“No se trata de lo que el mundo puede ofrecerte, sino de lo que tu traes a él”: identidad y diferencia en Anne with an E (2017)

Cuando supe que Anne with an E (2017) es un coming-of-age de época con una protagonista femenina, corrí a verla, pues cumple con todas las características de mis narrativas predilectas. Ahora bien, es importante mencionar que jamás leí Ana de las Tejas Verdes (1908) y que antes de ver la serie no tenía idea de lo que pasaba en esta historia; todo lo que vi en pantalla resultó ser mi primer acercamiento a la emblemática historia escrita por la canadiense Lucy Maud Montgomery. Anne with an E fue escrita por Moira Walley-Beckett,1 producida por Netflix y CBC, y protagonizada por Amybeth McNulty.

Voy a ser muy honesta: estuve a punto de rendirme con la serie en los primero dos capítulos. Anne me parecía insoportable porque no paraba de hablar. Algo similar (pero un poco más extremo) les pasa a los habitantes de Avonlea en la historia. Cuando Anne llega a vivir a Green Gables por error (los hermanos Marilla y Matthew Cutberth, de edad avanzada, habían decidido adoptar a un niño para que les ayudara con las tareas de la granja pero la agencia se equivoca y manda a Anne), la gente de Avonlea la encuentra excéntrica y desestabilizadora; no sólo por su costumbre de hablar mucho, sino por su apariencia inusual, su imaginación desmedida y su florido lenguaje. Decidí continuar viendo la serie a pesar de que compartía algunas de estas opiniones y fue un gran acierto. Sí, es cierto que hay veces en las que quisiéramos que Anne dejara de hablar tanto, pero el entendimiento que ganamos de su personalidad en los capítulos siguientes nos invita a preguntarnos por qué Anne es así y a no juzgarla injustamente antes de conocerla, como hacen muchos de los personajes sólo por el hecho de que es huérfana. Amybeth McNulty nos deslumbra con una actuación impresionante al encarnar al personaje y su evolución, su inteligencia y su visceralidad y, sobre todo, su capacidad de traer luz en las situaciones más oscuras.

© Netflix

No conozco mucho sobre la obra original o sobre la época que retrata, pero me parece que es una representación bastante honesta (o al menos no romantizada) de lo que fue la sociedad canadiense provincial de finales del siglo XIX: a los huérfanos se les maltrata, las mujeres se encuentran sujetas a la voluntad de sus maridos o de sus padres, se discrimina a pobres, negros e indígenas y existe un miedo general al progreso y a lo diferente. Es justo dentro de este contexto que la serie presenta personajes redondos y complejos que cambian y se desarrollan a lo largo de las tres temporadas. En esta entrada analizaré el tema de la identidad dentro de una sociedad tan intolerante, principalmente como se presenta en Anne: una niña huérfana, pelirroja y con una imaginación que la hace destacar dentro de la sociedad conservadora del pueblo granjero de Avonlea. También abordaré la manera en la que la serie refuerza la necesidad de aceptar que existe una diversidad de identidades.

© Netflix

Desde el principio de la serie, Anne tiene un conflicto de identidad muy grande por ser huérfana desde que era bebé: no conoce a su familia y no pertenece a ningún lugar y eso la lleva a cuestionarse constantemente quién es ella y si puede encajar en la sociedad en la que vive. Así mismo, el orfanato y las casas en las que sirve desde muy temprana edad son lugares hostiles y violentos en donde recibe un trato injusto. A manera de lidiar con esta realidad tan desoladora, Anne se refugia en el mundo de la fantasía y crea a la Princesa Cordelia, un personaje que no sufre de las mismas carencias que la protagonista. La princesa Cordelia es inteligente y admirada, posee una belleza excepcional y no es pelirroja, tiene una familia y amigos que la apoyan y vive en un mundo idílico lleno de belleza natural.

© Netflix

Durante la primera temporada de la serie, Anne se transforma en la Princesa Cordelia cuando la abruma el estrés postraumático de su pasado o se enfrenta a una situación con la que no puede lidiar emocionalmente. Este alterego no es un simple reflejo de su inmadurez sino una consecuencia directa de la crueldad que ha sufrido a tan corta edad. En una ocasión Anne cuenta a las niñas de la escuela, sin saber muy bien de lo que está hablando, que en una casa en la que trabajaba el marido violaba a su esposa (por supuesto, Anne no usa esta palabra, ella cuenta la historia desde la perspectiva inocente de la infancia y dice que el marido obligaba a la esposa a “acariciarle su ratón”) cuando llegaba a la casa en estado de ebriedad y cómo se podían escuchar los gritos y los sollozos por todo el lugar. Todo Avonlea se entera de este suceso y tachan a Anne de promiscua e impropia por exponer los oídos de sus niñas a tales barbaridades, incluso Marilla comparte un poco esa opinión hasta que Mattthew le dice que lo verdaderamente terrible es que Anne sepa esas cosas porque es sólo una niña.

