Kathy rememora constantemente los eventos de su infancia para escapar de su presente, también lo hace para comprenderse un poco mejor a sí misma y a las personas importantes en su vida, para intentar hallarle sentido a su destino. Kathy espera que si busca lo suficiente entre sus recuerdos encontrará algo que la haga comprender todo lo que le está pasando, de la misma manera que ver la foto antigua le hace entender por qué estaba en la plaza el marco de metal.

El ver que los engaños y las mentiras que Hailsham propicia no hace feliz ni a Ruth ni a Kathy nos lleva a cuestionarnos si el método del internado funciona. Dejando de lado si resulta ético usar los clones como granjas de órganos, existe también el debate entre decirles la verdad y dejarles claro su propósito en la vida o intentar protegerlos de su realidad y dejar que disfruten la dicha de la ignorancia por un tiempo. Miss Lucy, que por un tiempo fue maestra en Hailsham, se adhiere a la primera postura porque no considera que haya algo humano dentro de los clones:

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Miss Lucy concibe a los clones como una función y no como personas y le horroriza pensar que los estudiantes empiecen a hablar de convertirse en actores porque para ella esto es inútil y peligroso. No tiene sentido que los clones se fabriquen fantasías que nunca se van a hacer realidad.

Por otro lado, Miss Emily y Madame creen que sí puede haber algo humano en los clones, a tal punto que cuando Kathy y Tommy las visitan, años después de haber dejado Hailsham, Miss Emily se encuentra en una silla de ruedas, lo que indica que probablemente se ha negado a recibir las donaciones que podrían remediar su condición. Ellas se empeñaban tanto en que los estudiantes se enfocaran en el arte porque querían probar la humanidad de éstos, pero también porque querían ofrecerles un poco de felicidad, por efímera que fuera:

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Miss Emily entiende que no tenía la capacidad de cambiar el mundo, ni siquiera con el proyecto de La Galería, pero intenta hacer una diferencia con lo poco que tiene y darle a los clones algo que le pueda dar un sentido a su existencia, más allá de una función biológica. En cierto sentido, Miss Emily se da cuenta de que eso no es suficiente y que le gustaría poder hacer más, que le gustaría ayudar a los clones para que cumplieran las fantasías que ella misma ayudó a crear, pero no tiene el poder de hacer tal cosa.

De cierta manera, toda esta dinámica entre los engaños y mentiras que se oponen a la realidad y al futuro establecido se resumen en un sentimiento de impotencia. Tommy, el tercer miembro del grupo de amigos y de quien no he hablado a detalle, dice en un momento que tal vez él siempre supo la verdad y por eso sufría brotes de ira y no se esforzaba en mejorar su arte. Casi al final del libro, cuando él está a punto de hacer su cuarta donación con Kathy como su cuidadora, ofrece una visión un tanto desesperanzadora de lo inútil que resulta intentar cambiar su destino cuando ellos son quizá los únicos seres en la tierra que saben con exactitud por qué están en este mundo:

 

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Tommy coincide con Miss Lucy en que es mejor saber la verdad desde el principio porque todas esas fantasías son una pantalla que inevitablemente se caerá algún día. En el que podría calificarse como el momento más emotivo de la novela, resulta relevante que Tommy use la expresión “tienen que soltarse” que se opone al título de la novela, que se traduce como “nunca me abandones”. Durante su tiempo en Hailsham, Kathy tenía un cassette de Judy Bridgewater que incluía una canción llamada “Never Let Me Go” y cuando la escuchaba, imaginaba que era una madre que tenía dificultades para concebir pero que, al final, lograba tener un bebé. Puede ser que esta interpretación fuera parte de su inocencia infantil (el coro de la canción utiliza la palabra baby pero no se refiere a un infante) o puede ser que fuera una expresión inconsciente del deseo de Kathy por cambiar su destino. Por eso resulta tan angustiante y desolador que Tommy diga que las dos personas en el río deben de soltarse; ese momento representa la pérdida total de la esperanza.

Never Let Me Go nos muestra una variedad de personajes que tienen diferentes posturas acerca de la dicotomía entre verdad y mentira. Hay quien que se engaña a propósito, como Ruth; quien no logra reconciliar ambos aspectos, como Kathy; y quien no cree que valga la pena permitirse este tipo de fantasías cuando la realidad no se puede cambiar. Pero quizá Miss Emily tiene un poco de razón, quizá es mejor intentar darle a los clones un pedazo de “normalidad”, por pequeño que sea, porque al final, incluso para los humanos, la felicidad es una emoción efímera que va y viene violentamente, como las aguas del río que describe Tommy.

 

*Todas las traducciones son mías.

Notas:

[1] Definiciones obtenidas del Oxford English Dictionary en su versión web.

[2] El sistema de donaciones está diseñado para que los humanos tengan interacción mínima con los clones. Una vez que dejan Hailsham, los clones son enviados a vivir en algún lugar en el campo hasta que comienza su entrenamiento como Cuidadores, que son los que se encargan de la recuperación de otros clones entre donaciones. Eventualmente los Cuidadores se convierten en donadores y siguen con esa función hasta que “completan” (mueren).

Bibliografía:

“hail.”  OxfordDictionaries.com. Oxford Dictionaries, Aug. 2013. Web. 14 Sept. 2018.

Ishiguro, Kazuo. Never Let Me Go. Nueva York: Alfred A. Knopf, 2005. Impreso.

“sham.” OxfordDictionaries.com. Oxford Dictionaries, Aug. 2013. Web. 14 Sept. 2018.

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