Editorial XX: La verdad

Cuando pensaba sobre qué quería hablar durante este corto mes de febrero se me vinieron a la mente muchas cosas, pero sobre todo cosas que pensé qué me gustaría recomendar en este bonito espacio. Las personas que me conocen saben que tengo una gran obsesión con todo lo que tiene que ver con crimen, desde novelas de detectives hasta podcasts en donde las conductoras hablan de sus asesinatos favoritos. En los últimos años creo que he explotado el género y a veces me pregunto (y me preguntan) ¿por qué me gusta tanto este tipo de narraciones? Creo que mucho de ello tiene que ver con la satisfacción, aunque a veces no es así, de saber qué pasó, cómo pasó y en qué terminó. Mis momentos favoritos al leer novela negra es cuando todas las pequeñas pistas comienzan a cobrar sentido y sólo necesitas la pequeña confirmación de que esa persona lo hizo, de llegar a la verdad. Si bien a veces siento que ese placer de ver como todo cae en su lugar y hay respuestas a la mayoría de las dudas que me generan estas historias van en contra de mi profundo amor por el posmodernismo (que nos dice que las verdades absolutas no existen), no puedo evitar que mi forma favorita de relajarme sea sentirme detective cuando veo series de misterio.

Para este mes quisiera reflexionar formas en las que las narrativas muestran y esconden la verdad, pues parte de este placer es descubrir los pequeños o grandes engaños a los que nos someten cuando nos sumergimos en estas historias. Si bien todo parte de mundos construidos, es decir ficcionales en mayor o menor medida, creo que estamos acostumbrados a querer descubrir la verdad tanto dentro de la ficción como fuera de ella. El mundo en el que vivimos nos ha llevado a pensar que una explicación absoluta e irrefutable es la mejor que existe y entre menos dudas haya al respecto mejor. Por supuesto que es mucho más confortable, nos da seguridad y estabilidad. No importa cuanto nos duela en ocasiones enterarnos de la realidad es muy usual que estemos determinados a saberlo cueste lo que cueste. Descubrir que algo ha sido creado con el único fin de engañarnos puede ser un proceso divertido de descubrir o puede resultar en algo que nos abre los ojos ante algo que no queríamos ver.

Aunque ame este tipo de narrativas creo que aquellas donde la verdad no es la finalidad del producto son realmente interesantes y llamativas a pesar de la leve frustración que a veces me genera no tener una resolución cuando llega el final. He aprendido que la vida no es blanca o negra y que los matices al centro son igual de válidos que los extremos, no siempre necesitamos la explicación clara y detallada de un evento. Vladimir Nabokov dijo alguna vez que “todo gran escritor es un gran embustero, pero también lo es esa archi tramposa Naturaleza. La naturaleza siempre engaña … El escritor de ficción simplemente sigue la pauta de la Naturaleza” (Nabovok 5). El tema de este mes es la verdad, pero también todo lo que la compone y descompone. También dicen por ahí que una historia siempre tiene muchas versiones y en algún lugar de todas ellas existe, en un buen escenario, la verdad. En nuestra vida diaria, tomando en cuenta el país donde vivimos, parece ser que siempre estamos experimentando una farsa, nada parece ser certero ni auténtico. Tal vez por eso me gustan los mundos ficcionales o historias tan analizadas que siempre encuentran al culpable. 

 

Obras consultadas

Nabokov, Vladimir. “Good Readers and Good Writers”. Lectures on Literature. Harcourt, 1980.

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