“¿Realmente no te reconoces en nosotras?”: The Testaments (2019) de Margaret Atwood

Leí The Handmaid’s Tale (1985) durante el semestre que estuve de intercambio durante la carrera (el séptimo, por si tenían curiosidad por saber). Nos repartieron las listas de lectura y nos dijeron que teníamos que escoger una para exponerla. Elegí esa porque me gusta mucho Margaret Atwood, había escuchado que era una de sus obras más emblemáticas y este era el pretexto perfecto para sentarme a leerla. No sabía que esperar porque no tenía ni idea de qué trataba, pero no quedé decepcionada. La premisa básica es que ocurre un golpe de estado en lo que solía ser Estados Unidos. Un grupo de fanáticos religiosos toma el control del gobierno y despoja a todas las mujeres de sus bienes y de su autonomía. Después del proceso de transición, surge Gilead, una nación regida por un gobierno teocrático y totalitario en que las mujeres no tienen ningún grado de agencia. Las mujeres pueden pertenecer a distintos grupos dependiendo de su fertilidad y su estatus social. Están las esposas, que tienen un estatus social alto y pueden ser o no infértiles; las Marthas, mujeres infértiles (que solían ser de clase baja) y que sirven en las casas de los comandantes; las Tías, mujeres de edad avanzada que se encargan de indoctrinar y disciplinar al resto de las mujeres y, por último, las Criadas, un grupo de mujeres fértiles cuyo deber es engendrar hijxs para las familias de élite que no pueden tenerlos. La novela está narrada desde la perspectiva de Offred, una Criada con el deber de engendrar un hijo para un poderoso comandante.

Es una distopía impresionante que sigue vigente hasta el día de hoy, por el retrato tan vívido que presenta del machismo y la opresión hacia las mujeres que persisten en nuestra sociedad. A ratos resulta difícil de leer por la crueldad y la violencia que presenta, pero es un texto que continúa dando de qué hablar, como demuestran la reciente serie televisiva producida por Hulu y la tan esperada secuela que por fin vio la luz el año pasado: The Testaments. Esta novela tiene lugar 15 años después de los acontecimientos de la primera y cuenta la historia de tres mujeres: Agnes, una joven nacida en Gilead y destinada a convertirse en la esposa de un prominente comandante; Daisy, una joven nacida en Gilead cuya madre logró sacarla del país y ahora vive en Canadá y la Tía Lydia, una las pioneras en la fundación del régimen y una de las autoridades más temidas por el resto de las mujeres. Las tres historias terminan por entrelazarse y dan comienzo al plan que generará la caída de Gilead.

De acuerdo con varias reseñas que leí en Goodreads, algunas personas parecen coincidir en que esta secuela carece de algunas de las características que hacen que The Handmaid’s Tale sea una obra maestra. Se habla acerca de que no produce la misma sensación de shock que el primero y no infunde la misma sensación de terror y desolación. Si bien considero que todo el mundo tiene derecho a opinar lo que le plazca sobre la novela, me gustaría hacer dos comentarios al respecto de estas declaraciones. En primer lugar, al leer The Testaments ya estamos familiarizadxs con el mundo de Gilead y con las atrocidades que se cometen ahí, lo que provoca que no se produzca el mismo extrañamiento que generó el primer acercamiento a la obra original de Atwood. En segundo lugar, debemos recordar que la ciencia ficción no habla del futuro, sino que lo usa para creer una metáfora de una situación actual y creo que esta secuela construye esta metáfora de manera tan sutil que quizá es difícil notar que este acercamiento más profundo al funcionamiento de los diferentes roles que cumplen las mujeres en Gilead es una crítica a la manera en que sistema patriarcal pone a las mujeres en contra de otras mujeres. Quizá no resulta algo tan conmocionante como algunas de las atrocidades que relata la primera novela porque es algo que está normalizado dentro de nuestra sociedad, pero pienso que es aún más aterrador pensar que la violencia psicológica que aborda la secuela es menos grave que la violencia física que vemos en la primera novela

Es justo en este tema que me gustaría centrar este texto. En esta entrada analizaré, en primer lugar, la manera en la que Gilead impone políticas de terror que generan enemistades entre mujeres. En segundo, la forma en la que las tres distintas perspectivas sirven para enriquecer la narrativa y nuestro conocimiento de la sociedad distópica. Por último, la sororidad y los aspectos de las relaciones entre mujeres que no vemos en THT.

