Todos somos payasos: violencia y caos en Joker (2019)

Por David Murra

No hay odio pequeño. El odio siempre es enorme.
Conserva su estatura en el ser más pequeño
y se mantiene monstruoso.
–Victor Hugo, El hombre que ríe

Desde que empezaron a aparecer las primeras críticas de Joker, dirigida por Todd Phillips y estelarizada por Joaquín Phoenix, muchos medios (en su mayoría norteamericanos) advirtieron que la película promovía la violencia. La controversia que suscitó esta lectura fue quizá la razón por la que todos corrimos a verla el fin de semana de su estreno, razón por la cual logró recaudar $39.9 millones de dólares tan sólo en el primer día.[i]

Antes de seguir problematizando esta interpretación—del fomento a la violencia y del espectador pasivo—que ha sido un manantial de ventas para periódicos nacionales e internacionales, me gustaría hacer primero una crítica valorativa de la película sin arruinarle nada a aquellos que no la han visto aún.

En pocas palabras: Joker es una gran película, aunque no es nada cómoda de ver. Desde un inicio se nos arroja a una Ciudad Gótica decadente donde predomina la desigualdad y la delincuencia (“Es como México”, me dijo un amigo a manera de broma, tras lo cual pudimos reír un rato y recuperarnos de una primera impresión que nos dejó callados, pensativos y francamente tristes).

El personaje de Joaquín Phoenix es completamente patético, con lo cual no quiero decir que merezca desprecio. A diferencia de otros guasones de la pantalla grande, Arthur Fleck no tiene glamour de ningún tipo: no es gracioso, no es astuto, no es físicamente atractivo como Heath Ledger o Jared Leto, y no es un “villano” en el sentido estricto de la palabra.

Por si fuera poco, los acercamientos de cámara son frecuentes y nos forzan a empatizar con la desdicha de este comediante frustrado: lo vemos escribir en su diario con una sonrisa inocente en el rostro, arquear la espalda de manera grotesca mientras arregla sus zapatos de payaso, y estallar en carcajadas de manera involuntaria, con dolor, incomodando a los que lo rodean. Este uso del lenguaje cinematográfico suscita una intimidad con el personaje que no se había visto en ninguna película de Batman.

71795133_924497717914241_6375036853854142464_n
Joker (2019), Tráiler oficial ©Warner Bros. Pictures

La banda sonora, a cargo de Hildur Guðnadóttir, transmite adecuadamente la tensión mental de Arthur Fleck durante la primera mitad de la película. Hacia el final de la historia, el tema errático del cello, que parece representar a Arthur, se repite sobre un fondo orquestal, evocando el caos social y la violencia que se une, como en coro, al resentimiento del personaje.

Joker es una película que difícilmente deja al espectador indiferente. En cierta forma puede verse como la trágica historia de un individuo que cae en la locura, pero si se mira con más atención, la obra puede interpretarse como una crítica a la violencia mediática, ejercida por el colectivo, y a la hipocresía del superyó moral de la sociedad actual. Ciudad Gótica es un sistema decadente que empieza a quebrarse bajo el peso de un ideal social que exige un orden pero, a la vez, promueve la injusticia sistemática.

Aquí termina la parte libre de spoilers.

A continuación retomo el tema de la violencia y pongo en tela de juicio la validez de la lectura reduccionista promovida por algunos periódicos con respecto a Joker.

Un elemento que ha sido ignorado por la crítica son las ratas. Al inicio de la película hay una escena en la que Fleck se está maquillando y en el fondo se escucha un noticiero en la radio. Los locutores hablan de una plaga de ratas “gigantescas y gordas” que han estado proliferando en Ciudad Gótica. No se menciona nada sobre esto más adelante, aunque en algún cuadro del tercer acto se nos muestra un par de ratas bastante grandes correteando en la boca de un callejón.

Esto debería recordarnos a La peste (1947), del filósofo argelino Albert Camus. La novela relata los estragos ocasionados por una epidemia que empieza a brotar en la ciudad de Orán. La primera señal de la peste son ratas muertas que van apareciendo en la calle, bajo las escaleras, junto a los basureros, y después en todas partes.

Camus utiliza la peste como pretexto para retratar la condición humana y cómo la violencia se desboca una vez que el orden social se pierde, al igual que sucede durante una gran guerra, por ejemplo. La calamidad empieza de manera sutil, con una que otra rata muerta en el pasillo, luego aparecen pilas de ratas muertas y, al final, empiezan a morir las personas. Al principio ni la misma sociedad ni las instituciones intervienen ante un problema que corre el riesgo de salirse de las manos. Para Camus, no existe el mal innato; más bien es la ignorancia la que, por omisión o error de juicio, constituye el origen del mal, que se manifiesta a través de la violencia, ya sea sistemática o individual, física o psicológica.

