“Stucky”: una historia de amor y queerbaiting en el MCU

Hace exactamente un año, aquí en Inexistente, hablamos de héroes y villanos. La editorial, escrita por su servidor, giraba en torno a cuestionamientos acerca de lo que significa ser un héroe o un villano en los productos culturales contemporáneos, específicamente después del auge que el universo cinemático de Marvel trajo consigo en los último diez años. Justo en ese momento, y como lo ha seguido siendo desde entonces, mi mente no ha podido dejar de pensar en el caso particular de uno de los personajes que ─además de ser mi favoritos─ es uno de los más emblemáticos en todo el Universo Cinematográfico de Marvel (MCU, por sus siglas en inglés). Se trata del mismísimo, siempre intocable, Capitán América, personificado por el actor Chris Evans. Después de la primera entrega de su arco narrativo, Capitán América: el primer vengador (2011), la saga de Steve Rogers ha contado con dos secuelas directas ─Capitán America y el Soldado del Invierno (2014) y Capitán America: Civil War (2016)─ y por lo menos cuatro filmes más donde aparece como un personaje principal para la trama: The Avengers: los Vengadores (2012), Avengers: era de Ultrón (2015), Avengers: Infinity War (2018) y Avengers: Endgame (2019).[1] La historia del Capitán Rogers es bien sabida por todos: un joven escueto y flacucho se enlista en la milicia estadounidense para poder enfrentar a los nazis. Acto siguiente, le inyectan una solución que lo mejorará físicamente e intensificará su personalidad y así llega a convertirse en el Capitán que todos aman. Pero ese no es el punto.

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©Marvel Studios

En la primera entrega de la saga de Rogers, se nos muestra el origen de ese héroe nacionalista que busca justicia; pero con la presentación de los valores y la ética de Steve. También se nos presenta a uno de los personajes secundarios que marcan una motivación personal ─lejos del nacionalismo─ que ayudaría, en teoría y siguiendo la argumentación que se construye alrededor de Steve, a reconciliar la añoranza por el pasado perdido de éste con las posibilidades del presente en el que vive: James Buchanan “Bucky” Barnes, personificado por el actor Sebastian Stan. Hasta ahora, todo parece muy sincero, incluso en la película parece establecerse una relación bastante regular entre Steve y Bucky, una relación de amistad; pero es en el desarrollo de cuatro de las siete películas donde el Capitán es un personaje principal que las cosas ─la relación Steve/Bucky─ son dibujadas para que el centro de la atención de Steve Rogers vaya transmutando poco a poco de una añoranza por el tiempo perdido a la búsqueda y salvación de Bucky. Precisamente, es esta transmutación de lo que parecería ser una relación completamente platónica entre dos amigos heterosexuales a una relación que va más allá de los bordes de la heteronormatividad, rayando en una relación homoromántica, lo que hace que “Stucky”,[2] lejos del deseo cuirizante de los espectadores para que su relación se convirtiera en la primera relación homosexual canónica en el MCU, se convierta en un anzuelo para las audiencias cuir en su búsqueda constante de representación en el cine de Marvel contemporáneo.

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©Marvel Studios

Primero, este anzuelo al que me refiero es un término que coloquialmente ―y dentro de la teoría queer― se denomina como queerbaiting, que puede definirse como la acción de atraer audiencias cuir a ciertos productos culturales mediante la creación de tensión sexual o potenciales dinámicas homorománticas dentro del objeto en cuestión cuando en la mayoría de los casos presentados, dichas dinámicas no son a) explícitamente homorománticas, o b) aludidas o referenciadas explícitamente como tales.[3] Queda claro que en ningún momento de la primera entrega del Capitán América se diga explícitamente que tanto Steve como Bucky mantengan una relación afectiva más allá de la amistad que se tienen por haber crecido juntos. De eso no hay duda, pero lo que sí queda claro es que Steve queda bastante trastornado tanto por la guerra en la que se enfrentó como por la pérdida de “Bucky” en el expreso nazi. Es tal impacto que tiene la ─hasta ese momento─ aparente muerte de su amigo que, cuando se da cuenta en El Soldado del Invierno que éste es, precisamente, “Bucky”, Steve reconfigura todo su acercamiento a su actualidad porque aquello que había perdido está en posibilidad de ser recuperado; una oportunidad que, después de cien años, hace que conecte con su vida pasada, pero con el potencial de mantenerla en el presente.

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©Marvel Studios

El problema con este repentino deseo de salvar a “Bucky” e incorporarlo a la vida de Steve, es precisamente que se convierte únicamente en un deseo sin ningún tipo de anhelo verdadero para hacer a James parte de la vida del Capitán. Es decir, regresando al queerbaiting, parece que Marvel, en su constante deseo por cimentar un trasfondo heterosexual dentro del arco narrativo del Capitán América ─que refleje el ideal del hombre blanco estadounidense nacionalista─, utiliza el potencial descubrimiento de Steve Rogers como un hombre cuir para atraer tanto el dinero rosa como las audiencias cuir. Este deseo incesante del Capitán para salvar a James de la prisión mental en la que vive, no se queda únicamente en El Soldado del Invierno: llega a tal grado que Civil War se convierte en una búsqueda y salvaguarda de “Bucky”.

