“Este no es momento de llorar las muertes”: Avengers: Infinity War (2018)

A cuatro días del estreno de Avengers: Endgame (dir. Anthony y Joe Russo), la esperada y más reciente producción del universo de superhéroes de Marvel, quiero abordar algunos de los porqués del éxito del filme que la precede: Avengers: Infinity War (2018), dirigida por los hermanos Russo. Esta película presenta el posible fin de la humanidad a manos de Thanos (Josh Brolin), un supervillano que busca acabar con el sufrimiento de los seres vivos por medio de un proceso de exterminación parcial. Para evitar esta catástrofe, un grupo de superhéroes de varios orígenes y con diversas posturas —entre los cuales destacan Capitán América (Chris Evans), Iron Man (Robert Downey Jr.), Thor (Chris Hemsworth), Pantera Negra (Chadwick Boseman) y la Bruja Escarlata (Elizabeth Olsen)—reúnen fuerzas para derrotar a Thanos antes de que él, con el poder de las seis gemas del infinito, desaparezca a la mitad de las criaturas con vida. Más allá de la intriga que ofrece Infinity War al dejar a los espectadores en un máximo momento de suspenso (en el que algunos de los personajes más entrañables[1] de la serie se han convertido en polvo y parece que no hay salvación para la raza humana) quiero mover nuestra atención a la estrategia principal utilizada para generar empatía en la audiencia: el manejo de los diferentes procesos de duelo.

Antes de empezar con el análisis quisiera señalar que, aunque hay más de un factor involucrado en el boom de esta película, considero dos como indispensables para contextualizar mi aproximación; ambos tienen que ver con la audiencia, pues parte fundamental del éxito de Infinity War radica en lo comercial. En primer lugar me remito a la importancia de los cómics como parte de la literatura popular.[2] La pertenencia de los textos base a la literatura popular implica que el tipo de producción de la saga de Avengers sigue un formato específico que busca llegar a un público amplio, el cual crece exponencialmente cuando estas narrativas se presentan en un medio audiovisual como es el cine taquillero. En segundo lugar, la figura del superhéroe tiene una función social específica, pues “ofrece una herramienta cultural que permite la negociación de la brecha cognitiva entre la intuición humana del mundo social y el mundo social que realmente se habita” (Carney, Dunbar, Machin, Dávid-Barret, Silva 22, mi traducción). En un mundo en el que constantemente nos vemos confrontados con la posibilidad de la no-salvación —un mundo repleto de guerras y demás poderes que amenazan nuestra supervivencia—, los superhéroes, como seres con capacidades sobrenaturales que garantizan la estabilidad, ayudan a aliviar la incertidumbre entre una plausible extinción y sirven como catarsis y como refuerzo de la esperanza.

Dicho esto, abordo Infinity War desde su premisa: la postura ética frente a la interrogante de si el fin justifica los medios. Al respecto hay dos posiciones claramente definidas en el filme. Una es la de Thanos, el supervillano, quien aboga por exterminar a la mitad de la población para que los limitados recursos de los diferentes planetas puedan ser distribuidos de manera equitativa. La otra, la de los superhéroes, es considerar este planteamiento como lo que es: genocidio. Uno de los argumentos a favor de Thanos, quien busca el poder de las gemas del infinito para llevar a cabo su plan, es que la muerte de estos seres ocurrirá de forma aleatoria y sin dolor. Parte de la incertidumbre que experimentan los personajes en esta obra radica en que el cese arbitrario de las diversas existencias no dejará de traer dolor para quienes conserven la vida, además de que lo abrupto de sus muertes desencadenará una serie de crisis tanto en lo cotidiano —como los choques de automóviles y transportes aéreos que vemos en la secuencia extra— como ontológicas. En medio de tantas pérdidas, ¿cómo se configurarían las identidades?

