[Especial] Game of Thrones S08E02: “A Knight of the Seven Kingdoms”

Quizá hubo personas que no quedaron satisfechas con el más reciente capítulo de la serie debido a su falta de acción; porque esto es Game of Thrones y ya sabemos que todos se van a morir pero aún no se ha muerto nadie. Es muy difícil lidiar con la ansiedad que esto produce y no se puede evitar desear que arranquen la curita de una buena vez. Por otro lado, aunque comparto la angustia de la incertidumbre, yo creo que este capítulo es un acierto en cuanto a la progresión de la trama. Si el primer capítulo de la temporada sirvió como escenario para los reencuentros que se nos debían desde hace mucho tiempo y para acabar de plantear las bases que definen el comienzo del final, este segundo capítulo es la calma antes de la tormenta. Es una certeza que el Night King se acerca y con él innumerables White Walkers, esta situación de peligro nos permite ver lo que deciden hacer los personajes principales cuando se vuelven conscientes de que ya no podrán decirle a la muerte “hoy no”. Me parece que lo más relevante en este aspecto es el énfasis que se le da a los personajes femeninos y a las decisiones que toman y en esto centraré mi análisis.

Lyanna Mormont

Este capítulo estuvo marcado por la presencia de personajes femeninos fuertes de todas las edades. Entre las más pequeñas destacan, por una parte, la niña que le dice a Sir Davos que no quiere ocultarse en las criptas sino que quiere pelear como sus hermanos, lo que demuestra un carácter fuerte y gran valentía y, por otra, Lyanna Mormont. Desde su aparición en la serie, Lyanna se ha mostrado deseosa por servir al norte, sin dejar que su edad o su género la limiten. Un ejemplo de esto ocurre en el primer capítulo de la temporada 7, cuando se pone de pie frente a todos los lores del norte y confronta a Lord Glover por insinuar que las niñas y las mujeres no deberían luchar en la guerra que está por venir: “Yo no planeo sentarme a tejer junto al fuego mientras los hombres pelean por mí. Quizá sea joven, Lord Glover, y quizá sea una niña, pero pertenezco al Norte exactamente de la misma manera en que usted lo hace”. La determinación, la iniciativa y la negativa a dejarse intimidar por el resto de los lores es algo que también permea al personaje que se nos presentó en esta ocasión.

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© HBO

En este capítulo tenemos una especie de eco de ese momento, que reitera la construcción de Lyanna como un personaje que se rebela ante las imposiciones erróneas contra su género. Cuando Jorah Mormont intenta disuadirla de participar en la batalla diciéndole que es el futuro de la Casa Mormont, ella responde: “No necesito que me recuerdes eso […] no me esconderé bajo tierra. Yo prometí pelear por el Norte, y eso haré”. Es evidente que Lyanna está consciente de la responsabilidad que tiene para con su casa, después de todo lleva un par de años ejerciéndola con orgullo (y, debo agregar, con mucho más éxito que varios personajes masculinos de mayor edad), y es admirable la firmeza y valentía con la que trata a todos esos hombres que intentan explicarle lo que ya sabe o insinúan que no es capaz de hacer las mismas cosas que ellos.

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© HBO

Arya Stark

Pasando a otro de los personajes femeninos que destacaron en este capítulo (y a uno de los temas que dio más de qué hablar), tenemos a Arya Stark. La primera vez que vi el capítulo, la escena donde ella le propone a Gendry tener relaciones sexuales me pareció incómoda, incluso llegué a pensar que era innecesaria y que estaba un poco forzada; ¿por qué la necesidad de ligar un hombre a un personaje femenino que resulta fuerte por sí mismo, que precisamente nunca ha dependido de nadie, más que de ella misma, para sobrevivir? Después me di cuenta que estaba equivocada al verlo de esta manera y que mi incomodidad radicaba, más bien, en el hecho de que seguía viendo a Arya como una niña y la revelación de que ya no lo es me llegó muy repentinamente, por más obvio que esto fuera.

