“Detesto mirar esos ojos y ver una pizca de dolor”: Muerte y duelo en Captain Fantastic (2016)

Captain Fantastic (2016) es un filme dirigido por Matt Ross y protagonizado por Viggo Mortensen, que muestra la vida de una familia que habita en una cabaña en el bosque, aislada completamente del resto de la sociedad. Ben (Mortensen) y Leslie (Trin Miller) deciden mudarse a vivir al campo, adoptar un estilo de vida que pusiera el contacto con la naturaleza y el pensamiento filosófico como pilares fundamentales y educar a sus tres hijos y tres hijas bajo estos mismos preceptos. Las cosas se salen de control cuando Leslie se suicida, después de haber  estado internada en un hospital psiquiátrico debido a que padecía un desorden bipolar. El resto de la familia emprende un viaje para poder asistir al funeral de Leslie, para asegurarse de que se cumpla su última voluntad (ser cremada y que sus cenizas se tiren en un inodoro) y para despedirse de ella por última vez. Fuera de la evidente crítica al capitalismo y a las religiones organizadas que la película plantea a través de este grupo de individuos que vive fuera de la sociedad, Captain Fantastic retrata la oposición entre lo racional y lo emocional, al mostrar a una familia que intenta lidiar con la muerte de uno de sus miembros y con el duelo que le sigue.

La familia Cash tiene un estilo de vida diferente a la norma. En una de las primeras secuencias del filme se ve cómo el padre, Ben, guía a la familia  a través de un entrenamiento físico riguroso que todos siguen: desde Bodevan (George MacKay), el hijo mayor con 18 años de edad, hasta Nai (Charlie Shotwell), el menor, con apenas 6. Los niños cazan y cultivan sus propios alimentos (como muestra la secuencia inicial donde Bo mata a un ciervo y Kielyr [Samantha Isler] y Vespyr [Annalise Basso], las hermanas mayores, lo despellejan). Además, se dividen las tareas de conservación del hogar de manera equitativa y, como no acuden a ninguna institución educativa y son educados por sus padres, pasan el resto del tiempo leyendo o estudiando. Su programa de estudios no sigue ningún tipo de currículo de estudios oficial; de hecho, podría considerarse demasiado avanzado para su edad, a tal punto que resulta desconcertante e incluso un poco cómico escuchar a Nai habar sobre fascismo:

NAI: No odiamos a la abuela y al abuelo, pero el resto de su tribu son capitalistas fascistas.

KIELYR: Sólo estás repitiendo las cosas que papá dice.

NAI: Estoy escribiendo todo lo que tú dices. En mi mente.

KIELYR: ¿Si quiera sabes lo que es un fascista?

NAI: Violentos militantes nacionalistas, respaldados por grandes empresas y por sus dictadores totalitarios que pertenecen a un partido único.

En una carta que Leslie le escribe a Ben, ella dice que lo que han creado con sus hijos es “un paraíso idílico sacado directamente de La república de Platón” y que sus hijos crecerán para ser reyes filósofos; sin embargo, el ideal utópico de este modo de vida no dura para siempre. La muerte de la madre es el elemento que desestabiliza la vida familiar porque los miembros de ésta están acostumbrados a pensar sólo en términos racionales, lógicos, y no emocionales.

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© Bleecker Street
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© Bleecker Street

 

Cuando Ben les dice a sus hijos que su madre “por fin lo hizo”, es decir, que se abrió las muñecas y se suicidó, todos se ponen a llorar inmediatamente. Es una reacción emocional, sí, pero es la más lógica y racional. La muerte es algo triste, dentro de la mayoría de las culturas occidentales, entonces llorar cuando algún ser querido cercano muere es lo que tiene más sentido. El único de los hijos que tiene una reacción adicional al llanto es Rellian (Nicholas Hamilton) quien reacciona con ira al gritar, tomar un cuchillo, amenazar brevemente a su padre, acuchillar/apuñalar un ropero al mismo tiempo que maldice y declara su odio hacia su madre, para finalmente salir de la habitación. No sabe qué hacer con su dolor. También el padre tiene una reacción poco convencional. No llora, dice las cosas de manera directa y fría, enunciando los hechos de manera clara y verídica: “Su madre está muerta. Nada va a cambiar. Seguiremos viviendo exactamente de la misma manera. Somos una familia”. Y no se trata de juzgar a una persona por el hecho de llorar o no por la muerte de un ser querido (te estoy hablando a ti, Albert Camus), sino de que Ben no quiere aceptar la realidad y el cambio. El punto es que ninguno de ellos sabe realmente cómo lidiar con la muerte de la madre y esto se evidencia a lo largo del viaje que emprenden para acudir a su funeral; la familia se fragmenta poco a poco hasta que todos (individualmente y en conjunto) aceptan que tienen que enfrentarse al problema y lidiar con el dolor.

