Guerra Fría (2018): la música como narración amorosa

La película Guerra Fría (2018), del director polaco Pawel Pawlikowski, sigue la historia de la relación amorosa entre el músico Wiktor (Tomasz Kot) y la cantante Zula (Joanna Kulig) en el marco del conflicto bélico que nombra al filme. La película fue reconocida mundialmente por su dirección y su fotografía (a manos del cinefotógrafo polaco Łukasz Żal), pero sin duda otro de los elementos que la hacen memorable es su banda sonora. La historia de amor de dos personas que viven de hacer música no puede no estar permeada de números musicales de la más variada naturaleza y estilos y por ello todas las canciones y piezas que escuchamos en la hora y media que dura el filme son intradiegéticas (es decir, ocurren dentro de los eventos mostrados y provienen de una fuente clara dentro del mundo ficcional). Ya sea una gaita polaca, una pieza coral o una improvisación de jazz, la música en Guerra Fría juega un papel importante en la historia de dos amantes destinados a perderse y encontrarse el uno al otro durante muchos años. En esta entrada, analizaré la relación amorosa de los protagonistas a través de la canción “Dos corazones” (“Dwa serduszka” en polaco), la cual se repite al menos cinco veces en el filme, pero siempre con variaciones.

La película inicia con Wiktor, Irena (su compañera musical) y Kaczmarek (el manager) recorriendo Polonia en busca de músicos y grabando la música folklórica del país de primera mano, quizá en un intento por legitimar la identidad cultural de una nación dispersa aún por los estragos de la Segunda Guerra Mundial. Esta primera secuencia establece el tono amoroso/trágico, ya que todas las canciones que escuchamos están relacionadas con el mal de amores: “Pawlikowski . . . dice que la mayoría del folclor polaco es sobre las separaciones y el amor infeliz” (Liebman).[1] Precisamente, la canción que abre la película inicia con la frase “He llamado a la puerta. He llorado. Ella no quería abrir”. Más tarde, una niña de ojos brillantes (acentuados por la fotografía) entona a capella la canción que se convertirá en el himno de Wiktor y Zula:

Dos corazones, cuatro ojos ay, ay, ay

Lloré todo el día y toda la noche ay, ay, ay

Ojos oscuros, lloras porque

Porque no podemos estar juntos

Porque no podemos estar juntos ay, ay, ay[2]

La escena nos introduce a la canción en su estado puro: del pueblo para el pueblo, sin pretensiones artísticas ni políticas. La niña, claramente perteneciente a la clase baja, entona desde su inocencia esta pieza sobre el amor que se lamenta. La letra de la canción expresa ya un sentimiento de separación inevitable y de desesperanza presente en el folclor polaco, especialmente durante la post-guerra, pero que adquirirá mayor significado una vez que se eche a andar la historia de amor de Wiktor y Zula.

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©Kino Swiat (Polonia) ©Cine Canibal (México) ©Amazon Studios (USA)

 

Años más tarde, en Varsovia, Zula se ha convertido en solista del grupo Mazurek que Wiktor dirige. El arreglo coral de “Dos corazones” que cantan para el Partido Nacional es relevante porque deja de ser un canto sencillo y libre; se convierte en una pieza que se adhiere a cánones corales europeos más estrictos con un público meta que ya no es el pueblo sino la clase dirigente. Su propósito es político. Me parece relevante que, además, se agregue la siguiente estrofa:

Mi madre me dijo ay, ay, ay

“No debes enamorarte de este chico” ay, ay, ay

Hecho de piedra mi corazón debería haber sido

Para que ese chico no se hubiera enamorado de mí

Para que ese chico no se hubiera enamorado de mí ay, ay, ay.

