The Kite Runner (2003): culpa y redención en la novela de Khaled Hosseini

The Kite Runner es la primera novela escrita por Khaled Hossein, en 2003. En ésta, el personaje principal, Amir, narra la historia de su vida cuando debe enfrentarse a la gran traición que ha tratado de esconder por años. El narrador en primera persona describe desde su adultez los eventos que llevaron a la ruptura de su amistad con Hassan. Esta historia entrelaza la experiencia personal de Amir al huir de Afganistán en medio de una guerra y cómo los secretos de la familia se descubren cuando decide regresar a su país para intentar remediar sus acciones pasadas: en 1975 un evento trágico desató la separación de los grandes amigos cuando Amir tuvo la oportunidad de evitarlo y no lo hizo; en el invierno de ese año, Amir, de cierto modo, permite que un chico que cree en la supremacía de los pastunes viole a Hassan. La narración en retrospectiva de Amir está llena de culpa, cuestión que quiero explorar en esta entrada por medio de la delgada línea entre culpar y ser culpado. Por otro lado, quiero reflexionar cómo funciona, o no, la redención en esta novela.

Comenzaré hablando de un personaje que siente culpa, el narrador protagonista, quien comienza su relato con la noción de no poder escapar de su pasado: “[D]e eso hace muchos años, pero con el tiempo he descubierto que lo que dicen del pasado, que es posible enterrarlo, no es cierto. Porque el pasado se abre paso a zarpazos” (Hosseini 5). Desde el yo adulto, Amir decide contar la historia de su vida en Afganistán para hablar de “el invierno de 1975 [que] lo cambió todo” (5). La voz narrativa introduce la historia recordando una llamada telefónica del mejor amigo de su padre, Rahim Kan, cuyas últimas palabras antes de colgar fueron “Hay una forma de volver a ser bueno”; las cuales desatan el sentimiento de culpa. Poco después, Amir presencia una imagen que resalta el sentimiento de desolación ante un pasado que no se puede cambiar, la de los cometas:

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Con este escenario el texto presenta los temas principales de la novela: la culpa y la expiación de los pecados que se unen en la figura de Hassan.

Esta imagen nos remite a la infancia del protagonista, y a una descripción de la relación entre los dos niños. Amir se reconoce como un niño malcriado y con privilegios debido a su raza y clase social, mientras que la caracterización de Hassan nos remite a la otredad; el labio leporino de éste lo señala como figura de burla en la comunidad, al igual que su origen. El texto nos introduce a un mundo musulmán en el que el orden social y económico tiene que ver con la raza. Hassan es llamado “el hazara” (9) de un modo despectivo, pues su grupo étnico es evidente en sus rasgos, “tenía las típicas facciones mogolas de los hazaras … parecido a una muñeca china … tenía la nariz ancha y chata; sus ojos eran rasgados e inclinados” (6-10), que son despreciados en la sociedad que describe la novela, “la gente llamaba a los hazaras «comedores de ratas, narices chatas, burros de carga»” (10). A pesar de ser grandes amigos, la voz narrativa infantil que evoca Amir no cuestiona este maltrato. El narrador adulto, por otro lado, muestra cierto arrepentimiento ante estas actitudes que contribuyen al sentimiento de culpa.

La relación de amistad entre Amir y Hassan parece ser inocente en el relato de la infancia; sin embargo, sutilmente el narrador hace comentarios desde su yo adulto en los que reconoce algunas injusticias y hasta cierto punto crueldad de su parte. Amir describe a Hassan como alguien que dedicaba su vida a complacerlo, independientemente de su posición como sirviente: “Hassan no quería, pero si yo se lo pedía, se lo pedía de verdad, era incapaz de negarse. Hassan nunca me negaba nada” (6). Estas condiciones en la escala social establecen una relación de poder de la que ninguno de ellos puede escapar y Amir llega a abusar de su posición privilegiada: “lo que más me gustaba de las sesiones de lectura era cuando nos encontrábamos con alguna palabra que él desconocía. Yo le tomaba el pelo y ponía en evidencia su ignorancia” (24). Esto podría parecer una broma inocente, pero la relación que estos niños tienen marca grandes diferencias entre ellos, propiciadas por su posición social: “la historia no es fácil de superar. Ni la religión. De hecho, yo era un pastún y él un hazara, yo era sunnita y él chiíta, y eso nada podría cambiarlo nunca. Nada”. (22). Ante la amenaza de otros respecto a su amistad con Hassan, Amir recuerda haber pensado en su niñez: “¡no es mi amigo! —casi dejé escapar impulsivamente—. ¡Es mi criado!” (33). Sin embargo, el narrador adulto cuestiona ese pensamiento en un conflicto interno, “¿Lo había pensado realmente? Por supuesto que no. No” (33), pues su entorno lo empuja a ver a Hassan como alguien inferior.

