“Empezará con el invierno”: la narración del Ragnarök en los Mitos Nórdicos (2017) de Neil Gaiman

En el libro Mitos Nórdicos (2017), el autor inglés Neil Gaiman hace un recuento de algunos de los relatos más emblemáticos de la mitología nórdica (como la creación del mundo o cuando Loki hace pasar a Thor como mujer para ayudarle a recuperar su martillo). En la introducción al libro, Gaiman dice haber recurrido principalmente a la Edda Poética y a la Edda en Prosa para seleccionar y adaptar esos relatos a un público contemporáneo, pero respetando las acciones, personajes y cronología de las narraciones de las Eddas. Gaiman expresa que “[e]spero haber relatado estas historias honestamente, pero hubo mucha alegría y creación al hacerlo. Ese es el goce de los mitos. La diversión viene de contarlos uno mismo” (16). En muchos sentidos, el libro de Gaiman no es un ejercicio de “reescritura” sino uno de re-contar las historias, no modificándolas completamente, pero agregando un poco de su cosecha para mantenerlas suficientemente novedosas. A fin de cuentas, una historia contada nunca será la misma dos veces. A partir de esto, quisiera utilizar el relato “Ragnarok: el destino final de los dioses” en el que Gaiman cuenta, precisamente, el final del mundo, pero también el inicio de uno nuevo, para analizar cómo el autor imbuye el relato con un aura de oralidad.

Muchos de nosotros hemos oído hablar del Ragnarok (o lo vimos en la película de Thor). Y éste es nada más y nada menos que la batalla final entre los dioses del Asgard y los gigantes liderados por Loki y sus hijos (algo así como el Avengers: Endgame nórdico). Sin embargo, en la mitología nórdica, el Ragnarök no ha pasado todavía.  En cuanto su narración llega al Ragnarök, tanto la profetisa de la Edda Poética como el narrador de la Edda en Prosa cambian el tiempo verbal del pasado al futuro, dando a entender que es algo que no ha ocurrido aún. El libro de Gaiman introduce el cambio del siguiente modo:

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Aquí, el cambio entre el pasado y el futuro está anunciado por el narrador, cosa que no ocurre en ninguna de las Eddas. Y es que, en el relato de Gaiman, el narrador se asume a sí mismo como tal a través del uso del “yo” (“hasta ahora [yo] les he contado…” “Ahora [yo] les contaré…”).[1] El narrador se responsabiliza tanto de las narrativas pasadas como de las venideras, al mismo tiempo que alude directamente a una audiencia (a un[a] lector[a] individual, quizá, pero el inglés original “you” también admite el plural “ustedes”).

Claramente, un narrador necesita una audiencia y, en ese sentido, hay un concepto de comunidad. Walter Benjamin expone en su ensayo “El Narrador”: “Un hombre que escucha una historia está en compañía del narrador; incluso un hombre leyendo una comparte esta compañía” (100). Sin embargo, podría argumentarse que la comunidad creada a través del relatar historias va más allá de la simple relación entre emisor y receptor de un mensaje. Existen relaciones también entre todos los emisores y todos los receptores del mismo mensaje y el inicio del relato de Gaiman lo hace evidente. Al asumirse como narrador del Ragnarök,  Gaiman se hermana no sólo con la profetisa de la Edda Poética (“Yo recuerdo gigantes nacidos en eras tempranas / que me alimentaron hace mucho tiempo; / Yo recuerdo nueve mundos, yo recuerdo nueve mujeres gigantes.” [Voluspa 2]) sino con aquellos narradores que contaron la historia antes de su escritura y los que contaron después. Asimismo, el lector al que Gaiman hace referencia se vuelve parte de toda la comunidad de receptores que han escuchado la historia: si el tiempo y el espacio los separan, el relato los une. Además, a través del relato, los receptores pueden convertirse a su vez en narradores. En la oralidad y en la escritura, todos los narradores fueron alguna vez receptores.

Relacionado con esto, volvemos al Ragnarok de Gaiman. No haré un recuento de lo que ocurre (pasan demasiadas cosas muy extrañas, muy rápido), pero sí diré que Gaiman relata el Ragnarok de un modo similar al narrador de la Edda en Prosa: utiliza el tiempo verbal futuro mientras adopta un tono épico y solemne, claramente necesario para narrar el fin de los tiempos y para deshacer el mundo que se había creado a partir de la narración. Sin embargo, para hacer suya la narración Gaiman no desaprovecha la oportunidad para adornarla con frases de carácter poético o gracioso, así como con diálogos que no existen en las Eddas, pero que ayudan a darle a su texto una riqueza literaria más contemporánea (y occidental). Por ejemplo, cuando Vidar (hijo de Odin) pelea con Fenrir (lobo-hijo de Loki), el primero logra sostener la quijada del segundo con un zapato hecho con “las piezas sobrantes que las personas desechan de los dedos y los talones cuando confeccionan sus zapatos” (Sturluson 73) y el narrador explica: “Así que aquellos que quieran ayudar a los Aesir deberá deshacerse de esas piezas extra” (73). En el relato de Gaiman se lee: 

