Editorial IV: ¿A qué le tienes miedo?

Personalmente, tengo tres miedos que rondan siempre mi cabeza. El primero y que no es tan recurrente en la vida diaria -el que tengo desde niño- es hacia los tiburones. El segundo, uno que es un miedo adquirido debido a mi fascinación y repulsión al mismo tiempo hacia el tema, y un producto del siglo XX, son los extraterrestres (y cualquier narrativa que los represente). Y el tercero, el miedo que más ha traído ansiedad a mi vida: miedo a la muerte. El primero, el miedo a los tiburones, lo he sobrepasado al paso del tiempo. Nunca estaré frente a frente con un tiburón y nunca tendré que enfrentar ese miedo de una manera imperativa, como si mi vida dependiera de ello. El segundo, el miedo a los extraterrestres, es adquirido debido a que mi padre -gran conocedor del tema y de series que representan a este tipo de monstruo posmoderno– siempre nos cuenta historias sobre sus propios acercamientos a este tipo de fenómeno (sea cierto o no, eso lo dejaré a criterio de nuestros lectores).

El tercero es algo con lo que he tenido que aprender a vivir. En sí misma, la muerte es algo totalmente natural y que no se aparece sino hasta momentos claves de la vida. ¿Es un momento o un proceso? Me atrevería a decir que uno no nace con la percepción de qué significa morir o qué significa la muerte en un aspecto cultural. Uno nace y ya. De repente está y de repente ya no. Así como si nada. Lo que espera a alguien después de la muerte varía según la perspectiva de esa persona; pero lo que causa más ansiedad, desde mi perspectiva, es lo que viene después del deceso para las personas que se quedan. ¿Qué crees que pasa después de la muerte?

Culturalmente hablando, el Día de Muertos y la celebración que se hace alrededor de la muerte ha marcado la vida -me atrevería a decirlo- de casi todo mexicano. Es una celebración que cobra su misma existencia fuera de cualquier religión para convertirse en uno de los últimos bastiones de la tan anhelada mexicanidad. Pero, aunque nos gusta creer que ese día todos los muertos vuelven, aunque sea por un día o dos a experimentar la vida mediante los altares que preparamos para ellos, no podemos saber la verdad. Y lo único que queda para los que nos quedamos -o para los que se quedan aquí- es la memoria. La muerte solamente hace acto de presencia y se lleva a alguien, lo despoja de todo aquello que tiene y solamente queda el alma (o al menos es lo que muchos opinan). Y ¿qué pasa con esas memorias? ¿A dónde se van? Si muero, ¿irás a mi funeral? ¿Recordaras el tiempo que pasamos juntos? ¿Llorarás mi partida como yo he llorado tu partida? ¿Qué diría tu elegía acerca mí?

A medida que fui creciendo, me di cuenta de que todo era producto de mi imaginación. Así como ningún alienígena se fijaría en la diminuta existencia de un joven mexicano de veintitantos años en una ciudad con 8.8 millones de habitantes en total (al menos, eso espero), ningún tiburón podría aterrorizarme dentro de la ducha o de cualquier cuerpo de agua donde me encuentre nadando. ¿Qué es el miedo, entonces? Una reacción fisiológica ante lo desconocido, muy probablemente. Pero desde el punto de vista de las ficciones, el miedo se puede representar en varias formas. Durante la carrera, dos profesoras -a quienes debo mi admiración y amor al género de literatura Gótica; la Dra. Aurora Piñeiro y la Dra. Anna Reid- siempre hablaban de las ansiedades que se reflejaban en la literatura de dicho género. Ansiedades de siglos pasados como la ansiedad que trajo consigo la teoría evolutiva de Darwin o el colonialismo británico. La ansiedad generada por los movimientos migratorios o a la guerra.

Pero, actualmente, ¿qué ansiedades reflejan nuestros productos culturales? Miedo a una guerra nuclear, miedo al retroceso social, miedo a la perdida de nuestras libertades, miedo a la muerte, miedo a la naturaleza, miedo al otro. El miedo a cientos de cosas existe, de eso no cabe duda. Lo que es artificial -y lo que trae placer dentro del género de terror- es la forma en que nos relacionamos a esos miedos; ¿cómo reaccionamos ante una posible pérdida de la libertad, o de nuestros derechos, o de la empatía? ¿Cómo reaccionamos ante aquel otro que se encarga de menospreciar nuestra existencia mediante su discurso, mediante su toma de decisiones sobre nuestros cuerpos, mediante el cierre de cualquier línea de comunicación?

Con todo esto en mente, y considerando la proliferación de filmes, libros y videojuegos que tratan la muerte y otros miedos -abstractos y mucho más concisos- no podemos dejar de considerar el placer que conlleva la lectura, apreciación e interacción que nos causa acercarnos al mar de productos culturales que representa el género de terror en la actualidad. En Inexistente nos hemos dado a la tarea de buscar algunos de los más importantes y que nos han dejado marca cuando de miedos se trata. La selección de recomendaciones se basa únicamente en un principio: la representación de miedos actuales.

No puedo despedirme sin aclarar algo: me fascinan los monstruos. Las brujas, los vampiros, los hombres lobo, los fantasmas, cualquier tipo de monstruo. Siguen existiendo representaciones de estas criaturas en la cultura popular contemporánea, pero antes de dejarlos entrar a nuestras casas hay que preguntarse: ¿conoces completamente a este espectro? Y de ser así, ¿podrías poner tus manos al fuego por alguien que sabes que no es perfecto, pero es ideal?

Cristhian Espinosa

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