Desmenuzando el vampirismo con humor en What We Do in the Shadows (2014)

Desde el éxito rotundo de Dracula (1897) de Bram Stoker, los vampiros se han afianzado en el imaginario popular, al mismo tiempo que han tenido múltiples y diversas reiteraciones y transformaciones en las artes, en especial en la literatura y el cine. Hace más de una década se vino una nueva ola de narrativas sobre vampiros inspirada por el éxito de la saga iniciada por la adaptación cinematográfica de Twilight (2005), de Stephenie Meyer, en 2008. Para bien o para mal, esas películas lograron poner sobre la mesa el hecho de que nuestra sociedad sigue igual de fascinada con esos depredadores nocturnos que hace más de un siglo con la publicación original de la novela de Stoker y con sus subsecuentes reinterpretaciones. Ahora, ¿a qué se deberá esa fascinación con la figura del vampiro? Quizá, en parte, venga del mundo de posibilidades no-humanas que se le presentan a una persona que adquiere la inmortalidad a un precio alto, el de consumir sangre humana para su supervivencia, porque, al parecer, la búsqueda de la inmortalidad es una causa casi tan vieja como la humanidad misma.

A mi parecer, una de las ventajas del aparente rebrote de las narrativas sobre vampiros en el Hollywood contemporáneo es que brinda la posibilidad de cuestionarlas de maneras tan creativas como diversas. Éste es el caso de filmes como Only Lovers Left Alive (2013) de Jim Jarmusch o What We Do in the Shadows (2014) de Jemaine Clement y Taika Waititi, cuyas premisas parten de una pregunta muy similar: ¿qué pasaría si se arrojara a un ser inmortal como un vampiro al tumulto que es la vida en la actualidad? Sin embargo, la forma de responderla varía de manera sustantiva entre ambas. Por cuestiones de brevedad, en la entrada de esta semana me gustaría que pensemos en What We Do in the Shadows y en cómo utiliza la comedia para deconstruir las narrativas de vampiros. Quisiera mostrar cómo se aprovechan los elementos cómicos para, tras la desestabilización de las narrativas populares sobre estas criaturas, humanizar a los protagonistas y cuestionar tanto las implicaciones que tendría el ser una criatura inmortal en nuestros días, como la relevancia de la figura del vampiro en la cultura popular. Para ello, primero hablaré brevemente sobre la forma en que se construye la comedia en la película; luego, abordaré cómo es que los protagonistas desestabilizan los estereotipos cinematográficos de los vampiros; para, finalmente, llegar la manera en que se humaniza (un poco irónicamente) a estos vampiros de manera que se permita un cuestionamiento sobre el significado y las implicaciones de la inmortalidad.

What We Do in the Shadows, escrita y dirigida por Jemaine Clement y Taika Waititi es, antes que nada, una comedia. Adopta la forma del mockumentary o falso documental para seguir los andares cotidianos de Viago (Taika Waititi), Vladislav (Jemaine Clement), Deacon (Jonathan Brugh) y Petyr (Ben Fransham), cuatro vampiros que comparten la misma casa, en las vísperas del Unholy Masquerade, un evento anual organizado por la comunidad de los muertos vivientes de Wellington, Nueva Zelanda. El estilo de la película asemeja a series como The Office (2005-2013) en su uso de entrevistas individuales y la presencia de cámaras para registrar los momentos más inoportunos para los personajes documentados. Asimismo, se aprovechan diversos montajes de manera efectiva para fines cómicos, como el de las fotografías del acervo personal de los vampiros a lo largo de las décadas, para jugar con la noción del documental que aborda los años de formación de los entrevistados. Un dato curioso respecto de la producción de la película es que, como lo dijo Clement en una entrevista, prácticamente toda la película fue improvisada con base en ideas muy generales que él y Waititi le daban al resto del elenco. Por esta razón, el proceso de edición fue sumamente laborioso, ya que contaban con mucho material grabado que había que condensarse (Plum y O’Hara, 2015).

©Madman Entertainment ©Paramount Pictures

Considero que la comedia viene, principalmente, de la yuxtaposición entre los personajes que son vampiros y los avatares de la vida cotidiana en la Nueva Zelanda del siglo XXI. Las “reglas” que delimitan las posibilidades de los vampiros en la película son bastante clásicas y reconocibles, pero la forma en que la mundanidad de la época contemporánea choca con ellas tiene un resultado cómico que le da fuerza a este falso documental. Por ejemplo, estos vampiros no pueden ver su reflejo en los espejos, lo cual hace que, al momento de vestirse, necesiten que los otros los dibujen y los describan para poder apreciar cómo se ven; o, cuando quieren salir de antro en las noches, no pueden entrar a la mayoría porque requieren que alguien los invite a pasar, como ocurre con el Drácula de Stoker. La forma del falso documental le va muy bien a What We Do in the Shadows para enfatizar la discordancia entre el vampirismo y las actividades mundanas que deben intentar realizar, además de resaltar la aparente espontaneidad de los eventos que vemos en pantalla por su naturaleza “periodística”.

Asimismo, cada uno de los vampiros que aparecen en escena recupera elementos estereotípicos de vampiros de la cultura popular. Por ejemplo, Petyr remite a Nosferatu, pero es una presencia tan abiertamente amenazante que se vuelve cómica en el contexto de la película; Vladislav, apodado “the poker” (el que da toques/golpecitos), recuerda a Vlad El Empalador, la inspiración original para Drácula, aunque se ridiculiza su tendencia a la tortura y al sadismo; y Viago recuerda un poco a Lestat de las novelas de Anne Rice, cuando menos en vestimenta del siglo XVIII, quien vive el conflicto entre los modales y su cualidad de depredador que necesita sangre humana para vivir, la cual dice que es la única desventaja de ser un vampiro. Las películas a las que estos personajes hacen guiños manejan un acercamiento mucho más serio y terrorífico a las criaturas de la noche que choca con las peripecias de los cuatro amigos de esta película.

