Editorial XII: Narrativa criminal

¿Por qué recurrimos a narrativas criminales? ¿Hay algo primitivo, visceral, en nuestra sed de ficciones sobre muerte, detectives, asesinos seriales, gangsters? o ¿es precisamente nuestra repulsión al crimen la que nos obliga, impulsa, a ver la ley rota, la justicia mancillada únicamente para darnos el placer de ver la restauración de ese orden del mundo?

En sus inicios, la narrativa criminal, casi siempre terminaba así. A pesar de que las autoridades parecían ser ineptas para mantener el orden (tanto Sherlock Holmes como Hercule Poirot están fuera de la ley), el proceso de pensamiento que llevaban nuestros detectives favoritos nos hacía creer que la razón, la mente y la lógica podían salvar al mundo del caos en el que regularmente está sumido (Cawelti 43). Ver a los detectives resolver los casos era casi como ver a un mago reapareciendo la verdad de las entrañas de un armario, pero explicándonos paso a paso cómo es que lo obvio no nos ha dejado ver los hilos secretos que habían estado ahí todo ese tiempo. En la mayoría de estos, el desorden develado por el asesinato y la falta de justicia halla finalmente una restauración que deja al lector/espectador en una tranquilidad catártica, quizá fugaz, pero legítima.

Por supuesto, conforme avanzó el siglo XX, los relatos criminales se diversificaron y comenzaron a ramificarse en distintos subgéneros, cada uno con preocupaciones distintas aunque todavía explorando la idea del orden social. Desde las narrativas de gangsters hasta los relatos de asesinos seriales, las narrativas criminales comienzan a cuestionarse poco a poco qué representa ese orden social y en qué ideales está basado.

Hoy en día siguen existiendo narrativas que parten de la tradición de Agatha Christie o Arthur Conan Doyle, e incluso estos autores siguen siendo adaptados a distintos medios: cine (Asesinato en el Expreso de Oriente, 2017), televisión (Sherlock, 2010-2017) e incluso videojuegos (Agatha Christie: the ABC Murders, 2016). Pero también existe una gran gama de relatos en los que el orden no se instaura nuevamente (Zodiac, 2007) o, si lo hace, no vuelve a ser jamás el mismo, como un plato roto que se ha intentado restaurar (Incendies, 2010).

Este mes hablaremos de policías y criminales, de acusados y abogados, de víctimas y victimarios y de la fina línea que los divide; a veces tan fina, que parece inexistente.

 

Alejandro L. Govea

 

Obras citadas:

John G. Cawelti. Adventure, Mystery, and Romance. The University of Chicago Press: Chicago, 1976.

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