Identidad y cuidado en El viaje de Chihiro (2001)

Siempre me ha encantado la importancia que tienen los nombres en las narrativas. En muchas ocasiones la forma en la que se denomina a los personajes (o mejor aún, la falta de nombres) puede decir tanto. Después de mucho analizar textos a lo largo de la universidad y tratar de darle sentido a lo que leía, era casi imposible no tratar de encontrar alguna relación entre los nombres de los personajes con otra obra literaria, o notar si parecía que algún nombre parecía omitirse intencionalmente. A lo largo de mi vida me ha intrigado que asociemos la identidad de una persona al nombre que lleva y creo que eso se ve reflejado de una manera muy hermosa en El Viaje de Chihiro (2001).  La primera vez que vi una película de estudio Ghibli en el cine recuerdo verla anunciada en el periódico. Ese día hice berrinche porque mi papá me leyó la descripción de El viaje de Chihiro en el que decía que la película se trataba de una niña caprichosa y me dijo “igual que tú”. 

Durante mucho tiempo la historia de Chihiro me pareció una de las más bonitas y gratificantes que había visto pero no podía identificar claramente porqué. En esta película, la protagonista debe pasar por numerosas pruebas en su narrativa de crecimiento para lograr un desarrollo espiritual y consolidar su identidad de mujer joven. Gracias a políticas de cuidado y la gran caracterización de Chihiro, esta película me parece un ejemplo precioso para hablar sobre identidad. Al encontrarse atrapada en un mundo extraño en el que nada es realmente lo que parece y se juega con la dualidad y el engaño, Chihiro debe descubrir quién es en realidad para salvar a sus padres de un terrible hechizo y poder regresar a su propio mundo. Para esta entrada me gustaría reflexionar sobre la importancia de los nombres en El viaje de Chihiro y cómo estos son la clave para definir la identidad de los personajes principales, así como el impacto de las relaciones de cuidado en el desarrollo de la protagonista.

© Studio Ghibli

En una primera instancia, la película nos presenta una secuencia con Chihiro completamente desolada por mudarse a una nueva ciudad y completamente cerrada al cambio. Hasta el momento en el que se encuentra frente a un raro edificio en medio de un pequeño bosque, su actitud cautelosa, guiada por el miedo hacia lo desconocido, nos presenta a una niña aún bastante inmadura. Sin embargo, al momento en que sus padres encuentran un lugar que sirve comida y se sirven sin esperar a ser atendidos, Chihiro recalca que no deberían tomar la comida puesto que “se van a enfadar con nosotros” (09:30 Miyazaki). Esto alude a las buenas costumbres de Japón que dictan que uno no puede entrar a un establecimiento sin anunciarse y mucho menos tomar mercancía sin ser atendido por alguien. En este primer instante podemos relacionar el rechazo de la comida como un tropo de los cuentos de hadas en el que la heroína debe rechazar la comida de un mundo alterno o se verá atrapada en él para siempre. El sigilo de Chihiro la lleva a ser la única de su familia que no cae bajo el hechizo de Yubaba y constituye la primera instancia en la que no cae en sus engaños. Este constante juego de apariencias es esencial para el desarrollo de la protagonista a lo largo de la película y la lleva a formar una identidad bien definida

© Studio Ghibli

Tras rechazar la comida que se le ha ofrecido y descubrir que no puede volver al lugar de donde vino, Chihiro comienza a desaparecer al no ser bienvenida en el mundo espiritual. En estos momentos encontramos una de las primeras muestras de cuidado hacia la personaje. Haku ayuda a Chihiro a recuperarse y poder actuar en este nuevo mundo al darle una pequeña baya para comer y liberando su cuerpo con un hechizo para que pueda tener autonomía sobre este. La forma en la que Haku se acerca a Chihiro establece desde el inicio una relación de iguales al decirle “no temas, soy tu amigo” (15:01 Miyazaki) y guiarla hacia dónde debe llegar por sí misma. En el recorrido por la casa de baños, podemos ver que la apariencia inicial de la casa, que en un inicio parece atractiva, no es más que una fachada para los clientes, mientras que para los empleados es un lugar un tanto grotesco e inseguro. Esto se demuestra al seguir a Chihiro por la parte de atrás para llegar a las calderas. En esta escena donde se ven las descuidadas escaleras completamente expuestas (y terribles para quienes sufren de miedo a las alturas), se muestra la precariedad que sufren los empleados en esta empresa. Sin embargo, la secuencia de descenso hacia las entrañas de la casa de baño llena de miedo y angustia hace un paralelo hermoso con otra secuencia hacia la mitad de la película donde Chihiro, mucho más decidida, hace un recorrido similar para ayudar a Haku. Al llegar con Yubaba a pedir trabajo, ésta decide quitarle su nombre como un medio para controlarla. Cuando llega el momento de firmar su contrato, la bruja literalmente le arrebata su nombre para cambiarlo por otro: “A partir de ahora te llamarás Sen” (40:27 Miyazaki). Desde de este momento se pone en riesgo la identidad de Chihiro, obligándola a llamarse de otro modo lo que implica que, cuando busca a sus padres convertidos en cerdos no es capaz de reconocerlos en lo absoluto al olvidar por un momento quién es ella en realidad.

