“I’m not a poet, I’m just a woman”: mujeres creando historias en Little Women (2019)

La primera vez que leí el Little Women (1868), de Luisa May Alcott, fue cuando era niña (probablemente tenía unos nueve años) y mi mamá me lo heredo porque ella lo había leído en su infancia. No recuerdo exactamente lo que me dijo pero tengo la sensación de que fue algo como: todas las niñas necesitan leer esto alguna vez en su vida o me cambió la vida o es mi favorito. Todavía tengo su copia, con la portada roja partida y con algunas hojas que se escapan de la pasta. Mi tía una vez lo vio y dijo que era suyo en realidad, pero que podía quedármelo. Creo que lo que rescato de este recuerdo es la importancia de la novela para muchas mujeres porque estoy segura que somos muchas las que la leímos de niñas (o al menos vimos la versión fílmica de 1994) y nos identificamos con los personajes y con sus batallas y anhelos. La nueva adaptación, escrita y dirigida por la brillante Greta Gerwig, es algo que muchas esperábamos con ansias, en especial las que ya le teníamos cariño a la historia y/o al trabajo de Gerwig (Little Women es su segundo película como directora, la primera fue Lady Bird) y es sin duda una oportunidad para acercar la historia a una nueva generación.

En esta entrada hablare de cómo la adaptación de Gerwig a nivel formal y a nivel de los personajes sirve para darle nueva mirada al texto de Alcott. Esto no significa que las problemáticas que presenta el libro hayan dejado de ser vigentes en la sociedad actual (hay diálogos resultan aterradores porque Gerwig los toma directamente de la novela y parece que hubieran sido escritos ayer), sino que los cambios en la trama y en la manera de contarla ayudan a crear una película que sirve como comentario acerca de las dificultades de las mujeres en la época actual y no sólo de las de hace 150 años.

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© Sony Pictures

Little Women fue originalmente publicada en dos partes diferentes (la segunda parte se llama Good Wives y hoy en día se publican casi siempre como un mismo volumen) y cuenta la historia de cuatro hermanas: Meg (Emma Watson), Jo (Saoirse Ronan) , Beth (Eliza Scanlen) y Amy (Florence Pugh). La familia vive en Massachusetts durante el periodo de la Guerra Civil; el padre (Bob Odenkirk) de las niñas se encuentra peleando en el frente y ellas, siempre aconsejadas por su madre (Laura Dern), tratan de cumplir sueños y metas diferentes con el dinero siempre como un impedimento. La adaptación de 2019 juega con la idea de la novela en dos partes y, en lugar de contar la historia de manera lineal, alterna el presente y el pasado para enfatizar temas como la nostalgia, el duelo, el crecimiento y la posición de las mujeres en la sociedad de la época.

La novela es una narrativa de formación que relata, en la primera parte, cómo cada una de las hermanas March descubre sus intereses y pasiones y empieza a realizar acciones que le permite alcanzarlos. Meg sueña con casarse y formar una familia, una meta que se vuelve más tangible cuando John Brooke (James Norton), el tutor de su vecino, le propone matrimonio. Jo, que no pierde la oportunidad para expresar que le hubiera gustado nacer hombre, sueña con convertirse en escritora, además de que le repele la idea del matrimonio. Beth es gentil y servicial, la fiebre escarlatina que padeció la obliga a quedarse en casa pero es feliz tocando el piano. Amy, la más vanidosa, aspira a casarse con un hombre rico y a ser una pintora reconocida. Pero la adaptación de Gerwig no comienza ahí, empieza con Jo en Nueva York, después de haber rechazado la propuesta de matrimonio de su vecino, Laurie (Timothée Chalamet); con Meg casada y con dos hijos, con Amy de gira por Europa apunto de obtener una propuesta de matrimonio de un hombre adinerado y tomando clase de pintura, y con una Beth a punto de perder la batalla contra su salud frágil e inestable.

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© Sony Pictures

Al empezar la película en este momento de la historia de la familia March, todo lo acontecido hasta antes de este punto se vuelve recuerdos que se insertan en momentos convenientes que ayudan a entender la vida actual de las hermanas. En términos visuales el cambio entre presente y pasado se denota por la paleta de colores de las escenas. El presente se nota más sombrío y con una paleta de colores más fríos, lo que contrasta con la infancia, que se muestra como una época más idílica, menos complicada, llena de luz y de colores brillantes. Además, la transición entre las escenas de ambas líneas temporales es fluida porque temas, motivos e incluso voces y sonidos se sobreponen entre una y otra, como si justamente alguno de los personajes estuviera recordando ese momento en su cabeza. Uno de los mejores ejemplos de esta técnica ocurre con la muerte de Beth. En la escena del pasado, Jo se despierta y ve la cama de su hermana vacía. Asumiendo lo peor, baja rápidamente al comedor y la cámara enfoca únicamente a su madre. Después de unos cuantos segundos (que se sienten eternos), la señora March se mueve y revela a una Beth recuperada y sonriente. En el presente ocurre algo similar: Jo se despierta, ve que su hermana no está en la cama, baja corriendo al comedor y ve a su madre. La diferencia es que cuando esta se voltea vemos la silla de Beth vacía y la agonía en el rostro de la señora. No hace falta explicar lo que pasó.

