El ingreso a la esfera de lo “masculino” en Death Comes to Pemberley (2011) de P. D. James

En estos meses de tanta incertidumbre he encontrado un refugio en los textos de Jane Austen, escritos hace más de dos siglos. Más allá de los gustos personales —no puedo negar que releo Pride and Prejudice (1813) por lo menos una vez cada año y medio, y que siempre me divierte muchísimo—, una pregunta que ronda mi cabeza al adentrarme tanto en sus novelas como en sus múltiples (y diversas) adaptaciones es: ¿qué hay en sus obras que siguen capturando nuestra atención desde entonces hasta ahora? Una respuesta cliché sería ese comentario abstracto y (supuestamente) muy perspicaz de que “los grandes autores logran capturar la esencia humana en sus obras” (lo que sea que eso signifique) y que, por eso, “los grandes clásicos no mueren”. No habría manera de dar una respuesta exhaustiva a esta pregunta compleja en este texto, pero sí me gustaría poner sobre la mesa una idea: quizá, al menos en el caso de Jane Austen, sus obras prevalecen porque las nuevas generaciones seguimos creando significados culturales y personales a partir de sus textos, lo cual asegura su prevalencia a lo largo del tiempo. Otra pregunta que deriva de esto sería: ¿de qué manera es que se pueden generar nuevos significados a partir de un texto de inicios del siglo XIX? Aquí, lo que me gustaría proponerles es que las adaptaciones juegan un papel muy importante ya que requieren de una reinterpretación idiosincrática del material de “base” para poder trasladar las historias a una audiencia contemporánea. 

La belleza de una adaptación es la versatilidad que presupone para nuevos creadores. Personalmente, disfruto cómo las adaptaciones se apropian del material que con el que trabajan y producen una nueva obra artística —claro que una adaptación arriesgada no es automáticamente buena, pero lo importante es atreverse a divertirse un poco con el material—. En esta tónica, me gustaría hablar de Death Comes to Pemberley, de P. D. James (también una autora inglesa), que usualmente se describe como una secuela del Pride and Prejudice de Austen. La novela de Austen sigue las desventuras de Elizabeth Bennet y sus cuatro hermanas en edad “casadera” mientras, cada una a su manera, lidian con el hecho de que, al fallecer su padre, toda la fortuna familiar caerá en manos de un primo lejano. Elizabeth Bennet asegura que preferiría morir soltera a casarse sin amor, pero para el final de la novela asegura un futuro próspero y feliz con Mr. Darcy, un hombre joven y convenientemente adinerado, pese a que las primeras impresiones de ambos no fueran favorables en lo absoluto. Death Comes to Pemberley inicia seis años después del final de Pride and Prejudice, con Elizabeth Darcy viviendo y dirigiendo Pemberley junto con su esposo, rodeada de amigos cercanos. Sin embargo, su tranquilidad se ve perturbada cuando ocurre un asesinato en la propiedad y Pemberley se ve inmiscuido en una investigación criminal —notemos que P. D. James se hizo muy conocida por sus novelas policiacas, por lo que ese giro detectivesco tiene varios precedentes en su obra—.

En esta entrada me gustaría analizar Death Comes to Pemberley en términos de lo que logra hacer una adaptación con su material de base. Por un lado, la novela es una ampliación creativa sobre el porvenir de los personajes tras el fin de la novela de Austen; por otro, nos invita a repensar la novela de Austen desde la perspectiva de Darcy, adentrándonos en las esferas de lo “masculino” y lo jurídico a partir de la trama detectivesca. Quisiera enfocarme en la decisión de usar esta trama detectivesca como catalizadora de una reevaluación de Mr. Darcy y los fantasmas de su pasado. En ese sentido, propongo que Death Comes to Pemberley, además de ampliar Pride and Prejudice, nos ofrece una reescritura de la novela de Austen cuando, tras sacarnos de las esferas de lo doméstico —siempre asociado a lo femenino— en las que se enfocan sus textos, nos permite acercarnos a la introspección de Mr. Darcy sobre los eventos ocurridos en Pride and Prejudice