Es justo en ese momento que nos damos cuenta que la imaginación desmedida y las historias fantásticas no son más que una fachada que oculta el dolor que sufre la niña. Conforme Anne empieza a sanar de este abuso y empieza a construir una red de cuidado y afecto con las personas que la rodean y la aceptan, la Princesa Cordelia desaparece. Anne ya no necesita inventarse un paraíso idílico porque la belleza de la realidad supera su imaginación (con todo y que su imaginación parece no tener fin). Esto le permite comenzar a descubrirse a sí misma y construirse una identidad más real. Su imaginación no desaparece ni Anne pierde su manera positiva de ver la vida (en pocas palabras, Anne sigue siendo Anne) pero aprende que puede crear historias incluso mejores en la vida real. La identidad de Anne está marcada por el abuso que sufrió, así como por lo poco que conoce acerca de sus orígenes, pero cuando hace de Green Gables su hogar y los Cuthberts la adoptan, emerge una nueva Anne. En la tercera temporada, Matthew le regala a Anne un brazalete con un dije de sombrero, que le dice que simboliza la Anne original porque le recuerda al día en que la conoció. La idea es que ella llene el brazalete con dijes que representen las distintas etapas de su vida. No se trata de borrar el pasado o olvidar que sucedió, sino entender que es parte de lo que somos.

Otro aspecto de la identidad de Anne que la serie enfatiza es el hecho de que es mujer. Parece una declaración muy obvia pero ciertamente era (aún) más difícil ser mujer en 1890 y la serie cuestiona algunos de los comportamientos y prejuicios sociales que afectaban a niñas y mujeres en esta sociedad. Al ser precisamente una historia de crecimiento femenina, hay un capítulo dedicado a lo que sucede cuando Anne menstrua por primera vez. Cabe destacar que ella no sabía nada acerca de este proceso biológico y piensa que se está muriendo hasta que Marilla le explica que es lo que está pasando y le dice que ahora es una mujer. Anne rompe en llanto y dice que no está lista para ser mujer. Al día siguiente en la escuela, cuando discute el tema con las otras niñas se ve abrumada con una carga adicional de miedos cuando ellas la ponen al corriente acerca del peligro de manchar de sangre su vestido y de la confidencialidad del sangrado ante los hombres. Es a través de este proceso que Anne se da cuenta que la sociedad en la que vive es injusta con las mujeres: la transición a la adolescencia la obliga a abrir los ojos y a lidiar con temas como la agencia de las mujeres frente a la sociedad, el consentimiento y el matrimonio. 

Anne ve cómo su compañera Prissy casi renuncia a su sueño de ir a la universidad por casarse; ve a Diana, su mejor amiga en el mundo, destinada a acudir a una academia en París que la enseñará a ser una buena esposa y la ayudará a conseguir marido, incluso contra su voluntad. También ella misma es acosada por compañeros que creen que está bien levantarle la falda a las niñas, que le dicen que su inteligencia y su pasión probablemente la volverán estéril y que la desprecian porque no luce estereotípicamente bella (el cabello rojo no era apreciado en la época). En medio de todas estas situaciones, Anne alza la voz y muestra su inconformidad, la mayoría de las veces con resultados no tan favorables. Lo importante aquí es que, a pesar de todas estas dificultades, Anne pasa de llorar por no querer ser una mujer a efectuar un ritual de orgullo y aceptación con todas sus amigas, donde declaran que sus cuerpos sólo les pertenecen a ellas, que no se dejaran que las reglas injustas de la sociedad las dominen y que aman ser mujeres. De nuevo, Anne no está en una posición de cambiar por completo su sociedad, aunque lo intenta y eso marca una diferencia. El estar consciente de estas situaciones la lleva a crecer cuestionándose la identidad que la sociedad quiere que asuma por ser mujer, Anne incluso dice que no se casará y que en cambio será “esposa de la aventura”.

© Netflix

Para concluir quisiera mencionar brevemente que el tema de la identidad no se desarrolla solamente a través del personaje de Anne, también vemos identidades diversas que justo son rechazadas por ser diferentes a lo establecido por las normas sociales. Un ejemplo de ello es Cole, quien es maltratado y rechazado por sus compañeros y su maestro por ser homosexual; Bash, un hombre negro que llega a vivir a Avonlea y es discriminado por su color de piel o Ka’kwet, una niña indígena que es vista como amenaza por los habitantes de Avonlea y es enviada a una escuela residencial donde la maltratan y la obligan a aprender inglés y profesar una religión cristiana para “civilizarla”.

Creo que Anne with an E es una serie que nos invita a asumir nuestra propia identidad sin miedo al rechazo o la diferencia y, al mismo tiempo, a abrir nuestra perspectiva para aceptar a todas aquellas personas que son diferentes a nosotrxs. También nos invita a no dejar que la adversidad nos defina porque la única manera en la que se pueden romper los ciclos de violencia y maltrato hacia las minorías es no repetir en otros las acciones injustas que nos fueron impuestas, y como dice Anne: “A veces la vida esconde regalos en los lugares más oscuros”.

Notas:

1 Como dato curioso, Moira Walley-Beckett escribió el famoso capítulo “Ozymandias”  de la serie Breaking Bad.

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