[Especial] Game of Thrones S08E06: “The Iron Throne”

Las opiniones acerca del episodio final de Game of Thrones han estado muy polarizadas. Es cierto que el desarrollo de la última temporada se siente apresurado, pero debemos entender que esto ocurre por el número limitado de capítulos que se tenían disponibles para acabar de contar la historia (los escritores creyeron que la mayoría de la audiencia iba a ser suficientemente perspicaz para llenar por sí mismos las elipsis temporales –uno de los recursos narrativos más antiguos del mundo). Quizá el final no fue lo que todo el mundo esperaba pero las expectativas que se generaron durante los dos años de espera por el desenlace no ayudaron a mirar los hechos de manera objetiva; sin embargo, el final es coherente con el resto de la historia.

Es coherente, al menos, dentro de los temas generales de la serie, construidos a lo largo de las ocho temporadas. Hablar de arcos narrativos de personajes cualquiera lo puede hacer (o eso parece), pero son los temas construidos a través de las acciones, personajes, escenarios, símbolos y el universo creado en general lo que realmente hace a Game of Thrones mágico y maravilloso. Por ejemplo, el Night King, aunque relevante en la trama, no es un personaje redondo, sino plano, y su uso es más bien simbólico, temático: representa la muerte que inevitablemente vendrá por todos tarde o temprano.

La muerte permea el universo de Game of Thrones como una amenaza latente y el miedo a la inevitabilidad de ésta es lo que provoca en los personajes otro tipo de deseos y motivaciones. El último episodio de la serie deja en claro tres de los ejes que permean toda la narrativa de Westeros: el amor, el deber y el poder. Estos temas están en constante tensión entre sí, en un estira y afloja que se da tanto entre personajes como dentro de los personajes mismos. El artículo “The Real Reason Fans Hate the Last Season of Game of Thrones” señala el cambio del enfoque de lo sociológico a lo psicológico (como si la introspectiva fuera algo negativo, como si las emociones fueran despreciables) y ese cambio también es visible precisamente en la tensión entre esos tres elementos, que siempre permanecen. Quizá es cierto que no hubo “suficiente desarrollo en el arco narrativo de los personajes” (Tuitero promedio 2019), pero dicho desarrollo hubiera tardado, al menos, otras seis temporadas. Y nadie tiene dinero, ni tiempo, ni espíritu, ni material para eso. Benioff & Weiss hicieron un buen trabajo manteniendo los conflictos internos y externos de los personajes, al menos en lo relacionado con el amor, el deber y el poder. El último capítulo de la temporada lo deja claro.

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©HBO

En su conversación con Tyrion en la celda, Jon Snow hace referencia a las palabras de Maester Aemon: “El amor es la muerte del deber”. El amor al que se refieren es, por una parte, el amor eros y, por otra, el amor filial. Es decir, el deseo de hallar la (des)continuidad del ser a través del encuentro con un “otro” amoroso (Bataille) y que proviene precisamente de un miedo a la muerte. Esta idea es clara desde las primeras temporadas; por ejemplo Jon Snow y Sam Tarly, quienes eligen el amor por encima de su deber con The Night’s Watch o Rob Stark, quien decide ignorar su matrimonio arreglado y se casa con la mujer que ama. Sin embargo, los finales de algunos personajes los llevan a poner en tensión, de un modo ya no sociológico, sino psicológico (como bien lo sugiere el artículo antes mencionado) sus nociones de deber y amor.

Un ejemplo de esto es Tyrion, quien priorizó durante mucho tiempo el deber por encima del amor, en gran medida para conseguir la aprobación de un padre que lo había repudiado desde el día en que nació. El giro es que, después, Tyrion sacrifica todo lo que había trabajado en este aspecto en los últimos años: si bien su motivación era distinta porque ya no lo hacía para impresionar a su padre, Tyrion decide apoyar a Daenerys porque consideraba que era lo mejor para el reino. Creía tanto en Dany que incluso le habló a la madre de los dragones acerca de la conspiración de Varys, su mejor amigo, en contra de ella. Sin embargo, no puede hacer lo mismo con su hermano; él es la única persona que lo ha amado de verdad, incondicionalmente, sin falsedades y sin tener que pagarle por ello. Tyrion Lannister decide sacrificarse a sí mismo (porque sabe que Daenerys ganará la batalla, se enterará de que la traicionó y eso le costará la vida) por el amor que le tiene a su hermano Jaime.

