Ceguera selectiva: el problema de la representación estadounidense en One Day at a Time (2017)

Estrenada en 2017, la producción original de Netflix One Day at a Time (Un día a la vez en Latinoamérica), vino a cimbrar la comedia estadounidense al convertirse en una de las series favoritas y queridas por el público juvenil. Aunque cuenta con un reparto de nuevas caras dentro del mundo televisivo, One day at a Time se logró posicionar como una de las comedias más vistas en Netflix debido a la amplia representación interseccional que retrata. Esta comedia de situaciones narra las aventuras y experiencias por las que pasa una familia cubano-estadounidense en California en la época contemporánea; cabe aclarar que el momento histórico que se vive dentro de la serie es la misma realidad del televidente (la era Trump). A primera vista, este show se puede catalogar como uno diverso debido a que los personajes principales representan varias edades, estratos socioeconómicos, nacionalidades, géneros, entre otros. Pero hay un aspecto que se deja de lado cuando se habla de la representación aparentemente propositiva en One day at a Time: el trasfondo militar que tiene la serie. Hablemos, primeramente, de los personajes; como personaje principal está la madre y cabeza de familia, Penélope Álvarez (Justina Machado); exmilitar que ahora trabaja, después de su servicio en Irak, como enfermera. Después le siguen sus hijos, Elena y Alex Álvarez (Isabella Gómez y Marcel Ruiz). La primera es una estudiante de preparatoria que es abiertamente homosexual durante la segunda y tercera temporada; mientras que Alex, el más pequeño de la familia, es un jovencito cualquiera que experimenta con drogas y le gustan las chicas. También tenemos a la abuela Lydia (Rita Moreno), quien migró de Cuba para establecerse en E.U.A.; y a la par –en su estatus de migrante– tenemos a Schneider (Todd Grinnell), el vecino y dueño del edificio donde renta la familia Álvarez.

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© Netflix

Pero durante los primeros meses de 2019, Netflix confirmó que la serie sería cancelada para una cuarta temporada, y los fanáticos de One Day at a Time empezaron a comparar este suceso con la cancelación de Sense8, otra serie que representaba a varios sectores de la comunidad LGBTQ+ al igual que diversas nacionalidades y realidades socioeconómicas. Muchos de los argumentos que giran en torno a la cruzada para salvar a esta serie cómica es que la televisión se nutre de la diversidad que One Day at a Time representa. Ciertamente, tenemos a los latinos, latino descendientes y latino-estadounidenses en pantalla gracias a esta serie; y también tenemos la representación propositiva de dinámicas afectivas homosociales y queer que hacen llegar la serie a una audiencia mucho más amplia. Pero como cualquier producto cultural, One Day at a Time no es nada inocente en la representación de ideales nacionalistas y bélicos que mucha de la audiencia de esta comedia decide dejar de lado. Tomemos como un punto de partida somero el siguiente artículo por parte de Nohemí Silva para el portal de Cine Premiere México.[1] En éste, la autora menciona “Cinco razones para no cancelar One day at a time” (sic), donde rescata la comedia que maneja la producción de Netflix, el reparto, “el sabor latino”, las temáticas y la dinámica familiar que se retrata. Pero desde una percepción objetiva, el elefante en la habitación –y del cual nadie decide hablar– es el impacto que tiene el sentimiento nacionalista que acompaña a esta serie.

