Mr. Fox (2010): La fragilidad del género

Las novelas postmodernistas se han caracterizado por cuestionar las grandes narrativas desde la literatura. Una de las ideas que se ha puesto en tela de juicio en la narrativa postmoderna es la representación del género y las relaciones heterosexuales como parte de una trama, hasta cierto punto, esperada. Mr. Fox (2010) de Helen Oyeyemi cuestiona muchas de las nociones convencionales de la novela como género literario, como la noción de una estructura clara o la narración lineal. Por medio del personaje de Mary Foxe el texto crea una voz femenina que se opone a la representación estereotípica de personajes femeninos que ofrece el narrador dentro de la diégesis—St. John Fox. Propongo analizar dos citas del texto de Oyeyemi en las que Mary Foxe cuestiona las relaciones heterosexuales como una forma de hacer avanzar la trama, así como usar la excusa de una relación amorosa para justificar la violencia de género. El análisis de estas citas se hace con apoyo de “Melancholy Gender/Refused Identification” de Judith Butler para resaltar la problemática de asumir que el género es una forma de afirmar una identidad estable e inalterable que por medio de la represión del deseo, de acuerdo con Sigmund Freud, rige la identificación en dos extremos opuestos: masculino o femenino.

Judith Butler en ¨Melancholy Gender/ Refused Identification¨, reconoce que en la teoría de Freud se presenta el ego sexuado y con cualidades de género. Esto se hace específicamente por medio del deseo hacia la figura de cuidado en la que se deposita una carga de deseo libidinal. Ante esto Freud asume que el deseo es heterosexual al afirmar que los bebés varones desarrollan deseo hacia la madre así como las bebés mujeres desarrollan deseo hacia el padre: “la prohibición del incesto presupone la prohibición de la homosexualidad, pues esta presume la heterosexualización del deseo” (Butler 135). Al dar al deseo una característica heterosexual inherente, la representación de aquello que no encaja en esta concepción se deja fuera pues se supone como una anormalidad. En la novela de Oyeyemi, el autor St. John Fox recibe una visita de su personaje/musa favorita, Mary Foxe, en un lo que parece ser un mal día de escritura. Como una excusa ante la invocación de Mary, St. John afirma que la razón por la cual piensa tanto en ella es por estar perdidamente enamorado.

Ante ello Mary cuestiona el tipo de relación que St. John tiene en mente al pensar en ella como un personaje que se somete y sirve ante el deseo masculino. Por otro lado, Mary crítica el tipo de caracterización que ofrece sobre ella al denominarla mujer y darle ciertos atributos sexuales. En la siguiente cita analizo el modo en el que Mary pone en tela de juicio la construcción de una relación amorosa ficcional que en una primera instancia se asume como heterosexual:

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En esta cita, Mary Fox’s plantea ante la afirmación de St. John Fox acerca de su deseo por ella que sólo es un objeto de deseo con base en una relación heterosexual; ésta como el tipo de relación más aceptada y de donde parten la mayoría de las tramas románticas en la literatura. Incluso tomando en cuenta la gran cantidad de textos que presentan relaciones homosexuales, éstas siguen siendo una minoría. Las preguntas provocadoras de Mary apuntan a una aceptación por parte del escritor St. John Fox a la inclusión de un interés amoroso en la novela como un método para hacer avanzar la trama, a pesar de la poca congruencia que esto tenga. Sin embargo, apunta con estas formulaciones a distintas formas de representar una relación amorosa en el texto que no caigan en la misma narración heteronormativa que se da por sentado en una gran cantidad de tramas. Ante el cuestionamiento a la relación heterosexual: “Freud articula una lógica cultural en la cual el género se obtiene y se establece por medio del posicionamiento heterosexual y donde amenazas a la heterosexualidad se convierten en amenazas al género mismo” (Butler 135). El primer instante de vacilación por parte de St. John ante una relación en la que los géneros se invierten, se puede interpretar como un momento en el que la concepción de sí mismo como hombre se ve afectada por la posibilidad de un cuestionamiento a la relación heterosexual que él tiene en mente.

Esto se sustenta al mencionar que el supuesto amor que siente por Mary recae principalmente en los atributos físicos que la vuelven atractiva y sobre todo que reafirman su feminidad, en función del deseo masculinizado, como sus pechos y el acto de subir el vestido para mostrar sus genitales. Podemos decir entonces que: “el género se produce como una repetición ritualizada de convenciones y que ese ritual es socialmente forzado, en parte por la fuerza de una heterosexualidad obligatoria” (Butler 144). En esta primera cita no sólo hay un cuestionamiento ante la costumbre de representar relaciones heterosexuales como la primera, o incluso la única alternativa, sino un señalamiento ante la reafirmación masculina por saberse diferente ante el personaje femenino: “Uno de los objetivos más ansiosos de su deseo será elaborar una diferencia entre él y ella, y él buscará descubrir e instalar pruebas de esa diferencia” (Butler 137). Al resaltar de manera exagerada los rasgos físicos que (ante los ojos de St. John) la identifican como mujer, Mary hace una crítica a la forma en la que se representa a los personajes femeninos como interés romántico por parte de la voz masculina; al mismo tiempo la caracterización de Mary afirma la masculinidad de St. John, pues al ser un personaje tan seductor se construye a partir de todo lo que St. John no es.

