Selkies, maternidades y duelo en “Selkie Stories Are for Losers” (2017) de Sofia Samatar

Hay algunos libros que, desde que los leí, cambiaron mi percepción de las posibilidades que ofrece el retomar elementos de la literatura fantástica y los cuentos de hadas desde la literatura contemporánea. Particularmente, me gustaría mencionar dos colecciones de cuentos que me parecen increíbles por cómo aprovechan, juegan y transforman estos elementos para contar historias muy distintas (y de las que seguramente quienes me conocen ya se han cansado de escucharme recomendar todo el tiempo): what is not your is not yours (2016) de Helen Oyeyemi y Her Body and Other Parties (2017) de Carmen Maria Machado. Esto viene a colación el día de hoy porque fue precisamente por un artículo en el que Machado recomendaba autoras que de una manera u otra habían influido en su trabajo que me encontré con Sofia Samatar, una autora estadounidense de ascendencia somalí, y con Tender (2017), otra colección de cuentos de la que me gustaría hablar esta semana y que tiene que ver con los cuentos de las dos autoras que menciono que desdibujan los límites entre lo real y lo fantástico.[1]

En particular, me gustaría hablar del primer cuento de la colección, que se llama “Selkie Stories Are for Losers” [2], el cual retoma una figura mitológica escocesa, la selkie, y la traslada a un contexto contemporáneo. El cuento es bastante breve y, a grandes rasgos, habla de una adolescente de alrededor de 17 años que está lidiando con el abandono de su madre un tiempo antes. La narrativa es en primera persona y se conforma por una serie de viñetas que van construyendo una imagen sobre la interioridad de la narradora, de la cual nunca conocemos su nombre. Lo que me parece interesante de “Selkie Stories Are for Losers” es que entrelaza la figura mitológica de la selkie con el procesamiento del duelo de la narradora tras la partida de su madre. En esta entrada, quisiera abordar cómo la narrativa del cuento se mueve en el espacio liminal entre lo sobrenatural/fantástico y lo natural/metafórico de manera similar a las selkies mismas, que habitan el espacio entre el mar y la tierra, como una herramienta para poner el duelo en palabras. Para ello, primero, hablaré muy brevemente sobre la selkie como criatura mitológica; luego, delinearé los paralelismos que se establecen entre las historias sobre selkies y las dos madres que aparecen en la historia; finalmente, enlazaré esta discusión con un comentario sobre contar historias y lo fundamental que me parece que prevalezca la ambigüedad en el cuento.

Quizá se puedan preguntar, como yo cuando vi el título del cuento, ¿qué es una selkie? Las selkies principalmente aparecen en la mitología escocesa y, en algunas variantes, en tradiciones mitológicas nórdicas. Son unas criaturas que pueden cambiar de forma entre una apariencia humana, usualmente muy atractiva, y una foca. Cuando se transforman a su figura humana, dejan la piel de foca, como si fuera una gabardina o alguna prenda de vestir, en algún lugar cercano. Si un humano captura la piel, la selkie no podrá convertirse en foca hasta encontrarla, y se verá forzada a permanecer en tierra. Si bien las selkies pueden ser tanto hombres como mujeres, el tratamiento de las selkies en la mitología cambia dependiendo del género:

Para comenzar a pensar en el cuento de Samatar, me parece importante resaltar el hecho de que las historias que se cuentan sobre selkies mujeres son, en el fondo, la historia sobre su captura y eventual escape y regreso al mar en su forma animal y, con ello, sobre la recuperación de su libertad. No obstante, ¿qué ocurre con las familias que se quedan en tierra tras su escape?

“Selkie Stories Are for Losers” es un ejercicio alrededor de esa pregunta que usualmente no figura en los cuentos sobre selkies. La narrativa se construye a partir de la perspectiva de la hija que se quedó detrás: nuestra narradora. El cuento inicia así: “Odio las historias de selkies. Siempre se tratan de cómo subiste al ático a buscar un libro, y encontraste un abrigo viejo y asqueroso y te lo bajaste por las escaleras entre tu índice y el pulgar y dijiste, “¿qué es esto?”, y nunca viste a tu mamá de nuevo” (Samatar). Desde estas primeras dos oraciones, la voz narrativa nos revela mucho sobre el curso del cuento: será una historia sobre una madre ausente, además de aludir directamente a las selkies como criaturas mitológicas presentes en la literatura. Más importante aún, la figura de la selkie en el cuento se traslapa con la figura de la madre de la narradora, quien comienza a trabajar en un restaurante para apoyar a su padre con los gastos familiares. Es en el restaurante que la narradora conoce a Mona, que también trabaja ahí y es sobrina del dueño del lugar. Ambas jóvenes empiezan a desarrollar una relación, en intención romántica, pese al recelo de la narradora de formalizar las cosas, más que nada por miedo a perder a Mona al dar un paso equivocado en cuanto a lo que han construido juntas.

Se vuelve significativo que una situación que propicia que se vuelvan cercanas tiene que ver con hablar sobre sus madres. Por un lado, la narradora, como ya había dicho antes, perdió a su madre hacía unos años, cuando ésta decidió abandonarla a ella y a su padre. Por el otro, la madre de Mona vive con ella, pero ha intentado suicidarse por lo menos dos veces, sin lograrlo. En un segmento del cuento, la narradora recuenta lo que le dijo Mona sobre el día en que encontró a su madre desmayada por haber respirado demasiado gas de la estufa: “su mamá no se despertó sino hasta después, en el hospital. Tuvieron que meterse y jalarla para alejarla de la muerte, estaba tan envuelta en ella. La muerte es muy ceñida, Mona dice. Gris enfrente y gris atrás” (Samatar). De la misma manera en que la figura de la madre de la narradora se asemeja a la de la selkie que encontró su piel y escapó al mar, el cuento nos invita a trazar una línea similar entre la madre de Mona y su deseo de muerte como una transformación de la selkie en su figura animal, especialmente por esa descripción de la muerte como una prenda muy ajustada y gris, como la piel de la foca. En ambos casos, las figuras maternas preferían la huida antes de permanecer con sus familias y, en especial, con sus hijas. El desarrollo de la relación entre Mona y la narradora se ve entorpecido por el temor de ambas, pero en particular de la narradora, de seguir los pasos de sus madres y no poder permanecer juntas, un temor siempre manchado por la sensación de impotencia que rodea la relación de cada una con su respectiva madre.

