De estados mentales a hermandades: Derry Girls (2018) y sus espacios femeninos

Por Amira Pantaleón

Cuando decidí hacerle caso a la molesta selección de Netflix (esa “especialmente” pensada para ti) nunca pensé que terminaría con una joya como lo es Derry Girls. La serie creada por Lisa McGee se ha vuelto uno de mis tesoros favoritos, una de esas cosas que cargo conmigo y que recomiendo religiosamente en cuanto algún ingenuo me da la oportunidad de compartir —en este caso, este pequeño apunte ha caído en la trampa—. Si bien la primera temporada es de 2018, la segunda y más reciente se había estrenado pocos días antes de mi descubrimiento. He de decir que, desde el primer episodio, unx queda en espera de más, las chicas viven su primer día de clases y así como ellas comienzan un ciclo escolar, el espectador empieza poco a poco a incorporarse a un ciclo de comedia sencillo pero efectivo lleno de citas memorables como esa de Michelle: “Being a Derry Girl is a fucking state of mind”.

La trama es la siguiente: la vida diaria de un grupo de chicas irlandesas y James, el primo de una de ellas. ¿Fácil, no? McGee parte de uno de los lugares comunes en la historia de la televisión. Junto con Erin, Orla, Michelle, Claire y James, (re)vivimos poco a poco las vivencias que parecieran universales (y bastante vergonzosas) de la adolescencia: el amor, las drogas, el chisme, la hermandad, el despertar sexual y todo lo que ello implica. Las chicas llaman la atención por la variedad de personalidades. Tenemos a Erin, el personaje principal cuya voz y melodramatismo nos guían a través de cada episodio; Orla, su prima, la chica rara del grupo que vive en su mundo, pero que es extrañamente reconocible (muy a la Phoebe de Friends); Michelle, la chica ruda y rebelde; Claire, su perfecto opuesto, la chica teta, nerviosa y ansiosa; y James, el único estudiante hombre de la escuela católica a la que asisten (ah y es inglés).

Derry Girls 2
© Channel 4

Lxs actorxs que dan vida a cada uno de estos personajes parecen estar hechos a la medida. Saoirse-Monica Jackson y sus peculiares gestos dan a Erin esa vibra de adolescente incomprendida en un mundo demasiado pequeño como lo es el pueblo de Londonderry; Nicola Coughlan como Claire no podría ser más atinada: su voz chillona y gesto nervioso la hacen mi favorita; Jamie-Lee O’Donnell es como te imaginarías a la chica rebelde: ingeniosa con las mejores frases y comebacks pero internamente cariñosa del squad; la actuación de Louisa Harland como Orla nunca se ve forzada y, más importante aún, nunca pareciera fuera de lugar aún si sus son del tipo “odio los calcetines”; finalmente, Dylan Llewellyn como James personifica una presencia masculina constante que nunca invade violentamente el espacio femenino que McGee ha construido.  

Lo que diferencia a Derry Girls es el particular contexto en que se desarrolla: el conflicto de Irlanda del Norte, “The Troubles” —conflicto etnoreligioso que duró desde la década de 1960 y hasta 1998—. La vida de las chicas queda permeada en todo momento por este hecho, pero McGee no busca educar al espectador sobre historia irlandesa sino representar la vida cotidiana de aquellos que se desenvuelven y se mueven dentro de dicho espacio, en específico retratar una experiencia femenina. Sus chicas no dejarán de crecer y de vivir en ese constante ajetreo que es la adolescencia incluso si hay militares y riesgos de bombas. La vida continúa aún dentro de la violencia y Derry Girls es un recordatorio de ello. A decir verdad, me recordó un poco a cómo Stephen Daldry presenta la huelga minera y sus efectos en la vida del pequeño Billy Elliot sin realmente centrarse de lleno en la huelga. 

Derry Girls 1
© Channel 4

A la manera de hits como Stranger Things (2016), Derry Girls se sitúa en una época llena de pantalones de tiro alto, scrounchies y chamarras de mezclilla. Aun así, la serie no enaltece la época; en todo caso, apela a las experiencias compartidas y trascendentales entre las generaciones de chicas jóvenes actuales y las de antes: el tiempo queda de lado. Los problemas siguen siendo los mismos aún si hay una brecha de 30 años de diferencia y más de 8000 km de distancia. El éxito de McGee y sus personajes no sólo recae en el elemento cómico siempre presente en las situaciones irreverentes que concierne a las chicas ante la tensión sociopolítica del momento, sino también en que recrea un espacio femenino compartido donde las presencias masculinas quedan subyugadas ante sus contrapartes femeninas. Lo notamos primeramente en las dinámicas familiares: son las madres de las chicas aquellas que resuelven las situaciones en que éstas terminan. La madre de Erin, Mary, roba el protagonismo a su padre en todo momento siendo ella esa presencia fuerte que intimida con la sola mirada. Inclusive en cuestión del interés amoroso de Erin, éste nunca toma un rol significativo y ella no se desvive por él a lo largo de toda la serie. No, McGee no lo permitiría. Todo queda siempre en término de las chicas (considerando a James también una de ellas) y la hermandad y complicidad que existe entre ellas. Ser un chica Derry es un estado mental al que la serie te invita con brazos abiertos.

Amira Pantaleón

Un comentario en “De estados mentales a hermandades: Derry Girls (2018) y sus espacios femeninos

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión /  Cambiar )

Google photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google. Cerrar sesión /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión /  Cambiar )

Conectando a %s