“Siempre he amado la idea de dejar atrás un pedacito de mí misma”: la trascendencia y la obsesión con el pasado en A Ghost Story (2017)

La película A Ghost Story (2017), dirigida por David Lowery, abre con una conversación íntima entre una pareja casada La mujer, quien de acuerdo a los créditos del filme se llama M (Rooney Mara), le cuenta a C (Casey Affleck) que cuando era pequeña y se mudaba de casa solía esconder notas con poemas o cosas que quería recordar sobre el tiempo que vivió ahí, para dejar un pedazo de ella en ese lugar y para que, en caso de que quisiera regresar, hubiera un trocito de ella, esperándola. Cuando C le pregunta por qué se marchó de esos lugares, ella le responde que no tuvo opción. Este diálogo inicial, uno de los pocos en la película, sirve para establecer los temas principales que se desarrollan a lo largo de la narración: la noción de hogar, la trascendencia humana a través de objetos materiales, la memoria y el contraste entre el progreso y la obsesión con el pasado. De la conversación también aprendemos que M se quiere mudar y C no. El deseo de este último se vuelve realidad cuando muere en un accidente automovilístico y su fantasma se queda atado a la casa que compartía con M. En esta entrada discutiré cómo, ayudados por diversos elementos cinematográficos, el fantasma y la casa a la que se encuentra atado se relacionan para hacer una exploración de la memoria y de cómo esta se modifica con el paso del tiempo y genera una oposición entre la trascendencia y la obsesión con el pasado.

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Como el título indica explícitamente, el filme es una historia de fantasmas, lo que inmediata e inconscientemente implica una asociación al género de horror, ya que la figura del fantasma suele reflejar el miedo humano a la muerte y a lo desconocido. Asimismo, dentro de este género, la casa suele ser un elemento recurrente al que el fantasma se encuentra ligado inherentemente. Julia Briggs explica que: “la historia de fantasmas…depende de una tensión entre el acogedor y familiar mundo de la vida (Asociado con Heim y Heimish –el hogar y lo doméstico) y el misterioso y desconocido mundo de la muerte (asociado con unheimlich o uncanny)” (181). Esto quiere decir que el poder de la historia de fantasmas recae en trastornar un espacio que se considera seguro y familiar y convertirlo en uno inquietante y desconocido, provocando una sensación de miedo a través de la introducción de elementos sobrenaturales.

En ese sentido, el filme de Lowery no encaja del todo en la definición de “historia de fantasmas” principalmente porque el elemento sobrenatural no produce una sensación de horror ni resulta ser extraño y misterioso. De hecho, el que la historia se presente desde la perspectiva del fantasma de C (no desde una primera persona sino que él es el elemento recurrente en todas las secuencias) le da un giro diferente a este tipo de historia. A diferencia del filme de Alejandro Amenábar Los Otros (2001), en el que la trama también se observa desde el punto de vista de los fantasmas pero los protagonistas no saben que son fantasmas (ni tampoco el espectador, el secreto se revela hasta el final de la película), en A Ghost Story no existe ningún giro en la trama, ningún elemento escondido: al espíritu de C se le priva del misterio y la inquietud que generalmente permea a las figuras fantasmagóricas al narrar la historia a través de sus ojos (o de los hoyos de su sabana) y, al hacer esto, provocar que el espectador empatice con él.

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En este caso, la figura del fantasma funciona más bien como una metáfora de la memoria, que representa lo atormentantes que pueden llegar a ser los recuerdos. Al mismo tiempo, el fantasma sigue siendo una figura que no se desprende completamente de la idea de la muerte, por la estrecha relación de esta con el olvido. C muere en un accidente automovilístico en la época en la que él y M tienen opiniones opuestas acerca de mudarse. C quería quedarse en la casa porque se aferraba a las cosas buenas que había vivido ahí, pero M quería seguir adelante y descubrir nuevos horizontes. Desde una posición contemplativa, el fantasma de C, que decide quedarse en el limbo entre vivos y muertos por su insistencia en no dejar ir el pasado, observa a la que era su esposa lidiar con el duelo e incluso empezar a superarlo; sin embargo, cuando ella se muda, él se queda esperando a que regrese. Cuando se vuelve claro que no lo va a hacer, C intenta recuperar una nota que ella dejó escondida antes de dejar la casa, en un intento de seguir reteniendo el pasado y los recuerdos. El fantasma representa la memoria individual, aquella que se liga directamente a la emociones.