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Gaiman, me parece, intenta crear una imagen divertida, al agregar la aclaración inicial (ausente en las Eddas) y hacer énfasis en los dos pies de Vidar. No es que Vidar tenga un pie más grande que el otro, que en sí no es risible (aunque sí va en contra de la concepción de “perfección” que tenemos regularmente de los dioses), sino que va por ahí en la vida con un zapato (mucho) más grande que el otro. De este modo, el narrador, aunque cuenta la misma historia, decide enfatizar este elemento para otorgarle una cualidad divertida al relato.

Por otra parte, como mencioné antes, también existen instancias poéticas y descriptivas que parten de la imaginación de Gaiman para resaltar la destrucción creada por el Ragnarok, para retratar el caos que reinará en el mundo cuando llegue la batalla de los dioses. Por ejemplo, cuando los gigantes van a la batalla terminan por romper el Bifrost (puente-arcoíris que une el cielo y la tierra) y el narrador de la Edda en Prosa lo relata tal cual: “Y mientras cabalgan cruzando el Bifrost, se romperá…” (Sturluson 72). Por su parte, Gaiman narra del siguiente modo:

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Este fragmento enfatiza la pérdida de la belleza (un temor vigente para el lector contemporáneo) de un mundo antes adornado por colores. Asimismo, para la cultura occidental el arcoíris es un símbolo de esperanza, por lo que su destrucción también representa la pérdida de la esperanza ante el fin del mundo. Gaiman hace constantemente aportaciones de este tipo a las narraciones Eddicas, dejando entrever su contexto de producción, pero también su interpretación de las obras. Así, se cumplen las palabras de Benjamin cuando dice: “Rastros del narrador se adhieren a la historia del mismo modo en el que las huellas del alfarero se adhieren a la vasija de barro” (92).

Por último, quisiera hablar brevemente sobre la relación entre el Ragnarok y el contar historias. Para el ser humano, pudiera ser que la muerte real sólo llega con el fin de la memoria; algo similar ocurre con las historias: “El narrar es siempre el arte de repetir historias, y este arte se pierde cuando las historias ya no se conservan” (Benjamin 91). Así, el Ragnarok suena terrible pues parece representar no sólo el final del mundo, sino el final de la memoria, de las historias del mundo. Sin embargo, aunque el Ragnarok culmina con la muerte de los dioses, también abre la puerta al inicio de un nuevo mundo:

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Es importante que lo primero que hagan los jóvenes dioses (que son los hijos de otros dioses) es sentarse a contar las historias del pasado. Con el fin del mundo, esa memoria se vuelve relatable, sus padres y sus hazañas se vuelven historias que pueden repetirse, una y otra vez, inaugurando así un ciclo temporal (el mundo renacido) y también narrativo. 

En su relato sobre el Ragnarok, Neil Gaiman se sitúa en su papel como narrador, como heredero de esos narradores de los primeros días, que se sentaban en las fogatas y en los comedores a contar historias de los héroes y del fin del mundo. A través de la repetición narrativa y de la adición estilística dentro de la narración, Gaiman logra acercarse a un discurso oral al mismo tiempo que actualiza y presenta los mitos nórdicos a un público contemporáneo sin modificarlos por completo, sin apropiarse de ellos enteramente, sino respetando una tradición oral lejana. Como dice Walter Benjamin: “La experiencia que se transmite de boca a boca es la fuente de la que todos los narradores han tomado. Y dentro de aquellos que han escrito los relatos, son los más grandes cuyas versiones escritas difieren menos del discurso de esa miríada de narradores anónimos” (84). En su libro sobre la mitología nórdica, Neil Gaiman se perfila como uno de los grandes narradores de nuestra época y nos recuerda que, dentro de cada uno de nosotros, hay un lector-receptor que es al mismo tiempo un narrador en potencia.

 

Notas:

[1] En español, el “yo” suele ser implícito en esta forma gramatical. La cita original en inglés utiliza el “yo” explicitamente: “Until now I have told you…”

*Todas las traducciones al español fueron hechas por el autor de la entrada.

 

Obras citadas:

Benjamin, Walter. “The Storyteller”. Illuminations. Trad. Harry Zohn. Nueva York: Schocken Books, 2007.

Gaiman, Neil. Norse Mythology. Nueva York: W. W. Norton & Company, 2017.

Sturluson, Snorri. The Prose Edda. Trad. Jesse L. Byock. Nueva York: Penguin, 2005.

The Poetic Edda. Trad. Carolyne Larrington. Oxford: Oxford University Press, 2014.

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