Las paletas de colores opuestas y las transiciones, en conjunto con la tendencia de los personajes a mirar por la ventana, muestran una añoranza del pasado como una época más simple y más feliz, en la que Jo y Laurie eran mejores amigos, en la que las cuatro hermanas seguían juntas. La innovación de alternar escenas de ambas partes de la novela con una edición impecable hace que la etapa de crecimiento se muestre como un proceso de reflexión, lo que permite tanto a espectadores como personajes considerar el significado de estos eventos con una perspectiva un poco más objetiva.

Ahora bien, quiero hablar sobre otros cambios que me parecen muy importante a nivel de la caracterización de los personajes, en particular la de Amy y Jo. En las escenas del pasado podemos observar que las hermanas siempre tuvieron cierto grado de rivalidad, ambas aspiraban a ser grandes artistas y Amy se sentía eclipsada por su hermana mayor, especialmente porque estaba enamorada de Laurie y él sólo tenía ojos para Jo. Por su parte, Jo pensaba que Amy gozaba de privilegios que las otras hermanas no, al ser la menor de todas, como el recibir cosas sin esfuerzo (dinero por parte de Meg o un viaje a Europa).  

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© Sony Pictures

Durante mucho tiempo compartí el sentimiento de Jo, en especial después de que Amy quema el manuscrito de la primera en un arrebato de celos e ira, y odié a Amy quizá de manera inmadura porque no comprendía la situación del todo. En este momento, desde una perspectiva más informada, creo que lo que nos lleva a odiar a Amy (porque sin duda muchas personas compartían el sentimiento) es que los sacrificios que hacen las mujeres por los demás es uno de los temas más relevantes de la novela, y parece que Amy nunca tiene que sacrificarse y esto se siente injusto para las demás. Pero este tema se maneja distinto dentro de la adaptación de Gerwig. La idea de que las mujeres tenían que renunciar a partes de sí mismas para complacer a un hombre o a la sociedad se trata como lo que es: perversa e injusta. Amy lo entiende de este modo y sabe que ella sola no va a ser capaz de cambiar lo que el mundo espera de una mujer y entonces lo usará a su favor, como muestra una las conversaciones que tiene con Laurie en París:

Siempre he sabido que me casaría con alguien rico, ¿por qué tendría que avergonzarme por ello? Como mujer, no tengo manera de ganar mi propio dinero. Al menos no lo suficiente para sobrevivir y mantener a mi familia. Y si tuviera mi propio dinero, que no tengo, ese dinero pertenecería a mi esposo al momento de casarnos. Y si tuviéramos hijos serían suyos y no míos. Serían su propiedad. Entonces, no te sientes ahí y me digas que el matrimonio no es una propuesta económica, porque sí lo es.

Cuando Laurie la cuestiona por querer casarse con un hombre rico Amy le explica que es el menor de los males y que incluso le permitiría gozar de ciertos privilegios. A diferencia de Jo, Amy considera que quedarse soltera no es una opción, entonces se va a casar en sus propios términos. La Amy del filme de Gerwig tiene mucho más protagonismo que la de la novela y esto nos ayuda a entenderla un poco más. Nos hace ver que ella es en realidad ambiciosa y determinada y que tiene ideales claros y fuertes, no sólo es egoísta y vanidosa. Creo es maravilloso que esta película ayude a entender que no es a Amy a quién debemos de odiar, que otra mujer no es la competencia, que lo que está mal es la sociedad que pone a las mujeres en posiciones tan injustas. No hay que enojarse con Amy por arreglárselas para no tener que sacrificar tantas cosas como el resto, hay que enojarse con la sociedad que dicta que el sacrificio es la característica de una buena mujer.

