Editorial XXVI: Masculinidades alternativas

La fantasía es uno de los géneros fílmicos y literarios que más disfruto, quizá por la manera en que construyen un universo que no tiene por qué seguir las reglas que rigen el nuestro, un universo en el que la magia es parte de la naturalidad del día a día y en el que se pueden explorar un sinfín de posibilidades a raíz de su existencia. En particular, El señor de los anillos es una de las ficciones que más me gustan: veo la adaptación cinematográfica de Peter Jackson por lo menos una vez al año y, recientemente, he estado leyendo las novelas de J. R. R. Tolkien (cosa que había intentado hace más de una década, pero en ese entonces no era mi momento para disfrutarlas; por lo menos ya pude rectificar esa situación). En esta editorial me gustaría reflexionar un poco sobre una de las razones por las que me atrapa tanto el universo de Tierra Media, la cual tiene que ver con el modelo de masculinidad que se perfila entre los protagonistas

Si bien los miembros de la Comunidad del anillo muchas veces se rigen por preceptos heroicos como la lealtad, el honor y el deber —clásicos de narrativas masculinas de aventuras o fantasía—, me gustaría prestar atención en la manera en que se van desarrollando las relaciones interpersonales entre ellos. La amistad y el cariño se convierten en el motor principal de sus acciones, más allá de una búsqueda egocéntrica por la gloria: esto es lo que mueve a Sam, Merry y Pippin a acompañar a Frodo en una aventura que no comprenden y de la que abiertamente se les advierte que podría poner sus vidas en peligro; también es lo que mueve a Gimli, Legolas y Aragorn a perseguir a los captores de sus amigos en una misión que pudiera parecer suicida. En este sentido, argumentaría que El señor de los anillos nos presenta como virtud un modelo de masculinidad que se basa vulnerabilidad emocional y en la capacidad de entablar esas relaciones interpersonales. Los villanos de la historia son aquellos que sólo se interesan por la adquisición de poder y son incapaces de entablar relaciones afectivas genuinas, además de que el poder absoluto nunca es algo a lo que Tolkien nos diga que hay que aspirar. Quizá sea por eso que los hobbits terminan siendo los seres más admirables, ya que la avaricia está lejos de ser una de sus características principales, sino que estarían contentos de pasar sus vidas en un hogar cómodo, rodeados de sus personas cercanas y con mucha comida —excepto en el caso del matrimonio Sackville-Baggins, perpetuamente resentidos de que Bilbo hubiera adoptado a Frodo, pero son un caso particular—. 

Sin embargo, nuestro mundo no es como la Tierra Media, y estos ejemplos más positivos de masculinidad desafortunadamente no crecen en los árboles. La realidad es que nuestro imaginario cultural está plagado de masculinidades tóxicas; es decir, masculinidades que se basan en la misoginia y en el dominio del ego sobre de las demás personas, en donde quien no es “macho” es débil y, por tanto, ridículo, risible y merecedor de escarnio. Las ficciones que consumimos muchas veces, de manera más o menos abierta, son producto de estas ideas y participan del perpetuo ciclo de reflejo y validación de esas mismas conductas en el que producir un cambio pareciera imposible porque “así es la gente y no hay nada que se pueda hacer para cambiarlo”.

La cultura popular y el arte en muchas ocasiones afianzan ese modelo tóxico de la masculinidad, pero, poco a poco, también han empezado a cuestionarla y a crear masculinidades alternativas que no imiten, aunque sea implícitamente, a Sauron o a Saruman en sus afanes de dominio y búsqueda de poder absoluto, sino que nos recuerden más a los miembros de la Comunidad del anillo.

Las recomendaciones de este mes giran en torno a ficciones que defienden esas alternativas y presentan personajes masculinos que rompen con los preceptos tóxicos de lo que la cultura heteropatriarcal muchas veces afirma que la masculinidad debe ser, o que, en su defecto, construyen narrativas que critican y evidencian lo ridículo que puede llegar a ser ese modelo de masculinidad tóxica.

Me gustaría anotar, como conclusión, que la búsqueda y selección de ficciones contemporáneas para las recomendaciones de este mes nos pareció particularmente difícil porque, lamentablemente, todavía no abundan ejemplos realmente positivos y proactivos de masculinidades no tóxicas, sino basadas en la fuerza que viene de la vulnerabilidad emocional y el establecimiento horizontal de relaciones interpersonales. Muchas veces los personajes masculinos que se construyen como ejemplos a seguir o, inclusive, como ideales románticos dejan mucho qué desear porque su “bondad” se basa en ser un humano decente, en no ser agresor y en tener la mínima cantidad de responsabilidad afectiva y autocrítica que, en realidad, lejos de ser una virtud admirable, debiera ser la norma.

Ser un humano decente, no tóxico, no debería ser la mayor aspiración de la masculinidad, sino que, como sociedad, deberíamos apostarle a deconstruir la toxicidad de la masculinidad hasta que dejen de ser sinónimos en la mayor parte de la cultura popular, el arte y la sociedad en general.

Mayra

Deja un comentario

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión /  Cambiar )

Google photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google. Cerrar sesión /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión /  Cambiar )

Conectando a %s