Historias de luz en la oscuridad: Habilidad y cotidianidad en Maricarmen (2019) de Sergio Morkin

por Fernanda Andablo

Maricarmen (2019) es una película documental que retrata la vida cotidiana de la chelista del mismo nombre: Maricarmen Graue; el guion es una adaptación de su libro autobiográfico realizada por Sergio Morkin (dirección y fotografía) . Ganador al premio del público en el Festival Internacional de Cine de Morelia (FICM) 2019, el documental sigue la vida de la chelista durante siete años y nos confronta con algunas interrogantes: ¿cómo notamos el paso del tiempo dentro de la cotidianidad? ¿cómo creamos y presentamos a la persona que somos? ¿por qué hacemos lo que hacemos: somos o existimos? Además, Morkin presenta varias entrevistas con Maricarmen y su madre, Carmen, quienes recuentan sucesos importantes en la vida de la protagonista y ambos testimonios entretejen una narración que crea la biografía de la chelista.

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En el filme, las experiencias cotidianas están llenas de sucesos extraordinarios. Maricarmen no sólo es chelista sinfónica, sino que también toca en una banda de rock, da clases en distintas comunidades y escuelas e incluso corre maratones. Por si fuera poco, la historia nos transporta a otro tipo de realidad: la de la ceguera dentro del espacio urbano, tanto por la fotografía, como por su transitar diario a través de la ciudad. Sin embargo, este documental no se centra en la discapacidad, sino en los otros talentos que rodean a Maricarmen y en cómo sigue buscando su propósito de vida, qué es lo que la llena y la hace ser feliz. El lente de Morkin nos presenta dos historias a veces contrastantes: el desarrollo en exteriores de Maricarmen contra sus pensamientos y memorias al respecto. En esta entrada busco explorar la creación de historias individuales a través de la ficción y autoficción para destacar maneras distintas de los cuerpos de existir dentro del espacio urbano.

La ceguera es importante, en primer lugar, porque la estética de la película y algunas anécdotas giran en torno a esta característica y, en segundo lugar, porque, aunque la atención se llegue a centrar en esto, se crea una narrativa distinta con respecto a este tipo de cuerpos. Como espectadores no tenemos que enfrentarnos a una historia en la que se nos pida empatizar con el personaje únicamente por su discapacidad y, en la cual, la protagonista sea vista desde una óptica victimista. Sucede lo contrario. La empatía hacia Maricarmen surge de compartir sus temores, miedos y ansiedades. A partir del retrato de su cotidianidad podemos ver cómo es una persona que tiene miedo al letargo ante la vida, que se mantiene ocupada, que busca el amor, que quiere seguir adelante, aunque no siempre sepa hacia dónde la llevará la marcha. El relato no se enfoca en el cuerpo marginal per se, sino en cómo estos cuerpos también sienten y viven como todos los demás.

Sabemos que Maricarmen es ciega a través del foco de la cámara, de sus desplazamientos en la ciudad y por las anécdotas de su madre y suyas. Precisamente, el primer elemento que muestra los problemas de visión de Maricarmen es la cámara, la narradora silenciosa del cine, pues las tomas incluyen desenfoques en primer plano o efectos bokeh muy pronunciados, en los que lo único que está en cuadro es o ella o el fondo que la rodea, pero no ambos. La película también incluye secuencias en la oscuridad, lo que nos confronta a ver desde la perspectiva de Maricarmen: ¿Cómo es el mundo cuando no lo vemos? ¿Por qué sería necesario llegar a prender las luces de los cuartos en las noches si no podemos verlas? Además, al hacer un recorrido de sus trayectos con el chelo en la espalda, también se cuestiona la movilidad: ¿qué cuesta más, la ceguera o el instrumento gigante? La perspectiva de la cámara genera un primer filtro narrativo, el de situarnos en la realidad y discapacidad de Maricarmen, el de presentarnos sus dificultades, pero sólo de manera visual.

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En contraste tenemos la parte auditiva y hablada: tanto la música que Maricarmen crea, como sus relatos y las entrevistas de su madre. Si bien, la fotografía nos sitúa en sus dificultades, los relatos y el sonido en sus logros. El sonido nos muestra su talento con el instrumento. La música es esa habilidad que la ayuda a navegar y tener dirección dentro de la ciudad. Es su trabajo, su sostén y una forma de expresión, pero no la única. Por las noches escribe y les da sentido a sus pensamientos con palabras. En un momento se detiene frente a la cámara, rompe la cuarta pared, y pregunta si esa narración está yendo hacia alguna parte o si sólo es un relato. Quizás no sea necesario saber a dónde llegar sino hablar de la pesadez de existir traspasada por un deseo y sentido de tener que seguir. Carmen le inculcó a su hija la fortaleza ante la adversidad: un arma de doble filo según la chelista, aunque su madre se siente orgullosa de la independencia que su hija ha alcanzado.

Finalmente, las entrevistas separadas de Maricarmen y su mamá se encuentran en un punto, la escena en la que ambas visitan la casa de la hija tras un temblor. Madre e hija han dejado muchas cosas sin decir, pero aprenden a convivir juntas. La experiencia cotidiana de Maricarmen parece ser distinta a la de muchas personas en la ciudad; sin embargo, al final es posible ver que es más similar de lo que parece a primera vista. Quizá contar las historias no necesariamente ayuda a sanar, pero claramente ayuda a ser un primer paso para comprender: hablar de lo que se ha quedado sin decir, el retratar y construir narraciones de experiencias y cuerpos no normativos.

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Aunque Maricarmen tiene una vida ajetreada, el retrato que se crea de ella en la película es de letargo, irónicamente, puesto que expresa su ansiedad de sentirse estancada y querer encontrar algo que la haga feliz. Esta pregunta constante e hiriente parece ser callada cuando se ve a Maricarmen en los espacios en los que se siente cómoda existiendo (su hogar, la naturaleza) y en los que puede ser y crear sin que esto deba tener un propósito más allá que el de expresarse: las estatuas que construye, el libro que dicta en la oscuridad. Esto remite a una de las escenas iniciales de la película en la que Maricarmen se cuestiona: ¿Por qué no podemos existir como los pájaros y sólo cantar?

Para nosotros como espectadores, como personas, ¿es posible existir y sólo crear? ¿Cómo comenzamos a hacerlo? ¿Podemos encontrar nuestra paz a través de nuestra creatividad? ¿Esta paz está en las historias que contamos, las cosas que creamos, en los vínculos que establecemos y los lugares que habitamos?

 

Fernanda Andablo

 

Ficha técnica

Título: Maricarmen (2019, México).

Guión y dirección: Sergio Morkin; 

Música: Maricarmen Graue, Alex Mercado

 

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