La tensión ocasionada por sus diferencias sociales es uno de los factores que propicia que la voz narrativa sea ambigua respecto a los sentimientos que tiene por Hassan. Amir lo describe con cariño y a la vez con cierta envidia: “Hassan era así. Era tan malditamente puro que a su lado te sentías siempre como un falso” (45). En una narración en retrospectiva pareciera que se proporciona una versión fiel a lo que ocurrió en su infancia y el lenguaje utilizado lo respalda: “Le di un empujoncito amistoso y sonreí. —Eres un príncipe, Hassan. Eres un príncipe y te quiero” (25). Aunque no se puede ignorar que esta narración habla sobre la traición y la búsqueda de redención del narrador por lo que en repetidas ocasiones justifica su comportamiento: 

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En este instante, Amir presenta una situación constante con la que trata de mitigar su culpa: indicar que en su infancia no había una distinción clara entre ser amigos y la relación cercana que tenían simplemente por vivir juntos.

En esta relación, aparentemente inusual, entre empleado y sirviente Amir constantemente expresa celos del gran apego que su padre siente por Hassan: “Yo sonreía, como los demás, aunque deseaba haber tenido también algún tipo de cicatriz que hubiera despertado la simpatía de Baba. No era justo. Hassan no había hecho nada para ganarse el afecto de Baba” (Hosseini 37). En vez de culpar a su padre por el afecto que le tiene a su amigo, Amir siente resentimiento por Hassan. Es por lo anterior que, en ocasiones, Amir es injusto con su amigo:

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En este diálogo podemos ver que Hassan parece mucho más consciente de las dinámicas de la amistad que hay entre ellos que Amir y está dispuesto a aceptarlas.

Cómo he mencionado anteriormente, Amir entrelaza su historia con Hassan desde el inicio de su narración. El vínculo que comparten comienza desde el nacimiento de los niños pues ambos fueron amamantados por la misma mujer. Amir habla de su amistad de la siguiente manera: “dimos nuestros primeros pasos en el mismo césped del mismo jardín. Y bajo el mismo techo articulamos nuestras primeras palabras. La mía fue «Baba». La suya fue «Amir». Mi nombre” (Hosseini 11). Es relevante resaltar que es en este momento cuando el texto revela la identidad del narrador por primera vez. Esta relación se consolida con el trabajo en equipo que hacen en las famosas luchas de cometas, en las que Amir volaba la cometa y Hassan corría para atrapar las que cayeran del cielo: “El premio más codiciado por los voladores de cometas era la última cometa que caía en los concursos de invierno. Era un trofeo de honor, algo que se mostraba sobre un manto para que lo admiraran los invitados” (Hosseini 41). Amir constantemente menciona que hubo un evento en que su mundo cambió, esto coincide con la lucha de cometas  que, a partir de ese momento, quedará en su memoria como un evento horrible: “Fue en inviernos de 1975 cuando vi a Hassan volar una cometa por última vez” (Hosseini 43). La culpa de Amir se encuentra acechando en todo momento hasta que se consolida en el mejor momento de su vida al ser el ganador de la celebración.

El contraste entre la euforia, al derribar todas las cometas con ayuda de su mejor amigo, y la extrema violencia, que Amir presencia cuando éste intenta atrapar la última cometa caída para él, es desgarrador. Mientras ambos niños saborean el triunfo antes de recuperar la cometa, y son alentados por los espectadores, Hassan sabe que no ganarán realmente si no corre por la cometa, por lo que necesita correr a atraparla, de ahí viene la famosa frase de esta novela: “Ahora tengo que volar esa cometa azul para ti —añadió. Lanzó el carrete al suelo y salió disparado, arrastrando el dobladillo … —¡Hassan! —grité—. ¡Vuelve con ella! … ahuecó las manos junto a la boca y exclamó: —¡Por ti lo haría mil veces más!” (Hosseini 51). Sin embargo, esta frase resonará de distintas maneras en la novela y ocasionan que Amir recuerde por el resto de su vida el amor de Hassan y cómo su cobardía acabó con el recuerdo feliz de este día.

