Tecnofilias: la relación humano-tecnología en Ella (2013) de Spike Jonze y “Vuelvo enseguida” (2013) de Black Mirror

Hoy en día casi todo el mundo tiene un smartphone, las computadoras se están convirtiendo en parte esencial de nuestras vidas diarias y precisamente en estos días de encierro, la tecnología nos ha ayudado a mantenernos conectados con nuestros seres queridos y con esos tuiteros empedernidos que odian absolutamente todo. Es indudable que el creciente desarrollo de la tecnología de uso diario durante el siglo XXI ha afectado el modo en el que los humanos interactuamos entre nosotros; aún más, la relación que tenemos con los electrónicos también se ha modificado significativamente. La tecnología se adapta para satisfacer las necesidades de la sociedad (y, regularmente, simplificar una tarea), pero también nosotros nos adaptamos a la tecnología y su constante evolución. Se da, entre ambas partes, una interdependencia casi simbiótica.

Algunas obras audiovisuales recientes han explorado esta inderdependencia, partiendo desde un funcionamiento cienciaficcional para reflexionar sobre nuestra realidad inmediata. En este artículo me interesa hablar de dos obras en especial. Primero, el filme de Spike Jonze, Ella (2013), que muestra la historia de Theodore Twombly (Joaquín Phoenix) y su romance con Samantha, su Sistema Operativo. Segundo, el capítulo “Vuelvo enseguida”, de la serie Black Mirror, en el que una joven llamada Martha (Hayley Atwell) busca sustituir a su recién fallecido esposo Ash (Domhnall Gleeson) con una versión programada del mismo. Ambas obras audiovisuales presentan una literalización del término “tecnofilia”, puesto que los humanos se convierten en “amantes” de innovaciones tecnológicas. Las dos obras nos sirven como punto de partida para reflexionar, por una parte, sobre cómo nos relacionamos con la tecnología y, por otra, sobre las nociones de corporalidad y realidad. Más aún, al centrarse en relaciones amorosas con ese Otro tecnológico, nos obligan a cuestionar la diferencia ontológica entre seres orgánicos e informáticos.

Desde los primeros cuadros de cada obra ya es evidente la relación humano-máquina, y el tema de la tecnofilia se va cimentando a través de recursos cinematográficos. En “Vuelvo enseguida” la escena inicial nos muestra a un auto llegando a una gasolinera. Es una noche lluviosa y la cámara nos muestra a Ash dentro del vehículo, seguro y seco, mirando sus redes sociales en su smartphone (como algunas personas, imagino, estarán leyendo este artículo) mientras una voz en la radio del auto anuncia: “Las exitosas pruebas con piel sintética inteligente apuntan a ayudar a que múltiples amputados vuelvan a caminar” (Brooker, Black Mirror). De este modo, se introduce indirectamente la piel sintética inteligente que más tarde encarnará el Ash artificial y que servirá como novum[1] del capítulo. Asimismo, esta tecnología refleja la fragilidad del cuerpo humano, el cuál debe ser complementado por una parte tecnológica para poder funcionar propiamente: como si los humanos se convirtieran poco a poco en máquinas.

ezgif.com-video-to-gif
©Endemol Shine UK

Esta corta escena introduce la tecnofilia de un personaje que más tarde se verá suplantado por esa tecnología. Ash está tan inmerso en su experiencia virtual que no se da cuenta de que Martha lo espera bajo la lluvia, fuera del auto y quemándose las manos con el café, y más tarde, mientras ella le habla, él no puede despegar la vista de la pantalla. Toda esta escena crea ya una distinción entre ambos seres orgánicos: Ash es un ser más interesado por su vida virtual que por su realidad inmediata, mientras que la lluvia y el calor afectan sólo a Martha, dándole a ésta una dimensión sensorial (y por ende corporal) de la que carece su esposo.

