Fortis Fortuna Adiuvat: John Wick, espectro y personaje

La debilidad de John Wick (Keanu Reeves) es su fuerza: justificar la violencia a través de la venganza. Pero no cualquier venganza. Este acto está enraizado a un duelo que no puede ni podrá sanar: Helen (Bridget Moynahan), su gran amor, acaba de morir de una enfermedad de la que sabemos poco. Sin embargo, a Helen le da tiempo para escribir unas últimas palabras a John Wick y dejarle a cambio de su ausencia un cachorro. El intercambio simbólico está hecho y le dará la oportunidad de sanar. Sus dos amores: un Ford Mustang Boss 429 y su pequeño Beagle le ayudarán a encontrar la paz.

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© John Wick (2014) Summit Entertainment/Thunder Road Pictures

Si al inicio la historia le arrebata la vida de Helen, poco después le roba el auto y a su cachorro. Adiós al tránsito hacia la paz y la comunión con la naturaleza. Sicario retirado, buscador de paz y espectro de una orden secreta, el personaje principal se encuentra con un acontecimiento: dos muertes, una real y otra simbólica, para devolverle al bajo mundo del que presuntamente había salido. Quien le roba y le expulsa de esa vida utópica es la fuerza de la naturaleza y un ladrón joven, nada menos que Iosef Tarasov (Alfie Allen), el hijo de su ex jefe mafioso: Viggo Tarasov (Michael Nyqvist). El robo desencadena una serie de asesinatos, muerte, secuencias de acción, coreografías, balas, sangre, dos películas más y una franquicia millonaria.

El sicario retirado tiene un precio y una maldición. En primer lugar, hay una oferta de 2 millones de dólares por su cabeza. Este valor sube en cada película, aunque el valor sea de forma aparente y, en esta forma aparente, quiero detener el objetivo del texto: John Wick es un espectro que no puede morir porque ya está muerto. Este objetivo será visibilizado con la ayuda de las descripciones que se hacen del personaje y de cómo se construye su personalidad a través del tipo de violencia ejercida sobre él.

En la primera película, Viggo define a John Wick como una persona centrada, comprometida y llena de voluntad, mientras un montaje yuxtapuesto nos lo muestra perforando el piso del sótano de su casa. Esta presentación busca y propone recrear un mito. Además, hay historias que se cuentan de él, como la vez que mató a tres hombres con un lápiz, o cuando realizó una tarea imposible para salir de la mafia y buscar la felicidad con Helen. Esto, por supuesto, hasta que una orden secreta y más alta por divina le arrebata esta posibilidad (¿será una historia más de cómo debe morir una mujer para desatar todo el heroísmo que le pertenece a la tetosterona? En fin, sigamos). También hay una descripción curiosa: “Nunca usa palabras de más.” Es decir, nada sobra cuando habla nuestro espectro protagonista. Incluso el apodo con el que es conocido, “Baba Yaga”, nos da un indicio. John Wick habita la imaginación de una sociedad secreta de la misma manera en que alguien lee un mito y lo comparte de boca en boca. “Baba Yaga” es un nombre que viene del folclor literario ruso escrito por Aleksandr Afanásiev, escritor vivo entre los años 1826 y 1871. Este dato forma parte del inicio de la tercera película, cuando John pide el libro de este autor en la biblioteca, antes de que se cumpla su plazo de excomulgado y todo el mundo quiera matarlo.

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© John Wick: Chapter 3 – Parabellum (2019) Lionsgate/File

Hay dos modos aparentes/ilusorios de narrar en las películas de John Wick, pero que son encubiertos a través de la violencia física (las secuencias de acción, el dolor). El primero es hacernos creer que John salió de la sociedad secreta. Falso. El hecho es indudable: de la ficción representada a la muerte de Helen y el Beagle, el camino de nuestro asesino hacia la venganza le impulsa, en contra de su voluntad, a matar. Paradoja: si salió de la sociedad criminal lo hizo para regresar a ella. El segundo modo es ponerle precio a la vida de un personaje muerto. Muerto porque murió en la vida que deseaba y renace en la oscuridad de una sociedad secreta que lo trata como a un espectro: debe ocultarse constantemente para no ser asesinado. Pero ¿cómo te ocultas de una orden secreta comunicada hasta con el mínimo vagabundo y la máxima autoridad religiosa?

John no puede morir, primero, porque la franquicia terminaría, y segundo, porque ya está muerto de la vida que quiso vivir. La vida utópica que deseaba compartir con Helen está sólo en su memoria y, en la sociedad secreta, John representa a un espectro en huida perenne. La vida de este espectro cuesta 2 millones; si lo asesinan dentro del Hotel “Continental” sube a 4 millones. Después, el precio asciende hasta 14 millones, cifra que abre un mapa de fantasmas todavía más amplio: la orden secreta sostiene a una comunidad de asesinos a través de una red de información (sobre este último tema se abunda mejor en la tercera película de la trilogía). Todos quieren matarlo por esa cantidad, pero nadie puede matarlo, ni podrá, y en este impulso se mueven los engranajes de la ficción.