La estrofa anterior a esta deja en claro que el camino de los amantes de la “narración” folclórica expuesta por el canto es uno destinado al sufrimiento (“Lloras porque / porque no podemos estar juntos”). Sin embargo, en este fragmento la voz folclórica hace una analepsis hacia el momento anterior al amor, cuando el tren que lleva al enamoramiento todavía parece poder detenerse (“Mi madre me dijo ay, ay, ay / ‘No debes enamorarte de este chico’ ay, ay, ay”) y hasta este punto de la diégesis Wiktor y Zula no han hecho declaraciones formales de amor, lo que quiere decir que aún existe una posibilidad de evitar el amor sufrido. Pero la misma canción nos trae de vuelta al presente (“Hecho de piedra mi corazón debería haber sido / Para que ese chico no se hubiera enamorado de mí”): la voz poética de la canción claramente no hizo caso a su madre y ahora sólo queda un lamento (“ay, ay, ay”) que se repite una y otra vez. Es precisamente después de esta presentación de Mazurek, que Wiktor y Zula se encuentran y, si hacer declaraciones pomposas, firman su amor trágico en los baños del recinto.

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©Kino Swiat (Polonia) ©Cine Canibal (México) ©Amazon Studios (USA)

 

Cuatro años después, luego de una serie de encuentros y separaciones, Wiktor decide ir a ver a Zula a una presentación en Yugoslavia. Pero Wiktor es sacado a la mitad del espectáculo por miembros del Partido Nacional, quienes lo escoltan hasta un tren que lo llevará a Varsovia. Entonces, el arreglo coral de “Dos corazones” vuelve, pero con una variación en la letra:

Mi madre me prohibió ay, ay, ay

Enamorarme de ese chico ay, ay, ay

Pero de todos modos fui por el

Y lo amaré mientras viva

Y lo amaré mientras viva ay, ay, ay.

Zula canta mientras mira el asiento vacío de Wiktor y su cara es la única del coro que denota un sentimiento afín al que sugiere la canción: su lamento es verdadero y las palabras que antes habían pertenecido a una voz poética folclórica, en este momento parecen convertirse en las palabras de Zula. Es decir, en medio del espectáculo político hecho para la clase dirigente, Zula se apropia de las palabras de la canción y parece cantárselas a su amado ausente: para ella ya no es un “performance” sino un sentimiento verdadero, expresado a través de una canción de su pueblo.

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©Kino Swiat (Polonia) ©Cine Canibal (México) ©Amazon Studios (USA)
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©Kino Swiat (Polonia) ©Cine Canibal (México) ©Amazon Studios (USA)

 

Más tarde, los amantes se encuentran en París y retoman su relación nuevamente. Zula canta “Dos corazones” en un arreglo de jazz que Wiktor toca al piano en el bar “El eclipse”. Esta es, sin duda, una de mis escenas favoritas en la película. Consta de dos tomas solamente: a) una toma larga con una cámara que gira alrededor de Zula y nos muestra a los músicos, al público cautivado (a pesar de que probablemente no comprenden las palabras, la música es suficientemente hipnótica) y a Wiktor, que entra y sale del cuadro con una rapidez increíble, quizá como un guiño al carácter fugaz de los encuentros entre ambos amantes. Y b) Wiktor en el piano, mirando a Zula, hasta que ella voltea y él parece declararle todo su amor con sólo una mirada, sin palabras, como antes en los baños de Varsovia y con la misma canción como preámbulo. Digo la misma canción, pero sin duda es una canción distinta: del folclor polaco al jazz hay mucho más de un paso. Sin embargo, el sentimiento permanece. Algo similar ocurre con ambos protagonistas, que por supuesto no son los mismos. Wiktor deja de luchar por una identidad polaca para dedicarse a una vida parisina más bohemia (incluso vive con una poeta francesa) mientras que Zula parece haber dejado atrás su necesidad de seguridad (económica y política) para aceptar la seguridad emocional que Wiktor le ofrece. Al igual que la canción, los amantes han pasado por distintos cambios; ya no son la misma persona y, sin embargo, el sentimiento permanece, por más fatídico que sea.

