Good Omens (2019): de la parodia a una crítica de la moralidad

Vi a otro ángel que volaba en medio del cielo, que tenía el evangelio eterno para predicarlo a los que habitan en la tierra: a toda nación y raza y lengua y pueblo. Decía a gran voz: “¡Teman a Dios y denle gloria, porque ha llegado la hora de su juicio! Adoren al que hizo los cielos y la tierra y el mar y las fuentes de las aguas”.

(Biblia Reina Valera, Apocalipsis, 14:6-7)

Tuve mi primer acercamiento a la obra de Neil Gaiman hace 12 años cuando me llevaron al cine a ver Stardust (2007). Disfruté mucho la película porque, desde entonces, me gustaban los cuentos de hadas, en especial los de Hans Christian Andersen; sin embargo, no fue hasta la universidad que, como tal, conocí de la existencia de Neil Gaiman. Desde entonces he sido una gran admiradora de su obra; Neverwhere (1996), Stardust (1997) y “A Study in Emerald” (2003) se encuentran entre algunos de los textos a los que siempre me da gusto regresar. Con esto en mente, me emocioné bastante cuando vi que la plataforma digital Amazon Prime estaba produciendo una adaptación de Good Omens (1990), una novela que Neil Gaiman y Terry Pratchett escribieron en conjunto. Me parecía fabuloso que el elenco contaría con estrellas como Michael Sheen, David Tennant y Jon Hamm, además de que Gaiman mismo sería el guionista de la adaptación.

La miniserie resultante, Good Omens (2019), consta de seis capítulos, cada uno de alrededor de una hora, y se estrenó en la plataforma digital en mayo de este año. La historia gira en torno a las peripecias del ángel Aziraphale (Michael Sheen) y el demonio Crowley (David Tennant) mientras intentan evitar que el anticristo (Sam Taylor Buck), un niño de 11 años, desencadene el apocalipsis del mundo como lo conocemos. Si bien la trama pudiera sonar, en primera instancia, amenazante y oscura, es indispensable mencionar que el tono de la serie (y la novela) es todo menos eso: Good Omens es una comedia sobre el fin del mundo. Pero, ¿por qué hacer una comedia de un evento tan catastrófico como el apocalipsis? Para poder responder a esto,  me gustaría que leyéramos Good Omens como, sí, una comedia, pero fundamentalmente como una parodia. En esta entrada, propongo que la serie utiliza varios mecanismos paródicos para criticar la moralidad sustentada por el cristianismo. Quiero demostrar que la amistad entre un ángel y un demonio es el elemento catalizador de este cuestionamiento de lo que significa ser humano. Para ello, parto de una breve definición de parodia, para, luego, explorar los principales mecanismos paródicos que se explotan en la serie y cómo éstos se decantan en la relación entre Aziraphale y Crowley.

©Amazon Studios

Primero que nada, me parece que, para el análisis de Good Omens como parodia, es pertinente remitirnos al texto de Linda Hutcheon titulado A Theory of Parody (1985). En este libro, como en otros suyos, Hutcheon analiza principalmente textos literarios, pero siempre tiene en cuenta las artes plásticas, el cine y otras posibles expresiones artísticas para desmenuzar los mecanismos que utilizan para relacionarse con el público y con otras obras. El elemento que me interesa rescatar de lo que propone Hutcheon sobre la parodia es que ésta,

en su “trans-contextualización” irónica e inversión, es repetición con diferencia. Se intuye una distancia crítica entre el texto en el fondo que se está parodiando y la nueva obra, una distancia usualmente señalada por la ironía. Pero esta ironía puede ser juguetona al igual que menospreciadora; puede ser críticamente constructiva al igual que destructiva. El placer de la ironía de la parodia viene no del humor en particular, sino del grado en el lector se involucre en estos “saltos” intertextuales […] entre la complicidad y la distancia.[1] (32)

Es decir, para Hutcheon, el reconocimiento de la parodia radica en gran medida en la perspicacia del lector (o espectador, de manera más general) para reconocer la similitud con la obra que se parodia y, sobre todo, los elementos que se están transformando. La ironía y el humor que produce la parodia en la mayoría de los casos pueden surgir tras este reconocimiento. Como consecuencia, si se desconoce el texto que se está parodiando, el efecto paródico se neutraliza (Hutcheon 34); sin reconocimiento de la fuente, el nuevo texto puede ser efectivo para la audiencia en diferentes grados y por diferentes motivos, pero el efecto paródico se pierde.

