¡No es simplemente cabello!: raza e identidad en Americanah (2013) de Chimamanda Ngozi Adichie

Americanah (2013) de Chimamanda Ngozi Adichie narra por un lado la historia de Ifemelu, una mujer nigeriana que emigra a los Estados Unidos para estudiar la universidad y, por el otro, la historia de Obizne, su novio de juventud. La novela comienza con Ifemelu yendo a un salón de belleza después de un largo tiempo de vivir en el extranjero. Por medio del uso de elipsis, se interrumpe el presente narrativo y comienza una narración en retrospectiva sobre la experiencia que la protagonista adquiere en distintos lugares y momentos de su vida, todo esto relacionado con los choques entre culturas y la cuestión de raza. La novela recurre a pláticas sobre el cabello de las mujeres negras para tratar los temas de raza, cultura, e identidad, y es en esto en lo que me centraré para esta entrada, pues considero que es un recurso bastante eficaz para enmarcar cuestiones con las que millones de personas deben lidiar. Si bien podría parecer un aspecto trivial hablar sobre cabello, creo que a veces son los pequeños detalles los que a veces nos hacen sentir realmente ajenos en una situación o intrusos en un lugar.

Podemos hablar de identidad desde el título de esta novela, pues toma su nombre de un término que Ifemelu y sus amigas usan en su juventud para denominar a aquellas personas que han ido a vivir a Estados Unidos y regresan a Nigeria completamente cambiadas; se refiere a volver a una cultura que parece extraña, desconocida e incluso inferior:

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Si bien en el primer instante en el que se menciona la palabra “Americanah” [1] tiene un tono bastante cómico, se resalta el rechazo hacia el país e incluso al idioma natal lo cual puede ocasionar un conflicto con la identidad. Es cierto que la identidad no es algo fijo y dado solamente por el lugar de nacimiento y por cómo uno se desarrolla en una cultura, pero la voz narrativa señala de manera constante la tensión entre lo local y lo externo, en especial cuando se habla de estándares de belleza y prácticas culturales.  

Desde el primer capítulo se puede observar este conflicto en el salón de belleza o “salón de trenzado de cabello africano” (Adichie 10). En primer lugar, se señala el hecho de que Ifemelu deba viajar una gran distancia para arreglarse el cabello: “No le gustaba tener que ir a Trenton a trenzarse el cabello. Era irracional esperar que hubiera un salón de trenzado en Princeton—los pocos negros locales que había visto eran tan de piel tan clara y cabello lacio que no podía imaginarlos usando trenzas” (Adichie 3-4). Esto sugiere que la población en ciertos lugares no toma en cuenta necesidades que no son las de la mayoría. Quizá muchos al leer piensen que se trata simplemente de cabello, pero el texto señala que en ocasiones es una comodidad tener cerca a alguien que pueda arreglarte el cabello. Curiosamente, se puede observar un comportamiento contradictorio en el salón al exigirle a Ifemelu que utilice productos para alaciar su cabello cuando es un salón supuestamente especializado en cabello africano:

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Es en este escenario en el que la mayor parte de los comentarios raciales se plantean, pues al hablar de alaciar el cabello se alude a consecuencias del colonialismo y cómo se piensa que es importante imitar las formas de belleza occidentales y sobre todo blancas y despreciar lo que en un lugar colonizado se considera estético.

Si bien en este primer acercamiento a su cabello Ifemelu se muestra como una mujer segura y sin necesidad de sucumbir a procesos químicos que alteren su forma natural, hay que tener en cuenta que se trata de una narración interrumpida por elipsis que presentan distintos momentos de su vida hasta llegar a ese punto y que evidencia cómo se modifica la concepción de un cabello hermoso dependiendo del lugar en el que uno se encuentre. Una instancia de lo anterior le ocurre a su tía Uju, quien practica medicina en Estados Unidos:

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Debo confesar que vivir en un país en el que un gran número de gente aspira a emigrar a Estados Unidos, incluso con  la terrible situación para migrantes que hay ahí hoy en día, me hizo empatizar bastante con esta narrativa. El hecho de querer copiar el estilo de vida, la forma de vestir e incluso los estilos de cabello es algo que ocurre también en México. Se aspira a proyectar bellezas importadas, a consumir productos extranjeros y al rechazo como primera reacción a todo lo que sea local. Sin embargo, quizá el hecho de que esta narración lo explore a un nivel personal que lo hace más conflictivo. Que los rasgos físicos de alguien, desde el color de piel hasta la textura del cabello, sean un impedimento para conseguir trabajo resulta aberrante, pero es algo que sigue sucediendo hasta el punto en que uno termina por avergonzarse de la propia apariencia, tal y como le ocurre a Ifemelu:

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Ifemelu reconoce que los estándares de belleza en Estados Unidos son otra forma de discriminación y de racismo, pues incluso el cabello es algo de suma importancia y que debe ajustarse a ciertos estándares de lo que se denomina “aceptable”.

Si bien es “simplemente” cabello, resulta alarmante cómo la textura y el estilo de éste pueden definir la identidad de una persona y no es realmente algo tan banal como se quiere pensar. Ifemelu se siente obligada a cambiar su personalidad así como aquellas características que la definen porque necesita un trabajo y se encuentra en un lugar que no sería capaz de aceptarla tal cual es. En este sentido, necesita modificar su identidad como mujer nigeriana y someterse a tratamientos que la hagan ver más “sofisticada” en los estándares de un país dominantemente blanco.