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© John Wick: Chapter 3 – Parabellum (2019) Lionsgate/File

Si pasamos de las descripciones de los personajes hacia John, a focalizar su interior gracias a sus propios recuerdos, resulta que su memoria es la tierra donde yace la ciudad destruida de su utopía: vivir con Helen. Las consecuencias son visibles en su cuerpo a través de unos signos que expresan con fineza la exactitud de sus ideas: el protagonista está en constante sufrimiento por esa vida deseada no consumada y la consecuencia es un dolor constante en su cuerpo. Esta última aseveración tiene una comunicación directa con Chad Stahelski y David Leitch, directores de la primera película, el primero doble de riesgo de Keanu Reeves en Matrix (1999). Estos dos hombres son un par de directores lúcidos para filmar secuencias de acción con la habilidad coreográfica de una sala de edición. Las tomas y las secuencias son continuas y de pocos cortes, en muchos casos filmadas a totalidad por Keanu Reeves, que se preparó 4 meses durante 8 horas diarias en diferentes técnicas con armas y artes marciales para el papel principal de la trilogía.

De la realidad efectiva a la de ficción, los movimientos de Keanu Reeves en John Wick están mediados por un aprendizaje corporal y una resistencia física con un sueldo millonario. Su cuerpo tiene un precio, así como el personaje asesino es valorado en la trilogía. Esta franquicia juega a contarnos del mundo subterráneo en el que la vida deseada de un personaje le fue arrebatada para dejar sitio a un mapa de violencia, y no precisamente una violencia literal en las secuencias de acción, sino en la que detonan los personajes al acceder a los espacios y a la información a través de un cuerpo literalmente sobre-valorado, moribundo, siempre dañado, casi a punto de morir pero que no puede hacerlo. La violencia sobre el cuerpo de John Wick es un diagrama burocrático que sube el precio o lo baja a conveniencia; y ¿por qué su cuerpo resiste tanto?

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© John Wick: Chapter 3 – Parabellum (2019) Lionsgate/File

Así como las iglesias son fachadas de la mafia, los hoteles lujosos son espacios de servicios para asesinos, los vagabundos son parte de un grupo delictivo o los museos resguardos de la orden secreta: la apariencia es algo más que un espacio narrativo, representa la fuerza en la forma de la historia, una deformación espacial de larga tradición. La tradición de la que hablo antecede a la vida de John Wick (de la que nunca sabemos nada, su pasado no está en el guion). La deformación espacial inicia cuando destruyen la casa de John al inicio de la trilogía. Así, vive en cualquier lugar, siempre está en tránsito, como un animal que busca sobrevivir en el desierto de lo real.

La trilogía física de este personaje es una muestra más de cómo se puede valorar la vida de un personaje sin que este tenga vida propia. La muerte, la violencia y las ganas de permanecer oculto en una sociedad autónoma, de reglas fijas, inquebrantables y sólo puestas en duda por un espectro vengativo dirigen la reflexión hacia el objeto más preciado: la economía basada en monedas de oro, sin valor real, sino equivalentes a tarjetas de presentación que no muestran un valor definido, sino accesos y arreglos; en otras palabras: una tradición de datos e intercambio de información. El acceso del público al universo ficcional de John Wick es conducido por un fantasma imaginado por otros cómplices de la orden secreta, además, es una forma mítica de la literatura rusa y un objeto de información en tránsito desde una tradición construida conforme es vista por el espectador de las películas.

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© John Wick (2014) Summit Entertainment/Thunder Road Pictures

Sin un mapa que ayude a reconstruir el pasado del personaje, las marcas en su piel son signos para encontrar su pasado. Fortis Fortuna Adiuvat es un lema atribuido a lo pagano tatuado en el centro de la espalda de John. “Fortis” se refiere a “los fuertes”, sobre todo a la fuerza física; mientras que “Fortuna” se refiere a la diosa romana que personifica la suerte misma en una fuerza espiritual sin extremos de bondad o maldad, una fuerza dada en el universo. Por otra parte, “Adiuvat” significa “salvación”. Debajo del tatuaje hay otro de unas manos en posición de rezo. Si este último lo juntamos con el lema pagano, otro tatuaje de una cruz de lado izquierdo y un lobo del lado derecho, una combinación entre los significados “señor de importancia”, “hostilidad” y “fe”, tenemos algunos signos legibles para mantener al espectro con vida: cuando lo violentamos en una forma aparente de acción, en una teorización, en una actividad imaginaria o Inexistente. PAZ.

Carlos Rgó

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