©Madman Entertainment ©Paramount Pictures

La desestabilización de estos estereotipos se debe, en gran parte, a la contraposición entre sus personalidades excéntricas y la mundanidad de su vida en la que comparten casa y deben dividirse las labores de limpieza —lo cual se convierte el dolor de cabeza eterno de Viago, porque Deacon, Vlad y Petyr no son muy buenos cumpliendo con ellas—. La comedia es el puente que une la historia de vampiros con una historia sobre amigos que deben aprender a convivir en grupo, negociar la repartición de las labores domésticas y sobrevivir en la pequeña ciudad neozelandesa. La película se beneficia en gran medida de no tomarse demasiado en serio a sí misma, sino que florece en medio de la ridiculez de la premisa que plantea, cosa que no sucede en una película como el Dracula (1992) de Francis Ford Coppola, una ridiculez ingeniosa que funciona especialmente bien gracias a la destreza de su elenco.

La dinámica entre los cuatro vampiros cambia cuando Nick (Cori Gonzalez-Macuer), un humano a quien habían invitado a su casa para cenárselo, termina por convertirse en el vampiro más joven del clan. Este acontecimiento obliga a los vampiros a confrontarse con los problemas que implica ser un nuevo vampiro en la época contemporánea. Su adición al grupo les trae fricciones; en especial entre Deacon y Nick; desgracias, como la muerte accidental de Petyr; y nuevos horizontes, como es la amistad de Stu (Stu Rutherford), el mejor amigo humano de Nick, con el clan de vampiros. El nuevo integrante del grupo transforma la comedia en prácticamente una tragicomedia, puesto que evidencia que los vampiros no encajan del todo en el mundo moderno, principalmente porque son seres que llevan viviendo cuando muy poco dos siglos —como Deacon, “el joven chico malo del grupo” de tan solo 183 años— y su capacidad de adaptación a los tiempos modernos se ve muy reducida. La inmortalidad de los protagonistas los termina por aislar en un microcosmos en el que el paso del tiempo se vuelve aún más relativo para ellos.

Una escena significativa para la confrontación de la película con las desventajas de la inmortalidad ocurre cuando, tras la aparente muerte de Stu, Deacon, a su manera, intenta consolar a Nick. Empieza su discurso con “esto es lo que pasa cuando eres un vampiro, tienes que ver a todos morir”, lo cual nos confronta con las implicaciones más duras de la inmortalidad, que claramente no se extiende a todas las personas a las que quieres, pero te obliga a atestiguar su muerte porque la humanidad sí tiene fecha de expiración, a diferencia de las vidas de los vampiros. En el monólogo de Deacon conviven perfectamente otras reflexiones oscuras sobre la dificultad de ver a tu familia y amigos morir, incluso de viejos, con aseveraciones con toda seriedad sobre cómo es mejor ser asesinado por hombres lobo que morir con demencia senil. De esta manera, su discurso resume de manera perfecta el acercamiento que se tiene en la película a tanto las narrativas vampíricas como al humor que surge de la yuxtaposición entre estos seres inmortales y la vida cotidiana.

©Madman Entertainment ©Paramount Pictures

No obstante, la película no permite que sus protagonistas vivan bajo el yugo de su inmortalidad y la pérdida que ésta implica. La alternativa que se presenta ante la incapacidad de los vampiros para encajar perfectamente en el mundo actual viene de los lazos afectivos que logran establecer y que les permiten crear comunidades que superen las barreras espacio-temporales de las vidas meramente humanas. Por eso es que se vuelve tan importante para Viago garantizar la convivencia armónica dentro del grupo; por eso es que los vampiros establecen entre ellos ciertas reglas de conducta —y castigan su incumplimiento con fabulosos “paseos de la vergüenza”— e intentan velar por los miembros de su grupo, aunque les implique tener que aprender a convivir con hombres lobo en nombre de Stu, por ejemplo. Las desventajas de la inmortalidad se vuelven más soportables cuando se enfrentan en compañía, y eso es algo que estos vampiros siempre tienen muy claro.

What We Do in the Shadows sabe aprovechar el humor, las referencias a múltiples narrativas sobre vampiros, y las realidades de la vida contemporánea. Pese a los elementos paródicos y humorísticos que entretejen estas narrativas, la película de Clement y Waititi es una gran película de vampiros que pone en tela de juicio, inclusive, algunos aspectos nocivos que permean estas historias, como el falocentrismo de las historias vampíricas o la tremenda desigualdad en edad y experiencia del mundo que habría entre parejas de humanos y vampiros —personalmente me parece fabuloso el chiste que dice Viago sobre él ser un “asalta cunas” cuando, al final, termina junto con la mujer que amaba, y con la que no pudo estar por una confusión postal hasta los 96 años de ella—.  El puente entre vampiros, falso documental y comedia que se establece en la película nos recuerda la forma en que ciertas historias se pueden mantener vigentes mediante su reinterpretación, transformación, y reescritura, con múltiples risas de por medio.

Referencias:

Clement, Jemaine, y Taika Waititi. What We Do in the Shadows, Paramount Pictures, 2014.

Plumb, Ali, y Helen O’Hara. “What We Do In The Shadows Interview: Taika Waititi and Jemaine Clement”, Empire, 2015. https://www.empireonline.com/movies/features/shadows-interview-jemaine-clement-taika-waititi/ (Último acceso: 11/11/20)

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