Ahora, si quiero que pensemos en adaptación de Good Omens como una parodia, entonces, ¿cuál texto (o textos) es que está parodiando? En un primer nivel, se está trabajando con el libro del Apocalipsis, contenido en el Nuevo Testamento. La trama de la serie, como expliqué antes, desde el primer capítulo se perfila como una versión sumamente contemporánea del apocalipsis cristiano con varios puntos de encuentro, como el anticristo, los cuatro jinetes del apocalipsis y el enfrentamiento épico entre los allegados del cielo y del infierno. Sin embargo, considero seguro afirmar que, desde un momento muy temprano de la serie, prevalece un tono cómico e irreverente que surge a costa de la manera en que se transforman elementos bíblicos para crear efectos humorísticos: el anticristo es un niño de una pequeña ciudad en la campiña inglesa, la enorme Bestia que lo ayudará a destruir el mundo como lo conocemos se convierte en un perro simpático, los jinetes del apocalipsis —aunque aterradores— visten como motociclistas, y el cielo y el infierno se manejan como oficinas con bastante burocracia. Inclusive, estos elementos humorísticos hasta cierto punto transgreden la tradición cristiana —tanto así que un grupo cristiano de Estados Unidos juntó más de 20,000 firmas para pedir que Netflix cancelara Good Omens por “tomarse a la ligera los conceptos de Verdad, Error, el Bien y el Mal” (Flood); les salió el tiro por la culata porque la serie es de Amazon Prime. Por ejemplo, el hecho de que Dios tenga voz de mujer, o que actores afrodescendientes representen a Adán y Eva, de entrada reta la forma en que se han representado a estas figuras en la historia pictórica europea (y eurocentrista). Considero que en un primer momento la serie aprovecha esa repetición con diferencia, regresando a Hutcheon, para parodiar el contenido del libro del Apocalipsis en la Biblia, al permitir el reconocimiento de las similitudes con un filtro paródico que se debe a las diferencias y la nueva contextualización de personajes y elementos de la trama.

©Amazon Studios

Desde los primeros minutos de la serie podemos notar que esta narrativa no va a seguir los tonos serios y amenazantes del texto bíblico como se denotan en el epígrafe de esta entrada. En cambio, la secuencia inicial de la serie nos presenta la voz de nadie más ni menos que Dios (Frances McDormand), discutiendo las distintas teorías sobre la fecha de la creación del universo y resaltando que la mayoría son incorrectas. Uno de los primeros elementos subversivos ocurre cuando Dios asegura que “no juega dados con el universo” —un breve guiño a la célebre frase de Albert Einstein que se malinterpreta con frecuencia—, sino que juega “un juego inefable de mi propio diseño”, el cual describe como un juego de póker en un cuarto oscuro en el que no conoces las reglas y el crupier te sonríe, pero no te las dice. En seguida afirma que, para entender la historia que quiere contar, hay que regresar 6,000 años, al inicio de todo en el Jardín del Edén, en donde nos presentan por primera vez a Aziraphale y Crowley.

La discusión abierta de los preceptos cristianos se centra precisamente en estos dos personajes. La primera conversación que se nos muestra entre ellos sucede después de que Dios expulsa a Adán y Eva del paraíso. Crowley defiende al par alegando que no ve qué pudiera estar realmente mal en saber la diferencia entre el bien y el mal, mientras que Aziraphale demuestra plena confianza en el plan divino. Crowley se la rebate alegando que Dios no fue muy sutil: “Un árbol frutal en medio de un jardín con un letrero de “No tocar”. ¿Por qué no ponerlo en la cima de una montaña? ¿o en la luna? Te hace preguntarte qué planea Dios realmente”. Aziraphale, en ese momento, sólo aboga por no especular y confiar en el gran plan inefable de Dios. Más adelante en la serie veremos que esa confianza absoluta se empezará a desestabilizar por su amistad con Crowley, en especial por la guerra de ingenios en la que se involucran ambos actores al representar al ángel y al demonio, lo cual es un elemento paródico que explicaré a la brevedad.

Para entender el desarrollo del vínculo entre Aziraphale y Crowley en relación con el paulatino cuestionamiento de la moralidad cristiana mediante la parodia, considero fundamental remitirnos al tercer capítulo de la serie, titulado “Hard Times”. La primera sección del capítulo, muestra al ángel y al demonio presenciando eventos bíblicos importantes en los que Aziraphale continúa su defensa de las decisiones divinas, mientras que Crowley insiste en cuestionarlas. Como un primer ejemplo, ambos atestiguan a los animales entrando al Arca de Noé; cuando el ángel le explica que Dios quiere destruir a la gente de esa parte del mundo —otra diferencia con el texto bíblico, en el que “toda la humanidad” en realidad se ubica en una porción muy limitada del mundo—, Crowley se sorprende de la destrucción inclusive de los niños y clama que pareciera el tipo de cosas que harían los de su bando demoníaco, no Dios. La siguiente escena nos muestra al par presenciando la crucifixión de Jesús; Crowley, quien consideraba a Jesús como “un joven muy brillante”, pregunta qué fue lo que dijo que molestara tanto a los romanos, a lo que Aziraphale responde “sean amables el uno con el otro” mientras nos muestran, de manera breve pero bastante cruda, tortura a la que sometieron a Jesús, por lo que se arraiga la ironía del comentario de Aziraphale. La parodia de esa parte del capítulo se fundamenta en la presencia de ambos personajes en momentos tan importantes de la tradición cristiana, al mismo tiempo que su interacción cuestiona la lógica detrás de esas decisiones divinas al dotarlas de un humor irónico.

