“Por fin ya no es de ficción”: control sobre la obra artística en Galatea (2013) de Madeline Miller

Siempre ha existido una romantización, o quizás, mejor dicho, una idealización exacerbada del cuerpo y la experiencia femenina por parte de los artistas, los artistas varones cisgénero, claro; una idealización muchas veces vacua que ensalza o argumenta cierta “eterealidad” o cualidad etérea casi mágica del cuerpo y la experiencia femenina; una cualidad que únicamente percibe a la figura femenina cisgénero como puramente bella y virtuosa pero carente de cualquier grado de obscuridad humana. Dicha idealización exacerbada hace que los artistas (escritores, pintores, escultores, etc) representen a la mujer como una caricatura falta de problemáticas y conciencia que está muy apartada de la realidad que aparentemente buscan “re-presentar”. Tomemos, por ejemplo, el relato “Pigmalión” de Ovidio que narra en Las Metamorfosis. En este fragmento de la obra, Ovidio nos cuenta cómo Pigmalión, tras la fiesta para venerar a Venus, le pide a la diosa que le otorgue vida a la estatua de mármol que éste había tallado con tanta dedicación ya que, al hacerla tan perfecta, quedó enamorado de sus labios, sus curvas y su belleza. Al oírlo, Venus decide cumplirle su deseo y anima a la estatua, con quien Pigmalión se casa

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Ovidio describe así la hazaña con la cual Venus bendijo a Pigmalión; únicamente mediante la percepción del escultor mismo, es decir, como lectorxs nos enteramos de los sucesos mediante la experiencia de Pigmalión mientras que la estatua convertida en mujer pasa a ser el objeto del deseo. La obra de arte a la que Pigmalión le dedicó tanto tiempo es ahora, después de rogar a Venus, por fin una persona completamente tallada a su gusto propio. Y como así fue su gusto propio, la estatua que carece de nombre es una mujer tan bella y lustrosa como la talló el escultor, carente de cualquier atisbo de conciencia o personalidad.

Es claro, pues, que la lectura crítica de Ovidio bajo una lente feminista o posmoderna quedaría un tanto anacrónica, pero Madeline Miller se encargó de dar una vuelta de tuerca al relato de Pigmalión haciéndolo un personaje secundario y dando su lugar principal al arte hecha mujer, Galatea. Publicado en 2013, el cuento titulado “Galatea”, escrito por Madeline Miller, se unió a su reparto de reescrituras basadas en la antigua literatura griega. Como el nombre lo describe, “Galatea” se centra en la historia de la escultura que fue traída a la vida por Venus después de haber dado a luz a Pafos (hija de Galatea y Pigmalión) y de haberse casado con su escultor. En la reescritura, la antes estatua se encuentra en una especie de clínica donde está cautiva y donde cada tanto, Pigmalión va a visitarla para recrear el momento justo cuando Venus le da la vida. En este cuento de Miller, el objeto de deseo ―que también es el objeto artístico― es posicionado como el personaje principal para poder narrar, desde un raciocinio contemporáneo, las atrocidades y bajezas que sufría por parte de su creador, por parte de ese artista que buscaba una mujer perfecta e inmaculada, y que, al no encontrarse con ese ideal, recurre al distanciamiento y a la satisfacción sexual temporal para mantener en control a la obra artística.

Ya en “Galatea”, el posicionamiento que toma Miller para reescribir la dinámica entre el escultor y la mujer-estatua es de una relación de poder donde el autor de la obra ―el artista― ejerce mucho más poder sobre su escultura que aquel que retrató Ovidio en un inicio. El control que tiene Pigmalión en el cuento de Miller es mucho más notable y contiene rasgos machistas que marcan la existencia de Galatea. El primer atisbo del control que ejerce Pigmalión sobre Galatea se presenta al inicio del cuento:

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Este fragmento nos deja ver tres cosas que marcan el ritmo en el cuento: la primera es que Galatea se encuentra en un lugar donde está vigilada constantemente para que no se mueva; la segunda es que su marido nunca es nombrado, quitándole así la importancia que tiene el escultor en el relato de Ovidio y dándosela directamente a Galatea al nombrar el cuento como ella; y la tercera es que su marido recurre al gaslighting para que todos alrededor de Galatea tomen como una menudencia su autoconciencia sobre la naturaleza de su existencia.[1] Así, Miller retrata el poder sobre la corporalidad y la libertad del cuerpo que tiene Pigmalión sobre Galatea sin siquiera aparecer explícitamente en la narrativa. Frases como: “El doctor vino después e hizo ruidos dirigidos hacia mí. ‘Chloe dice que no te has mantenido quieta en silencio’” (Miller 25) o “‘¿Exactamente qué estás haciendo?’ me dijo gravemente. ‘Esta es precisamente la razón por la que estás enferma.’” (Miller 32) permean el relato entero, haciéndole creer a Galatea que ella en realidad está enferma cuando no puede estar más lejos de la verdad; se trata únicamente del gusto que tiene su marido por verla a ella quieta y “perfecta” como al inicio de su existencia, como la escultura que él había hecho en un principio.

