[Reseña] Feliz año pasado (2019): un recordatorio sobre el (des)apego y la memoria

Por Amira Pantaleón

“¿Me provoca esa chispa de alegría?”, me preguntaba (como tantxs otrxs) mientras sostenía ese suéter de lana que habitaba mi clóset desde hacía varios años, con la voz de Marie Kondo de fondo. En 2019, el método de la japonesa experta en organización parecía lo más viable para reordenar tu vida relativamente rápido partiendo del reacomodo de los objetos que te rodean cotidianamente. Sonaba simple y, de alguna forma, adecuado ¿sacar aquello que no te brinda alegría (en el sentido que lo quieras entender) y desechar junto con esas cosas esa “no-alegría” de tu vida sin un largo proceso de luto? ¿Con una decisión instantánea y una pregunta con sólo dos posibles respuestas deshacerte de aquello que pesa en el pecho? Suena simplemente maravilloso y práctico. Pero no te dejes engañar, si bien pareciera perfecto en un inicio (y créeme este no es un apunte en contra del método y estilo de vida KonMari), la cosa no es tan sencilla. Prueba de ello es el sujeto real de este pequeño apunte: Feliz año pasado (2019), del director tailandés Nawapol Thamrongrattanarit, nos enseña a reconocer y abrazar aquellos objetos que van de salida.

La cinta tailandesa fue uno de esos encuentros casuales en mi sesión diaria de scrolling infinito en Netflix; una película de la que no esperas más que pasar el rato, pero que termina siendo un cachito de ficción donde lx espectadorx se permite ser vulnerable y reconocerse abiertamente en la protagonista, la enigmática Jean (Chutimon Chuengcharoensukying). La sinopsis de Netflix suena a la típica rom-com con las mismas fórmulas de siempre, pero una vez que entiendes que no se trata de una clásica historia de amor romántico entre una pareja de ex-amantes que se desviven por el otro (ni pretende serlo), la película adquiere matices distintos donde a ratos es comedia, a ratos es drama, a ratos es la historia de Jean y a ratos es la historia de unx mismx. 

Thamrongrattanarit nos presenta a una diseñadora que decide transformar la planta baja de su hogar en una moderna oficina minimalista. Para ello, Jean cuenta con poco tiempo y debe deshacerse de todo lo que se ha acumulado a lo largo de los años en la que era la tienda de música de su padre. Bolsa tras bolsa de basura, la historia de Jean se va explicando con verdades y escenas entrecortadas para terminar con la sutileza e importancia del dejar ir. Si bien la película comienza con una trama que pudiera sonar tediosa sobre una mujer dura, cuya búsqueda por la simplicidad se refleja hasta en la forma en que viste, poco a poco, y a medida que Jean revela su propia vulnerabilidad, Feliz año pasado nos invita a no hablar de “reacomodos” sino de resignificaciones que adquieren los objetos a lo largo del tiempo.

© Very Sad Pictures, Happy Ending Film

Aún si la relación de Jean con Aim (Sunny Suwanmethanon), su ex pareja, se vuelve en cierto punto el eje que conecta la trama, la cinta no pretende servir como “presagio” de un inevitable futuro juntos. Su relación es tan sólo un ejemplo más de las relaciones a las que aluden los objetos y que la película aborda: al empacar, Jean no sólo afronta los recuerdos de un amor pasado, sino que debe lidiar también con sus relaciones amistosas y sus relaciones intrafamiliares. Así, la limpieza no sólo es algo liberador y satisfactorio en sí mismo, sino que adquiere esa cualidad de depuración por todo lo que implica el reconocer los significados, memorias y emociones atribuidas a objetos que parecen tan desechables. Sólo así se puede dejarlos ir.

Una vez que Jean comprende que el tirar el CD que su mejor amiga le regaló años atrás implica, para la otra parte, desechar la intención detrás del acto de amistad, el filme nos habla de cuán importante es reconocer la responsabilidad afectiva hacia los demás partiendo, sí, de un objeto banal, pero un objeto que ha adquirido diferentes significados a partir de las vivencias con las que se le asocia. Jean decide regresar aquellos objetos y aquellas memorias a las personas a las que pertenecen: sea una foto, sea un cinturón, sea un CD y completar el ciclo al darle un nuevo significado a aquello que estaba a punto de tirar sin más. Suenan ecos de la famosa cita de Garro en Los recuerdos del porvenir donde los objetos hablan y nos dicen: “yo sólo soy memoria y la memoria que de mí se tenga”, pero cómo dejar que una memoria exista y habite un cuerpo si tan sólo partimos de la emoción presente de la “chispa de alegría” sin reconocer plenamente el pasado al que pertenecieron las cosas y el futuro al que podrían pertenecer. 

© Very Sad Pictures, Happy Ending Film

Por Amira Pantaleón

Deja un comentario

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión /  Cambiar )

Google photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google. Cerrar sesión /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión /  Cambiar )

Conectando a %s