Por otra parte, la película Ella comienza con un primer plano de la cara de Theodore. Esta toma lo establece casi inmediatamente como humano: habita una corporeidad que sin embargo, puede definirse como imperfecta pues sus gafas implican una visión no tan funcional (y quién ha oído hablar de una máquina que necesite lentes). Conforme avanza la escena aprendemos, mediante un cambio de toma (él fuera de foco, la pantalla del ordenador detrás pero muy clara), que el protagonista le dicta una carta de amor a la computadora. Esta introducción es bastante creativa: el personaje le habla de amor a una máquina (presagiando así su relación con Samantha) pero, a medida que él sale del cuadro y la fotografía de la pareja entra, el espectador toma conciencia del carácter solitario de Theodore. Además, dado que la máquina es su herramienta principal de trabajo, la escena también enuncia la dependencia tecnológica del personaje.

ezgif.com-video-to-gif (1)
©Warner Bros. Pictures

Unas tomas después, se nos muestra gradualmente la oficina en la que Theodore trabaja: una decena de personas sentadas frente al ordenador, hablándole. Más tarde, mientras Theodore cruza la ciudad hablando con su Sistema Operativo programado se muestra que todos en la calle caminan solos mientras hablan con sus dispositivos. Justo como Ash ignora a Martha al comienzo del episodio de Black Mirror, la tecnología aliena al personaje de su realidad inmediata.

Anexo 3. Foto 1. Ella
©Warner Bros. Pictures

Hasta aquí ambas obras bien podrían estar situadas en nuestra realidad empírica y, de ese modo, podemos relacionarnos con los personajes y la forma en que éstos interactúan con la tecnología que tienen a la mano. Pero, más tarde en la trama de ambas obras, los nova aparecen de lleno y le dan la vuelta a las situaciones de los protagonistas. En “Vuelvo enseguida” el novum es un software capaz de replicar (primero virtual, pero luego físicamente) a un ser humano; mientras que en Ella es un Sistema Operativo con inteligencia artificial. El primer acercamiento a esta Otredad digital es gradual y en ambas obras esa sensación de extrañamiento es bastante relevante respecto a la corporalidad y relación de los protagonistas.

En Ella, Theodore se entera de la existencia del OS1 gracias a un anuncio que escucha al pasar y que dice:

Te hacemos una sencilla pregunta: ¿Quién eres? ¿Quién puedes ser? ¿A dónde vas? ¿Qué hay allá afuera? ¿Cuáles son las posibilidades? En Software Element nos enorgullecemos de presentar el primer sistema operativo con inteligencia artificial; una entidad intuitiva que te escucha, te entiende y te conoce. No es sólo un sistema operativo. Es una conciencia.

Las preguntas retóricas y existencialistas del anuncio aluden a una de las grandes cuestiones de la Ciencia Ficción: ¿qué nos hace humanos? En el anuncio, se alude al hecho de que la consciencia es parte esencial de la humanidad y, en ese sentido, se compara al OS1 con una persona. Por otra parte, la luz que deslumbra a los humanos en el anuncio hace eco con la primera carta que Theodore le dicta a la computadora (“…de pronto esta luz brillante me pegó y me despertó. Esa luz eras tú”). Si bien la luz en la carta hace referencia a una pareja, esta revelación lumínica también podría aplicarse a cómo Samantha entra a la vida de Theodore, a través de la luz de la pantalla. La luz sirve aquí como una metáfora que representa tanto la idea de amor como la de tecnología, en el que ambas se postulan como una baliza que los humanos necesitan para vivir.

ezgif.com-video-to-gif (2)
©Warner Bros. Pictures

Cuando Theodore enciende el OS1 en su computadora, el programa habla con una voz neutral y electrónica, al mismo tiempo que la cámara encuadra tanto a Theodore como a su ordenador, poniéndolos frente a frente. Para dar inicio a la configuración, el OS1 comienza a hacerle preguntas al protagonista: “¿Eres social o antisocial?” “¿Te gustaría que tu OS tenga voz masculina o femenina?” “¿Cómo describirías tu relación con tu madre?”(Jonze, Ella).[2] La computadora necesita comprender a Theodore para ofrecerle una experiencia personalizada pero es tan inteligente que no necesita respuestas completas. A medida que termina la configuración, la cámara se acerca poco a poco a la pantalla con un crescendo en la música que llega a su clímax cuando, finalmente, Samanta dice “Hola”.[3] Durante el resto de la conversación, la computadora (el hardware) sale del cuadro, dejando al espectador sólo con la voz de Samantha. Ya que la tecnología la asociamos regularmente a su hardware, me parece relevante que éste desaparezca de escena, representando así la falta de corporalidad de Samantha y su naturaleza etérea. Justo como había establecido el anuncio, Samantha no se presenta como un “programa” sino como una consciencia.

