Ein Kinderspiel: intertextualidad e inocencia en La vendedora de Fósforos (2017)

La vendedora de fósforos (2017), escrita y dirigida por Alejo Moguillansky es —en palabras de Marie (María Villar), protagonista y narradora de la historia el diario del montaje de una ópera basada en el cuento de Hans Christian Andersen homónimo al filme. Esta declaración, que no es falsa pero tampoco completamente verdadera, puede llegar a moldear las expectativas de la audiencia y hacerla creer que la adaptación del cuento figura únicamente en la obra de Helmut Lachenmann, compositor alemán que se interpreta a sí mismo en el filme. Sin embargo, Moguillansky adaptó la figura de la vendedora de fósforos, así como los temas de la historia (en especial las diferencias entre la clase burguesa y la clase trabajadora) a los personajes femeninos y las situaciones que les acontecen. Esta entrada analiza cómo dicho proceso de adaptación (que parte de la caracterización de los personajes femeninos) y la inclusión de referencias a piezas musicales, personajes históricos y películas francesas de los años 60, dotan de intertextualidad a la película, creando así una crítica de la sociedad argentina contemporánea y un comentario acerca de la inocencia.

En primer lugar, encontramos un poco de la cerillera de Andersen en el personaje de Marie, quien de hecho la interpreta literalmente cuando graba el audio que posiblemente será usado para la puesta en escena de la ópera, fingiendo la voz de una niña pequeña. Una vez que la vendedora enciende el primer cerillo y que la efímera llama se extingue, la niña encuentra difícil resistir la tentación de prenderlos uno tras otro, pues la flama no sólo le ofrece una sensación de luz y calor, sino que le provoca una serie de alucinaciones (un hogar, alimento, el recuerdo de su abuela fallecida) que la ayudan a escapar de la cruel realidad en la que vive. Del mismo modo, Marie, una vez que encuentra los fajos de dinero que Margarita guarda en una caja, no puede resistir la tentación de usarlos para evadir, por un momento, la realidad de su situación económica y comprarse el piano que tanto desea tener. Ambas actúan por impulso y por la gratificación inmediata que generan sus acciones, sin pensar realmente en las consecuencias o en el futuro: a la vendedora se le acaban los cerillos y Marie tendrá que regresar ese dinero en algún momento.

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© El Pampero Cine

Cleo (Cleo Moguillansky), hija de Marie y Walter Jakob (interpretado por él mismo), presenta quizá la similitud más evidente con el personaje de la cerillera. Si bien Cleo tiene un techo bajo el que dormir y no se ve forzada a vender cerillos bajo la nieve para poder subsistir (aunque sus padres bromean sobre mandarla a vender fósforos porque no tienen tiempo para cuidarla ni dinero para contratar a alguien más que lo haga), encontramos en ella la misma inocencia infantil que lleva la vendedora de fósforos a creer que puede calentarse, en medio de la nevada, con la flama que produce un solo cerillo. Cleo y la vendedora de fósforos son víctimas de las circunstancias provocadas por la sociedad en la que viven. La situación económica obliga a ambos padres de Cleo a trabajar para proveer para la familia y como consecuencia, en una situación casi paradójica, esto provoca que la descuiden.

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© El Pampero Cine

La falta de atención hacía Cleo alcanza su punto máximo cuando la niña se queda sola y olvidada en el teatro, de manera similar a la cerillera que se ve ignorada por la gente que pasa a su lado en las calles. Cuando Marie y Walter se dan cuenta de que la olvidaron y regresan a buscarla, la encuentran dormida y descalza, en una imagen que recuerda a cómo se ve la vendedora de fósforos cuando descubren su cuerpo al día siguiente, recostada, como dormida, y sin los zapatos que perdió al cruzar la calle: “Verdad es que al salir de su casa llevaba zapatillas, pero ¡de qué le sirvieron! Eran unas zapatillas que su madre había llevado últimamente, y a la pequeña le venían tan grandes, que las perdió al cruzar la calle corriendo para librarse de dos coches que venían a todo velocidad” (Andersen 1). El espejo creado en esta escena entre el personaje de Andersen y el de Moguillansky se vuelve más evidente gracias a la música. Anteriormente, Marie sugiere, mientras un clavecín bachtiano suena en el fondo, que la puesta en escena de la ópera sea simplemente la vendedora de cerillos sola en el escenario, encendiendo los fósforos uno tras otro. La misma pieza suena justo cuando los padres hallan a Cleo sola dormida en un palco y el efecto logrado es una vinculación aural entre la vendedora de cerillos del cuento y Cleo, permeando a ambas figuras infantiles de un aura de soledad, pero también, de santidad e inocencia.

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© El Pampero Cine

La relación entre el cuento de Andersen y el filme de Moguillansky no sólo se da en términos de adaptación; el director también aprovecha el espacio de la película para comentar y responder a los cuestionamientos que plantea el autor danés en la obra original, a través de un contraste entre opuestos que problematiza la doble naturaleza del fuego. Si bien la cerillera usa los fósforos inofensiva e ingenuamente, Moguillansky ejemplifica el uso destructivo y consciente de éstos a través de la referencia que se hace en una carta (que Marie encuentra en casa de la pianista) a una persona de la vida real. Gudrun Ensslins, una activista del grupo alemán de izquierda radical Fracción del Ejército Rojo o RAF, no utilizó los fósforos para intentar sobrevivir el frío y el hambre (que fueron parte de las causas de muerte de la niña del cuento), sino para intentar erradicar la indiferencia de la burguesía y de las clases altas que provocaron que la cerillera se encontrara en estas condiciones en primer lugar. Así, Ensslin ejemplifica que uno no sólo puede llegar a calentarse con unos cuantos fósforos sino que estos pueden transformarse en una fuerza destructiva.