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Ifemelu pasa a ser una persona “étnica” más que requiere cambiar tanto la forma como la textura de su cabello para poder ser aceptada en el mundo laboral. No es simplemente estar en un lugar ajeno, sino que todo la impulsa a transformarse en alguien distinto para vivir y sobrevivir en él.

Es importante recalcar que la presión de parecer algo que uno no es no viene simplemente del mundo laboral, sino de todos los medios y la mercadotecnia que por mucho tiempo han ignorado a una gran parte de la población mundial:

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Desafortunadamente, esto es algo que sigue sucediendo, un poco en menor medida, pero la representación es un tema que no podemos dejar de lado en producciones culturales y mediáticas cuando sigue existiendo una gran brecha racial.

Por otro lado, mientras que el cabello y el color de piel son un problema para conseguir empleo, Ifemelu nota que en Estados Unidos se pretende invisibilizar la cuestión racial. Creo que es relevante mencionarlo si consideramos el tema de la esclavitud, de la segregación racial o la violencia policíaca hacia los negros, cuestiones que a mucha gente le parece más cómodo olvidar cuando se habla y se alaba a este país tan de primer mundo. El texto no pretende minimizar ni obviar lo anterior y, de hecho, ahonda sobre la raza y las etnias más allá de las numerosas pláticas sobre cabello. Un ejemplo de ello a continuación: “Les estaba diciendo como era en casa y como los chicos me perseguían porque era mestiza, y me dijeron que me estaba insultando a mí misma. Entonces ahora soy birracial, y se supone que debo ofenderme cuando alguien me llama mestiza … Ni siquiera sabía que debía tener problemas hasta que vine a América” (Adichie 151). Con lo anterior se puede señalar que si bien en Estados Unidos no les gusta hablar con términos que ellos mismos consideran peyorativos, empujan a aquellos que son birraciales/mestizos[2] a cuestionar su identidad y no simplemente asumirse como tal. Otro ejemplo de ello es un instante en el que un personaje no quiere preguntar si la persona que atendió a Ifemelu y a su amiga era negra o blanca: “«Estaba esperando a que nos preguntara: ¿Fue la que tenía dos ojos o la que tenía dos piernas? Por qué no simplemente preguntó: ¿Fue la chica negra o la chica blanca?» Ginika se rió. «Porque esto es América. Se supone que debes pretender que no notas ciertas cosas.»” (Adichie 155). En el afán de ser políticamente correctos se intenta pensar “sin color” para decir que no hay diferencias entre una persona blanca y una persona negra, pero la hay, sigue siendo un problema, e incluso con otras razas y etnias se juega a borrar las diferencias, pero en la realidad no se puede invisibilizar el problema.

Puede que a muchas personas les parezca frívolo hablar tanto sobre el cabello, en especial con la típica frase tan famosa “es que sólo es cabello” para decir que es algo sin importancia y que usualmente la gente dice cuando te quejas de un mal corte. Quiero pensar que leer una novela como Americanah ─y comentarios sobre ésta─  nos recuerda que son los detalles los que pueden doler más, los que se utilizan para ignorar a tanta gente y hacerle a alguien sentir que no importa.

Hace poco hubo una imagen muy circulada sobre una persona negra que tenía un curita que usualmente se denominan como “color piel” pero que siempre han sido un tono extraño de beige, el de esta persona era del color de su piel al punto que no se notaba en la fotografía. Curiosamente, Adichie incluyó algo parecido en su novela: “Cuando te mudas a un vecindario bueno, ¿te preocupa que puedas no ser bienvenido por tu raza? Si necesitas asistencia legal o médica, ¿te preocupa que tu raza pueda causarte problemas? Cuando usas ropa interior color piel y curitas, ¿ya sabes por anticipado que no va a igualar a tu piel?” (431). Son cosas de las que no nos damos cuenta o no cuestionamos, pero recientemente se han puesto en duda y se han hecho algunos cambios al respecto. Se busca poder identificarse con la gente en las revistas, en los anuncios, en las series y en las películas, y dejar de sentirse completamente ignorado en los muchos ámbitos de la vida. ¿Cómo podemos construir una identidad social en una cultura que representa todo a lo que no nos parecemos? Considero importante seguir hablando de ello y seguir mejorando.

 

Bibliografía:

Adichie, Chimamanda Ngozi. Americanah. Nueva York: Anchor Books, 2013.

 

Notas:

[1] Sé que en español no usamos la palabra “América” para referirnos a Estados Unidos, sin embargo, con el fin de resaltar la importancia que se le da a esta palabra en la novela y, en especial, cómo se relaciona con el título decidí dejarla de esta forma en las traducciones de citas textuales.

[2] En este caso utilicé la traducción más convencional de la palabra “half-caste” que es: mestiza/o. Lo cual quizá en el contexto latinoamericano y en especial en México no pareciera ser ofensivo puesto que se habla mucho de mestizaje, pero para los países anglo-parlantes resulta, como se puede ver en la cita, un término despectivo puesto que el mestizaje no era bien visto en el tiempo de la colonización.

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