Editorial VII: Memoria

Cuando pienso en el tema de la “memoria” un millón de cosas se agolpan en mi cabeza: desde pedazos de mi infancia cada vez más borrosos, hasta la incapacidad atormentante de no recordar la cena de hace dos noches; desde detalles innecesarios como el color de ropa que usé cierto día en que no pasó absolutamente nada, hasta el sabor específico de los bolillos de la abuela cuando el olor a alimento de ave me hace recordar su casa con canarios enjaulados (lo que no recuerdo, sin embargo, es mi primer beso… supongo que no fue tan especial). También me atacan pensamientos sobre las memorias artificiales: me sorprende aún cómo puede salir música de un CD, guardada ahí por mucho tiempo; me embiste la nostalgia ante las fotografías halladas en carpetas perdidas de mi computadora; me destroza un poco el acto terrible de borrar una partida de una Memory Card porque no hay espacio suficiente. También me vienen a la mente frases como “Ireneo Funes murió en 1889, de una congestión pulmonar”[1] o “el final no es más importante que los momentos que llevaron a él”[2] o “Toda memoria es individual, irreproducible. Muere con cada persona.”[3]

El tema de la memoria ha fascinado, desde tiempos inmemorables, al ser humano. Mucho se ha escrito sobre ella: frases, poemas, cuentos, libros enteros, colecciones de libros. La Iliada apela a los recuerdos de la Musa, quien debió cantar de memoria el berrinche de un hombre de pies ligeros. Proust le dedicó al menos siete tomos a sus remembranzas. La lista se extiende casi innumerablemente. Es más, todo libro y otras formas nuevas de escritura son, en realidad, manifestaciones de la memoria: inventamos la escritura para que nuestras palabras no fueran olvidadas (y aun así, todos los libros están destinados a perderse).

La ficción contemporánea sigue y seguirá abordando el tema, como resultado directo de la finitud humana, y así tenemos aún obras esencialmente mnemónicas como El mar de John Banville, Amnesia de Christopher Nolan, The Legend of Zelda: Breath of the Wild (en el que gran parte del conflicto radica en la búsqueda de Link por sus memorias perdidas) o incluso obras como Ready Player One o Stranger Things S1, en las que la nostalgia juega un papel pivotal. Así, este mes, el primero de un año, lo dedicaremos a ficciones que hablen de la memoria y de su contraparte inseparable: el olvido.

El año que se fue se llevó muchas cosas consigo. A algunas las hemos dejado enterradas en el patio, junto a los cadáveres de años pasados. A otras, les construimos santuarios en nuestra mente y las visitamos religiosamente. No por ello resultan menos dolorosas. La memoria es complicada. A veces creemos tener algún tipo de poder sobre ella, pero constantemente es ella quién nos controla.

 

Notas:

[1] “Funes el memorioso” de Jorge Luis Borges.

[2] To the Moon de Kan Gao.

[3] Regarding the Pain of Others de Susan Sontag.

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