Desmintiendo relaciones idealizadas entre madre e hija en Baby Teeth (2018)

Un día decidí buscar libros de terror contemporáneos; algo que me hiciera temblar al leer. Por casualidad llegué a la novela Baby Teeth (2018) de Zoje Stage y al comenzar a leer me impresionaron dos factores: que la historia estuviera narrada desde dos puntos de vista que se alternan a lo largo de la novela y que uno de ellos era una perspectiva infantil. Si han estado en contacto con películas como We Need To Talk About Kevin (2011), la premisa de esta novela les parecerá familiar: ¿puede un niño ser maligno? En la literatura, el arte, y la sociedad se nos ha entrenado a ver a los niños como criaturas que, ante todo, son inocentes. El concepto de inocencia se retrata en los querubines, en instantes de ternura y vulnerabilidad. Creemos, usualmente, que la maldad es algo que se adquiere con la edad, el paso del tiempo, y las circunstancias. De forma similar, solemos asociar la maternidad con un instinto, como algo que es intrínseco en la mujer, y lo asociamos con la idea del sacrificio; una madre haría todo por sus hijos. Creo que novelas como Baby Teeth cuestionan estas nociones que damos por sentadas, que se reproducen constantemente en múltiples narrativas, y nos obligan a repensar nuestro entorno. La novela presenta la historia de una mujer que ha llegado a un punto de quiebre en su papel como madre cuando su hija de siete años, Hanna, intenta matarla. Quisiera usar este espacio para reflexionar cómo, incluso ante esta terrible situación, el texto puede hacer que al leer podamos sentir empatía por Hanna por medio de su caracterización en los capítulos que se narran focalizando su perspectiva y, por otro lado, cómo se retrata la maternidad. Esta novela nos muestra que todas las historias siempre tienen, al menos, dos versiones y quizá en un punto medio podemos encontrar un comentario hacia las preconcepciones de la maternidad y la inocencia.

Baby Teeth comienza con un capítulo titulado “HANNA” y se indica que la voz narrativa focaliza a esta niña. Podemos identificar lo anterior pues el texto presenta la descripción de una visita al hospital con un lenguaje imaginativo, no realista: “Cuando era pequeña, la máquina la asustaba. Pero ahora, con siete años de edad, pretendía ser una astronauta” (Stage 10). Recurrir a la fantasía se presenta como una forma de lidiar con una situación incómoda y recurrente. “QUIZÁ LA MÁQUINA podía ver las palabras que nunca decía … Quizá si la gente en las batas blancas ampliaba las imágenes, verían sus pensamientos, levantados como mapas de montañas y vías de ferrocarril, a lo largo de su cráneo fantasmal” (Stage 10). Es relevante señalar que una de las primeras cosas que sabemos de esta niña es que no habla. Relacionado con ello, se introduce un tono un tanto obscuro pues el lenguaje con el que describe las pruebas médicas tiene tintes imaginativos y un poco tétricos a la vez: “Hanna sabía que no le pasaba nada malo. Pero Mami quería que revisaran. De nuevo” (Stage 10). En esta cita se muestra que la falta de lenguaje hablado en una niña de siete años se ve como un problema e introduce el efecto de suspenso en la historia: ¿realmente pasa algo malo con Hanna?

El ambiente de hospital desde la primera escena causa una cierta incomodidad, pues no solemos asociar este escenario con buena salud ni con buenas noticias: “Su silencio estaba volviendo loca a Mami” (Stage 11). Pareciera ser que es su madre la que atribuye a su silencio un problema médico, no a alguna dificultad interna, incluso a una decisión propia. La resistencia al lenguaje de Hanna es, en parte, deliberada y en parte un cuestionamiento al habla misma:

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La voz narrativa construye a Hanna de tal forma que lo infantil se entrelaza con una reflexión sobre el uso del lenguaje y su imposibilidad de transmitir de manera adecuada los pensamientos de una niña. Sin embargo, su madre Suzette lo interpreta como algo que debe corregirse: “No le gustaba como hablaba Mami de ella, como si fuera algo roto. Malo. Inútil” (Stage 21). Esta declaración pareciera ser una de las bases del problema que Hanna tiene con su madre. La actitud de Suzette ante el desarrollo de Hanna tiene un efecto negativo en la forma que la niña se percibe incluso a sí misma.

Las tensiones entre el lenguaje infantil y una actitud consciente sobre su comportamiento hacen que la caracterización de Hanna sea un tanto compleja e incluso extraña de leer. ¿Cómo se pasa de un momento de fantasía y juego (“Ella pretendía que caminaba por los intestinos de un dragón gigante” [Stage 11]) a una competencia mortal contra su madre (“A Hanna le parecía justo que cuando Mami hería su corazón, o la hacía sentir asquerosa y hecha pedazos por dentro, ella debería poder lastimarla también” [Stage 21])? A los ojos de Hanna, esta lógica es completamente válida al sentirse no querida. A pesar de la caracterización violenta que se presenta de Hanna, la voz narrativa resalta constantemente que sigue siendo una niña:“Cuando era momento de ir a la cama, Papi le trajo un regalo especial … Era una papa … Ella rió y la abrazó contra su pecho. Ella y Papi sabían lo que sucedería: la papa se convertiría en el cuerpo de su propio UnderSlumberBumbleBeast*”  (Stage 170). La caracterización de Hanna está ligada con la fantasía y la imaginación que se intensifica con su soledad. El deseo de su propio amigo imaginario se vuelve un constante recuerdo de su mente infantil e incluso uno de los momentos que más me hizo pensar en ella como un personaje que ante todo está representando la infancia:

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La destrucción de su amigo-bestia refleja el poco entendimiento que Suzette tiene de su hija al no ser capaz de expresarse por medio del habla. La falta de lenguaje de Hanna representa su vulnerabilidad como un personaje infantil que usa sus propios métodos para hacer valer sus sentimientos y necesidades.