 

La última vez que escuchamos “Dos corazones” es en una fiesta con un grupo de artistas. Pero la canción ha cambiado nuevamente. Esta vez está en francés y el significado de la pieza ha sido modificado:

L’orage pouvait bien éclater (La tormenta podía alumbrar mucho)

A nos yeux (nuestros ojos)

Nous étions brûlants et pressés (Éramos ardientes y presionados)

Amoureux (enamorados)

Le pendula a tue le temps (el péndulo ha matado al tiempo)

Qui de nous (quien de nosotros)

Retiendra l’instant (retendrá el instante)

Des amants fuyants dans le vent (los amantes que huyen con el viento)

La adaptación hecha por Juliette, la poeta amante de Wiktor, ha dejado atrás el carácter folclórico de la canción: la repetición de líneas y el lamento, presentes en todas las canciones folclóricas polacas al inicio de la película, han desaparecido en su paso al francés. Hay un poema amoroso, sí, y el arreglo musical de jazz es el mismo que la versión anterior, pero el significado es distinto. La escena en la que suena la canción es similar a la anterior: una toma larga en la que la cámara gira alrededor de Zula. Pero esta vez, Zula no canta; su voz proviene de un aparato, no de sí misma. Hay una separación entre ella y la música: se mantiene con la boca cerrada. Las palabras de la versión en polaco seguían siendo de ella, tanto emocional como folclóricamente, pues tenían sus raíces en el pueblo que la vio nacer. Pero en esta nueva versión en francés, las palabras son de alguien más (de Juliette) y ahora sí todo en la canción es distinto, sólo reconocible por una melodía que bien podría venir de cualquier lugar (utiliza el sistema diatónico de la música occidental). El sentimiento podrá ser el mismo, pero ya no es el propio. La pareja vuelve a separarse de modo violento (casi como la canción y su significado) y vemos a Wiktor sumirse en la soledad y la desesperación.

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©Kino Swiat (Polonia) ©Cine Canibal (México) ©Amazon Studios (USA)

 

Después de esto, ambos amantes vuelven a Polonia. Se encuentran y se pierden nuevamente, lo que los orilla a volver a la campiña polaca, lugar donde se conocieron y donde cierran su ciclo trágico al suicidarse en un pacto amoroso y fatídico, en medio del silencio y tranquilidad del campo.  Dos corazones y cuatro ojos se casan en una iglesia abandonada, cerrando sus votos de amor con un “Prometo que nunca te dejaré hasta que la muerte nos separe” que hace eco con la letra de la canción aquí analizada cuando dice “le amaré mientras viva”.

La historia del pianista y la cantante está también contada a través de la música que interpretan. La canción “Dos corazones”, al igual que la relación de Wiktor y Zula, cambia con el tiempo en un ir y venir de repeticiones con variaciones. Ambos amantes sufren cambios políticos, sociales o económicos que si bien afectan su relación de distintas maneras, no modifican el sentimiento que profesan el uno por el otro. Al final, lo que queda después de la música es el amor, pero después del amor no hay nada, salvo el silencio.

 

Obras citadas:

Guerra Fría. Dir. Pawel Pawlikowski. Polonia y Francia : Kino Swiat. 2018.

Liebman, Lisa. “The Stories Behind the Songs in Cold War”. Vulture. Diciembre 2018. Web. (https://www.vulture.com/2018/12/the-stories-behind-the-songs-in-cold-war.html)

 

Notas:

[1] Creo que el artículo “The Stories Behind the Songs in Cold War” escrito por Lisa Liebman para Vulture es un primer acercamiento superficial a la historia de las canciones en la película y, aunque no me baso en él para este análisis, sí considero que vale la pena revisarlo, sobre todo por la breve discusión que hace con Pawlikowski respecto a la música en el filme.

[2] Quisiera aclarar que mi conocimiento del idioma polaco es nulo y que la mayoría de las traducciones que uso fueron tomadas de los subtítulos de la película y reiteradas por distintas páginas web. Espero, sin embargo, haberme acercado a un significado similar de las palabras de la canción compuesta por Tadeusz Sygietynski  y escrita por Mira Zimińska-Sygietyńska.

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