A lo largo de la novela, estos personajes cuentan historias en las que la construcción de personajes femeninos y masculinos es de suma importancia. Mary ofrece en sus narraciones modos distintos de representar tanto a hombres como a mujeres, sobre todo para explorar relaciones dentro de la ficción que no utilicen sus diferencias para luchar entre ellos; plantea escenarios en los que ambas partes puedan ayudarse a sentir completitud. En cambio, los relatos de St. John en su mayoría presentan escenarios violentos en los que los personajes femeninos se caracterizan con base en estereotipos. Dentro de estas formas de representación se encuentra la sumisión y la necesidad de buscar un objeto de deseo, por supuesto masculino, a toda costa. En la segunda cita, se puede apreciar cómo las narraciones convencionales enfatizan la construcción de género por medio de oposiciones binarias que propician ver a la persona del género opuesto como un Otro amenzante. Mary comienza la conversación con St. John de la siguiente forma:

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En la segunda cita se puede apreciar uno de los problemas que enfrentan las mujeres no sólo en la literatura, sino también en la vida real y actual. La noción de una narrativa en la cual el personaje masculino asesina a un personaje femenino por presentar una amenaza, no a su integridad física, sino a su ego se ha vuelto una narrativa más común de lo que imaginamos: “En un hombre, el terror del deseo homosexual puede llevar al terror de ser construido como femenino, feminizado o ya no ser propiamente un hombre, de ser un hombre fallido” (Butler 136). Al presentar un personaje que como Mary desestabiliza la idea del hombre como el único con derecho a agencia, la estabilidad de St. John se rompe y recurre a la violencia para recuperar su virilidad.

El hecho de haber huido de Mr. Fox y poner una cadena en la puerta de su departamento inmediatamente se vuelve una justificación ante la violencia que ejerce hacia Mary. Por supuesto, el amor entra de algún modo en la historia cuando hay violencia de género incluida en el texto. Mismo concepto que Mary ha cuestionado a lo largo de la novela y enfatiza en este momento de la narración. Estos actos de violencia se pueden relacionar con la presión que ejerce la prohibición de deseo y como afirma Butler, la imposibilidad de un duelo ante el deseo perdido: “Si la melancolía designa una esfera de apego que no es explícitamente producida como un objeto del discurso, entonces ésta erosiona la operación del lenguaje que no sólo plantea objetos, sino que, regula y normaliza objetos por medio de ese posicionamiento” (143). Una de las maneras de normalizar los actos de violencia masculinos ante la posibilidad de ser feminizados es enmarcar estas narrativas violentas bajo un interés romántico o actos que se derivan de la pasión. Mary Foxe denuncia estas formas de narrar al enfatizar cómo los actos femeninos que cuestionan la masculinidad son una amenaza realmente fuerte hacia el ego construido en la heteronorma que en muchas ocasiones es inadmisible.

Judith Butler incita a cuestionar la construcción de género como una categoría estable e inalterable al analizar los escritos de Freud. En estos escritos, Butler se percata de la imposición heteronormativa del deseo y propone aceptar que éste puede ser ambivalente al igual que el género e invita a la representación de esta ambivalencia y a la aceptación de la pérdida del deseo homosexual. En el texto de Helen Oyeyemi se presentan varios intentos para poner en tela de juicio tanto la predisposición a las relaciones heterosexuales en la literatura, como los motivos por los que un personaje masculino se interesa en los personajes femeninos. Mary Foxe es un personaje que exige una representación más allá de la que las convenciones literarias han otorgado a las mujeres y en especial a su relación con los personajes masculinos. Mr. Fox retrata la ambivalencia del género desde el inicio de la novela y plantea posibilidades de relaciones entre los personajes para no caer en representaciones que inciten a la oposición binaria de lo femenino y lo masculino. Así mismo señala la fragilidad de la construcción de género al enfatizar cómo la desestabilización de ésta puede traer consecuencias con alto grado de violencia en un afán por aferrarse a estas estructuras. Si se logra concebir al género como algo que puede sufrir alteraciones quizá, tanto dentro como fuera de la narrativa, lo femenino y lo masculino no se vean más como opuestos en constante guerra por afirmarse a sí mismos, sino, como una representación de un espectro, una gama, de posibilidades performativas.

 

Trabajos citados:

Butler, Judith. “Melancholy Gender/Refused Identification”. The Physic Life of Power. Stanford University Press, 1997.

Oyeyemi Helen. Mr. Fox. Riverhead, 2010.

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