El sonido de la voz de Samantha es realmente natural y el protagonista, extrañado, le dice: “¡Es muy raro! … Pareces una persona, pero eres sólo una voz en un ordenador”. A esto, ella responde: “Puedo entender cómo la perspectiva limitada de una mente no-artificial podría percibirlo de ese modo. Te acostumbrarás” (Jonze, Ella). Si Theodore la llama una “computadora”, Samantha se refiere a él como una mente no-artificial limitada, defendiendo su propia habilidad para pensar. Ambos personajes establecen desde el inicio una diferencia y una distancia entre ellos, cada uno construyendo al otro como la alteridad, como esa Otredad que resulta ser siempre elaborada desde una cierta perspectiva.

Por otra parte, el episodio de Black Mirror muestra un tipo de encuentro bastante distinto. Primero, el software de “Vuelvo enseguida” no es una inteligencia artificial, sino un programa que funciona a partir de la imitación: “Es software. Imita. Le das el nombre de alguien y va y lee todas las cosas que esa persona dijo alguna vez en línea, sus publicaciones en Facebook, sus tuits; cualquier cosa pública” (Brooker, “Vuelvo enseguida”). Por ello, el Ash virtual nunca pierde su parte electrónica: siempre hay un dispositivo que lo contiene, una interfaz a través de la cual interactúa con el usuario, ya sea una computadora, un celular, o un cuerpo sintético.[4]

De ese modo, cuando el Ash virtual finalmente habita un cuerpo se evoca una sensación de lo siniestro (en términos freudianos) tanto en la protagonista como en el espectador. Para Freud, los siniestro emana cuando “las cosas familiares pueden tornarse siniestras, espantosas” (2) y viceversa. Particularmente, Freud explora aquello que E. Jentsch destacaba como siniestro “la duda de que un ser aparentemente animado, sea en efecto viviente; y a la inversa: de que un objeto sin vida esté en alguna forma animado” (5). “Vuelvo enseguida” precisamente nos presenta con un ser inorgánico que parece estar lleno de vida y que, peor aún, funciona como el doble inhumano de una persona fallecida. Por ello Martha no se quiere acercar a él cuando lo encuentra por primera vez y se queda en estado de shock.

ezgif.com-video-to-gif (3)
©Endemol Shine UK

Más tarde, Martha le dice a Ash: “Te ves bien. Quiero decir, te ves como él en un buen día.” A lo que él responde: “Las fotos que conservamos tienden a ser halagadoras.” (Brooker, “Vuelvo enseguida”). En ese sentido, ya que el software funciona como una materialización de la presencia virtual del Ash real, el episodio también logra abordar la naturaleza selectiva de las publicaciones que realizamos en las redes sociales, la imagen que creamos de nosotros para que los demás la vean y que no necesariamente corresponde a la imagen que proyectamos en carne y hueso. Las respuestas verbales del Ash sintético están definidas por esas publicaciones; pero también sus reacciones físicas y emocionales. Estas últimas, más personales, no siempre se encuentran guardadas en redes sociales, por lo que el Ash virtual resulta imperfecto y se siente, precisamente, sintético.

En este caso, el cuerpo que el Ash virtual habita no lo hace más humano. Quizá incluso lo haga más extraño, pues al menos en su forma textual o telefónica podía mantener una ilusión de ausencia y distancia respecto a Martha, como si fuera una persona que se encuentra lejos. Pareciera entonces que “Vuelvo enseguida” llega a una conclusión cartesiana: la humanidad radica en el pensamiento. Pienso, luego existo. Por otro lado, en Ella, Samantha es perfectamente capaz de mostrar emociones y pensamientos no programados ni miméticos, aún si carece de cuerpo. Es esa falta de cuerpo lo que la distingue de la humanidad, como ella misma explica: “Solía estar muy preocupada por no tener un cuerpo pero ahora me encanta. … No estoy sujeta al tiempo y al espacio del modo en que estaría si estuviera atorada en un cuerpo que morirá eventualmente ” (Jonze, Ella). Entonces, en Ella es precisamente la corporalidad y nuestra consciencia de la muerte la que nos distingue de otras entidades pensantes. Tenemos ambas caras de la moneda. Si la humanidad no se distingue por su cuerpo ni por su pensamiento ¿podríamos decir que es precisamente el encuentro entre ambos lo que nos hacer ser humanos, seres de pensamiento ilimitado en cuerpos finitos?