© Studio Ghibli

Es curioso que a lo largo de la película la protagonista rara vez pronuncie su nombre y quien más hace mención de este es la primera persona que encuentra en el mundo espiritual, Haku. El reconocimiento de Haku hacia Chihiro corresponde a una memoria enterrada en la mente de la protagonista que anuda su conexión con el mundo espiritual al haberse encontrado con Haku, una figura divina, en su infancia. Él es el único ser que constantemente la reconoce por su nombre real a lo largo de la película, recordandole su verdadera identidad para no perderse en un mundo lleno de engaños. El hecho de que Haku haga que Chihiro recorra las entrañas de la casa de baño sola para pedir trabajo y poder sobrevivir ayuda a la protagonista a dejar atrás sus miedos (al menos de forma momentánea) y ser autosuficiente sin alguien que la lleve de la mano. Haku establece que “la bruja Yubaba te controla quitando tu nombre” (Miyazaki) por lo que no permite que Chihiro olvide quién es; recordemos que él mismo ha dejado atrás su verdadero yo para convertirse en aprendiz de Yubaba. Como se establece más adelante, Haku es controlado por la bruja para hacer el “trabajo sucio”, pero la conexión que tiene con Chihiro es más fuerte que el hechizo que lo ata a su empleadora.

Para poder reencontrarse consigo misma y ascender en su desarrollo espiritual y encaminarse hacia la madurez Chihiro no puede dejarse llevar por los engaños de Yubaba. Es por eso que las redes de cuidado que establece con personajes como Lin y Kamaji (quienes a pesar de no conocerla en verdad deciden ayudarla por su determinación de sobrevivir) le permiten encontrarse a sí misma y escapar de este mundo que pretende controlarla por medio de engaños y avaricia. Mientras que el resto de los personajes de la casa de baño se guían por los bienes materiales, los seres con los que Chihiro establece relaciones de cuidado, al igual que ella, no se guían por dichas banalidades. Un ejemplo de ello son los momentos en los que el Sin Cara quiere atraer a Chihiro con jabones de baño y ella decide no aceptarlos más allá del que necesita para hacer bien su trabajo: “No necesito tantos, solamente necesitaba uno” (58:00 Miyazaki) y en el momento en el que el Sin Cara comienza a atraer a todos los empleados con oro, Chihiro establece que él no puede darle lo que ella desea cuando se lo ofrece (1:15:50 Miyazaki). Con ello Chihiro demuestra que su motivación son las relaciones personales que ha creado y mantenerlas, no las riquezas falsas que ofrece la casa de baños.

© Studio Ghibli

A lo largo de la película y con cada desafío, Chihiro demuestra que no es más “una niña consentida y chillona” (38:02 Miyazaki), como establece Yubaba al inicio de la película. Su desempeño en la casa de baño la lleva a tener el reconocimiento de quienes en un inicio la despreciaban por ser humana e incluso el reconocimiento de su empleadora. Al hacer los trabajos que nadie más está dispuesto a hacer, Chihiro, en su papel de Sen, logra satisfacer a los clientes y salvar a los empleados del Sin Cara, cuando éste comienza a aterrorizarlos. Hacia el medio de la película, cuando Haku se encuentra en grave peligro, Chihiro recorre la casa de baño por segunda vez. Esta secuencia hace un paralelo con el inicio, donde debe bajar por la parte trasera para encontrarse con Kamaji; sin embargo, en esta ocasión se muestra completamente decidida y confiada para ayudar a su amigo. En estas escenas, a pesar del peligro que implica llegar a los aposentos de Yubaba por caminos (hasta cierto punto) prohibidos, Chihiro demuestra un gran crecimiento, a comparación de su presentación inicial. Su determinación para viajar a lugares desconocidos para encontrar a Zeniba, la gemela de Yubaba (a pesar de los terribles rumores) para ayudar a Haku demuestra correspondencia al cuidado que éste le ha brindado anteriormente. Tanto así que el viaje que emprende hacia Zeniba la lleva a recordar su conexión inicial con Haku y establecer su identidad completamente al reconocerse por primera vez en la película como Chihiro ante Zeniba. Al tener un entendimiento completo de quién es ella, su desarrollo espiritual ha sido completado, lo que le permite darle a Haku su verdadera identidad de vuelta y liberarlo del servicio de Yubaba. Al mismo tiempo, esto la deja libre de caer en más engaños de la bruja por lo que la prueba final de identificar a sus padres entre un grupo de cerdos no presenta ningún problema para ella.

© Studio Ghibli

Creo que la razón por la que esta es una de mis películas favoritas, además de la maravillosa animación característica del estudio Ghibli, es la hermosa correspondencia de cuidado que hay entre los personajes. Constantemente Chihiro recibe apoyo genuino de sus amigos y ella actúa de manera recíproca, lo que crea relaciones balanceadas que contribuyen al desarrollo completo de la protagonista. Los lazos que forman la llevan de ser completamente rechazada en un extraño mundo donde se encuentra completamente sola y desamparada, a que todos en la casa de baño celebren sus triunfos. Chihiro no se deja llevar por las apariencias de este mundo y logra recuperar su identidad completamente, y en su camino hacia ese reconocimiento ayuda a otros a descubrirse a sí mismos. El viaje de Chihiro demuestra la importancia de los nombres y la memoria para saber quiénes somos. Esta película muestra una historia de crecimiento preciosa dado que la protagonista no necesita de nadie que la proteja ni la lleve de la mano hacia el ascenso espiritual, todo el tiempo se trata de relaciones horizontales entre Chihiro y quienes le brindan apoyo constante. 

Obras citadas:

El viaje de Chihiro. Dirigida por Hayao Miyazaki, Studio Ghibli, 20 julio, 2001.

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