Después de meditarlo un poco, llegué a la conclusión de que es un desarrollo muy apropiado para el personaje porque Arya siempre ha representado la libertad. Se rehúsa a pasar sus tardes haciendo bordados y a usar los vestidos que la restringen, física y metafóricamente. En lugar de ello, aprende a pelear y a convertirse en una guerrera, que es lo que realmente desea. Aún si la espada es un símbolo fálico que representa la extensión del poder masculino, Arya, al igual que Lyanna, cambia las agujas de tejer por esta herramienta que le resulta más útil para cumplir sus metas. Al ejercer su sexualidad libremente, asume control completo de su cuerpo y esto sirve como una declaración en contra de la posición que ocupan las mujeres en la sociedad en la que vive. Las mujeres generalmente se ven forzadas a mantener relaciones sexuales cuando no lo desean por cuestiones políticas (o sólo porque a los hombres se les da la gana), como Sansa, quien es violentada física y emocionalmente por Joffrey durante el tiempo que estuvo comprometida con él, o que es violada en múltiples ocasiones durante su matrimonio con Ramsay (cabe aclarar que dichos matrimonios fueron arreglados para favorecer la balanza política de dichos individuos). Que Arya decida mantener relaciones sexuales con el hombre que ella eligió, sólo porque quiere, sólo para saber cómo se siente, marca una gran diferencia.

Brienne de Tarth

Uno de los momentos que me tuvo al borde de las lágrimas (y hubo muchos así) fue cuando Brienne es investida como caballero de los Siete Reinos. Varios de los principales guerreros de la serie se reúnen frente al fuego para pasar las horas previas a la batalla (la única mujer presente es Brienne) y cuando Tormund, ajeno a las costumbres de los Siete Reinos, aprende que el título nobiliario de Brienne es “lady” y no “sir”,  ella explica que “las mujeres no pueden ser caballeros” porque es la tradición, a lo que Tormund responde: “A la mierda la tradición”. La investidura de Brienne, al igual que el libre ejercicio que Arya hace de su sexualidad, rompe con los esquemas, con las tradiciones que derivan en obligaciones absurdas y arbitrarias que declaran que las mujeres son incapaces de ejercer posiciones de poder, que deberían permanecer como entidades pasivas mientras los hombres salen a resolver los problemas del mundo.

El título del capítulo, “A Knight of the Seven Kingdoms”, se refiere a este momento en específico pero al leerlo nos remite inmediatamente a una figura masculina. Se necesita ser hombre para que la gente escuche, para ejercer su sexualidad sin complicación, para obtener reconocimiento por su esfuerzo, lo que trae a colación el tema principal de capítulo: basta con ser hombre para obtener muchas cosas y se asume que sólo son ellos los que pueden ocupar posiciones de poder. Brienne ya era valiente, justa y defendía a los inocentes mucho antes de ser declarada caballero (resulta frustrante pero revelador que no exista una palabra femenina para este tipo de guerreras), pero se le negaba el reconocimiento por su género.

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Sansa Stark y Daenerys Targaryen

Si bien el capítulo está repleto de aciertos en cuanto a la representación de los personajes femeninos, por alguna razón sigue fomentando la idea de competencia, incluso de enemistad, entre mujeres, en lugar de favorecer la sororidad. Es una lástima que Sansa y Dany no puedan estar de acuerdo cuando ya tienen a un montón de hombres que están en su contra, como bien lo explica esta última: “Las dos sabemos lo que significa liderar personas que no están dispuestas a aceptar la autoridad de una mujer. Y las dos hemos hecho un maldito buen trabajo, por lo que veo. Y aun así, no puedo dejar de sentir que estamos en conflicto entre nosotras”. Desde mi punto de vista,  lo mejor que podrían hacer es apoyarse y ayudarse entre ellas en lugar de generar conflictos por el amor que ambas sienten por Jon o por los roces que provoca saber quién ejercerá el dominio en el Norte. Quizá los pocos capítulos que nos quedan ahonden más en el tema (si las dos sobreviven lo que está por venir).

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Me parece que “A Knight of the Seven Kingdoms” acierta en dedicar (en su mayoría) las horas de tedio y ansiedad previas a la batalla al reconocimiento (que se debía desde hace mucho tiempo) de las fortalezas y victorias de los personajes femeninos frente a las anticuadas y patriarcales tradiciones de la sociedad en la que viven. Donde creo que también acierta (y esto es algo que no está para nada relacionado con el tema de la entrada pero es demasiado icónico como para no mencionarlo) es en generar expectativa y tensión para el siguiente capítulo a través de la canción de Podrick (“Jenny’s Song”), que se presenta en un montaje similar a “Edge of the Night”, la canción que Pippin entona en El Señor de los Anillos: el retorno del Rey (2003) justo antes de la batalla para defender Osgiliath, la ultima fortaleza que quedaba para impedir que los orcos invadieran Gondor (ahí también resalta el paralelismo entre Winterfell y Osgiliath como los últimos lugares de defensa). Con este augurio y estas dos canciones nos preparamos para el domingo porque seguro ahora sí veremos morir a muchos de nuestros personajes favoritos.

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