Entonces, la muerte los obliga a salir de su burbuja y enfrentar el mundo real. El viaje obliga a los niños a cuestionarse sus creencias y sus ideales (sus políticas izquierdistas y su postura anti-religión) al contrastarlos con los de la sociedad estadounidense (capitalista y cristiana en su mayoría); esto provoca que lidiar con el duelo sea más difícil. No sólo deben intentar reconciliar sus emocionales para tratar de procesar la idea de que su madre se ha ido, algo que les cuesta trabajo porque su círculo social es hermético y homogéneo, sino que también deben confrontar los problemas de identidad que les surgen al encontrarse directamente con modos de vida completamente distintos al suyo. Esto es más evidente en los personajes que están más cerca de la adultez, como Bo.

Cuando el mayor de los hijos besa a una chica por primera vez y decide que esto es motivo suficiente para proponerle matrimonio (acción que tanto la chica como la madre de esta encuentran risible), Bo se da cuenta de que a pesar de que habla seis idiomas y domina temas avanzados de física y matemáticas, su crianza no le permitió desarrollar una inteligencia emocional, y decide confrontar a su padre al respecto: “¡No sé nada! ¡Por tu culpa soy un fenómeno! ¡Tú nos hiciste anormales! ¡Y mamá los sabía, ella entendía! ¡A menos que venga de un maldito libro, no sé nada de nada!”. La unión familiar se empieza a debilitar por las brechas que este tipo de conflictos provocan.

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© Bleecker Street

De cierta manera, el viaje representa el estado emocional de la familia y proporciona un no-lugar en el que se dan los conflictos que la afectan y los cambios que éstos provocan. A pesar de que su suegro se lo había prohibido explícitamente, el padre accede a ir al funeral en un intento desesperado por mantener junta a la familia, pero fracasa. En realidad, Ben intenta hace su mejor esfuerzo para que la familia no sufra; él quiere ser el que absorba el dolor porque se siente lo suficientemente fuerte para soportarlo, pero sobre todo, porque no quiere que sus hijos tengan que hacerlo. El problema es que Ben también está pasando por un periodo de duelo porque acaba de perder al amor de su vida. En cierto modo no se le puede culpar por los intentos desesperados para hacer que las cosas no cambien, pero su obstinación y su negativa a aceptar su propio dolor predicen el fracaso de esta empresa; él también está roto y debe reparar eso antes de intentar ayudar a los demás.

Hay dos momentos claves que evidencian puntos críticos en la vida de la familia Cash. Los dos, con Ben como el único protagonista, son momentos que marcan decisiones cruciales que debe tomar como padre y como ahora única cabeza de la familia, ya que sus hijos (en la mayor parte de los casos) lo siguen ciegamente, como a un capitán en el ejército. El primero ocurre en la naturaleza, justo después de que recibe la noticia del suicidio de Leslie. La escena, que dura alrededor de unos 30 segundos, muestra a Ben al pie de una cascada con el cuerpo encorvado por la fuerza del agua que cae; resulta difícil descifrar la expresión de su rostro, pero la posición de sus brazos indica que se encuentra abrumado. Esta escena tiene varios paralelismos con otra casi al final del filme, esta vez en la ciudad. Después de que Vespyr se rompe una pierna al intentar “rescatar” a su hermano Rellian (quien ha decidido quedarse a vivir con sus adinerados abuelos y tener una vida “normal”), la culpa invade a Ben y este comienza a cuestionarse su desempeño como padre. En esta segunda escena Ben se encuentra en la regadera, con el agua que corre desde su cabeza hasta sus pies pero que esta ven no logra ocultar su rostro. El hombre se encuentra completamente destrozado y la fachada de fortaleza que intentó mantener, porque pensaba que era lo mejor para sus hijos, se cae.