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©HBO

Por otra parte, en la misma escena de la celda, Tyrion le dice a Jon: “A veces, el deber es la muerte del amor”. Aunque es una súplica velada para que Jon acabe con el reinado tiránico de Daenerys, también es aplicable a muchas de las decisiones que los protagonistas toman a lo largo de la serie; por ejemplo Ned Stark, quien debe dejar su hogar y a su familia para ir a King’s Landing y ser la mano del rey.

En el último capítulo, Jon Snow decide matar a Daenerys, a pesar de que está enamorado de ella (quizá no de forma muy convincente), para acabar con la tiranía que ésta pretende instaurar en los Siete Reinos. En el internet se leen muchos comentarios acerca de que el final de la serie no reveló la razón por la que Jon fue resucitado por Melisandre pero la verdad es que queda muy claro que él era el único que podía matar a Daenerys y evitar la instauración de su régimen de terror. Nadie más era cercano a ella en un nivel que les permitiera tener una conversación privada, nadie más podría haber burlado con éxito al dragón (probablemente ni siquiera Arya). En ese momento preciso, Jon era la única persona capaz de poner el deber por encima del amor, aún si esto implicaba ver morir a la mujer que amaba en sus brazos (otra vez).

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Si bien, el amor y el deber son dos formas de lidiar con el miedo a la muerte (el primero es la trascendencia a través del otro y el segundo es la trascendencia a través del trabajo) una tercera forma se posiciona ante los que no pretenden o no pueden conseguir ninguna de estas: el poder. El deseo de dominación, por supuesto, también parece provenir de un miedo a la muerte, como si al proyectarla ─o desearla─ sobre otros pudiera alejarla de uno mismo. El deseo de poder es un tema complicado, porque a veces parece querer disfrazarse del deseo por amor, o de un sentimiento de “deber” mal colocado, como bien le ocurre a Daenerys en los últimos capítulos de la serie. vlcsnap-2019-05-20-19h39m24s074

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Como ejemplo de esto no sólo tenemos a Daenerys, sino también a Cersei. Las dos reinas nos muestran que el poder corrompe.  El deseo absoluto de poder las aleja del deber, por más que digan que ejecutan acciones atroces por un bien mayor o en nombre del amor. Es decir, su miedo a la no trascendencia las lleva, en un sentido trágico, a traer sobre sí mismas la muerte. Dany promete fuego y sangre a todos aquellos que se rehúsen a ser liberados de la tiranía, y en esa irónica promesa se muestra el desorden caótico que la atormenta y que sólo puede ser apaciguado por la muerte. Cersei, por su parte, se obsesiona con no perder el control de King’s Landing y es esa obsesión, encontrada con el poder implacable de Daenerys, la que ulteriormente provoca que sea aplastada por el edificio al que se aferró durante tanto tiempo. Es importante señalar quizá este es uno de los desaciertos más graves dentro de la serie, el hecho de que por ser mujeres terminen siendo corrompibles y actuen de forma irracional. Al final, ninguna de las dos se queda con el Trono de Hierro, el símbolo por excelencia del poder: por eso es importante que sea destruido (similar al desenlace del anillo en Lord of the Rings).

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Por supuesto, los protagonistas de la serie suelen ser complejos (aunque a ratos puedan caer en instancias de clichés, pero el que a veces no sea un cliché andante, que tire la primera piedra), y varios de ellos pueden pasar del deber al amor, o del amor al deber, o de estos al poder en más de una ocasión, sin pertenecer a una sola categoría. Por otra parte, no todos los personajes y sus acciones pueden entrar dentro de este esquema tripartito derivado del miedo a la muerte: aunque la fantasía sí puede ser categorizable, el mundo no, y precisamente, Game of Thrones habla tanto de lo fantástico como de lo real.