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©Marvel Studios

Sabemos bien de qué van las películas del Capitán América. En Civil War, una mitad del argumento del filme es que todos los Vengadores tienen que firmar los tratados de Socovia para salvaguardar la paz mundial, dividiendo a nuestros héroes en dos bandos: los que quieren ser monitoreados y los que no. Pero la otra mitad del argumento es, cómodamente, el resguardo de “Bucky” por parte del bando del Capitán para que Tony no lo mate (sic) por haber causado la muerte de sus padres (muerte que se llevó a cabo mientras James era una víctima del yugo nazi). Vuelven a recurrir a la historia de amor platónico entre Steve y “Bucky”, y, aun así, no se resuelve ese conflicto. El conflicto sigue incluso hasta Infinity War y Endgame.

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“Bucky” Barnes se convierte en un mártir tanto para la saga del Capitán América como para la audiencia debido a que nunca se le da el lugar de importancia que pretendía tener James en la historia de vida de Steve. Ya hacia el final de toda la Saga del Infinito, “Bucky” reaparece ya convertido en un hombre sano mental y físicamente, apto para retomar su vida, sólo para que se convierta, de nuevo, en una víctima de la opresión narrativa heteronormada de Marvel. En Infinity War se desvanece, junto con otros, y perpetúa su papel de mártir ─otra vez─ para el gran héroe que significa dentro de la saga el Capitán América.

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©Marvel Studios

Es increíble que la última palabra de “Bucky” fuera: “Steve?” Es increíble ―por decir lo menos― en primera porque, desde el punto de vista de la audiencia, existe, en ese justo momento, un acercamiento de zozobra y ansiedad por parte de “Bucky” hacia con Steve porque el primero no sabe qué le está sucediendo. Y en segunda porque, después de años de buscarlo, se encuentran y los dioses narratológicos los separan, de nuevo. Esta separación brusca y, ciertamente forzada, se replica en Endgame. Al final de la última entrega de Avengers, cuando todo regresa de nuevo a como era antes de Thanos, “Bucky” por fin regresa literal y metafóricamente. Literalmente en el sentido que reaparece corporalmente, y metafóricamente regresa con un semblante mucho más tranquilo, como si hubiera llegado ─después de estar tan exhausto─ a la paz interior que siempre buscó, pese a que Steve estuviera con él o no. Podría considerarse que este hubiera sido un “buen final” para la búsqueda incansable de “Bucky” por parte de Steve, pero temo aceptar que Endgame trajo consigo la última estocada, la última flecha que mataría a San Sebastián en alguna de sus representaciones pictóricas.

Todos estos momentos en que parece ser que Steve busca a “Bucky” por un sentimiento de amor irresoluto se van al olvido gracias a la inefable decisión que toma Steve. El Capitán América decide despedirse tan… fríamente con un: “Vas a estar bien, Buck” sólo para poder regresar con su amor heterosexual, Peggy Carter (Hayley Atwell), para vivir la vida que aparentemente siempre quiso, pero postergo por buscar y defender a “Bucky” todo ese tiempo. Y así termina el amor, como si nada hubiera pasado: Steve regresa al pasado de una línea temporal diferente a la suya, donde puede vivir con Peggy y un anciano Capitán le pasa la batuta a Falcon (Anthony Mackie).

Realmente y siendo completamente honesto, no hay ninguna resolución a este conflicto que creó Marvel para con sus personajes. Claro que las películas de superhéroes no tienen mucho más fondo que buscar entretener. Pero Marvel estuvo tan consciente de lo que estaba haciendo con Stucky que incluso Sebastian Stan hizo una referencia velada ─mediante su cuenta de Instagram─ al desenlace real y anticlimático que tuvieron Steve y “Bucky” en comparación con el que la audiencia quería para esta pareja. Lamentablemente, no queda más que utilizar esta grandiosa maniobra de las narrativas y los motivos que utiliza Marvel para diseccionar el alcance que la heteronorma tiene para la cultura popular. Seguramente ustedes mismes se han dado cuenta a lo que me refiero. Marvel está tan concentrado, conscientemente o no, en perpetuar estereotipos de género e ideales de la sexualidad humana que ellos mismos pintan, sin darse cuenta, un bosquejo que tiene todos los elementos para poder ser una increíble y vanguardista historia de amor entrelazada con una narrativa de acción. Este juego que mantuvieron por diez años no solamente se refleja en Steve y “Bucky”, también se refleja, en otros personajes como por ejemplo Gamora (Zoe Saldaña) y su muerte a manos de su abusador que disfrazan como un acto de amor; cuestión que se repite con la muerte de Black Widow (Scarlett Johansson). O el claro machismo con el que se desenvuelve Tony Stark (Robert Downey Jr.) del cual aparentemente nadie se da cuenta porque es rico y blanco y se sacrifica por todos.

Absolutamente todo tiene una razón de ser, y más en el cine, puesto que es un medio que se aprovecha de distintas disciplinas. Por ahora, no queda más que esperar que Marvel y los medios se den cuenta de que las audiencias no son estúpidas; y no solamente porque algo sea popular o accesible para cientos de miles de personas significa que deba ser falto de contenido y perpetuador de la opresión.

 

Notas:

[1] Todos sabemos de qué van las películas ―espero―, por lo que evitaré resumir las tramas a menos que se vaya necesitando a lo largo del análisis.

[2] El término Stucky significa la unión entre el nombre Steve (por Steve Rogers) y “Bucky” (por “Bucky” Barnes).

[3] Algunas definiciones de queerbaiting podrían ser las siguientes: “When people in the media (usually television/movies) add homoerotic tension between two characters to attract more liberal and queer viewers with the indication of them not ever getting together for real in the show/book/movie.” Y también: “When an author/director/etc. gives hints, and clever twists to paint a character as possibly being queer, to satisfy queer audiences, but never outright says they are so they can keep their heterosexual audience.” (urbandictionary.com)

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