La militarización de los medios masivos de entretenimiento no es una novedad, ni algo que refiere únicamente a los Estados Unidos, pero ciertamente, existe una clara ceguera selectiva –como lo he venido a concretar– dentro del público general en redes sociales como Twitter o Tumblr. El caso de One Day at a Time es notable en este aspecto porque la gente en línea sigue los mismos argumentos que Silva menciona en su artículo. Se enfocan en la representación de la multiculturalidad, de la multinacionalidad que implica vivir en el mundo contemporáneo, en la disidencia sexual que viene bien para abrir el discurso en torno a la comunidad queer. Pero en esta comedia, el personaje principal –Penélope Álvarez– es una exmilitar que decidió ir a Irak antes y después del ataque de las Torres Gemelas. Un vistazo al pasado militar de Penélope se muestra en el episodio “Lo que pasó” de la segunda temporada. Desde el aspecto narratológico, el episodio viene a resolver la problemática que se creó después de que Elena se declara lesbiana con su padre y éste la deja plantada en su fiesta de quinceañera. En varias secuencias que nos muestran cuando Penélope y su esposo Víctor (James Martinez) reciben en brazos a la bebé Elena, un suceso que cambió el panorama internacional se hace presente para sustentar el distanciamiento familiar y recalcar así el nacionalismo estadounidense. Al llegar a su (en ese entonces) nuevo apartamento, el ataque a las torres gemelas el 11 de septiembre de 2001 hace que Penélope y Víctor reconsideren su recién iniciada vida parental. En una de las conversaciones que entabla la pareja, Víctor dice: “Tengo una responsabilidad, proteger su futuro y su libertad [señalando a Elena]. Eso es lo que hace un soldado, y eso es lo que hace un padre”. Es, pues, esta comparación que hace el padre de Elena entre ser miembro de la milicia y cuidar la vida de su descendencia la que hace notar el verdadero impacto que siempre ha tenido el militarismo dentro de la cultura estadounidense.

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© Netflix

En esta comparación que hace Victor, podemos rescatar algunas cosas notables. Primero, el padre de familia asemeja el ser un militar, el ser alguien que se dedica –bajo el pretexto de una lucha por la libertad (que ya han ganado los Estados Unidos y ciertamente no está en peligro)– a matar individuos e invadir países enteros para implementar una ideología política, con la figura paternal. Los valores y la búsqueda de una libertad humanista se transfiguran en una búsqueda sin sentido y mediante la violencia de la inserción de ideales occidentales dentro de la cultura del medio oriente. Contradictoriamente, la libertad y el futuro que busca Victor –y con él la voz heteronormativa opresora de la milicia– no encapsula la libertad identitaria por la que tanto pelea Elena. Y con Elena viene otro punto de inflexión sobre la autoconsciencia que aparentemente representa en sí misma One Day at a Time.

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© Netflix

La serie se jacta de ser muy abierta en cuanto a los temas que trata, y es muy directa y honesta en la forma en que se abordan desde puntos de vista heterogéneos, pero el personaje que hace más alusión al estar consciente en la contemporaneidad (significando esto lo que en inglés se denomina como being woke) es Elena Álvarez. Ella está aparentemente consciente de sus múltiples identidades y la forma en que interseccionan circunscritas en el Estados Unidos de 2018. Sabe su papel dentro de la sociedad como agente de cambio al nombrarse a sí misma como feminista, o pro-migrantes, o pro-disidencia sexual; pero cuando se trata de estar consciente de la forma en que el ejercito estadounidense y el ideal nacionalista a través de la guerra se hacen presentes como opresores de otras culturas, no existe una posición por parte del personaje de Elena. Es decir, a lo largo de tres temporadas Elena nunca concientiza sobre el papel que las invasiones estadounidenses en Irak han tenido como opresión por parte del nacionalismo. Y teniendo en mente que la serie hace alusión indirecta al actual presidente de Estados Unidos como un xenófobo, es increíble e irreal que alguien que se llama a sí misma como feminista interseccional elija no ver la relevancia que tiene el ejercito estadounidense dentro de la discusión de la libertad y la identidad nacional. Elena nunca cuestiona a su madre por haber sido soldado y haber ido a Irak, de ese tema nunca se habla en la serie. En ningún momento se cuestiona la legitimidad de la guerra o de la adquisición de la nacionalidad –por ejemplo– mediante la participación dentro del servicio militar. De tal manera que pareciera ser que, los escritores y productores del programa quieren subvertir ideales tóxicos dentro de la sociedad estadounidense pero de una manera segura, es decir, sin atacar a las instituciones que son sagradas para la gran mayoría de la sociedad en E.U.A.

