The Perks of Being a Wallflower (2012): responsabilidad en las relaciones afectivas

Hace unos días subieron a Netflix la película The Perks of Being a Wallflower (o Las ventajas de ser invisible), dirigida por Stephen Chobsky (autor de la novela homónima) y estrenada en 2012. La película fue bastante popular en su momento, particularmente por su cast (que incluía a Emma Watson, Logan Lerman y Ezra Miller como protagonistas) y por ser una narrativa de crecimiento bastante nostálgica con un soundtrack de música ochentera (aunque “Heroes” de Bowie se estrenó a finales de los setenta). En resumen, el filme trata sobre Charlie (Logan Lerman), un joven que entra a la preparatoria, y su reinserción a la sociedad luego del suicidio de su mejor amigo. En la preparatoria conoce a Sam (Emma Watson) y a su hermanastro Patrick (Ezra Miller) y, aunque éstos son más grandes que él, pronto forma una amistad con ellos y con otros personajes como Mary Elizabeth, Alice y Bob .

Ya que esto es una historia de crecimiento (“bildungsroman” es el término académico para referirse a las novelas de este género), el protagonista es sometido a un proceso de maduración, que si bien tiene que ver en gran parte con la superación de un trauma (del suicidio de su amigo, pero también del abuso sexual que su tía comete contra él), también está relacionado al primer amor y al desarrollo de cierta inteligencia emocional. Esta última no sólo se relaciona con el protagonista, sino que se extiende a los otros protagonistas, Sam y Patrick, y a personajes más secundarios como Mary Elizabeth y Candence, la hermana de Charlie. En esta entrada, me gustaría explorar brevemente estas relaciones y cómo son representadas en la película ante la mirada de Charlie y el espectador.

En primer lugar tenemos a Patrick, quien está en una relación secreta con el popular Brad Hayes (Johnny Simmons), quien pretende mantener una apariencia de masculinidad estereotipada y exacerbada pues “sin importar lo que Patrick hiciera, Brad seguía diciendo que su papá lo mataría y que se iba a ir al infierno.” Eventualmente, cuando el padre de Brad los descubre, su relación se rompe, pues Brad escoge aliarse a los preceptos conservadores de su familia. Patrick deja de procurar a Brad y viceversa. La relación se da por terminada, y parece ser que poco a poco Patrick logra superar su pérdida. Pero esto sólo es posible cuando, desilusionado con el amor, Patrick le pregunta a Charlie: “¿Por qué no se puede salvar a nadie?”. Es casi una epifanía, no sólo para Patrick, sino además para Charlie. Patrick no puede salvar a Brad de su familia y de sus creencias conservadoras, pero Charlie tampoco puede salvar a Patrick del sufrimiento que la relación con Brad le inflige.

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©Summit Entertainment

Ocurre algo similar con Sam, quien entra en una relación casi unilateral con Craig, un joven artista universitario con rasgos de megalomanía. Ante ello, sus amigos opinan:

ALICE: Craig es una mejora, comparado con su novio anterior… 

PATRICK: Sólo espero que pueda dejar de hacerse la tonta con estos chicos. Yo le digo: “No te empequeñezcas. No puedes salvar a nadie.”

Parece ser que de las parejas de Sam, Craig es el menor de los males, como ella misma confiesa más tarde: “Sabes, Charlie, yo solía dormir con tipos que me trataban como basura y embriagarme todo el tiempo”. Sin embargo, Craig sigue siendo una persona que pone su propio placer y emociones por encima de los de su pareja, ignorando abiertamente su responsabilidad afectiva hacia Sam:

CHARLIE: Lamento que Craig no haya podido venir. 

SAM: Sí, dijo que no quería ir a un estúpido baile de preparatoria. Honestamente no puedo culparlo.

CHARLIE: No lo sé. Si a ti te gusta, debería haber venido.

Similar a como ocurre con Patrick, es hasta que la relación llega a un punto de quiebre (se revela que Craig le ha sido infiel a Sam en varias ocasiones) que Sam comienza a cuestionarse sus decisiones amorosas, hasta el punto de preguntarse: “¿Por qué yo y todos los que amo… elegimos personas que nos tratan como si no valiéramos nada?”. Esa pregunta, al igual que la pregunta de Patrick, pareciera ser una revelación personal, misma que le permitirá avanzar hacia una sanación afectiva.

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©Summit Entertainment

Aunque estos me parecen los ejemplos más claros de relaciones amorosas fallidas, hay otros dos ejemplos que me gustaría mencionar. En primer lugar, Candence, la hermana de Charlie quién está en una relación poco empática con Ponytail Derek. Desde el inicio es claro que Candence no está tan enamorada de Derek, pues se deshace de los cassettes que el joven le hace. Por su parte, Derek la golpea en una ocasión. Al final, Candence decide terminar con Derek y refugiarse en sus amigas, volviéndose visiblemente más feliz y libre.

