Belleza y sacrificio en The Marvelous Mrs. Maisel (2017)

Cuando vi el primer capítulo de The Marvelous Mrs. Maisel no sabía en qué me metía. Había escuchado un par de cosas buenas sobre la serie y tenía curiosidad por saber si eran ciertas. De principio, la serie me atrapó con los diálogos ingeniosos y rápidos, con las bella estética de la clase alta de Nueva York de los años 50 y con la teatralidad con la que se presentan las diferentes situaciones que acontecen la vida de los personajes (aunque inspirada en situaciones y lugares reales, Mrs. Maisel no pretende ser una representación verdadera de la historia, sino que toma todos estos aspectos y los usa para construir un mundo ficcional). Mi mayor sorpresa vino durante los créditos, cuando me di cuenta que la serie fue creada por Amy Sherman-Palladino, la mente detrás de Gilmore Girls, una de mis series favoritas.

La trama básica de la serie es la siguiente: Miriam “Midge” Maisel (Rachel Brosnahan) está casada con Joel Maisel (Michael Zegen), quien fue su novio desde la universidad y que se encuentra poco satisfecho con la vida que le tocó y por eso mismo sueña con dedicarse a la comedia stand up. Miriam, por otra parte, es la “esposa perfecta”: se encarga de las tareas del hogar, cocina, siempre se ve hermosa y apoya incondicionalmente a Joel con el stand up. Este planteamiento idílico de la idea del matrimonio durante la mitad del siglo XX se derrumba a penas acabado el primer capítulo cuando Joel, después de fracasar con su rutina de comedia, culpa a Midge de sus errores y decide irse a vivir con Penny Pam, su secretaria y su amante. Abrumada por la tragedia, Miriam se emborracha y acaba en The Gaslight, el club donde Joel usualmente se presenta, y triunfa con una rutina de comedia improvisada sobre la tragedia que acaba de sucederle, lo que marca el inicio de su carrera en este medio. En esta entrada me enfocaré en analizar por qué los eventos que suceden en este capítulo resultan problemáticos para Miriam y cómo se relacionan con las expectativas hacia las mujeres que tiene la sociedad en la que viven y el sacrificio que esto implica para ellas.

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© Prime Video

Durante los primeros capítulos escuchamos a muchos de los personajes decirle a Midge que necesita hacer que Joel regrese porque no va a poder sobrevivir por sí misma. La importancia que se le da al matrimonio en esta época es inmensa. Durante el brindis en su boda, Miriam cuenta cómo el único objetivo de su vida siempre había sido encontrar un hombre para casarse y que, ultimadamente, es por eso que fue a la universidad: “Pero todas esas maravillosas aventuras eran simplemente el preámbulo de mi destino. Iba a conocer a un hombre, un hombre perfecto”. Las niñas y mujeres de los años 50 eran educadas para creer que su único cometido en la vida era encontrar a un esposo para servirle (me gusta pensar que podemos hablar de este tema en pasado porque la educación de las mujeres ha cambiado, aunque estoy consciente de que no es así en todas partes). Al pertenecer a una clase privilegiada, Miriam no tiene que preocuparse por conseguir un trabajo o por estar siempre al pendiente de sus hijos (puede permitirse pagar una niñera o su mamá los cuida) y esto la deja libre para dedicarse por completo a las necesidades de su esposo. Ya que encontrar un esposo había sido del objetivo de Midge desde que era niña (y no sólo de ella sino de muchas mujeres de esa época), el fracaso de su matrimonio representa también para ella su fracaso como mujer: ha fallado en la responsabilidad de su género al no lograr mantener a un hombre a su lado.

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Paralelamente al objetivo único de conseguir un esposo, las mujeres de los 50 tenían que mantener una apariencia física perfecta, ya que los hombres se interesaban en ellas casi exclusivamente por eso. El énfasis en el cuerpo de las mujeres y la manera en la que se presentan ante el resto de la sociedad está muy marcado dentro de la serie y se da en todas las edades. El primer ejemplo es la rutina nocturna de belleza. Cuando Midge y Joel se van a la cama, ella luce radiante y con el maquillaje recién retocado; pero cuando él se duerme, Midge corre al baño para lavar su cara, ponerse rizadores y crema hidratante. En la mañana, gracias a una persiana colocada estratégicamente para que el sol la despierte, se apresura a retocar su maquillaje y a volver a la cama para que, cuando suene la alarma, pueda fingir que se despertó así. Esto da la sensación de que el cuerpo de la mujer no es realmente humano porque debe lucir perfecto todo el tiempo. Miriam debe sacrificar parte de su tiempo de sueño para asegurarse de tener una apariencia adecuada y mantener esta ilusión de perfección para su esposo sin que él tenga una actitud recíproca en ningún aspecto.