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© Netflix

 

One Day at a Time no logra subvertir en realidad el significado de ser estadounidense. Está claro que la serie quiere transmitir el mensaje de que la multiculturalidad es parte de la “gran nación” que es E.U.A., que es posible la unión mediante las diferencias que conforman la sociedad pluricultural y heterogénea del país. Pero aun así sigue perpetuando el ideal del militarismo como una cualidad del ser estadounidense. Es rescatable el avance que One Day at a Time hizo para la inclusión de temas “tabú” dentro de la discusión que se puede generar en los hogares estadounidenses a través de ver una comedia situacional, pero la propaganda militar sigue ahí. Y esa propaganda militar también va de la mano en un filme que acaba de estrenarse, Capitana Marvel (2019). No me mal entiendan, amé la película; pero el problema viene cuando la propaganda militar pasa de la ficción a la realidad.

Brevemente, dentro del más reciente filme del universo cinematográfico de Marvel, la milicia está presente dentro de la narrativa, pero no se hace más hincapié a ella más que como el trasfondo de Carol Danvers (Brie Larson). El problema se presenta cuando en 3,600 salas de cine en E.U.A. se proyectan comerciales que aluden a la grandeza que se puede alcanzar al ser piloto de la fuerza aérea antes de la proyección estelar.[2] La fuerza aérea estadounidense utilizó el auge que generaría Capitan Marvel en las jóvenes para lograr interés en ellas por la milicia. En sí, la problemática no yace en que las figuras femeninas al poder –como lo son en definitiva las mujeres soldado– busquen una forma de vivir viable dentro de las fuerzas armadas, sino en la perpetuación sin sentido e irracional de la figura totémica que significa el ejercito dentro de la identidad nacional. Esta táctica de reclutamiento no es nada nuevo. Como un ejemplo simple tenemos el filme Starship Troopers (1997) o incluso otras películas de Marvel como Iron Man (2998) o Captain America (2011).

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© Walt Disney Studios Motion Pictures

 

 

Finalmente, es muy notable cuando alguien o algo no quiere hablar de cierto tema abiertamente, y One Day at a Time no es la excepción. La serie está cargada de mensajes esperanzadores sobre un futuro mejor y más abierto hacia las minorías y las diversidades identitarias; pero igualmente está cargada de mensajes que perpetúan la institución tan tóxica que es la fuerza armada en una nación que busca cualquier pretexto para inmiscuirse en asuntos externos que no le competen.

 

Notas:

[1] https://www.cinepremiere.com.mx/5-razones-para-no-cancelar-one-day-at-a-time.html

[2] https://www.thewrap.com/air-force-captain-marvel-recruit-women-sexual-assaults-martha-mcsally/

Un comentario en “Ceguera selectiva: el problema de la representación estadounidense en One Day at a Time (2017)

  1. Creo que la posición de no incluir un cuestionamiento al ejército se nutre también porque la familia es cubana, es decir, durante la serie se hace mucho hincapié en que, de alguna manera, son “refugiados” y las nuevas generaciones ya son ciudadanos. Lydia tuvo que huir de Cuba en una época complicada y todo lo que ha conseguido en su vida proviene de EU y, durante la serie, se recalca mucho que es el “país de las oportunidades”. Quizás, si la familia retratada fuera mexicana o colombiana, es decir, con identidades que siguen siendo consideradas como de “inmigrantes” no deseados, en lugar de gente refugiada que se ha convertido en ciudadanos, la representación de estos ideales podría ser distinta. Porque justo creo que esa ceguera selectiva está presente en que todos buscan identificarse como ciudadanos americanos + otra identidad minoritaria: cubanos, lesbianas, judíos, canadienses, etc.

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