El personaje de Thanos, quien está relacionado, desde su nombre, con la personificación griega de la muerte, se nos presenta como un ser extraterrestre con cualidades fácilmente distinguibles como antropomórficas, pero que se distancian de lo “humano”: su tamaño es mayor que el de un hombre promedio y el color de su piel morado.[3] Se asume, además, como un conquistador y un salvador; así lo muestra al dirigirse a los demás llamándolos “hijos míos”. Sin embargo, su deseo de acabar con el sufrimiento de las especies está directamente relacionado con su ambición de poder, puesto que primero necesita ser capaz de controlar el universo desde la palma de su mano. La obtención de las gemas del infinito sólo puede ocurrir a partir de la violencia física que ejerce sobre quienes no apoyan su misión; su “derecho” como salvador le permite sacrificar vidas individuales para alcanzar lo que considera el bien común. Su pretensión es, entonces, asumir el rol de una deidad: dominar la realidad, el alma, la mente, el espacio, el tiempo y el poder de los seres existentes. Sus principios se contraponen con los de los Vengadores, quienes no sólo se preocupan por el bien colectivo, sino también por el individual.[4] Thanos representa una amenaza tan poderosa que las distintas alianzas de superhéroes hacen a un lado sus diferencias y se unen para intentar vencerlo.[5] En la primera secuencia se muestra la falta de cualquier tipo de humanidad en el villano, puesto que, tras una serie de torturas ejercidas sobre Thor, le atraviesa el corazón a Heimdall (Idris Elba) sin miramiento. Ésta es la primera muerte que presenciamos en el filme y ocurre a escasos minutos de haber dado inicio. La audiencia experimenta un primer acercamiento con la pérdida que se refuerza con el asesinato —casi inmediato— de Loki (Tom Hiddleston). El sentido de pérdida se va haciendo cada vez más intolerable durante el resto de la obra. A lo largo de la película, se muestran los esfuerzos colectivos de los superhéroes y las superheroínas para evitar que Thanos consiga las gemas, pero todo intento termina frustrado.

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© Walt Disney Studios Motion Pictures

La última gema que Thanos tiene por encontrar, la de la mente, hace posible la existencia de Visión (Paul Bettany), quien a pesar de haber sido diseñado por Tony Stark como otra de sus máquinas, “evoluciona”: ahora tiene un vínculo sentimental con Wanda Maximoff, la Bruja Escarlata. Hay un paralelismo entre Thanos y Visión, pues el único atisbo de humanidad que vemos en el primero de éstos se ubica en el vínculo emocional que establece con su hija adoptiva Gamora (Zoe Saldana). Dicho atisbo es rápidamente negado cuando Thanos, en su papel de padre, está dispuesto a sacrificar la vida de su hija para obtener la gema del alma —un alma a cambio de otra— en su búsqueda de erradicar el hambre y la contaminación que acechan a todos los planetas. Aunque sí siente amor por ella y llora su suerte, su necesidad de cumplir lo que él considera su destino lo lleva a asesinarla. Mientras que Gamora está dispuesta a suicidarse para permitir la existencia de todos los seres vivos, en una afronta directa a su figura paterna, Thanos le impide este acto y la avienta al vacío.

El paralelismo entra Thanos y Visión se extiende hasta la pelea final contra el supervillano, en Wakanda, durante los últimos 35 minutos de la película. En ésta se enfrentan dos formas opuestas de personajes antropomórficos: una máquina que desarrolló humanidad en su convivencia con seres humanos y un ser extraterrestre que erradicó dicha humanidad en él mismo. Mientras que el equipo de los Vengadores lucha por extraer la piedra de la frente de Visión para evitar que Thanos tome posesión de ella y mantener a Visión con vida, el ejército del villano ataca a los habitantes de la región. El climax de Infinity War ocurre cuando Wanda se ve forzada a matar a Visión, pues ella es la única con el poder suficiente para destruir la gema de la mente y salvaguardar la vida en el universo. En este momento de tensión dramática tan fuerte la toma es amplia; se ve a la Bruja Escarlata en el centro de la misma, con ambos brazos extendidos —una postura que simula una entrega—, mientras los rayos de luz roja que emanan de ella terminan con la vida de su amado, del lado izquierdo, y confrontan a Thanos, del lado derecho. Hasta este punto de la película ya se habían asumido varias pérdidas, pero ésta resulta especialmente dolorosa por el tipo de sacrificio que está haciendo el personaje femenino: Wanda se ve forzada a ver por el bien común de la humanidad desde sus principios como superheroína y tiene que terminar con la existencia del ser al que ama, quien además enfatiza su humanidad en la súplica que le hace a su amada de destruir la gema y, por ende, a él mismo.[6]