Al final de ambas obras, se da una separación entre los protagonistas. Parece ser que cuando las computadoras adquieren características humanas se vuelve difícil lidiar con ellas. En “Vuelvo enseguida” la razón para ello es lo siniestro de la situación: el software encarnado no es sólo una computadora con un cuerpo humano, sino que se asemeja a una persona que se supone ha dejado de existir. La réplica debería actuar como el Ash orgánico y, en cierto sentido, reemplazarlo, pero no es capaz de hacerlo: se revela como un simple androide programado para seguir órdenes y, de ese modo, pierde todo el rastro de humanidad que su cuerpo hiperrealista parecía otorgarle. Al final del episodio, la cosa se vuelve aún más siniestra puesto que su presencia se normaliza al mismo tiempo que se oculta: el androide habita en el ático, donde probablemente se mantiene inerte la mayor parte del tiempo, vivo y muerto al mismo tiempo.

Por otra parte, la inteligencia artificial de Samantha parece incluso sobrepasar las capacidades humanas, puesto que nosotros como seres orgánicos estamos siempre sujetos a la materialidad y límites de nuestro cuerpo. Junto con el resto de los Sistemas Operativos, Samantha huye de los humanos para “vivir” en paz en algún lugar virtual. Claro, en un nivel superficial Theodore pierde el amor que tanto bien le había hecho (dos veces, además: primero el de Catherine y luego el de Samantha), pero en un nivel un poco más profundo, se presenta la cuestión de qué tan dueños y señores somos de las cosas que creamos: si el ser humano alguna vez concreta la existencia de un ser pensante, ¿cuánto tiempo pasará antes de que se canse de nuestro antropocentrismo?

Quisiera concluir con una reflexión rápida. Precisamente ahora durante la contingencia del COVID-19, nos hallamos en una situación extraña. Nuestros conocidos se manifiestan como imágenes a través de las pantallas y como voces a través de bocinas y auriculares. Hoy en día es la tecnología la que nos ha mantenido en comunicación con el resto de la sociedad, la que nos ha permitido reconocer al otro a través de la distancia. Pero en nuestra realidad inmediata, la tecnología es un medio para interactuar, una interfaz programable y no una entidad pensante. Cuando todo esto termine no debemos olvidar que detrás de las pantallas y los cables hay personas de carne y hueso, con un cuerpo que siente y una gama de emociones coloridas y genuinas.

Bibliografía:

Freud, Sigmund. Sigmund Freud: Obras completas. Librodot. Disponible en: https://www.ucm.es/data/cont/docs/119-2014-02-23-Freud.LoSiniestro.pdf

Suvin, Darko. Metamorphoses of Science Fiction: On the Poetics and History of a Literary Genre. Yale University Press, 1979.

Filmografía:

Ella. Dir. Spike Jonze. Annapurna Pictures, 2013. Warner Bros. Pictures, DVD.

“Vuelvo Enseguida”. Black Mirror. Dir. Owen Harris. Zeppotron, 2013. Netflix, Streaming

 

Notas:

[1]El teórico Darko Suvin propone la idea del novum como uno de los pilares de la ciencia ficción y lo define como “un fenómeno o relación totalizante que se desvía de la norma de realidad del autor y del lector implícito … [el novum] conlleva un cambio en el universo entero del relato, o al menos en aspectos crucialmente relevantes del mismo” (Suvin 64).

[2] Este es un guiño al examen de Voigt-Kampf del Blade Runner de Ridley Scott, en el que el androide Leon le dispara al agente luego de que le pregunta sobre su madre. Aquí se da una inversión, porque en Ella es la computadora la que hace la pregunta y Theodore comienza a hablar sobre su madre como respuesta.

[3] Esto es reminiscente de la legendaria presentación de la Macintosh de Apple en 1984, en la que la computadora debía saludar al público con un “Hola” en pantalla.

[4] En Ella también siempre hay un hardware, pero como dije anteriormente, el filme trata de invisibilizarlo.

Deja un comentario

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión /  Cambiar )

Google photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google. Cerrar sesión /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión /  Cambiar )

Conectando a %s