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© Bleecker Street
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Finalmente llega el momento de confrontación. Ben deja su orgullo del lado y acepta que ha cometido errores, que es humano y quizá no siempre ha tomado las mejores decisiones al momento de criar a sus hijos. Es cierto que su hija Zaja, con tan solo ocho años, puede no sólo recitar sino también explicar documentos históricos que los sobrinos de Ben, mucho mayores que Zaja, ni siquiera conocen, pero el padre se da cuenta que en la vida hay cosas que valen la pena, más allá de lo intelectual, y que sus hijos merecen una oportunidad de conocerlas y decidir por ellos mismos si es lo que quieren. Ben decide que sus hijos se queden a vivir con sus abuelos y que intenten integrarse a la sociedad. Es después de este momento que lo vemos, por primera vez, aceptar el dolor y llorar: por sus errores, por su esposa, por sus hijos.

La sorpresa llega cuando sus hijos, que se habían escondido dentro del autobús (llamado Steve), salen a confortar a su padre, quien se encuentra llorando delante de una fogata. Al final los hijos, incluso Rellian, quien culpaba a Ben por la muerte de Leslie, deciden ir a “rescatar” a su padre e intentar honrar los últimos deseos de su madre. Paradójicamente, Ben, quien intentó a toda costa criar a sus hijos para ser entes pensantes y no parte del rebaño, también les estaba cortado las alas al protegerlos del mundo y de las emociones. Él quería que la muerte de Leslie no cambiara nada, pero no se pueden racionalizar las emociones. Sólo cuando Ben acepta estas cuestiones (que sus hijos descifraron antes de que él lo hiciera) le es posible empezar a sanar y dejar de ver al resto de la sociedad como completamente nociva. Al final, la familia Cash desentierra el cuerpo de Leslie y le dan la despedida que ella quería, cremando su cuerpo en una ceremonia en la que no están tristes, sino que se alegran porque recuerdan los buenos momentos.

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Al momento de cremar el cuerpo, los niños interpretan la que solía ser la canción favorita de su madre: “Sweet Child O’ Mine” (canción escrita e interpretada originalmente por Guns N’ Roses). Esta interpretación acústica, fácilmente reconocible por todo el mundo a pesar de que no presenta el característico solo de guitarra inicial, no sólo resulta emotiva, sino que también es relevante para los temas del filme. La canción referencia indirectamente la inocencia de los niños y el deseo de Ben de protegerlos de cualquier cosa que les pudiera hacer daño, en este caso, del dolor emocional. Los niños de la familia Cash no tuvieron un infancia propiamente dicha, pero sí los caracteriza la inocencia que presentan ante situaciones del mundo real; también, el verso que dice: “detesto mirar esos ojos y ver una pizca de dolor” alude al deseo de Ben de darle armas a sus hijos para que no salgan heridos. A través del entrenamiento de supervivencia y del conocimiento avanzado, el padre esperaba que sus hijos no tuvieran que depender de nadie y con eso ahorrarles sufrimiento, pero las cosas no resultaron exactamente como las pensaba, y a sus hijos, y tal vez incluso a él mismo, les hace falta aprender a lidiar con sus emociones.

© Bleecker Street
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La muerte es inherente a la condición humana y aun así siempre nos resulta difícil lidiar con ella; como dice Bo, es algo que no se aprende en los libros. Ben no estaba completamente equivocado en la manera en que crió a sus hijos, el problema era que puso demasiada importancia en lo intelectual y no se preocupó por el desarrollo emocional, quizá en un intento de protegerlos. Para la parte racional de la mente es difícil lidiar con las emociones porque se salen de la lógica y generalmente resultan desestabilizantes, por eso es que muchas personas prefieren guardarlas en cajones y no lidiar con ellas de manera directa. Captain Fantastic nos muestra lo importante que resulta el balance, el no reducir la vida a dicotomías.

Filmografía:

Captain Fantastic. Dir. Matt Ross. Estados Unidos : Bleecker Street, 2016. DVD.

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