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© Walt Disney Studios Motion Pictures

A partir de este suceso la música de fondo se detiene y sólo se escuchan los discursos. Wanda, devastada por la destrucción de la que fue agente, es consolada por Thanos, quien le dice: “Te entiendo, hija mía, mejor que nadie. Hoy perdí más de lo que puedes imaginar. Pero ahora no es momento de llorar las muertes. No, no es el momento”. Acto seguido, el supervillano revive a Visión, por medio de su dominio del tiempo, sólo para extraer la gema de su frente y terminar con su existencia él mismo. Wanda tiene que sufrir, por segunda vez y de forma consecutiva, la muerte del ser al que ama, dándole a la ya muy elevada tensión dramática otro alcance, aún más trágico. Aunque las expectativas de alcanzar la salvación son bajas después de toda esta destrucción, es posible ver un indicio de esperanza en la aparición de Thor, quien desciende con todo ímpetu desde el cielo tan sólo unos segundos después de que Thanos obtiene el poder completo de las gemas del infinito; sin embargo, esta ilusión se rompe casi de forma inmediata pues, aunque Thor atravesó el corazón de su enemigo, la acción resulta inútil e insuficiente. Thanos le dice, aunque con dificultad, “Debiste haberle apuntado a mi cabeza”. El hecho de que el atentado contra el corazón, la parte del cuerpo con la que asociamos los sentimientos y, por ende, la humanidad, no haya sido suficiente para acabar con el mal encarnado en Thanos, refuerza también la idea de otredad ya establecida en este personaje: la parte de su cuerpo que debió ser destruida es la cabeza, la mente que lo dota del pragmatismo con el que pretende erradicar el sufrimiento.

Una vez hecha la advertencia a Thor hay un close-up de la mano izquierda de Thanos, que es en la que se ubican las gemas del infinito. Con un chasquido termina con la mitad de las poblaciones del universo y, después, desaparece. La confusión en Wakanda se convierte en duelo cuando la secuencia cambia; la primera escena enfoca a Capitán América, confundido ante la desaparición de Thanos, quien, mediante una toma over-shoulder, ve cómo Bucky Barnes, el Soldado del Invierno (Sebastian Stan), se convierte en polvo. A partir de esto hay una ennumeración de escenas en las que las tomas juegan con lo personal y lo colectivo: una toma panorámica del ejército, cuya mitad se deshace en polvo en el campo, es suscedida por una serie de secuencias en las que un personaje se enfrenta con la evaporación de otro. Si bien es cierto que todas estas pérdidas son dolorosas, y que todas funcionan para ejemplificar un tipo de duelo específico, las dos que me parecen más efectivas son las de Groot (Vin Diesel) y Spiderman (Tom Holland). Groot representa una forma de amistad sana y una benevolencia que excede el egoísmo individual; quien presencia su muerte es Rocket (Bradley Cooper), un mapache con características humanas que se distingue por el cinismo y la falta de empatía, llora la pérdida de su compañero y amigo. Spiderman (quien como Groot es un adolescente) acude a su figura paterna, Tony Stark, enunciando su miedo a la muerte: “No me siento muy bien, señor Stark. […] No me quiero ir”. Stark, quien por unos segundos deja su gran ego de lado, lo consuela reiterándole “Todo está bien, niño”. El hecho de que Iron Man asuma esta postura de padre —enfatizada, además, por el hecho de que en la primera secuencia en la que él aparece le externa su deseo a Pepper (Gwyneth Paltrow) de tener un hijo con ella— muestra una faceta de humanidad que Thanos había desestabilizado previamente.