A lo largo del cuento, la narradora revela una postura ambivalente hacia los cuentos sobre selkies y, por consiguiente, hacia su madre y su partida. La narradora intenta alejarse de esos cuentos en varias ocasiones: “No son mis historias de selkies, nunca, y nunca contaré una, lo cual es cierto, nunca lo haré” (Samatar), lo cual más bien suena a un promesa que la narradora se hace a sí misma, por el miedo a convertirse a su madre y, en algún punto, querer huir también. Al mismo tiempo que intenta distanciarse de esas narrativas, las historias sobre selkies se convierten en la forma en que la narradora intenta procesar el abandono de su madre y, con ello, ir recorriendo las diferentes etapas de duelo, al lado de su padre. Mayoritariamente, nos muestra el resentimiento que siente hacia ella. Por ejemplo, cuando habla sobre una historia de selkies en la que la madre abandona a su hija, dice de la selkie que “ella no piensa en cómo la niña pequeña la va a extrañar, o si ha estado respirando aire todo este tiempo seguro puede seguir haciéndolo un poco más. Sólo se pone la piel y se zambulle en el mar. […] Nosotros fuimos los perdedores. Papá y yo.” (Samatar). La narradora canaliza ese resentimiento hacia su madre mediante su desprecio hacia las selkies de esos cuentos que dice que no le gustan, pero que conoce muy bien.

“Selkie Stories Are for Losers” no se conforma con hablar de las selkies como una suerte de metáfora para que la narradora logre racionalizar (o mitificar) la partida de su madre, sino que la narrativa nos abre la puerta del terreno de lo sobrenatural y fantástico. La narradora cuenta una historia sobre cómo su madre iba a nadar a un club y siempre usaba un traje de baño gris, que dejaba amarrado a los casilleros del vestidor sin mayor reparo en asegurarlo con un candado o algo similar para evitar que se lo robaran, lo cual remite visualmente a las pieles grises de las selkies al tener forma humana. Asimismo, pareciera que el padre de la narradora, quizá para evitar que su hija se siguiera culpando a sí misma por la partida de su madre, también alimenta esa ficción (¿o no?) de la madre como una selkie que regresó al océano como una justificación de lo que pasó.

Todo se podría quedar en el reino de lo real y lo metafórico, si no fuera por un pequeño fragmento en el que la narradora nos confiesa que nunca le va a decir a Mona “cómo una vez, cuando mis primitos vinieron de visita, fuimos al zoológico y las focas me reconocieron, las dos se asomaron desde el agua y hablaron en una lengua extranjera. No le voy a decir. Estoy demasiado asustada” (Samatar). Esta revelación quiebra la facilidad con la que, hasta ese momento, se había relegado a las figuras maternas como selkies a una figura discursiva y nos invita a contemplar la posibilidad de la existencia de lo supernatural en la narrativa. Al mismo tiempo, esa ambigüedad entre lo natural y lo fantástico enfatiza el conflicto interno de la protagonista, que teme que su legado fantástico sea real y que las conduzca a Mona y a ella a separarse:

El cuento termina con la promesa de romper con el ciclo de abandono y pérdida iniciado por sus madres y ofrece una posibilidad de regeneración y cierre de ese duelo que las ha acompañado durante todo ese tiempo.

Me parece que nunca podemos asegurar sin lugar a dudas si la madre de la narradora —o, inclusive, la narradora misma— es literalmente una selkie y por eso se fue, por haber encontrado su piel en el ático, o si todo es parte de la imaginación de la narradora para lidiar con el duelo de la pérdida de su madre. Me parece que la fuerza del cuento radica en la prevalencia de ese espacio liminal y ambiguo entre lo natural y lo fantástico, lo posible y lo imaginario, como las selkies mismas existen entre la tierra y el mar. Asimismo, el cuento de Sofia Samatar nos ofrece el acto de contar historias como una forma de sanación del duelo, que, a mi parecer, es una de las formas más bellas de pensar en la literatura.

Obras citadas:[3]

Heddle, Donna. “Selkies, Sex, and the Supernatural”. The Bottle Imp, no. 20, 2016, https://www.thebottleimp.org.uk/2016/12/selkies-sex-and-the-supernatural/. Consultado 10 de octubre de 2020.

Samatar, Sofia. “Selkie Stories Are for Losers”. Tender. Ed. Kindle, Small Beer Press, 2017.

Notas:

[1] El artículo al que me refiero es “5 Incredible Books by Women That Influenced Carmen Maria Machado” en el sitio de Electric Literature (https://electricliterature.com/5-incredible-books-by-women-that-influenced-carmen-maria-machado/)

[2] Pueden leer el cuento de Samatar en el siguiente enlace: http://strangehorizons.com/fiction/selkie-stories-are-for-losers/

[3] Las traducciones de ambos textos son mías.

Deja un comentario

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión /  Cambiar )

Google photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google. Cerrar sesión /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión /  Cambiar )

Conectando a %s