También relacionado con el cuerpo, Miriam mide diariamente todas sus extremidades para asegurarse de que sean perfectamente simétricas. El complejo por el cuerpo y por poseer la figura ideal dictada por la sociedad se vuelve una obsesión a tal punto que incluso hay una escena donde Rose (Marin Hinkle), la madre de Midge y está última comenta acerca del tamaño de la frente de la bebé de Midge, diciendo que es muy grande y que la niña tendrá una vida muy difícil porque será fea. Si bien es un hecho que todos los bebés tienen la cabeza grande, lo que creo que se pretende señalar con esta broma es que a las niñas se les adoctrina con los estándares de belleza canónicos desde edades muy tempranas y esta educación, desgraciadamente, viene en mayor parte de sus madres, abuelas o figuras femeninas cercanas. Rose cierra la conversación sobre la frente de la bebé diciendo que “Es mucho más fácil ser feliz cuando eres bonita.” Esto indica que incluso si ellas mismas no se cuestionan dichas imposiciones de belleza, están conscientes de que existen. Al final, su preocupación por la frente grande de la bebé viene de que no quieren que sufra.

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Ahora, relacionando el tema del cuerpo con la comedia, la serie nos muestra que el estereotipo dicta que las mujeres sólo son bonitas, no son inteligentes y mucho menos graciosas. Muchos de los comediantes masculinos recurren a bromas acerca de minorías y mujeres para obtener las risas del público. Incluso la única otra comediante mujer en la serie, Sophie Lennon (Jane Lynch), usa un disfraz de gorda y se presenta como una mujer perteneciente a un barrio pobre de Nueva York y se burla de sí misma para obtener la simpatía de la audiencia; de hecho, su consejo para Midge es que los hombres no la encontrarán graciosa a menos que tenga un pene o se presente en el escenario como algún personaje femenino que se burle de sí misma. Las mujeres bonitas sirven para tenerlas un estante porque no importante lo que tengan que decir, tampoco importa lo que las “feas” tengan que decir, lo que causa risa es que no son perfectas. Una vez más todo recae en la apariencia.

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El punto es que, a pesar de que Miriam cocinaba un plato diferente para sobornar al encargado de The Gaslight y conseguirle a Joel un mejor horario, a pesar de que siempre mantenía la apariencia perfecta para beneficio de él, a pesar de todo su sacrificio, la culpa del matrimonio fallido cayó sobre ella y en su supuesta inhabilidad como mujer. Entonces, durante su rutina improvisada de comedia Midge se pregunta por qué ella no fue suficiente, por qué, si hizo todo lo que la sociedad le dictaba que hiciera y su cuerpo es perfectamente simétrico en todas sus extremidades, su esposo la dejó. Y es que no basta con el hecho de que las mujeres tengan que hacer todo el trabajo (Susie, la mujer que habría de convertirse en manager de Miriam, le señala que debería de ser Joel y no ella quien soborne al encargado) sino que siempre quedan mal paradas: si un hombre tiene éxito es por su propio mérito, pero si fracasa, entonces es culpa de la mujer. Resulta terrible (porque es real para todas las mujeres, incluso hoy en día) que Miriam se encuentre parada en ese escenario cuestionándose su valía después de todos sus sacrificios, después de que ella no haya hecho nada malo, al final Joel fue quien la engañó y decidió dejarla por su amante no porque Midge no fuera “suficiente” sino porque se sentía intimidado por su potencial, después de todo Miriam pronuncia algunas de las mejores bromas de la serie sin necesidad de estar parada sobre un escenario, especialmente después de que ella le cuestiona el que se haya robado su rutina de otro comediante.

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La sociedad espera que las mujeres cumplan estándares imposibles de belleza y se sometan sin discutir. Por supuesto, tampoco deben de ser mejores que sus esposos en nada, deben vivir a su sombra y al mismo tiempo ser perfectas. En pocas palabras, esperan que viva una mentira. La mujer (y por lo tanto esposa) ideal es una farsa, una ilusión creada para facilitar de vida de los hombres y complicar la de las mujeres. Midge comienza a cuestionar dichos estándares durante la rutina que improvisa después de su encuentro con Sophie Lennon:

¿Por qué las mujeres tienen que pretender que son algo que no son? ¿Por qué tenemos que pretender ser estúpidas cuando no lo somos? ¿Por qué tenemos que pretender ser indefensas cuando no lo somos? ¿Por qué tenemos que pretender que nos arrepentimos cuando no tenemos nada de lo que arrepentirnos? ¿Por qué tenemos que pretender que no tenemos hambre cuando tenemos hambre?

Miriam se empieza a dar cuenta de todas estas cosas progresivamente, como cuando se sorprende a sí misma frente al espejo y nota que ya no tiene necesidad de maquillarse antes de ir a dormir; ya no vive para satisfacer los deseos de un hombre, ahora puede dedicarse a satisfacer los propios. Resulta esperanzador ver que Miriam puede, a través de su comedia, transmitir este entendimiento y comenzar a romper con la idea de la mujer que tiene la sociedad en la que vive y comenzar a trazar el camino de aceptación hacia una misma.

Aunque la serie está situada en otra época, resulta interesante observar cuántos de estos comportamientos persisten en la sociedad contemporánea (especialmente a la luz de acontecimientos recientes como las leyes contra el aborto) y notar que a las mujeres aún no se nos permite tener control sobre nuestro cuerpo y que, desgraciadamente, se sigue encasillando a la mujer en el papel de madre y esposa. A pesar de ser ficcionales, productos culturales como éste son necesarios para visibilizar experiencias antes poco representadas y así apuntar hacía un futuro más positivo, aunque sea gradualmente, un chiste a la vez.

 

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