Si leyeron la primera novela, probablemente no tengan ningún tipo de aprecio por la Tía Lydia, la severa mujer que trabaja en el Red Center y conduce parte del proceso de re-educación de las mujeres que están próximas a convertirse en Criadas, a menudo malinterpretando o sacando de contexto pasajes de la Biblia que usa para legitimar los actos más crueles. Resulta sorprendente, entonces, abrir The Testaments y ver que el primer capítulo está contado desde la perspectiva de esta mujer que llegamos a odiar tanto (un poco en el estilo de lo que pasa con Abby en The Last of Us 2). Esta narración nos permite aprender cómo es que un grupo de mujeres terminó estando a cargo de imponer orden y disciplina entre sus pares. La tía Lydia se encuentra escribiendo sus memorias y relata los eventos que sucedieron durante el golpe de estado, cómo fue secuestrada y llevada hasta un estadio junto con otras mujeres profesionistas que ya no estaban en edad reproductiva, cómo fue torturada y privada de sus necesidades más básicas, todo esto con el objetivo de quebrarla mentalmente. La idea era que las mujeres estuvieran tan desesperadas por sobrevivir que estuvieran dispuestas a hacer lo que fuera, incluso volverse las unas contra las otras. La tía Lydia relata que hubo ejecuciones desde el primer día, pero con el paso del tiempo se dieron cambios importantes en la manera en que se llevaban a cabo: “En el cuarto día hubo una variación: tres mujeres se encontraban entre los tiradores. No llevaban trajes de negocios sino unas túnicas largas y cafés, parecidas a batas de baño, con bufandas alrededor del cuello. Eso llamo nuestra atención… En el quinto día había seis mujeres vestidas de café entre los tiradores” (Atwood 144). Esta parte de la transición al régimen totalitario es muy importante porque es fundamental cortar los eventuales lazos entre mujeres para ejercer un mayor control sobre ellas. Todo empieza con las ejecuciones, ya que las mujeres tienen sólo dos opciones: estar en el escuadrón de fusilamiento o entre las fusiladas. Esto junto con la organización de las mujeres en diferentes grupos sociales y la casi nula comunicación entre los diversos grupos garantiza que no haya posibilidad de que las mujeres se organicen en contra de los hombres.

Si bien no estoy haciendo una comparación entre The Handmaid’s Tale y The Testaments, me parece importante regresar a ciertos aspectos de la primera porque ayudan a entender cómo la segunda novela centra su crítica en la manera en que el régimen patriarcal busca dividir a las mujeres. Si bien el estilo de narración es similar al del THT (una serie de testimonios que son analizados después de la caída de Gilead), la narración resulta muy distinta porque tenemos tres voces diferentes. En THT tenemos únicamente la narración de Offred, una Criada cuyo único propósito, de acuerdo a a la socidad en la que vive, es engendrar hijxs para alguien más. Es un relato claustrofóbico y desesperanzador, porque refleja el sentir de Offred: las criadas son las mujeres que se encuentra más aisladas dentro de la sociedad porque suponen una fuente de “tentación” para los hombres, entonces se les recluye y se les “protege” para que puedan cumplir con su cometido. 