Lo primero que hay que notar es que Death Comes to Pemberley se une con Pride and Prejudice de manera muy orgánica. El prólogo de la novela recuenta a grandes rasgos los eventos transcurridos en el texto de Austen y los enlaza con la creación de P. D. James sobre sus vidas seis años después de los hechos. A mi parecer, el inicio de Death Comes to Pemberley satisface las expectativas de lo que las lectoras de Austen pudiéramos haberle deseado a Elizabeth: Mr. y Mrs. Darcy tienen un buen matrimonio y dos hijos, además de que Elizabeth tiene a disposición toda la biblioteca de Pemberley y la libertad económica e intelectual que viene de ser la señora de la casa. La familia Darcy —Elizabeth, Mr. Darcy y su hermana, Georgiana— está en las vísperas del baile anual en honor a la madre de Darcy cuando la novela toma un giro más oscuro. Tras la cena con amigos cercanos a la familia —entre los que se encuentran los Bingley y el coronel Fitzwilliam—, un carruaje desenfrenado les trae una Lydia Wickham, hermana de Elizabeth y Jane Bingley, en pánico total, clamando que su esposo, Mr. Wickham, está muerto. Pronto sale una expedición a corroborar la historia de Lydia y, en caso de ser necesario, ayudar a los involucrados. Lo que encuentran altera el curso de las vidas de los habitantes de Pemberley: George Wickham, ebrio y lleno de sangre sobre el cadáver del que era su amigo, el capitán Denny, diciendo que “¡era mi amigo, mi único amigo, y lo maté! ¡Oh, Dios, Denny está muerto! ¡Lo maté! Es mi culpa” (James, 68). Dado que el asesinato ocurrió dentro del terreno de Pemberley, se convierte en el escenario reticente del proceso jurídico del que dependerá la vida de Mr. Wickham.

Death Comes to Pemberley se convierte en una novela detectivesca un tanto peculiar ya que ningún personaje funge, como tal, como el detective, ni hay un contacto importante con quienes llevan el caso contra Mr. Wickham como el único sospechoso del crimen. Más bien, se abordan las peripecias de la familia Darcy mientras se llevan a cabo los procesos legales del arresto y juicio de Wickham. Asimismo, la narrativa se va centrando, paulatinamente, en Mr. Darcy y su involucramiento en la esfera jurídica en su papeles como el señor de Pemberley y como el concuño de Wickham tras el matrimonio de ambos. Este involucramiento le produce una serie de conflictos a Darcy, ya que, como se plantea en Pride and Prejudice, le tiene un desagrado que casi se torna en odio a Wickham por su desfachatez en el pasado: 

PD James_Cita de bloque 1

Me tomaré un momento para recapitular brevemente esta enemistad para que el conflicto de Darcy, como se plantea en la novela de James, sea más claro: Wickham era el ahijado del padre de Darcy, quien le deja una herencia substancial por su cercanía a la familia Wickham; sin embargo, rápidamente gasta la herencia y contacta a Darcy reclamando más, a lo que éste se niega, por lo que Wickham idea un plan para convencer a Georgiana de que se fugue con él, para asegurar su matrimonio (y todo su dinero) en pos de preservar la dignidad de la heredera de Pemberley; Darcy descubre todo y frustra los planes de Wickham, por lo que éste lo resiente y, tiempo después, intenta ensañar a Elizabeth en contra de Darcy —que bien sabemos que al final no lo logra—. Eventualmente Wickham, siempre con la intención de acrecentar su fortuna, se casa escandalosamente con Lydia Bennet, la hermana más chica de Elizabeth, y Darcy y él se vuelven familia por matrimonio, a displicencia de Darcy. La importancia del conocimiento previo de las relaciones y tensiones entre los personajes resalta la relación que se establece entre el texto de Austen y el de James.

Las novelas de Jane Austen usualmente se enfocan en las esferas domésticas y en cómo la sociedad afecta, y limita, las posibilidades y destinos de las mujeres dentro de una estructura social sumamente estratificada y sexista. Sus protagonistas siempre son mujeres, como Elizabeth Bennet. Sin embargo, Death Comes to Pemberley nos deposita en las esferas de lo público y lo jurídico, que se identificarían con lo “masculino”, en contraste con lo “femenino” de las esferas privadas. Esta separación de lo doméstico/femenino y lo público/masculino permite la focalización en Darcy, puesto que en varios momentos del proceso legal que se muestra en la novela Elizabeth no es requerida, ya sea por evitarle la molestia del involucramiento o porque las acciones le corresponden a Darcy como cabeza de la familia. De esta manera, James nos permite acercarnos al mundo “de hombres” que significa la ley —un mundo que no se aborda directamente en las novelas de Austen, en general— y exhibe la verticalidad del sistema patriarcal en el que el hombre, cabeza de familia, debe garantizar que se mantenga el honor y el buen nombre de los suyos, muchas veces sin importar las repercusiones que pudiera ocasionar en los grupos subyugados a este sistema patriarcal por cuestiones de género o de clase (o ambas). 