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©Summit Entertainment

El segundo ejemplo es la relación entre Mary Elizabeth y Charlie. En este caso en particular, vemos casi todo desde la perspectiva de Charlie, por lo que podríamos llegar a justificarlo (o, al menos, a intentarlo). Aquí es Charlie quien es poco responsable de su relación, pues es claro que no le interesa tenerla: 

Probablemente debí haber sido honesto sobre cómo no quería seguir saliendo con Mary Elizabeth después del baile de Sadie, pero … realmente no quería herir sus sentimientos. Verás, Mary Elizabeth es una persona muy agradable debajo de esa parte de ella que odia a todos. Y como escuché que tener una novia te hace feliz, me esforcé por quererla como quiero a Sam.

En su discurso es evidente que Charlie hace las cosas por conveniencia propia, por intentar hallar la felicidad en los lugares equivocados y por ahorrarse, quizá, el tener que sostener una conversación real con Mary Elizabeth sobre su relación. Esta relación también llega a un punto de quiebre cuando, en una fiesta, Patrick reta a Charlie a besar “a la chica más bonita del círculo” y Charlie besa a Sam. Desde el discurso anterior (“me esforcé por quererla como quiero a Sam”) es evidente que Charlie se ha estado mintiendo así mismo sobre su relación con Mary Elizabeth, pues con quien realmente desea estar es con Sam. Charlie decide tomar el camino fácil, sin tomar en cuenta realmente los sentimientos de Mary Elizabeth, ni los suyos propios, mintiéndose a sí mismo como en su momento hicieron Patrick, Sam e incluso Brad. Con sus acciones, Charlie termina por romper no sólo su relación con Mary Elizabeth sino su relación con los demás, pues, después de todo es él quien no pertenece del todo al grupo de amigos.

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©Summit Entertainment

Candence, Sam, Patrick y Mary Elizabeth entablan relaciones con sujetos que fallan en hacerse responsables de sus propias emociones y de procurar un afecto sincero hacia sus parejas, pero como bien expone Patrick: “No puedes salvar a nadie”. Creo que la mayoría de nosotros, en algún punto de la vida hemos visto a alguna amiga o amigo en una situación similar, y los vemos repetirse una y otra vez. Sin embargo, es más fácil verlo cuando uno está fuera de la relación, cuando uno se pone en ese papel de “wallflower” que le permite a Charlie detectar los comportamientos en los demás, pero que difícilmente le permite mirar hacia sí mismo. Es gracias a las epifanías de Sam y Patrick (y probablemente de Candence y Mary Elizabeth, aunque no estén enunciadas) que los personajes pueden comenzar a sanar, a crecer y a salir adelante. 

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©Summit Entertainment

Todo esto me lleva a la conversación que tiene Charlie con Mr. Anderson (Paul Rudd) en el aula de clases, y que quizá contiene una de las citas más célebres del libro y del filme:

CHARLIE: ¿Por qué la gente buena elige a las personas equivocadas para salir?

Mr. Anderson: … Aceptamos el amor que creemos merecer.

CHARLIE: ¿Podemos hacerles saber que merecen más?

Mr.ANDERSON: Podemos intentarlo.

Me parece importante destacar el resto de la conversación. En ese “podemos intentarlo” de Mr. Anderson se esconde un “No, no podemos hacerles saber que merecen más, pero… podemos intentarlo”. No podemos salvar a nuestros amigos o amigas. Podemos, con tacto y según la situación, señalarles los comportamientos nocivos de ellos mismos o de sus parejas, pero son ellos o ellas quienes deben mirar dentro de sí y aceptar que hay algo que no está funcionando. A fin de cuentas, las emociones son algo que le pertenece al individuo y sólo al individuo; por ello la relevancia de repetir esas terminaciones en primera persona “AceptAMOS el amor que creEMOS merecer” (en inglés, se enfatiza por el uso de el pronombre personal “WE accept the love WE think WE deserve”) que nos vuelven parte activa del proceso y nos hacen responsables. Es claro que debemos tomar en cuenta los afectos de nuestra pareja, pero también debemos aceptar que nosotros (y solo nosotros) debemos hacernos cargo de nuestras emociones, sean positivas o negativas.

Al final, Charlie decide expresarse claramente con Sam, con el resto de sus amigos e incluso con su familia, lo cual denota que, en esta historia de crecimiento, el joven protagonista está un poco más preparado para enfrentarse al mundo adulto. Es claro que en la ficción y en la vida nadie está exento de cometer errores, pero es responsabilidad nuestra (y de nadie más) el saber reconocerlos y trabajar en ellos.

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