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© Walt Disney Studios Motion Pictures

Infinity War funciona tan bien como lo hace porque apela a una de las emociones más humanas posibles: la tristeza ante la pérdida. La única certeza que tenemos los seres humanos es la muerte y diario convivimos con ella. Así, la película, alude a una de las preguntas fundamentales para la configuración de la identidad: ¿qué soy yo sin ti?[7] Los superhéroes —y nosotros con ellos— tenemos que enfrentar una realidad nueva en la que la mitad de las criaturas vivientes ha fallecido (o desaparecido). Como ya mencioné, hay dos posturas claras frente al problema ético que expone Thanos como conquistador, salvador y deidad. El dolor del genocidio se nos presenta, de forma tajante, como respuesta ante si el fin justifica los medios, y esa respuesta es no. Lo que hace tan interesante este filme como fenómeno cultural es, además, la confrontación con la realidad cotidiana: un mundo en el que, Estados Unidos, como superpotencia económica, promueve y financia ideales de guerra que dejan a las múltiples comunidades afectadas en un proceso de duelo tan y más profundo como el que vemos en esta obra. Quienes estamos fuera de estas comunidades también vivimos las pérdidas, incluso si es de forma externa y a través de pantallas. Infinity War nos duele por partida doble porque no se aleja de las muertes que se experimentan día con día en este siglo, aunque éstas no incluyan perpetradores gigantes de piel morada. Lo que se produce en la película, en vez de la catarsis que se supone que deberían otorgarnos los superhéroes, es una desolación absoluta. Esperamos con tantas ansias Avengers: Endgame porque supone la posibilidad de redención por parte estos personajes, quienes confiamos triunfarán contra el mal.

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© Walt Disney Studios Motion Pictures

 

Notas:

[1] Aquí hago énfasis en el hecho de Infinity War, al pertenecer a un universo específico películas, retoma personajes que han sido partícipes en otras producciones y, por ende, tienen un tipo de crecimiento conforme avanza la saga. Si bien es posible ver los filmes de forma independiente, también es un hecho que una de las cualidades más atractivas es que las nuevas películas se relacionan con las obras anteriores. Para la audiencia es posible seguir un hilo narrativo que promueve el interés y refuerza el suspenso.

[2] Hay un amplio debate sobre la “pertenencia” del cómic a la literatura; la postura que confronta esta aseveración defiende que es un medio más que un género. Personalmente me inclino a pensar que el cómic debe ser leído desde lo literario por su cualidades narrativas. Jeremy J. Llorence lo clasifica como “literatura gráfica” para defender su cualidad como género y define la literatura gráfica como “cualquier trabajo que, por medio de la combinación entre arte plástica y narrativa, expresa un mensaje más simple que las palabras o cuenta algún tipo de historia” (“Exploring” 31, mi traducción).

[3] En contraste con Thor, un alienígena, por ejemplo, quien tiene los mismos rasgos físicos que el terrestre Star Lord. Pensemos, además, en cómo personajes con cualidades antropomórficas que luchan a favor del bien social tienen la piel verde, como es el caso de Hulk y Gamora.

[4] El hecho de que estos superhéroes se llamen a sí mismos de esta manera apunta hacia un sentido de justicia que se opone a pensamientos tales como el de Thanos.

[5] Recordemos, también, que dichas diferencias radican en la forma de ejercer justicia.

[6] Una de las estrategias más comunes (y más funcionales) de las películas populares es el énfasis en las relaciones románticas. El efecto de empatía que produce este sacrifico se incrementa gracias a que Wanda y Visión pretendían compartir el resto de sus vidas juntos antes de que se desatara la guerra contra Thanos.

[7] Esta pregunta se enuncia como tal en “Violence, Mourning, Politics” de Judith Butler; sin embargo, en esta entrada dicha interrogante me funciona como referente al tema del duelo, pero no hago uso de la teoría que la autora postula como tal.

 

Fuentes consultadas:

Butler, Judith. “Violence, Mourning, Politics”. Precarious Life. The Powers of Mourning and Violence. Londres y Nueva York: Verso, 2004. PDF.

Carney, James, Robin Dunbar, Anna Machin, Tamás Dávid-Barrett, Mauro Silva Júnior. “Social Psychology and the Comic-Book Superhero: A Darwinian Approach”. Forthcoming in Philosophy and Literature. 2013. 1-27. https://www.academia.edu/2441781/Social_Psychology_and_the_Comic-Book_Superhero_A_Darwinian_Approach

Llorence, Jeremy J. “Exploring Graphic Literature as a Genre and its Place in Academic Curricula”. McNair Scholars Journal, 15.1, artículo 6. 2011. PDF. Consultado el 22 de abril de 2019.

Russo, Anthony y Joe Russo, directores. Avengers: Infinity War. Marvel Studios, Burbank, CA: Buena Vista Home Entertainment, 2018.

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