Quizá una de las razones por las que me cuesta trabajo no empatizar con Hanna, es que constantemente señala el sentimiento de aversión que su madre siente por ella y que se relaciona, o se manifiesta, en el rechazo a la comunicación. “Mami sólo quería encontrar una buena razón para devolverla” (Stage 21) de tal manera que Hanna se rehúsa a vivir una vida que se considera normal para una niña pequeña. No ir a la escuela, no alejarse de casa, no relacionarse con otros, son algunas de las estrategias con las que Hanna se opone a sentirse abandonada: “Sabía que Mami quería deshacerse de ella; siempre estaba intentando abandonarla. De eso se trataba la escuela” (Stage 21). Aunque parece un poco cliché y ligeramente cuestionable poner a ambos personajes femeninos en una lucha de poder, es relevante explorar las relaciones entre madre e hija de una forma que nos haga reflexionar sobre la naturaleza de éstas y cómo se representa el papel de madre y el papel de hija.

La cultura popular nos ha hecho creer por mucho tiempo que existen vínculos entre madres e hijas, y que estos se dan de forma orgánica. Puede que no sea de esta forma. En la novela, Hanna se cuestiona si alguna vez existió esta conexión: “A veces deseaba que pudiera recordar estar en la panza de Mami. ¿Realmente eran felices en ese entonces, cuando su sangre estaba revuelta y compartían un misterio?” (Stage 29). La voz narrativa nos introduce a un mundo en el que una niña de siete años tiene que escarbar en lo más profundo de su memoria para encontrar un supuesto estado de felicidad y entendimiento entre su madre y ella. Posteriormente, nos muestra un momento paralelo en la infancia de su madre: “Suzette recordaba algunas mañanas cuando era pequeña y su madre quería acurrucarse en la cama con ella. Suzette se acostaba con el brazo de su madre bajo su cabeza, pero no se acercaba para un abrazo” (Stage 300). La voz narrativa revela poco a poco información que indica que las relaciones entre madre e hija no se dan de forma natural y que sentir cariño por tus hijos no es instintivo.

La tensión entre Suzette y Hanna viene de esta falta de amor que siente una de la otra. La narración de Hanna se centra en un movimiento, un tanto infantil, de lidiar con este rechazo por medio de venganza:

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Por otro lado, Suzette está rodeada de lenguaje contradictorio que viene del conflicto entre ser madre y ser un individuo que puede poner su salud mental y emocional en primer plano: “el embarazo fue, al fin y al cabo, una prueba medica. No un despertar espiritual. Le temía a todas las citas médicas necesarias donde se suponía que debía renunciar a su propia privacidad y a sus miedos de ser torturada por el beneficio del bebé” (Stage 49). Esta novela no sigue una forma convencional de retratar a una madre ni a una niña, pues en el mundo fuera de las representaciones las madres no son siempre la encarnación del sacrificio ni los niños querubines que rondan los cielos.

Leer esta novela me hizo cuestionarme a mí misma la empatía que sentía con Hanna puesto que mi experiencia es también ser hija de alguien. Sin embargo, en ocasiones me costaba comprender la caracterización de Suzette que con líneas como ésta me parecía incluso cruel: “Podría matar a Hanna. No, no podría. Podría. No sería capaz. Quizá lo haría” (Stage 123). Pues la imagen inmediata que tenía de una madre es la de amor incondicional. ¿Qué tanto puede aguantar una madre para dejar de amar a sus hijos? Baby Teeth me parece un texto que señala los mitos que hemos construido alrededor de la maternidad idealizada que nos hace pensar que una mujer es un monstruo por abandonar a sus hijos. Si bien en un inicio mi reacción ante esta novela fue, más bien, emocional respecto a la relación entre los personajes femeninos y la caracterización de estos, al terminar mi lectura tuve tiempo para preguntarme qué implicaciones tienen estas relaciones y por qué suena desgarrador e irreal que cuando su hija le pregunta a sus padres “¿No me aman?” (Stage 353), la madre responda “No lo suficiente” (Stage 353). A mi parecer, reconocer los límites del amor maternal o paternal es una confrontación saludable ante el exceso de representaciones idealizadas o satanizadas que tenemos de las relaciones familiares: “Las madres deberían ser abnegadas” (Stage 300). Al poner dichas relaciones en perspectiva, a través de situaciones extremas, es que podemos considerar a los demás no sólo en papel de madre o hija sino, primero que nada, como personas que se afectan entre sí y de ese modo validar el poner límites a situaciones que pongan en peligro a una persona, aunque esas situaciones provengan de lazos familiares.

Constelaciones

 

Nota de traducción:

*Todas las traducciones fueron realizadas por la autora de esta entrada, y revisadas por mí. En este caso, encontramos intraducible el término “UnderSlumberBumbleBeast”, al ser una frase creada por la autora para describir el juguete de Hanna; sin embargo, creo que la expresión alude, en primer lugar, a un compañero para dormir, ya que la palabra slumber se utiliza para formar el término que se usa en inglés para pijamada (slumber party). En segundo lugar, la palabra bumble se traduce como “andar a tropezones” y esto se puede referir al hecho de que las piernas de la criatura están hechas de lapices rígidos y esto, teóricamente, dificulta su andar. Por último, la palabra beast, se traduce como bestia y hace referencia a las características inusuales del personaje, con las que quizá Hanna se identifica por el trato que recibe de su madre. -Rebeca Dávalos (@rebsster)

 

Obras consultadas:

Stage, Zoje. Baby Teeth. St. Martin’s Press, 2018.

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