Comedia y crecimiento personal en Emma. (2020)

Mi romance con las novelas de Jane Austen comenzó con una adaptación cinematográfica: cuando vi por primera vez el Pride & Prejudice (2005) de Joe Wright sin siquiera estar consciente de qué estaba basado en un libro. En un primer momento me cautivó la gran historia de amor entre Elizabeth Bennet y Mr. Darcy de tal forma que, desde el momento en que pude poner mis manos sobre una edición de bolsillo de la novela, se ha convertido en una de mis lecturas por lo menos bianuales y, sin duda, Jane Austen tiene su lugar entre mis escritoras favoritas. Por todo esto es que, desde que me enteré de que el 2020 nos traería una nueva adaptación de Emma (1815), también de Austen, decidí que sería un buen momento para releer la novela y esperar la película con grandes expectativas. Hace un par de meses, Little Women (2019) de Greta Gerwig nos recordó la relevancia actual de adaptar grandes clásicos escritos por mujeres y si bien Emma. (2020) es una película muy distinta, considero que existe en la misma línea que, al igual que la gran adaptación de Gerwig, enfatiza la importancia de contar estas historias en el cine.

Emma. explora el desarrollo intelectual y sentimental de su protagonista mediante la creación de una comedia que pone en tela de juicio la frivolidad y jerarquización de la sociedad inglesa de principios del siglo XIX, así como su injerencia sobre los futuros de las mujeres de las clases acomodadas. En esta entrada quisiera explorar cómo es que la adaptación aprovecha sus elementos cómicos para presentarnos a Emma (más que explicárnosla) a lo largo del año que cambiaría el rumbo de su vida y la sacaría del aislamiento en el que la sociedad la encasilló por ser una mujer con cierto estatus socioeconómico. Para ello, analizo algunos aspectos de la producción cinematográfica que, me parece, son claves para entender de qué manera la película está leyendo el Emma (1815) de Jane Austen a partir del estudio de su protagonista.

Emma. —el título de la adaptación incluye ese punto— es la opera prima de Autumn de Wilde, quien hasta ahora se había especializado en fotografía, además de haber realizado videos musicales. Eleanor Catton, escritora ganadora del Man Booker Prize en 2013, fue la guionista que adaptó la novela de Austen, con una banda sonora de Isobel Waller-Bridge, quien también compuso aquella de Fleabag (2016-2019). Me parece oportuno señalar que el trabajo artístico de la película —desde el diseño de arte, la interacción con la banda sonora y los vestuarios, entre otras cosas— contribuye a la creación de una atmósfera de ensueño digna de los espacios espléndidos de una novela de Jane Austen, con la característica distintiva de que mantiene la sensación de ser una película de época, mientras simultáneamente se le infunde una sensación de movimiento y vida muy contemporánea. Asimismo, considero que la película de de Wilde también hace guiños hacia ciertos elementos de una adaptación previa de Emma, la versión de 1996 dirigida por Douglas McGrath y protagonizada por Gwyneth Paltrow, lo cual establece una relación tripartita interesante entre una novela y dos de sus adaptaciones cinematográficas.

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© Working Title Films

En términos generales, Emma. es, antes que nada, una comedia de enredos sobre la protagonista del mismo nombre, Emma Woodhouse (Anya Taylor-Joy), y sus intentos (en gran medida frustrados) de ser la casamentera de su círculo social en la pequeña ciudad llamada Highbury, que la conducen a enamorarse en el proceso. Al inicio de la película aparece la siguiente cita: “Emma Woodhouse, bella, lista y rica, había vivido casi veintiún años en el mundo con muy poco que la afligiera o la molestara” (la traducción es mía). Esta oración, junto con el inicio de la novela, nos da la clave de lo que va a ser el personaje de Emma. Nuestra protagonista es una mujer joven, en edad casadera, que pertenece a una burbuja privilegiada del pueblo en donde vive. Al ser la hija menor de una familia adinerada, Emma clama no tener incentivos para casarse, ya que no necesita ascender socialmente ni obtener sustento económico —lo cual le concede gran privilegio inclusive en contraste con las otras heroínas de las novelas de Jane Austen—. 

