All the Light We Cannot See (2014): La visión a través de los sentidos.

La trama de All the Light We Cannot See, de Anthony Doerr, gira alrededor del encuentro entre Marie-Laure LeBlanc y Werner Pfenning en Saint-Malo el 7 de agosto de 1944. La historia se compone principalmente de analepsis que explican las circunstancias que llevaron a que una joven ciega de 16 años y un huérfano alemán con apenas 18 años y al servicio de Tercer Reich, coincidieran en cuanto a espacio y tiempo en un encuentro que habría de marcarlos por el resto de sus vidas.  Como el título de la novela sugiere, el tema de la visión es de gran importancia a lo largo de esta narrativa; y aunque quizá resulta un poco evidente y es un lugar común hablar de las cosas que podemos ver (y de las que no) cuando una de las protagonistas es una joven ciega. En esta entrada analizaré las maneras en las que la dicotomía de la visión y ceguera aparece en la novela.

Empezaré hablando de la ceguera literal. Marie-Laure queda completamente ciega a los seis años debido a que padece cataratas juveniles y es este acontecimiento lo que la lleva a redescubrir la ciudad y los lugares que ha frecuentado toda su vida desde una nueva perspectiva. Su padre, preocupado por qué será de ella si algo le pasa a él, construye un modelo a escala del barrio en donde viven en París para que Marie-Laure pueda memorizar distancias y edificios a través del tacto, que se vuelve el sentido principal para que ella pueda aprender cosas nuevas, ya sea a través de la lectura en Braile o simplemente de la conciencia de la diferencia entre la textura de los objetos: “Ella está aprendiendo que el realmente tocar algo ―la corteza de un sicomoro en los jardines, un escarabajo ciervo fijado con un alfiler en el Departamento de entomología, el interior exquisitamente pulido de la concha de una viera en el taller del Dr. Geffard― es amarlo” (30). Así, Marie-Laure aprende a estar cómoda y a querer la manera en la que vive su entorno, que resulta muy diferente a la del resto de las personas, pero es precisamente esta posibilidad de descubrir el mundo a través de un sentido diferente a la vista la que afecta directamente su perspectiva de la guerra al hacer que se vuelva más empática hacía el resto de las personas.

Por otro lado, Werner Pfenning sí posee la capacidad de percibir el mundo con todos sus sentidos pero aún así hay cosas que no ve, en un sentido metafórico. Durante su infancia, él y su hermana Jutta viven en un orfanato en el pueblo minero de Zzllverein, un lugar donde la gente se ve obligada a trabajar en la mina de carbón durante jornadas interminables y aun así no tiene lo suficiente para comer. Los niños se encuentran bajo el cuidado de Frau Elena, una monja proveniente de la región de Alsacia que les enseña a hablar francés. Eventualmente Werner logra reparar por sí mismo un viejo aparato de radio, lo que les permite a él y a su hermana escuchar cada noche al “Profesor“, un hombre francés que transmite programas sobre temas científicos. La curiosidad y la habilidad de Werner para reparar y mejorar equipos de radiocomunicación lo llevan a recibir una oferta para integrarse al ejército nazi y entrar a la escuela de radiocomunicación. A pesar de la reticencia de su hermana, Werner decide aceptar la oferta y hacer todo lo que sea necesario para permanecer ahí. Su decisión se da por distintos motivos: el primero es que es huérfano y esta es probablemente su mejor oportunidad para tener una educación que le permita tener un oficio; el segundo es su curiosidad científica, motivada por los programas de radio que ama escuchar; el tercero es el nacionalismo alemán que lo invade a raíz del bombardeo de propaganda que le llega desde distintos medios y que le produce la sensación de estar haciendo lo correcto. Jutta, quien continúa escuchando emisiones extranjeras, intenta hacer que su hermano entienda las atrocidades que el ejército alemán está cometiendo y que deje de seguir ciegamente los ideales del nazismo: “¿Está bien, dice Jutta, hacer algo sólo porque todos los demás lo están haciendo?” (105). Pero Werner no se cuestiona su realidad. Como el observa literalmente que los nazis hacen cosas “buenas” (como mandarlo a la escuela de manera gratuita) no concibe que lo que Jutta le dice sea verdad; no puede entender o creer lo que no puede contemplar con sus propios ojos. No es sino hasta que casi matan a su mejor amigo y hasta que llega a experimentar la realidad en la guerra en Francia que Werner empieza a cambiar de opinión.

Pareciera que lo que Doerr hace es problematizar el tema de la visión desde una perspectiva algo reduccionista: Marie-Laure está ciega literalmente pero no metafóricamente y Werner funciona a la inversa. La ceguera de Werner es selectiva y voluntaria. Herr Siedler, el hombre que le ofrece la oportunidad de unirse a las juventudes Hitlerianas la describe:

allthelight.jpg

Los intereses de Werner recaen en el conocimiento científico y la posibilidad de hacer algo más que trabajar en una mina de carbón por el resto de su vida, es por eso que decide (durante la mayor parte del libro) ignorar la violencia y las atrocidades que muchas veces presencia de primera mano. Resulta curioso ver que las personas más fanáticas dentro del régimen nazi son las que no tenían nada antes de unirse al ejército, y esto refleja las injusticias de clase a las que estaban sujetas. Marie-Laure, por otro lado, no puede permitirse el lujo de elegir lo que quiere ver: “Cuando perdí la vista, Werner, la gente me dijo que yo era valiente. Cuando mi padre se fue, la gente me dijo que yo era valiente. Pero no es valentía; no tengo opción. Me despierto y vivo mi vida. ¿No haces tú lo mismo?” (340). La disposición de la joven a no derrumbarse ante la tragedia resulta admirable y también resalta el hecho de que aunque  es ciega parece percibir las atrocidades de la guerra más claramente que Werner.

Lejos de sugerir que la manera en que Marie-Laure “ve” el mundo es mejor que la de Werner, que es la literal, la que se hace con los ojos, me parece que Doerr sugiere que ninguna manera de ver está completa. En cierto modo, se necesitan agregar ayuda de otros sentidos para poder ver realmente. Es por esto que el encuentro entre los dos personajes principales remite a una de las grabaciones del Profesor: “¿Cómo  llamamos a luz visible? La llamamos color. Pero el espectro electromagnético va del cero al infinito; entonces, niños, matemáticamente, toda la luz es visible” (52). La visión y la ceguera, en sus diferentes acepciones, se relacionan con este espectro ya que existen en más de dos niveles, no se oponen tajantemente como el negro y el blanco, sino que abarcan toda una escala de colores. la sociedad es increíblemente diversa en cuanto a maneras de ver el mundo y  Werner y Marie-Laure descubren esto durante su encuentro.

Al final, lo que los temas de la visión y la ceguera hacen, tomando en cuenta el contexto histórico de la trama, es aludir a la futilidad de la guerra y a los cuestionamientos de nuestra propia humanidad que ésta trae, como el qué tanto estamos dispuestos a dañar al otro para cumplir con las órdenes que seguimos ciegamente. Antes de entrar a las juventudes hitlerianas, Werner recuerda un fragmento de uno de los programas de ciencia que solía escuchar con su hermana: “Abran sus ojos, el hombre francés en la radio solía decir, y vean lo que pueden hacer con ellos antes de que se cierren para siempre” (86). El abrir los ojos no funciona en un sentido literal, más bien se trata de una invitación a mirar la vida desde una perspectiva más completa, ya que, como ejemplifica Marie-Laure, los ojos no son el único medio para percibir el mundo.

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