Sobre este aspecto, sobre la naturaleza de ex-escultura de la cual está consciente Galatea, ella misma comenta que, cuando su marido llega a visitarla, tiene que retomar la misma pose que él le dio al momento de esculpirla, casi como un rito un tanto fetichista que es lo único que lo mantiene interesado en ella puesto que ya no es la escultura perfecta que él añoraba, ahora es una mujer con vida. Galatea dice: “Me postro y me acomodo en la posición correcta. Es fácil puesto que he tenido mucha práctica, pero también porque pienso que hay una parte de mí, la parte de piedra, que recuerda y está feliz de acomodarse en sus viejas formas” (Miller 54). Esta obsesión se vuelve un arma de doble filo para la figura machista del artista inspirado por la belleza de la mujer puesto que se queda precisamente en eso, en una obsesión por el ideal que tiene en su cabeza sobre lo que significa ser mujer. Esa mujer que había tallado en un inicio, y de la cual se enamoró tan perdidamente, sólo existió en su mente. Cuando Venus viene y dota de vida e inteligencia y conciencia a la mujer-escultura, Pigmalión se da cuenta que Galatea no es todo lo que él pensaba. Galatea disfruta de hacer alusión a esto puesto que, después de ser encerrada, qué más le queda que aprovecharse de su humanidad para hacer aún más miserable a Pigmalión.

Después de tener relaciones con un Pigmalión ensimismado por su obra de arte ―y que les invito a leer en el cuento puesto que es un monólogo bastante tedioso y centrado en el fetichismo que siente Pigmalión hacia su proceso creativo― Galatea finalmente logra percatarse de una forma en que puede utilizar su cuerpo para exasperar al escultor y junto con ello empoderarse para buscar una forma de emanciparse del yugo que la mantiene bajo su control. Galatea continua:

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Justamente ese es el punto. Los artistas viven con un ideal de que la mujer es una especie de ser ajeno a la humanidad, un ser que irradia por sí misma belleza y erotismo y complacencia, pero son esos pensamientos retrógrados los que hacen que el machismo siga inserto en el arte y en todo otro aspecto de la humanidad. Menciono el arte porque es el medio por el que Miller recurre a esta reflexión sobre el poder que se ejerce hacia el cuerpo y la femineidad de las mujeres, pero precisamente la idealización de la mujer en el arte sigue los preceptos de que solamente se busca exaltar la belleza y la grandeza de las mujeres. Y mientras que no dudo que algunos ponentes del arte occidental tengan eso en mente y sean tan inocentes como lo hacen parecer, también es cierto que muchas de las representaciones de mujeres son basadas en un prototipo de belleza aceptada por la mayoría. Mujeres blancas, esbeltas, rubias, sin imperfecciones, y la lista puede seguir. Mujeres jóvenes que son dibujadas, pintadas, esculpidas y retratadas desnudas para el goce aparentemente estético pero que aun así aluden a un cierto tipo de gustos antepuestos por cientos de años de repetición sobre la performatividad de su género. Si bien, no argumento que los hombres cisgénero tengan que dejar de representar a mujeres en su arte, lo que busco es que, si algún hombre lee esto, pueda cuestionarse la forma en que los medios y la cultura misma le han implantado durante años la manera de acercarse al cuerpo y a la identidad de las mujeres. Busco que desde su privilegio como hombres cisgénero rompan con su propio mito que tienen de las mujeres, el mito machista que dice que son perfectas y únicamente existen para el placer estético y para la creación de arte para el hombre.

“Galatea” finaliza con la emancipación completa pero mortal de nuestra heroína. Galatea se escapa de su cautiverio y, tras ser perseguida por su esposo, llega al mar y decide sacrificarse en aras de su propia libertad. Tras luchar cuerpo a cuerpo, ella empieza a hundirse en el océano y Pigmalión junto con ella. Si bien Galatea muere al final, puede decirse que muere bajo sus propios términos y en búsqueda de aquello que ella más anhelaba, su libertad. La libertad de ser como lo desea, sin términos ni juegos por parte de su esposo. El poder que él pudo haber ejercido se desvaneció con cada trago de agua salada que él daba, mientras que Galatea logra erradicar al autor de su desdicha.

Bibliografía:

Miller, Madeline. “Galatea”. Bloomsbury. 2013. Digital.

Ovidio, Metamorfosis. Ed. Alvarez, Consuelo y Rosa Ma. Iglesias. Cátedra. 2003. Digital.

[1] Gaslighting: Tipo de abuso emocional donde se le hace dudar a la víctima de sus sentimientos a través del cuestionamiento de la validez de dichos sentimientos o de la percepción propia o de terceros hacia cierta actitud o comportamiento de la pareja en el poder.

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