Editorial XXVII: Japón

Hace una semana comencé a mi primer acercamiento a Persona 5 (2016), que es además, mi primer acercamiento a un juego de la serie. La semana anterior me había dedicado a terminar Ghost of Tsushima (2020). El primer juego es desarrollado por Atlus, un estudio japonés, y se sitúa en el Tokio contemporáneo. El segundo juego es desarrollado por Sucker Punch, un estudio estadounidense, y se sitúa en la isla de Tsushima en el año de 1274. Ambos juegos son muy distintos, tanto en estilo de arte como en modo de juego, y cada uno responde a una industria nacional específica; sin embargo, ambos logran capturar una esencia de “lo japonés” aunque visto claramente desde puntos de vista muy diferentes. Aunque no he terminado Persona 5 (me quedarán unas 80 horas de juego todavía) este acercamiento al Japón ficcional me ha hecho cuestionarme un poco mi relación personal con la cultura japonesa y las ficciones que la representan.

Si lo pensamos un poco, quizá Japón sea uno de los países que más influyen en el imaginario colectivo occidental y no-tan-occidental (como sería México). Muchos mexicanos recuerdan haber pasado horas de su infancia frente al televisor viendo Pokémon, Dragon Ball, Sailor Moon, Sakura Card Captor y Yu-gi-oh!. Quizá sea este ámbito en el que la mayoría de nosotros nos hemos relacionado con productos de la Tierra del Sol Naciente (y yo me sigo preguntando por qué había tantas series japonesas en la televisión abierta mexicana ¿sería más barato?) pero su presencia también es clara en otras industrias, como las consolas de videojuegos (Nintendo y Playstation siguen siendo propiedades japonesas; Mario, Link y Snake nacieron en Japón), automóviles y electrodomésticos. En el cine, las películas de los Estudios Ghibli se han vuelto también un referente popular de la cultura japonesa.

Por otra parte, también hay muchos productos no japoneses que intentan recuperar un poco del ambiente y de la cultura japonesa, quizá a ratos a través de una apropiación descarada o de una crítica extranjera malintencionada, pero también a modo de tributo a una forma de pensamiento distinta y, por lo mismo, atractiva para muchos de nosotros. Me refiero aquí a producciones que o se sitúan en japón o intentan imitar técnicas artísticas japonesas de un modo u otro. Ejemplos hay varios: desde la serie Avatar: The Last Airbender, los dos volúmenes de Kill Bill o el mismo Ghost of Tsushima que he mencionado anteriormente.

No me considero un experto en cultura japonesa. Personalmente no veo muchos animes ni leo mangas, pero siempre que me hallo con un objeto cultural (ya sea película, libro o videojuego) que habla directamente de la cultura japonesa me quedo fascinado ya sea por los escenarios, por las costumbres o por su filosofía de vida. Claramente, todo esto está construido desde el punto de vista del creador o creadora de dichos objetos y en este mes no me interesa tanto pensar en “Japón” como algo que es y está (porque ¿quién podría definir un país completo?), sino como algo que es representado ya sea por artistas oriundos de la isla o por extranjeros que hallaron algo digno de imitar o señalar en la Tierra del Sol Naciente.

Así que, si les interesa la cultura japonesa vista desde distintas perspectivas, no duden en seguir nuestras redes sociales y recomendarnos ficciones que tengan que ver con este tema.

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