Así pues, sería conveniente analizar la corrupción y decadencia de Ciudad Gótica bajo esta luz. Cuando Fleck le dispara a sus tres agresores en el metro, lo hace en un principio por defensa personal. No actúa para defender a la mujer que está siendo acosada ni por algún principio moral. Sin embargo, cuando aparecen las noticias en televisión, Thomas Wayne (Brett Cullen), en su ignorancia, habla de las tres víctimas como buenas personas y ciudadanos nobles, tildando al asesino anónimo de “payaso” y “cobarde”.

72431037_429063677747190_2278977430431465472_n
Joker (2019), Tráiler oficial ©Warner Bros. Pictures

Asimismo, Thomas Wayne, quien es un arquetipo del empresario exitoso, “self-made man” y el supuesto benefactor de la ciudad, no logra—o no quiere—ver ni reconocer el resentimiento social que subyace bajo la mediatización de la noticia y que eventualmente causará su propia muerte. Al igual que las ratas, multiplicándose hasta que se vuelven imposibles de ignorar, el asesino anónimo va despertando poco a poco la violencia a partir de que la sociedad misma lo convierte en un símbolo. El guasón actúa, accidentalmente, como la flama que enciende la mecha del caos.

Esta problemática es aún más clara cuando Fleck es invitado al programa de Murray Franklin (Robert De Niro). Con el fin de hacer reír a la audiencia y aumentar el rating, Murray decide hacer burla de un hombre extraño e indaptado que para él resulta ridículo. En vez de eso, Fleck se revela como el asesino de los tres “jóvenes ejemplares”. Murray, escéptico, le pregunta cuál es el remate del chiste. “No hay remate, responde el guasón.

La violencia se nos muestra al principio como una amenaza y al final como una calamidad. El resentimiento social se transforma en odio y la película no ofrece ninguna posibilidad de redención, ni para Thomas Wayne, quien niega la amenaza, ni para Arthur Fleck, quien termina por rechazar toda justificación en aras de su nueva identidad simbólica, que le da un sentido de propósito. Al matar a su madre, pierde un último rastro de cordura y sus últimos escrúpulos. “Ya no tengo nada qué perder”, le dice a Murray.

En efecto, la película no tiene remate. Sin embargo, sería muy ingenuo suponer que Joker promueve la violencia. Más bien evidencia la violencia latente de la sociedad norteamericana y ─¿por qué no?─ de la nuestra. Se trata de una película sumamente ética que nos invita a mirar a nuestro alrededor y darnos cuenta de que el odio no aparece de la nada y que todos, en mayor o menor medida, somos partícipes de ese odio.

El sábado pasado, Josh Brolin publicó una opinión sobre la película que me parece muy acertada: “Tenemos la costumbre de odiar y aislar y dividir mientras escondemos nuestros problemas debajo de la alfombra. Lo que hace Joker es simplemente levantar la alfombra y mostrarnos lo que hay debajo. Nada más. Nada menos.”

David Murra


View this post on Instagram

 

To appreciate “Joker” I believe you have to have either gone through something traumatic in your lifetime (and I believe most of us have) or understand somewhere in your psyche what true compassion is (which usually comes from having gone through something traumatic, unfortunately). An example of dangerous compassion would be to, say, make a film made about the fragility of the human psyche, and make it so raw, so brutal, so balletic that by the time you leave the theatre you not only don’t want to hurt anything but you desperately want an answer and a solution to the violence and mental health issues that have spun out of control around us. This film makes you hurt and only in pain do we ever want to change. It’s all in the irony of trauma — a fine line between the resentment of wanting to hurt society back for raping you of a decent life, for not protecting you, and accepting what feels like alien feelings with softening to those others who seem freakish in our era of judgment, and digital damnation. Like kids in Middle School: man, they can just be mean. For no reason. And, sometimes, those awful little clicky kids breed an evil in someone that rages much later, when everyone pretends we are all back to normal, when we all thought it had just manned up and gone away. We have a habit of hating and ostracizing and dividing and sweeping our problems under the rug. Joker, is simply lifting the rug and looking underneath it. Nothing more. Nothing less. It’s there.

A post shared by Josh Brolin (@joshbrolin) on

 

Notas:

[i]Información de Bloomberg

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión /  Cambiar )

Google photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google. Cerrar sesión /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión /  Cambiar )

Conectando a %s