Editorial XIII: Tiempo y ciclos

Me resulta muy grato tener la oportunidad de escribir la editorial que celebra el primer aniversario de Inexistente porque es algo que ha formado parte de mi vida desde hace tiempo; ya llevábamos un rato pensando el proyecto y aún me sorprende que lo que poco a poco se fue concibiendo entre pláticas casuales terminó por volverse algo concreto. Me parece irreal pero al mismo tiempo me da una satisfacción enorme ver que ya llevamos 80 entradas publicadas y que hemos tenido el placer de trabajar y colaborar con un grupo de personas sumamente capaz e inteligente. Es increíble lo rápido que se pasó el tiempo.

Justo esta línea de pensamiento es lo que me llevó a decidir el tema para la editorial del mes. Los humanos tenemos una obsesión por medir el tiempo y controlar su naturaleza elusiva. Quizá la consciencia de que nosotros somos finitos y el tiempo no lo es nos lleva a crear métodos y dispositivos que nos ayuden a sentir que lo podemos dominar y que no ocupamos una posición pasiva frente a esta magnitud física. Sobre todo, creo que tendemos a concentrarnos en medir el tiempo en ciclos (relaciones afectivas, cumpleaños, ciclos escolares, estaciones) de forma que la suma de estos hace que parezca que estamos ganándolo en lugar de perderlo.

La idea es que los ciclos nos llevan de regreso a un lugar por el que ya habíamos pasado antes, en cierto modo, y eso nos trae consuelo porque apacigua lo angustiante que resulta el no saber cuánto tiempo nos queda o dónde estaremos en una determinada cantidad de tiempo: al menos tendremos un lugar familiar al que regresar. Sobre todo, los ciclos brindan una sensación de seguridad al anticiparnos a ciertas circunstancias, como la certeza de que siempre cumpliremos años el mismo día y la edad nunca nos tomará por sorpresa (idealmente). A veces, estos ciclos no resultan positivos sino que se vuelven opresivos y nos atrapan, nos encierran. En este caso, la sensación de tranquilidad viene, paradójicamente, del rompimiento del bucle, del no saber qué vendrá en un tiempo futuro pero sí saber que ya no será lo mismo.

El tiempo es, entonces, un elemento fluctuante que puede resultar tanto opresivo como liberador. Este mes las recomendaciones se centrarán en analizar su relevancia temática y simbólica en distintas ficciones: pasaremos por el tiempo como moneda, los bucles, los viajes en el tiempo y otros usos. 

Gracias por leernos en este primer año de existencia.

 

Rebeca Dávalos

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