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© Sony Pictures

Por otro lado, la Jo que aparece en esta película está basada tanto en el personaje del libro como en la autora del mismo: Louisa May Alcott. Es bien sabido, por varias entrevistas, que la autora se inspiró en su vida y en la de su familia para crear la aclamada novela y que Jo, la protagonista, está inspirada en Alcott misma. Si bien Greta Gerwig ha expresado varias veces que su intención era representar a Alcott a través de Jo, esta aclaración resulta poco necesaria ya que el filme deja esta intención muy clara. La primera toma muestra una portada rojo con letras doradas con el nombre de Alcott y el título de la novela. Hacía el final de la película, Jo observa atentamente el proceso de impresión de su primera novela y vemos como forra la portada con cuero rojo y se imprimen las letras en color dorado. Cuando Jo lo tiene en sus manos y lo observa de cerca, aparece una toma similar a la del principio, excepto que esta vez el libro aparece escrito por Jo March. 

Ahora, ¿por qué resulta relevante esta intención de enfatizar a Jo como Alcott? Porque el final de la película difiere del libro. En una de las últimas escenas vemos a Jo discutiendo con su editor y diciéndole que no puede casar a su heroína porque ella ha dicho todo el libro que no se quiere casar y no resultaría consistente. El editor se muestra inflexible y sabemos que Jo accede al cambio porque justo después vemos la escena donde Jo corre a perseguir a Friedrich Baher, de quién está enamorada. La escena se muestra claramente como ficción porque recurre a convenciones y clichés del género, como la declaración de amor bajo la lluvia (Ciertamente me recordó a la icónica escena de Pride and Prejudice (2005) en la que Mr. Darcy le dice a Elizabeth: “I love you… most ardently” y a otros besos bajo la lluvia como en Singing in the Rain (1952) y The Notebook (2004)). De acuerdo a Gerwig, Alcott fue una “solterona literaria”, como ella se autodenominaba, y quería este mismo destino para Jo, pero tuvo que alterar el final de su libro por razones económicas (Amy tenía razón, después de todo). Quizá es por eso mismo que al final de la película de Gerwig no sabemos si Jo se casó o no, más aún, no sabemos si esa última escena pertenece a la realidad o a la ficción. Toda la familia se reúne para celebrar el cumpleaños de Marmee y Fredrich está ahí pero no queda clara su relación con Jo. Justamente estas ambigüedades ofrecen una doble posibilidad para los espectadores: considerar esta escena como real y saber que tanto la heroína como la autora se casan o considerarla como parte del libro de Jo y anhelar que la autora haya sido consistente con sus principios.

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© Sony Pictures

Al final creo que todos estos cambios sirven para enfatizar la importancia de que las mujeres contemos nuestras propias historias en nuestros propios términos, a pesar de que la sociedad pone muchas trabas para que lo hagamos. Greta Gerwig comentó que la escena donde el editor le pide a Jo que cambie su final es algo que le resulta familiar y que bien podría ocurrir hoy en día. Jo lucha contra la industria literaria patriarcal de hace 150 años para tener una espacio para expresar su historia y lo que ella cree que es importante y creo que esa sigue siendo una realidad vigente para muchas artistas contemporáneas. Intencionalmente o no, el filme reflexiona sobre sí mismo haciendo eco de las palabras de Laurie y Amy:

LAURIE: De todos modos, ¿qué mujeres tienen permitido entrar al club de los genios?

AMY: ¿Las Brontë?

LAURIE: ¿Y quién declara quiénes son genios?

AMY: Los hombres, supongo.

LAURIE: Así es, quieren acabar con la competencia.

Pensando un poco en a las películas más reconocidas por los críticos durante el año pasado puedo notar que Ford vs Ferrari, Joker, Once Upon a Time in Hollywood  y  The Irishman son historias de hombres, por hombres y para hombres (con esto no pretendo implicar que sean malas películas o que no sean disfrutables para las mujeres, en lo personal, las vi todas y me gustaron); por esto mismo resulta tan gratificante tener una historias de mujeres, por mujeres y para mujeres, porque tenemos tan pocas de este tipo y es esperanzador saber que puede existir espacio para ellas.

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© Sony Pictures

Con su adaptación de Little Women, Greta Gerwig crea un filme que inspira a seguir nuestros sueños y pasiones sin importar las dificultades y lo diferentes que sean a los de las demás, y sobre todo, a crear una historia y asumirla como propia, a poseerla y no dejar que los demás (la sociedad) tomen control de ella. Generaciones de mujeres se han visto inspiradas por la novela y creo que esta nueva adaptación servirá para llevarla a otras tantas (y ojalá también para que el público masculino le dé una oportunidad). La innovación en la manera de contar la historia y las modificaciones en la caracterización de ciertos personajes sirven para denunciar el trato injusto de la sociedad hacia las mujeres y para reforzar la idea de que la sororidad es el único camino para superar estas dificultades. Como dice Jo: “La vida es muy corta para enojarte con tus hermanas”. Una de las cosas que más apreció de esta adaptación es que me sentí como si tuviera nueve años y descubriera el libro por primera vez: me sentí acompañada, inspirada, fuerte.

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