Adicionalmente, la caracterización del personaje de C como fantasma, es decir, la sábana blanca con dos agujeros a modo de ojos, sugiere la idea de un disfraz infantil de Halloween y refuerza la idea de que no se trata de un fantasma que de miedo, en el sentido tradicional. El vestuario podría haber resultado risible e incluso haber sido tomado como una falta de creatividad al momento de intentar mostrar que el personaje, aunque presente en un mismo espacio que otros individuos, habita en otro plano dimensional; sin embargo, la fluidez y simplicidad de la sábana blanca, así como la referencia a la infancia como una etapa idílica refuerza los sentimientos melancólicos y nostálgicos que C experimenta tanto en la vida como en la muerte, y refuerza su negativa a dejar ir el pasado.

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Esta idea de la relación entre el pasado, los recuerdos y la necesidad de aferrarse a estos dos elementos se refuerza a través del uso de ciertas técnicas cinematográficas. La película está filmada en Formato académico, es decir, tiene una relación de aspecto de 1.33:1, lo que da como resultado una imagen cuadrada que destaca en comparación con el formato panorámico (widescreen), que es más usual en filmes contemporáneos. Adicional a esto, la viñeta que redondea ligeramente las esquinas, el efecto de grano, que produce una imagen menos definida (en contraste con las imágenes HD) y las tomas largas y estáticas (como las del exterior de la casa), producen un efecto que recuerda a fotografías antiguas y que evoca sentimentalismo y nostalgia. El filme se ve antiguo y usa el filtro y la textura para tratar los temas de la memoria y el pasado. Otra de las técnicas usadas en el filme para aludir a estos temas es la música. La canción “I Get Overwhelmed”, compuesta por Daniel Hart e interpretada por Dark Room, actúa como memento de la relación entre C y M. Esta idea se refuerza cuando la canción se repite al final de la película, justo antes de que C encuentre la nota que lo libera de su condición como fantasma.

También relacionado con el tema de la representación de la memoria a través de elementos materiales e inmateriales está la casa, que actúa como testigo material de más de un individuo. La casa funciona como una representación física de la trascendencia humana y representa la memoria colectiva de todos aquellos que la han habitado: desde la familia de peregrinos que pretende construir su residencia permanente en ese lugar, hasta la gente que trabaja en el edificio corporativo en que se convierte. Barry Curtis explica la relación entre el hogar tangible y las personas que lo habitan:

A todas las casas las persiguen recuerdos: la historia del lugar, las fantasías de sus propietarios y las proyecciones o los significados que adquieren para intermediarios o extraños. Las casas se inscriben dentro de sus moradores, socializan y estructuran las relaciones dentro de las familias, y proveen espacios de expresión y de realización personal, en una relación interactiva y compleja. (34)

Curtis describe la relación entre una casa y sus residentes como bidireccional: ambos elementos se enriquecen entre sí al tomar elementos del otro. Los habitantes crean e impregnan el espacio de recuerdos, la casa, a su vez, es el área que les permite crear dichas memorias. C, en su versión humana como en su versión fantasma, se obsesiona tanto con estos recuerdos que necesita literalmente habitar el espacio para evitar perderlos. Y aunque quizá raye en el cliché, al no dejar ir el pasado, C no puede dejar entrar al futuro.