En The Testaments, la narración viene de las mujeres que resultan más “privilegiadas” dentro del régimen (realmente ninguna mujer en Gilead tiene algún grado de privilegio). En primer lugar, tenemos a la Tía Lydia. Su narración nos lleva a descubrir que en realidad ha estado trabajando en una conspiración para poder acabar con el estado totalitario de Gilead. Es un proceso que le ha llevado mucho tiempo y que sin duda no la redime de las atrocidades que ha cometido, pero definitivamente añade profundidad a quién parecía ser simplemente un peón del sistema. A través de su narración llegamos a conocer su lado más humano y todo lo que Gilead le ha arrebatado, a pesar de ocupar una de las posiciones más altas en la pirámide de justicia del régimen:

El régimen la ha trasformado tanto que la ha hecho perder todo lo que hacía que se identificara con otras mujeres. La ilusión de poder que posee (porque al final, son los hombres quienes realmente están a cargo) ha hecho que le sea difícil reconocerse a sí misma. Si bien estas revelaciones no borran las atrocidades que la Tía Lydia cometió para mantener su posición como Tía, sirven para empatizar un poco con su situación y entender que ella también es una víctima del sistema.

En segundo lugar, tenemos a Agnes Jemima, quien nació bajo el régimen de Gilead y fue educada para convertirse en la esposa de un Comandante. La narración de Agnes nos permite apreciar el proceso de adoctrinamiento por el que pasan incluso las mujeres que pertenecen al sector social más exclusivo. Al haber crecido dentro de Gilead, sin conocimiento del mundo anterior al régimen, tienen normalizados muchos de los comportamientos más atroces. Se entrena a las niñas desde pequeñas para que exhiban un comportamiento ejemplar y no caigan en prácticas que puedan resultar perjudiciales para el estado:

Una vez más vemos que el impedir la formación de lazos entre mujeres resulta una prioridad. En este caso no se trata de quién fusila y quién es fusilada, sino de quién logra obtener el mejor esposo. Agnes admite en un punto que la niña a la que considera su amiga más cercana sólo se interesa en su persona porque busca ascender socialmente.

Por último, tenemos la perspectiva de Daisy/Jade/Baby Nicole, una adolescente originaria de Gilead pero que fue contrabandeada cuando era una bebé y llevada a Canadá. Gilead usa su historia como propaganda para reforzar la idea de que todos aquellos que no están dentro del régimen actual no cumplen con la voluntad de Dios y emprende una cruzada mediática para que la niña sea devuelta a su nación de origen. La perspectiva de Daisy, como la conocemos la mayor parte del libro, nos ofrece un punto de vista cercano al de lxs lectorxs, ya que observa lo que sucede en Gilead desde el exterior y tiene mayor libertad para analizar y cuestionar lo que pasa:

Al no haber experimentado en carne propia los horrores del régimen, a Daisy no le queda claro cómo una mujer poder llegar a ser el enemigo más temible de otra mujer, no conoce a fondo las situaciones extremas a las que las mujeres de Gilead han sido sometidas y a través de las cuales fueron despojadas de su humanidad.

No quiero decir que el relato de Offred o su sufrimiento dentro del régimen sean inválidos, pero sí me gustaría señalar que ofrece una visión un tanto limitada de la vida de las mujeres en general dentro de Gilead. The Testaments nos abre a distintas perspectivas y nos permite ver que la opresión se da en distintas formas dependiendo del entorno de la mujer. Es por esto que la caída de Gilead es posible sólo cuando ellas logran superar todas las barreras que los hombres han impuesto para crear una enemistad entre mujeres. Cuando las historias de las tres narradoras comienzan a entrelazarse se vuelve muy claro por qué se tomaban tantas medidas para dividir y atemorizar a las mujeres ya que la sororidad y la formación de una red de apoyo entre mujeres permite atacar al sistema desde la raíz.

Como dije al principio de esta entrada, The Handmaid’s Tale continúa vigente incluso 35 años después de que fue publicado. The Testaments no se queda atrás ya que expande el conocimiento del mundo distópico de Gilead pero resalta aspectos que son claves para los movimientos feministas de la actualidad como la sororidad y la importancia de la inclusión de diferentes perspectivas e identidades dentro de estos movimientos.

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