Crazy Rich Asians (2018): poder y agencia en los personajes femeninos

A pesar de que tengo millones de títulos en mi lista de películas por ver, hay días en los que no me siento con la energía de procesar nueva información y entonces decido volver a ver algún filme que ya sé que me gusta (por lo general acaba siendo una comedia romántica). Resulta curioso darse cuenta de cómo el tiempo nos cambia y cómo podemos encontrar cosas que no habíamos visto al releer un libro o volver a ver una película. Mi problema actual con las películas de comedia romántica que solía ver y que decido revisitar es que ahora que las veo desde una posición más informada me doy cuenta de qué suelen fomentar estereotipos de género y conductas machistas.

Una comedia romántica que sí disfruté y que vi recientemente es Crazy Rich Asians (2018) de Jon M. Chu. Es cierto que una de las cosas que más se le aplauden al filme es que la totalidad del elenco es asiático y que es una de las pocas producciones cinematográficas de la historia que ha hecho esto, pero lo que más me llamó la atención y el tema que desarrollaré en esta entrada es la manera en que las mujeres tienen el control de la narrativa, es decir, la manera en la que tienen el poder de decidir y de actuar.

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© Warner Bros, Pictures

En su ensayo “Visual Pleasure and Narrative Cinema” Laura Mulvey habla sobre el rol de la mujer en las películas del cine clásico de Hollywood y, ayudada por la teoría freudiana del psicoanálisis, concluye que la mujeres ejercen primariamente un rol pasivo: “La presencia de mujeres es un elemento indispensable del espectáculo en una narrativa fílmica común; aun así, su presencia visual tiende a trabajar en contra de desarrollo de una línea narrativa, a congelar el flujo de acción en un momento de contemplación erótica” (62). La cita nos indica varias cosas: en primer lugar, que la presencia de una mujer en la narrativa de un filme se centra únicamente en la exhibición de las características físicas de ésta con fines meramente contemplativos y, en segundo, que dicha presencia tiene literalmente una injerencia nula en el desarrollo de la trama. Las mujeres sólo aparecen con el propósito de ser vistas, como maniquíes en el escaparate de una tienda. En Crazy Rich Asians las mujeres que aparecen, en su mayoría, lucen atuendos lujosos y halagadores, así como un arreglo de maquillaje y cabello que las hace ver dignas de una pasarela; sin embargo, ni la trama ni la cámara apuntan a que su función primordial dentro de la película sea simplemente ser observadas, ellas tienen el poder de actuar.

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© Warner Bros, Pictures

En este filme las mujeres no sólo tienen injerencia en la trama porque son ellas las que toman las decisiones sino que también alzan la cabeza y se alejan de la posición de sumisión a la que anteriormente se les tenía relegadas, ahora son ellas las que ven y podemos ver el mundo a través de sus ojos; por ejemplo, cuando Rachel (Constance Wu) ve a Nick (Henry Golding) semidesnudo. Cuando ambos se encuentran en su cuarto de hotel, en Singapur, Rachel hace un movimiento sexy con sus lentes y usa la expresión “hubba hubba” para indicar que se siente atraída sexualmente por el cuerpo de su pareja. Laura Mulvey dice que la identificación entre espectador y personaje se producía únicamente con los personajes y espectadores masculinos, por lo que el deseo estaba únicamente representado con el cuerpo femenino y es por eso que los hombres nunca se mostraban como objetos del deseo femenino (60) (esto claro sin profundizar mucho en el tema la represión del placer y el deseo femeninos a lo largo de la historia). Resulta gratificante ver que las mujeres que aparecen en el filme (y las espectadoras) pueden disfrutar libremente de este deseo.

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© Warner Bros, Pictures

Así, las mujeres son las que mueven la narrativa, tienen un rol activo y son “las que ven”, en lugar de ser las que sólo están ahí para ser vistas. Las acciones de tres de las personajes principales sirven para señalar otros problemas de género que surgen comúnmente en las comedias románticas, ya que dichas acciones están ligadas por un mismo elemento: el sacrificio. En primer lugar tenemos a Eleanor (Michelle Yeog), la madre de Nick, quien sacrifica su carrera y sus aspiraciones personales para dedicarse a su familia. Ella especifica que esto realmente no es un sacrificio, sino un honor dentro de la cultura china y sin embargo, no es capaz de complacer a Ah Ma (Lisa Lu), quien jamás la consideró una esposa digna para su hijo (quien por cierto no aparece en el filme); por esto mismo Eleanor decide “sacrificar” a Nick, su hijo menor, y enviarlo a vivir con su abuela, para que si Ah Ma no aprecia a Eleanor, al menos aprecie a Nick. Por otro lado Astrid (Gemma Chan) también se ve obligada a esconder constantemente la persona que realmente es al tener que lidiar discretamente con su riqueza ya que su marido se siente intimidado porque no es la fuente principal de ingreso de su familia. A ella claramente no le importa quién tenga más dinero (porque además de ser rica, es inteligente; se graduó primera de su clase en Oxford). Cuando su esposo le dice que todo el mundo sabe que ella es la que lleva los pantalones del dinero en la relación, Astrid le responde que los pantalones están sobrevalorados. El problema es que las diferencias monetarias entre los dos le causan un conflicto de inferioridad al esposo y hieren su masculinidad: como hombre, él debería de ser el principal proveedor de la familia. Por último, tenemos a Rachel, quien decide sacrificar su felicidad por amor (un tema muy usado en las comedias románticas, por cierto) al tomar ella la decisión de no casarse con Nick y evitar que él tenga que elegir entre su familia o estar con ella.

Vemos que las mujeres no dejan de sacrificar pedazos de ellas mismas para lo que se califica como un bien mayor, que en realidad viene siendo la satisfacción de uno o más hombres. Y no se trata de que los hombres hagan sacrificios equiparables (porque en un momento Nick está dispuesto a no volver a ver más a su familia con tal de que Rachel acceda a casarse con él) sino de que nadie tendría porqué sacrificar cosas tan valiosas en nombre de una relación, ya sea familiar o amorosa; como dice Rachel, cuando se fuerza a alguien a sacrificar una parte importante de sí mismo nadie ganara realmente.

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© Warner Bros, Pictures

Lo que creo que la película logra perfecto es mostrar cómo las mujeres en el cine ya no están sólo para ser vistas, ahora tienen la capacidad de ver y de actuar, y también, cómo estas mujeres se levantan entre ellas, cómo logran sobreponerse y triunfar en una situación en la que tienen las de perder. Cuando a Astrid la abandona su esposo justo antes de la boda de dos de los mejores amigos de Nick, Ah Ma llega para hacerle compañía. Incluso Eleanor, al final, decide ayudar a que Rachel no tenga que sacrificarlo todo cuando le da a Nick el anillo que el padre de este le dio a ella cuando se querían casar y Ah Ma se oponía a la unión.

Entonces, el filme toma un paso más al retratar la sorororidad que debe existir en un mundo en donde los deseos de una mujeres o sus aspiraciones no son prioridad, en donde verse bonita y ser la encargada de mantener unida la familia siguen siendo sus funciones principales. Los estereotipos de género están ahí, el filme no los suprime por completo, pero lo que sí nos muestra es que al menos podemos enfrentarlos juntas.

 Bibliografía:

Mulvey, Laura. “Visual Pleasure and Narrative Cinema.” Film Theory and Criticism :
Introductory Readings. Eds. Leo Braudy and Marshall Cohen. New York: Oxford UP,
1999.

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