Amir corre en busca de Hassan y se encuentra con un escenario terrible pues dos chicos sostienen a Hassan mientras Assef, un chico que cree que Afganistán está contaminado con gente impura como él, al no lograr quitarle la cometa decide violarlo: “—He cambiado de idea —dijo Assef—. Te permito que te quedes con tu cometa, hazara. Permitiré que te la quedes para que de este modo te recuerde siempre lo que estoy a punto de hacer” (Hosseini 56). Hassan sabe que la cometa es importante para Amir y está dispuesto a tolerar el terrible acto por él. Desde que llega a la escena, Amir está paralizado por el miedo de enfrentarse a Assef y sus amigos: “Yo abrí la boca y casi dije algo. Casi. El resto de mi vida habría sido distinto si lo hubiera dicho. Pero no lo hice. Me limité a observar … [Hassan] no ofreció resistencia. Ni siquiera se quejó … Vi su resignación. Eran una mirada que ya había visto antes. La mirada del cordero” (Hosseini 56-57). La narración en retrospectiva hace que el lector sienta compasión por Amir pues el texto transmite el miedo que sintió al igual que la impotencia, “vi que seguía mordiéndome el puño con fuerza, lo bastante fuerte como para que empezaran a sangrarme los nudillos. Me di cuenta de algo más. Estaba llorando” (Hosseini 58). Las oraciones cortas reflejan la rapidez de sus pensamientos y la ansiedad que sentía en el momento, Amir como narrador inclina al lector a comprender su cobardía.

A partir de este momento la culpa de Amir no deja de acecharlo, ambos niños son destruidos por este momento. Su amistad se quiebra pues ninguno es capaz de enfrentar al otro y Amir vive con el miedo de saber si Hassan se dio cuenta de su presencia. El relato de Amir indica que no soporta ver cómo Hassan sigue dispuesto a hacer todo por él: “Le lancé otra granada, al hombro esta vez. El jugo le salpicó en la cara. —¡Dame a mí! —exclamé—. ¡Venga, dame, maldito seas! … Entonces Hassan cogió una granada y se acercó a mí, la abrió y se la aplastó contra la frente. —Así —murmuró, mientras el jugo se deslizaba por su cara como la sangre—. ¿Estás satisfecho? ¿Te sientes mejor? … Dejé que las lágrimas rodaran libremente y me quedé allí” (Hosseini 70). Amir comienza a culpar a Hassan por el dolor que su conciencia le causa, pero Hassan no puede aliviar esa culpa aunque lo intente. Como siempre, Hassan quiere complacer a su amigo, hacerlo sentir mejor, pero no está en sus manos pues lo no dicho puede más que ellos. El sentimiento se vuelve tan fuerte que Amir hace que Hassan y su padre renuncien al culparlos de un robo falso.

Al sacarlo de su vida para siempre, Amir no deja de pensar a lo largo de su vida en el daño que le hizo a alguien que lo idolatraba, a esa persona que jamás se atrevió a llamar amigo, incluso en su nueva vida refugiado en los Estados Unidos. Los recuerdos sobre Hassan están acompañados de un lenguaje de arrepentimiento y culpa: “Un par de manos de acero se cernieron sobre mi garganta al oír mencionar el nombre de Hassan” (Hosseini 100). Sin importar en dónde esté, Amir no deja de pensar en el incidente ni de relacionar Afganistán y su infancia con su amigo. Escondido muy dentro de su alma, Amir no puede dejar de sentir culpa por su cobardía porque no lo ha dicho, ni siquiera a su esposa: “estuve a punto de explicarle cómo había traicionado a Hassan, mentido y destruido una relación de cuarenta años entre Baba y Alí. Pero no lo hice” (Hosseini 121). Incluso atribuye a esta culpa la falta de hijos en su matrimonio: “quizá algo, alguien, en algún lugar, hubiera decidido negarme la paternidad por lo que había hecho. Tal vez fuera ése mi castigo, y quizá fuera justo” (Hosseini 137). Es curioso que piense que un matrimonio sin hijos es su castigo cuando su única oportunidad de redención es ayudar al hijo de su mejor amigo.