Si Emma peca de algo, es de ser vanidosa, pero de una vanidad que no radica tanto en las apariencias físicas sino en una conciencia de una supuesta superioridad intelectual-moral aunada a su situación de privilegio socioeconómico dentro de la jerarquía del pueblo. Es cierto que la culpa de este defecto no racae únicamente en Emma misma, sino en la forma en que las personas a su alrededor la idolatran, al punto en que no le encuentran defecto —como sería el caso de su padre, Mr. Woodhouse (Bill Nighy), o de la que era su institutriz, Mrs. Weston (Gemma Whelan)— o están tan preocupados por agrandar su propia imagen que se comparan con Emma al punto de verse ridículos —como notablemente ocurre con el matrimonio Elton (Josh O’Connor y Tanya Reynolds). El aspecto cómico de la película aflora en las interacciones —a veces afortunadas, egocéntricas al punto del ridículo o vergonzosas— entre Emma y el resto de sus conocidos. En este punto me parece particularmente notable la selección del reparto para Mr. Woodhouse, Mr. y Mrs. Elton, y Miss Bates (Miranda Hart); son ellos quienes principalmente mantienen el tono cómico de la película con actuaciones que encarnan a sus personajes de manera acertada e hilarante.

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© Working Title Films

Al principio de la entrada mencioné que Emma. más que explicarnos a su protagonista, nos la presenta. Considero que esto tiene que ver principalmente con dos cosas. Por un lado, con el gran acierto que fue Taylor-Joy para encarnar a Emma debido a las formas en que su expresiones faciales nos revelan mucho sobre los pensamientos y estados de ánimo de Emma sin necesidad de dar otras explicaciones verbales al respecto —por ejemplo, podemos ver su molestia cuando Miss Bates se le acerca para parlotear sin fin sobre la ocurrencia del día, o su desagrado hacia Jane Fairfax (Amber Anderson) contenido en una mirada—. Por otro lado, las decisiones cinematográficas alrededor de cómo se nos presenta Emma asemejan una introducción in medias res (en medio de la historia) al espacio privado de su casa e, inclusive, de sus pensamientos. 

Me parece que estos dos aspectos de la caracterización de Emma, aunados al registro cómico que permea varias de las escenas, son clave para la interpretación de que hace la versión de Wilde de la novela de Jane Austen. Emma es el foco principal de la atención de la cámara —y la nuestra— a lo largo de la película y, por consiguiente, su aislamiento se hace más palpable. Este aislamiento se manifiesta, en primera instancia, de manera literal en lo amplio que es Hartfield para acoger únicamente a Emma y a Mr. Woodhouse. El segundo tipo de aislamiento que se presenta, y el que me interesa, es más bien figurativo: Emma se ubica, o la ubican, por encima de todos quienes la rodean, ya sea por jerarquía social o por la idolatría de la que hablé anteriormente. Estar por encima de todos implica estar sola en esa cima aparente. Sin embargo, al principio de la película Emma parece defender a toda costa ese espacio de superioridad, por lo que todos sus intentos por entablar relaciones de amistad o convivencia parecen artificiosos y aparentan tener como único propósito enaltecer el ego de Emma. Pensemos en el caso de Harriet Smith (Mia Goth), quien, pese a tener una edad similar, todo se muestra ansiosa por complacer a Emma todo el tiempo y parece adoptar el rol de una madrina más que el de una amiga. Este deseo de complacencia y aspiración ocurre a tal grado que rechaza una propuesta de matrimonio porque su “amiga” no la considera lo suficientemente ventajosa para Harriet.

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© Working Title Films

La gran tragedia de Emma no radica tanto en su triste carrera como casamentera, sino en que sucumbe ante su vanidad intelectual y termina por herir a por lo menos dos de sus supuestas amigas —a Harriet, a raíz de esa oferta rechazada, y a Miss Bates, principalmente— debido a su incapacidad de entablar relaciones realmente horizontales. No obstante, Emma. nos recuerda que su protagonista no está realmente sola en esa cima de superioridad, real o adjudicada, sino que tiene a Mr. Knightley (Johnny Flynn) para acompañarla en su camino, no sin hacerle saber, sin escrúpulos, cuáles son sus fallas. Mr. Knightley es un terrateniente adinerado, vecino y amigo de los Woodhouse, además de ser cuñado de Emma. En la novela de Jane Austen, Mr. Knightley se yergue como una suerte de guía moral contra la que Emma se intenta medir, es la figura del perfecto caballero de la época que finalmente revela su gran atracción hacia Emma en el momento en que a ella le hubiera parecido más improbable. Emma eventualmente se da cuenta de que siempre le ha sido fundamental que Mr. Knightley tenga una buena opinión de ella, además de ser la única persona cuya opinión realmente tiene peso porque se encuentra en esa misma cima; esa conciencia se vuelve la catalizadora de su crecimiento como persona.

