The Last of Us (2013): el viaje como cambio

En las narrativas apocalípticas la pregunta “¿qué es lo que nos hace humanos?” se da en el contexto de un mundo en el que las condiciones de vida obligan a los personajes a transitar constantemente de un lugar a otro, movidos por la promesa de un lugar seguro o la posibilidad de un nuevo comienzo.  Las condiciones inhumanas del mundo accionan el principio del homo homini lupus (es decir, el hombre es el lobo del hombre) y empujan a la humanidad de vuelta a la cadena alimenticia por lo que las reglas morales se vuelven distintas a las identificables en nuestra realidad inmediata. Esto es precisamente lo que ocurre en The Last of Us (2013) de Naughty Dog, ya que un hongo llamado Cordiceps convierte a los humanos en “zombies”. Este evento catastrófico condiciona las acciones de los personajes y permea la totalidad del universo diegético (es el elemento al que Darko Suvin llamaría el novum de la obra).

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©Naughty Dog

En ese mundo de moral distinta y peligros constantes habitan los dos protagonistas del juego: Joel (Troy Baker) ─un contrabandista que jamás duda en recurrir a la violencia para conseguir sus fines─ y Ellie, una adolescente cínica y complicada. Aunque al inicio del juego Joel acepta escoltar a Ellie fuera de Boston sólo a cambio de armas, más tarde se entera de que Ellie es inmune a la infección del Cordiceps y, por lo tanto, podría ser usada para hallar una cura; es decir, esta figura juvenil es, muy literalmente, la última esperanza de la humanidad y Joel, el escéptico, poco a poco comienza a cambiar su modo de entender el mundo y a sí mismo. Por supuesto, este cambio gradual sólo es posible a través del viaje que emprenden los protagonistas por el territorio estadounidense en busca del grupo rebelde “Fireflies”.

En la tradición literaria, el viaje es un acto de autoconocimiento y de re o desconocimiento del otro que pone a prueba las habilidades o moralidades de los personajes, al enfrentarlos a los peligros de la naturaleza y, sobre todo, a los de la humanidad o lo que queda de ella ─podemos pensar en ejemplos claros, como Los viajes de Gulliver de Swift, On the Road de Kerouac o  The Road de Cormac McCarthy; o si recurrimos a otros medios tenemos Logan (2017), Children of Men (2006) o God of War (2018). En esta entrada, exploraré brevemente el viaje de Joel y Ellie de Boston a Salt Lake City (ver mapa) que, además de ser un (no)lugar de crecimiento personal, también representa un paseo por la civilización occidental que, en ese mundo apocalíptico, se ha perdido.

Ellie and Joel´s Journey

El viaje de Joel y Ellie los obliga a visitar lugares en ruinas, retomados por la naturaleza, y que también parecen ser tótems de nuestra cultura: rascacielos de oficinas (economía), el Capitolio de Boston (gobierno), la Universidad de Massachusetts (educación), el museo (historia), la iglesia (religión), los laboratorios (ciencia), todos ellos abandonados, inservibles, inútiles salvo como una proyección de la civilización perdida. Es claro que estas instituciones, tan esenciales para mantener “el orden” en la sociedad actual, dejan de tener el mismo valor en la irracionalidad del apocalipsis: la humanidad no puede seguir siendo civilizada cuando lo que está en juego es la humanidad misma. Los ideales institucionales representados por los lugares antes mencionados existen todavía pero hay un retroceso: la economía regresa al trueque y la educación más importante es aprender qué lugares son seguros, qué armas son mejores, cómo seguir viviendo.

 

Este mundo apocalíptico está en constante tensión con el mundo como lo conocemos, y cada uno de estos estados está encarnado por los protagonistas: Joel representa un mundo pasado cuyos símbolos, mitos, valores y funcionamiento ya no son vigentes, pero que Ellie, nacida en un mundo “salvaje”, intenta comprender. A lo largo de su viaje, Ellie cuestiona a Joel sobre la vanidad y nimiedad de las preocupaciones humanas de inicios del siglo XXI: cuestiones como los preceptos de belleza o la idea del amor romántico. Ellie pregunta, luego de leer el diario de una adolescente: “¿De verdad ésto es lo único que les preocupaba: chicos, películas… decidir cuál camisa queda con qué falda? Es extraño”. Estas ideologías han dejado de tener validez en un mundo dominado por entes caníbales y por zombies, lo que implica un cuestionamiento sobre la sociedad estadounidense contemporánea y sus ideales.

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©Naughty Dog
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©Naughty Dog

Por otra parte, me parece que todo viaje es una transgresión de fronteras (quizá sea esta la definición más básica de “viajar”: cruzar una frontera). En The Last of Us las fronteras sirven literalmente para separar a las sociedades humanas que sobreviven de los zombies, pero también metafóricamente para representar civilización y barbarie. Si lo pensamos desde el funcionamiento del Western, la travesía de Joel y Ellie precisamente de Este a Oeste de los Estados Unidos busca en un principio conquistar la barbarie para restaurar la civilización occidental a su posición de poder. Sin embargo, a través de la transgresión constante de Joel y Ellie de esas fronteras, la dicotomía en cuestión se pone en evidencia. En el juego, ni los humanos son civilizados ni los zombies son “bárbaros”, como bien explica Bill (un conocido de Joel) en cierta ocasion: “Ya sabes que, aunque esas cosas [los zombies] sean terribles, al menos son predecibles. Son las personas normales las que me asustan.” Ni el zombie ni el humano habitan bajo la supuesta moralidad que rige nuestra sociedad sino que responden a instintos de supervivencia básicos. Las dicotomías se comienzan a deshacer. Tanto el interior como el exterior es peligroso, tanto el “humano” como el “otro” son bestias salvajes.

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©Naughty Dog
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©Naughty Dog

Es a través de este conocimiento adquirido que Joel y Ellie cambian su modo de ver el mundo y comienzan a derribar su barreras emocionales para acercarse el uno al otro. A lo largo del juego tanto Joel como el espectador se enfrentan a los horrores más grandes del mundo, encarnados por la raza humana y cuando llegan a su destino Joel decide salvar a Ellie y de negarle al mundo la posibilidad de una cura. Es en la carretera, en la lucha contra las adversidades y a través del encuentro de Joel con su pasado, que el protagonista se cuestiona si vale la pena seguir luchando, si vivir y sobrevivir son la misma cosa. Para Joel la respuesta es clara; no está dispuesto a salvar a una sociedad podrida y perder, en el intento, lo único que vale la pena: la relación filial cultivada con Ellie a través del viaje y sus adversidades.

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©Naughty Dog

Quizá lo que defiende The Last of Us es que, pase lo que pase, habrá humanidad siempre y cuando sepamos reconocerla el uno en el otro. Sólo así seremos capaces de disfrutar un pedazo de humanidad en medio de un mundo inhumano.

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