Por último, tenemos a la pianista, Margarita Fernández (interpretada por sí misma), en quien no encontramos ninguna de las características de la niña que vende fósforos en el cuento de Andersen pero sí una presencia que alude a la imagen de la abuela que la vendedora ve durante sus alucinaciones. Margarita, una mujer de edad avanzada provee el anhelado refugio de la intemperie cuando la familia no puede regresar a casa durante la huelga de transportes. La pianista, en un acto diegético, llena de música la vida de Marie y de Cleo así como la película misma, ofreciendo un consuelo del mundo exterior, al menos por un momento.

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© El Pampero Cine

Además del cuento de Andersen, la película está llena de referencias a otras obras. Por ejemplo, Margarita guarda el filme de Agnés Varda Cléo de 5 á 7 (1962) junto a sus fotografías de joven. Este filme de Varda es un comentario sobre el papel de la mujer en la sociedad y la decadencia de la belleza ligada a la juventud; al incluirla de este modo, Moguillansky le sugiere al espectador la juventud perdida de la pianista, idea reforzada aún más por la inclusión de una fotografía de cuando era joven. Asimismo, nos recuerda que la niña Cleo también envejecerá y toda esa inocencia se perderá en medio de las imposiciones sociales de clase y de género.

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© El Pampero Cine

Por otra parte, el filme también hace referencia a la película de Robert Bresson Au Hasard Balthazar (1966). Cleo, al verse arrastrada por su madre al trabajo y abandonada frente al televisor, se dedica a ver la historia del burro Balthazar una y otra vez, del cual se muestran dos escenas: a) los niños jugando a los columpios mientras el burro corre libremente y b) Marie coronando a Balthazar con flores. En dichas escenas se establece la inocencia y pureza que será perdida ante la implacabilidad del mundo a lo largo del filme. De un modo similar, la Marie de Moguillansky también se ve arrastrada por las situaciones económicas, culturales y políticas de su época, en contraposición a la pasividad infantil de su hija a quien el mundo exterior no ha mancillado aún y para quién el inicio del filme de Bresson supone un paisaje onírico que ella misma recrea en sus sueños al verse abandonada por sus padres. Además, la pieza musical de los créditos iniciales del filme de Bresson es interpretada por Margarita mientras Marie lee la partitura y Cleo mira el filme; uniendo a las tres generaciones de mujeres a través de la música.

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© El Pampero Cine

En La vendedora de fósforos, Alejo Moguillansky nos ofrece una versátil adaptación de la obra homónima de Andersen. El director y guionista toma las características de la protagonista del cuento y se las otorga a los personajes femeninos del filme, todos pertenecientes a generaciones diferentes, para crear un retrato de la clase media argentina contemporánea que rescata la crítica hacía la clase burguesa que se encuentra presente en la historia original. Sin embargo, la actitud de Marie contradice los discursos anticapitalistas que ella misma hace en off a lo largo de todo el filme cuando sucumbe al impulso consumista de endeudarse para comprar un piano. Esta obra de Moguillansky invita a la reflexión y a tomar una actitud crítica hacia las reglas que dicta la sociedad capitalista en la que vivimos, contándonos de nuevo la todavía vigente historia de la cerillera que murió por las injusticias de clase. Además, a través de las referencias tanto a Agnès Varda como al filme de Bresson, La vendedora de fósforos de Alejo Moguillansky resulta en una obra altamente intertextual que cuenta la historia de unos viejos que viven en la nostalgia de la inocencia perdida, unos padres que se ven inmersos en un mundo políticamente fragmentado, y una niña con la santidad de un burro y la inocencia de una vendedora de fósforos. 

Al final del filme de Moguilansky se crea un perfecto retrato familiar: los cinco personajes, entre ellos el compositor alemán, se quedan encerrados en el hogar de la pianista escuchando composiciones de Ennio Morricone. “Your music is not provocative. It is like a game for kids. Ein kinderspiel.”* le dice entonces la pianista al compositor Lachenmann, quien parece buscar a través de su ópera un regreso a la inocencia perdida, a esa pureza infantil mostrada en el cuento de Andersen o en el inicio de Au Hasard Balthazar. Los cinco personajes, al final, son transportados a través de la música a ficciones más brillantes o a pasados distantes, sintiéndose momentáneamente a salvo del implacable mundo exterior, como se está siempre en un juego para niños.

 

Notas:

*”Tu música no es provocadora. Es como un juego para niños. Ein kinderspiel.

Esta entrada fue escrita conjuntamente por Rebeca Dávalos y por Alejandro L. Govea.

 

Bibliografía

Andersen, Hans Christian. “La vendedora de fósforos”. Buenos Aires: Biblioteca Virtual Universal, 2010.

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