En Emma., la actuación cálida y considerada de Johnny Flynn, junto con su apariencia desaliñada pero sin parecer descuidada, le concede aún más humanidad a Mr. Knightley y resalta su faceta como pretendiente improbable, pero muy adecuado, de Emma. Él es prácticamente el único personaje que se encuentra a su nivel, igualmente por inteligencia, estatus y sentido común. La película nos da una pista de esa horizontalidad casi desde el principio, al mostrarnos secuencias de Emma y Mr. Knightley en sus respectivas casas alistándose para el día, escenas que también nos conceden el privilegio de ver a los personajes en situaciones cotidianas que demuestran cierta vulnerabilidad. Esa horizontalidad también se refleja en la forma en que tanto Emma como Mr. Knightley también son víctimas de la comedia de enredos y no admiten su amor el uno por el otro hasta que todo parece perdido. A lo largo de la película se pueden observar varias ocasiones en que, de manera sutil, las expresiones de ambos actores traicionan el raciocinio de sus personajes y nos dejan ver que su atracción mutua se venía gestando desde el inicio de todo. Esta pequeña ironía entre lo que la audiencia ve y lo que los personajes piensan en su momento contribuye a la comedia, a los enredos y a la profundización de ambos personajes.

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© Working Title Films

Emma debe pasar por un periodo de resarcimiento de los problemas en los que se metió a sí misma y a su círculo social antes de poder dar fin a los teléfonos descompuestos que parecieran quererla alejar de Mr. Knightley. Antes de su reencuentro con él y de la declaración eventual de sus sentimientos, la protagonista estaba más sola que nunca en su camino de arrepentimiento, puesto que los demás insisten en negarse a ver las fallas que cometió, a excepción de las personas directamente afectadas por ella. Sólo Mr. Knightley las ve y se las echa en cara, pero quizá sea por eso que es el único que le puede ayudar a verdaderamente desarrollarse como persona. Hacia el final de la película hay una escena en donde Mr. Knightley y Emma tienen una conversación personal dentro de la sala de la casa, separados de Mr. Woodhouse sólo por un biombo puesto en medio con el frío como excusa. Me parece que ese pequeño detalle de la creación de un espacio sólo para ellos dentro de Hartfield, y en la presencia del padre de Emma, es una representación metafórica del nuevo camino que se abre para Emma con su relación con Mr. Knightley: esta relación horizontal le permitirá tener un refugio de las irreverencias del entorno que los rodea y, con ello, asegurar la continuación de su proceso de maduración sentimental y racional.

Me gustaría concluir esta entrada con una breve consideración sobre la importancia de la puntación del título de la película. Creo que en Emma. Autumn de Wilde decidió que la historia que tenía que contar era la del desarrollo de su protagonista, de sus conflictos internos, y sus vicios de carácter; es decir, decidió hacer una lectura de Emma de Jane Austen en la que el foco principal eran las distintas dimensiones de Emma. La riqueza del mundo que Emma habita contribuye al desarrollo de sus conflictos internos, pero, en última instancia, lo que adquiere importancia es ese espacio intangible en el que ella finalmente puede crecer. Emma. es una película con una estructura muy circular, pero en la que no podría haber dos Emmas más distintas que la de los primeros minutos y la de los últimos. Esta adaptación cinematográfica supo reconocer que la comedia puede llegar a ser el género más serio de todos por la forma en que sutil o no tan sutilmente revela las virtudes y vicios de los personajes mientras se preocupa por el desarrollo del carácter de su protagonista en un entorno socialmente restrictivo. Emma. nos permite volver a interactuar con la novela de Jane Austen y recordar, una vez más, la astucia con la que la autora entretejía sus historias.

Referencias:

Wilde, Autumn de, dir. Emma. Working Title Films, 2020.

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