Aniquilación (2014) de Jeff Vandermeer: alienación y nomenclatura

La novela Aniquilación (2014) de Jeff Vandermeer narra la historia de un grupo de cuatro científicas que tienen la misión de explorar el Área X, una extraña región en la zona costera. Este grupo no es la primera expedición sino que son la última de una sucesión que han terminado por matarse entre ellos, simplemente desaparecer o volver totalmente cambiados (y sin explicación) al exterior del Área. La narración es autodiegética y la protagonista anónima se denomina únicamente por su profesión de bióloga y como “Ghost Bird”, mote que le pone su esposo. En sí, nadie en el libro posee un nombre y este es probablemente el primer paso hacia la alienación que sufren todos los personajes de la novela. Por alienación me refiero a la pérdida de la identidad propia, del Yo que permea a los individuos, pero también al extrañamiento hacia un colectivo. En el caso de Aniquilación, la alienación se da en ambos sentidos, y el título, a mi parecer, hace referencia a esa supresión del Yo.

Mencioné anteriormente que la ausencia del nombre es el primer paso hacia la disociación identitaria. Southern Reach, la agencia que financia las expediciones, está consciente de la importancia de los nombres como parte de la identidad:

Diapositiva2

La empresa despoja a los voluntarios de lo personal, puesto que supuestamente se está velando por lo absolutamente comunitario: el bienestar de la humanidad. Sin embargo, delega a las personas únicamente a las funciones que cumplen dentro de una comunidad (su profesión, en este caso) y toda posibilidad de personalidad, de pasado, se ve negada.

Asimismo, la ausencia de personalidad resulta en la inhabilidad para conectar con los demás, para comprenderlos. La bióloga habla sobre ello en varias ocasiones, sobre todo en referencia a lo desconocido dentro del Área X:

Diapositiva1

La protagonista establece que nombrar un fenómeno es importante para comenzar a comprenderlo. En ese sentido, es relevante que el lugar al que se adentran sea nombrado simplemente Área X, lo cual devela la incapacidad de la agencia para entender el funcionamiento de la zona.

Por otra parte, la bióloga, debido a su gran capacidad de empatía con los demás seres vivos, se siente consternada por esa negación de la posibilidad de reconocimiento del Otro y termina por “nombrar” a la criatura que vive dentro de la Torre: “¿Qué papel jugaba el Crawler? (Había decidido que era importarte asignarle un nombre al creador de palabras” (1220). Y es justo a partir de la aceptación del monstruo como un ente tangible que puede darse a la tarea de analizarlo. Si bien al principio la bióloga se ve obligada a abandonar la Torre para enfrentarse a la psicóloga, justamente su fascinación científica por la criatura la obliga a volver más tarde. La criatura, por supuesto, resulta ser precisamente el remanente biológico de un ser humano; en específico, del guardia del faro:

Diapositiva3

En cierto modo, el monstruo es similar a la bióloga, quien luego de aspirar las esporas de la Torre, comienza a mutar gradualmente en un ente extraño.

La lenta deshumanización de la bióloga, quien probablemente terminará por parecerse al Crawler, comienza por el despojo de su nombre. Su último encuentro con la topógrafa es un ejemplo claro de esto. Primero, al hallarla, la topógrafa le dice: “Haz vuelto y ya no eres humana. Deberías matarte para que no tenga que hacerlo yo” (1783). Más tarde, en un intento por obtener cierto poder sobre ella, le dice “¡Dime tu nombre! … ¡Dime tu nombre! ¡Dime tu maldito perro nombre!” (1787). Evidentemente, la ausencia del nombre termina por alienar al grupo entre sí y todos los personajes son incapaces de afianzar alguna especie de relación entre ellos (incluidos la bióloga y su esposo, que no la llama por su nombre) debido a lo mismo. El sentido de comunidad se pierde.

El tema de la alienación en Aniquilación, de Jeff Vandermeer permea la totalidad de la novela y es mucho más complejo de lo abarcado en estas pocas líneas. La bióloga termina por alienarse completamente de sí misma y de su comunidad, pero el inicio de dicha alienación se da precisamente en el despojo de los nombres, que son “el centro de imantación semántica de todos [los] atributos [de un personaje], el referente de todos sus actos, y el principio de identidad que permite reconocerlo a través de todas sus transformaciones” (Pimentel 63). La decisión de llamarles por sus profesiones convierte a las cuatro mujeres en parte de un sistema utilitario que supuestamente aboga por la comunidad, pero que sacrifica la individualidad de cada una.

Pimentel, Luz Aurora. El relato en perspectiva. Ciudad de México: Siglo XXI Editores, 1998.

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión /  Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión /  Cambiar )

Conectando a %s