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Adicionalmente, la casa del filme tiene la particularidad de volverse una casa embrujada después de que C muere.[1] El calificar la casa de esta manera significa que las relaciones entre los habitantes cambian, aunque una parte del grupo no esté consciente de ello, ya que el propósito de la figura fantasma inevitablemente interfiere con la dinámica entre los habitantes vivos: “La casa embrujada es un escenario de confrontación entre la narrativa de sus habitantes y la casa. Lo que la embruja es el síntoma de una pérdida – algo excesivo y sin resolver en el pasado, que requiere una intervención en el presente” (Curtis 34–35). Después de que M se muda, cuando la casa la habita una familia hispanohablante, la dinámica de la madre y sus dos hijos se altera cuando, frustrado porque el espacio que compartía con M se transforma y empieza a adquirir nuevos significados, C comienza a tirar los platos de una alacena, aterrorizando a los habitantes vivos. El sentimiento de pérdida y frustración que invade a C inevitablemente afecta a la casa.

Curtis también menciona que “Lo embrujado implica una disrupción temporal que tiene un efecto de-estructurante en las percepciones y altera el significado y a menudo la forma de los espacio familiares” (35) y esto resulta relevante porque, una vez que el terreno donde estaba la casa que alguna vez compartieron C y M se convierte en un edificio corporativo, C decide saltar del techo y “suicidarse”, lo que provoca que, a pesar de seguir atado al mismo lugar, regrese en el tiempo. Tiempo y memoria son conceptos que se encuentran ligados inherentemente; C puede revisitar los momentos y a las personas olvidadas que han compartido ese mismo espacio pero también se pude contemplar a sí mismo como humano y como fantasma. Esta secuencia muestra que memoria es también cuestión de perspectiva (cuando se ve a sí mismo viviendo con M o cuando ve a su yo fantasma inmóvil, observando a M entrar y salir de la casa) y qué, por lo tanto, la trascendencia después de la muerte también lo es.

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El mundo nos va a recordar o no lo hará. Quizá nos recuerden por un rato y después nos olviden. Creo que el filme explicita la relación estrecha que existe entre el olvido y la vida, que se opone a la relación entre recuerdos y muerte. Precisamente porque está muerto, C es capaz de habitar tanto tiempo en la casa, o en el espacio que esta ocupa. Cuando el personaje muere, se convierte en un individuo estático, sin posibilidad de evolucionar o crecer, lo que en cierta manera refleja lo que habría pasado si él y M se hubieran quedado a vivir siempre en el mismo lugar. La idea de que nuestro paso por la Tierra sea intrascendente resulta aterradora, quizá en un sentido menos obvio que el terror que se asocia a la figura del fantasma, pero puede que sea de ahí que surge la obsesión por aferrarse y recordar las cosas que nos hacen sentir, las cosas que hacen que le encontremos un poquito de sentido a nuestra existencia: lugares, objetos, personas. Quizá la nota que hace que C deje de ser un fantasma aporta un poco de esto.

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Lo material (como las notas que deja M en las casas en las que ha vivido o el arte en general) es una forma con la que los humanos buscan que las personas los recuerden después de la muerte, como lo enuncia el intelectual que en un punto del filme asiste a una fiesta en la casa y cuyo discurso pretende problematizar qué es lo que realmente queda de nosotros cuando dejamos de existir. Tal vez lo que queda es un sentimiento, positivo o negativo, que eventualmente desaparecerá porque está ligado a un ser humano, a algo efímero; tal vez es una canción, tal vez es una obra de arte, tal vez es una casa, tal vez es una película, tal vez es una nota escondida en la pared.

 

*Este texto es una versión editada de la ponencia con la que participé en el VIII Coloquio Universitario de Análisis Cinematográfico, Morelia 2018.

 

Notas:

[1] El termino en inglés para referirse a un espacio está habitado o es frecuentado por fantasmas es haunted; sin embargo, y por alguna extraña razón, la palabra en español hace referencia a la figura de la bruja.

 

Bibliografía:

Botting, Fred. Gothic. Routledge, 1996. The New Critical Idiom.

Briggs, Julia. “The Ghost Story.” A New Companion to the Gothic. David Punter, Ed. Wiley-Blackwell, 2012, pp. 176–86. Blackwell Companions to Literature and Culture.

Curtis, Barry. Dark Places: The Haunted House in Film. Reaktion Books, 2009.

Radstone, Susannah. “Cinema and Memory.” Radstone y Schwarz. Memory: Histories, Theories, Debates.

 

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