©Amazon Studios

Posterior a la breve recapitulación de los eventos bíblicos, el capítulo nos muestra breves momentos clave para el desarrollo de la amistad entre los protagonistas. Aziraphale y Crowley tienen misiones claras, pero opuestas: hacer milagros y crear caos. Sin embargo, sus oficinas correspondientes, recordando la burocracia del cielo y del infierno, los ponen en el mismo lugar en más de una ocasión. Crowley le propone a Aziraphale por primera vez que podrían mentirle a sus superiores y simplemente no hacer lo que deberían durante el medievo inglés; Aziraphale, como era de esperar, se niega. No obstante, en la escena siguiente, un par de siglos después, las cosas empiezan a cambiar. Ésta es una de mis escenas predilectas porque revela otros de los mecanismos que utiliza la serie para hace parodia: ambos se encuentran en el Globe Theatre con William Shakespeare, presenciando un ensayo del Hamlet. La conversación entre el ángel y el demonio revela que Aziraphale finalmente ha accedido a un acuerdo en el que, si los mandan a ambos al mismo lugar, sólo uno irá y estará encargado de las fechorías y los milagros unilateralmente, lo que muestra de manera eficaz que con los años su relación se ha fortalecido. Sin embargo, uno de los elementos humorísticos que más me gustan de esta escena ocurre cuando Shakespeare se queja amargamente de que necesitaría un milagro para llenar el teatro para Hamlet —la ironía siendo que es una de las obras más populares de Shakespeare hoy en día, además de que David Tennant mismo ha actuado del príncipe danés— y se muestra a Crowley diciéndole a Aziraphale que lo cumpliría. De esta manera, además de parodiar elementos claramente bíblicos, la serie también juega con elementos de la cultura popular y la historia literaria, mientras el vínculo entre los protagonistas crece.

©Amazon Studios

Considero que la amistad entre Aziraphale y Crowley en Good Omens cumple varias funciones fundamentales para lo que sostengo es la crítica a la moralidad cristiana. Por un lado, su relación es la ironía humorística más grande de la serie, puesto que difícilmente podríamos pensar en enemigos más naturales que un ángel y un demonio. Su amistad y sus intercambios ingeniosos son el eje alrededor del cual se configuran el resto de los personajes y la razón por la cual la trama se desenvuelve, en gran medida por la forma en que, tanto Sheen como Tennant, encarnan a sus personajes y los dotan de empatía. Asimismo, esta amistad improbable se puede interpretar como una suerte de transformación del motivo de los amantes prohibidos del tipo de Romeo, Julieta y sus familias en pugna que forma parte de la tradición literaria desde la antigüedad. Por otro lado, su negativa a permitir que el apocalipsis ocurra y se desencadene una guerra épica entre el cielo y el infierno termina por ser una defensa de “lo humano”. Esto es posible debido a la exhibición de la inmoralidad que radica en varios aspectos de las creencias cristianas, como se va revelando conforme Aziraphale se da cuenta de que el “Gran Plan inefable de Dios”, en más de una ocasión, apuesta por la destrucción de las personas cuya seguridad y bienestar se supone que debiera garantizar.

En Good Omens, la humanidad no perece, por lo menos en ese momento, gracias a que un ángel y un demonio se encariñan demasiado con la forma de vida humana y no quieren permitir que se destruya; esa forma de vida humana incluye, también, el desarrollo de vínculos afectivos que superan el mandato de un ser superior. A pesar de que la serie no exime a la humanidad de su capacidad de actuar con crueldad, aboga por un sentido de moralidad que no radica en los extremos del Bien y el Mal absolutos, sino en la defensa de la integridad de las personas, cosas y medios de vida que se valoran, guiados por un sentido de pertenencia y justicia que termina por ser puramente humano. La adaptación televisiva de la novela de Gaiman y Pratchett nos recuerda cómo la humanidad requeriría de una amistad prácticamente improbable para poder entender ese punto medio que pudiera garantizar su permanencia en el mundo.

 

Obras citadas:

 

Biblia Reina Valera. Sociedades Bíblicas Unidas, 1995. Bible Gateway, https://www.biblegateway.com/passage/?search=Apocalipsis+14&version=RVR1995. Consultado 10 de septiembre, 2019.

Flood, Alison. “Thousands petition Netflix to cancel Amazon Prime’s Good Omens”. The Guardian, 20 jun. 2019, https://www.theguardian.com/books/2019/jun/20/petition-netflix-cancel-amazon-prime-good-omens-christian-neil-gaiman-terry-pratchett. Acceso 9 de Septiembre de 2019.

Gaiman, Neil y Terry Pratchett, creadores. Good Omens. Amazon Studios y BBC Studios, 2019.

Hutcheon, Linda. “Defining Parody”. A Theory of Parody. 1985. Illinois UP, 2000, pp. 30-49.

 

Notas:

[1] La traducción es mía.

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