La llamada de Rahim Kan, con la que se desencadena la novela, no es suficiente para obligarlo a regresar a su país que ha sido atacado por guerras e incluso una ocupación. Es el recuerdo de Hassan lo que lo obliga a volver: “Gritaba por encima del hombro: «¡Por ti lo haría mil veces más!»” (Hosseini 142). Rahim Kan confiesa que la razón de su llamada es para rescatar a Sohrab, hijo de Hassan (quien ha muerto junto con su esposa) de la horrible situación en Afganistán. A partir de este momento Amir piensa que la única manera de reparar el daño que le hizo a su mejor amigo es ocuparse de su hijo, pero es sólo por la insistencia de Rahim, “—¡No es cuestión de dinero, Amir! —rugió Rahim Kan— … ¿Por qué tú? Creo que los dos sabemos por qué tienes que ser tú, ¿no es así?” (Hosseini 160). La gran confesión es que Hassan es, en realidad, el medio hermano de Amir. Así, Amir recapitula su infancia y los celos que sentía por su amigo:

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Rahim apela al sentimiento de culpa que Amir ha sentido a lo largo de su vida y este se intensifica con el vínculo de sangre que ahora los une.

Si bien el rescate de Sohrab casi le cuesta la vida, Amir no acepta su libertad como redención. Años de servirle a los soldados, incluyendo al hombre que violó a su padre, habían hecho de Sohrab un niño que se culpaba a sí mismo por el abuso que había sufrido: “Estoy muy sucio… —Inspiró hondo y soltó todo el aire en forma de un llanto prolongado y desgarrador—. Estoy sucio y lleno de pecado … hombre malo y los otros dos… hicieron cosas…, me hicieron cosas” (Hosseini 228). En este momento hay un eco con la violación de Hassan y cómo “acepta” la situación cuando sucede. Ambos personajes pertenecen a razas que están condicionada toda su vida a aceptar el maltrato y por tanto a culparse de las cosas que les suceden; Amir es pastún, mientras que Hassan es hazara. Amir comprende entonces que la única forma de redimir sus pecados es lograr que Sohrab se recupere de los horrores que vivió.

Esta novela me hace cuestionar si realmente hay expiación en el texto. Puesto que Amir es quien narra, al momento de leer, los sentimientos se perciben genuinos. Aunque cabe resaltar que es sólo por medio de la narración en retrospectiva que podemos ver los comentarios de culpa. En su infancia Amir se sabe injusto con Hassan y se justifica con la forma en la que fue criado, pero es siempre ambiguo respecto a sus sentimientos. El hecho de que Rahim sea quien lo presiona (hasta el punto de confesarle el secreto de su padre) para rescatar a Sohrab es sospechoso en el relato. Puesto que Amir se ha caracterizado a sí mismo como un cobarde, parece increíble que haya arriesgado su vida para rescatar a su sobrino. Si bien es conmovedor, me parece que la narración se centra tanto en el sentimiento de culpa que la única forma de lograr que el final no sea completamente desgarrador es la redención. Un argumento a favor de esto es que posterior al intento de suicidio de Sohrab Amir reza de la siguiente forma: “mis manos están manchadas con la sangre de Hassan; rezo a Dios para que no permita que se manchen también con la sangre de su hijo … Rezo para que mis pecados no se hayan apoderado de mí como siempre temí que lo hiciesen” (Hosseini 248). Al final del día la preocupación recae en el narrador y su consciencia, me pregunto si la redención está en hacer buenas acciones o en ser reconocido abiertamente. Hassan nunca externa de manera explícita que no culpa a Amir de lo que sucedió, sin embargo, sigue considerándolo el mejor amigo que ha tenido. El silencio de Sohrab incita a Amir a hacer más y más para romperlo, pero quizá no sea necesario romper el silencio, sino acompañarlo.

Obras citadas:

Hosseini, Khaled. Cometas en el cielo. Barcelona: Salamandra, 2003. PDF.

“Pashtun.” Encyclopædia Britannica, Encyclopædia Britannica, Inc., 25 abril. 2014, www.britannica.com/topic/Pashtun.

“Hazara.” Encyclopædia Britannica, Encyclopædia Britannica, Inc., 25 abril. 2014, https://www.britannica.com/topic/Hazara

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