En las últimas temporadas, tenemos instancias de personajes así. Arya Stark, desde la decapitación de su padre, tuvo como objetivo en la vida entrenar lo suficiente para ser capaz de matar a toda la gente que aparece en la lista que recita todas las noches antes de dormir y así vengar a sus muertos, ya que las personas que nombra durante su letanía son aquellas que le han hecho daño o incluso han asesinado a sus seres queridos. A pesar de ser una asesina que ha entrenado con grandes maestros, Arya no mata sin razón sino que pone el amor por su familia y el deber al mismo nivel, lo que le permite ejercer, en cierta medida, una justicia que se encuentra ausente en las entidades que ocupan posiciones de poder. Arya es justa como su padre y como su hermano Jon, pero ha logrado fusionar de manera bastante exitosa dicha justicia y el amor que tiene por sus seres queridos. Tanto así que al final se convierte en la mujer que venció a la muerte, de forma literal y no metafórica, como Jon.

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Sansa también prioriza el deber y el bien mayor, que para ella es defender los intereses del Norte. La diferencia entre ésta y las otras dos reinas recae en que Sansa, a pesar de que también ha perdido muchas cosas a lo largo de la serie, posee un deseo paralelo de buscar lo mejor para el Norte y de proteger a su familia, que la lleva a intentar buscar equilibrar estos dos aspectos y a no centrarse en una búsqueda de poder absoluto; por ejemplo, cuando está a favor de que Bran sea Rey pero lucha para que el Norte se vuelva un reino independiente.

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Por otra parte, Bran Stark es el sorprendente “ganador” en la lucha por el trono. Como bien lo ha dicho en varias ocasiones, de manera críptica, al convertirse en el Cuervo de los tres ojos Bran dejó de ser un humano en la definición estricta de la palabra y es justo esto lo que hace que sea el candidato ideal para gobernar. Bran no encaja en el esquema tripartito porque técnicamente ya no puede sentir ni amor, ni deseo por el poder y, por lo tanto, no cae en los mismos conflictos psicológicos que llevan al resto de los personajes a sacrificar alguno de esos tres elementos. Lo que sí es que al ser la memoria de todo lo bueno y lo malo que ha pasado, Bran posee un sentido del deber, adquirido precisamente por su consciencia histórica del poder y del amor. El estar consciente de los errores y aciertos de los pasados gobernantes ciertamente le será útil para “romper la rueda” y abrir paso a una nueva etapa en la historia de Westeros.

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A fin de cuentas lo que el final de la serie deja en claro es que Game of Thrones sigue el viaje de los Stark y sus conflictos con el deber, el poder y el amor, y cómo no saber lidiar con estos lleva a la muerte (Ned, Rob, Catelyn). Los Stark llevan en sus venas la estirpe mítica de los Primeros Hombres, aquellos que rondaban el mundo en sus inicios, luchando contra hielo y fuego. Al final, se cumplen las palabras de Ned Stark al inicio de la saga:  “Los inviernos son arduos, pero los Stark perdurarán. Siempre lo hemos hecho” (Martin 41).

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Por último, es importante aclarar que una buena narración no la hace un buen personaje, no necesariamente: por eso Ned Stark muere en el capítulo 9 de la serie. Una gran narración se nutre de un sinfín de elementos, pero todos ellos apuntando hacia algún eje central. Las grandes narrativas están definidas por la efectividad, potencia y capacidad de transmitir un mensaje, de construir un tema. Game of Thrones se mantiene fiel a los ideales temáticos que lo envuelven, de principio a fin. Desde la primera toma, diez años atrás, hasta la última.

En fin, quizá toda esta división de opiniones nos deje algo bueno al final. Quizá el nuevo George R.R. Martin está ahí, en alguna parte, construyendo arcos narrativos perfectos, detrás de todas esas lágrimas amargas.

  Rebeca Dávalos & Alejandro Govea

Obras citadas:

Bataille, Georges. El erotismo. Madrid: Tusquets, 2015.

Martin, George R. R., A Game of Thrones, Bantam Books: Nueva York, 2011.

Tufekci, Zeynep. “The Real Reason Fans Hate the Last Season of Game of Thrones”. https://blogs.scientificamerican.com/observations/the-real-reason-fans-hate-the-last-season-of-game-of-thrones/?redirect=1

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