La opinión pública es que Mr. Darcy debería ayudar y defender, en la medida de lo posible, a Wickham por la relación familiar entre ambos. Por esta razón, Darcy se ve obligado a confrontarse con los fantasmas de su pasado, encarnados en Wickham, y todo lo que éste representó para el desarrollo de su relación con su propia hermana y, posteriormente, con Elizabeth, como se plantea en Pride & Prejudice. En una de las pocas escenas de confidencia entre Elizabeth y Georgiana, las cuñadas hablan del conflicto entre Wickham y Darcy a raíz del lamentable plan de fugarse con Georgiana varios años antes. Elizabeth se preocupa por el bienestar de su cuñada frente al hecho de tener a Wickham como huésped la noche en que ocurre todo, pero Georgiana la tranquiliza diciéndole que “no le tengo resentimiento salvo por el dolor y las dificultades que le causó a mi hermano” (James, 121), a lo que agrega que “Fitzwilliam nunca mencionará a Mr. Wickham o lo que pasó hace todos esos años. Sería más sencillo si lo hiciera. Sin duda alguna es importante que las personas que se quieren puedan hablar abierta y verdaderamente sobre temas que los afecten” (121-122). Georgiana identifica que el sentimiento de culpabilidad de Darcy creó una barrera para apartarse del sufrimiento causado por Wickham, pero que esta barrera termina por separar a Darcy de su propia hermana.

Es debido a esta confrontación de Darcy con sus demonios internos que me atrevería a decir que Death Comes to Pemberley funciona como una reescritura de Pride & Prejudice desde el punto de vista de Darcy: a lo largo de la novela, la narrativa de James nos muestra a un Darcy que no sólo logra reflexionar sobre algunos aspectos cuestionables de su pasado —como el clasismo que subyacía su discurso la primera vez que le propuso matrimonio a Elizabeth, ya que insulta brutalmente a toda su familia antes de confesarle su amor—, sino que decide hacer las enmiendas necesarias para garantizar una relación más abierta y honesta con su familia, en especial con Georgiana. Me parece que el uso que hace P. D. James de la trama detectivesca es efectivo como un medio para explorar el mundo interior de Darcy, fuera de su relación con Elizabeth y bajo la responsabilidad de preservar el nombre de la familia frente al ojo público. 

Por último, me gustaría reflexionar brevemente sobre la relación bilateral entre Death Comes to Pemberley y Pride and Prejudice y, con ello, sobre la naturaleza y relevancia de las reescrituras (o adaptaciones, en un sentido más amplio). La novela de P. D. James, pensándola como esa extensión creativa, evidentemente no existiría sin la novela de Austen —lo que apuntaría a una relación de dependencia bastante unilateral—; claramente se nutre del conocimiento de Pride and Prejudice y, en mi opinión, se perdería mucho de la primera sin conocer la segunda. No obstante, considero que Death Comes to Pemberley nos guía a lo largo de una relectura de varios elementos presentes en su precursora. Es decir, además de proponernos una extensión del mundo de Jane Austen, nos ofrece una interpretación de la novela en donde se exploran las motivaciones detrás del actuar y sentir de algunos de los personajes principales, se señalan ciertos fallos de carácter que tendrían que abordarse para permitirles seguirse desarrollando —particularmente en el caso de Mr. Darcy— y se propone un crecimiento orgánico a lo largo de la misma.

Death Comes to Pemberley es una novela que se divierte con Pride and Prejudice y que, por consiguiente, es entretenida para quienes somos entusiastas de Jane Austen precisamente por el traslado de una novela sobre las esferas domésticas a los dominios de una novela detectivesca que confronta a los personajes con una situación que sería extraordinaria dentro de cualquier texto de Austen. El extrañamiento que se logra mediante la transformación del género novelístico hace más atractiva esta reescritura y le abre las puertas, una vez más, a la riqueza de las adaptaciones.

Referencias:

Austen, Jane. Pride and Prejudice. 1813. Bantam Classics, 2005.

James, P. D. Death Comes to Pemberley. Vintage, 2011.

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