Bucles temporales y solipsismo ético en “Try, Try” (2020) y Palm Springs (2020)

Ya estamos casi a un año del inicio del confinamiento debido a la pandemia que básicamente ha modificado muchas de las acciones y ocurrencias que dábamos por sentado —como viajar en un vagón del metro atascado a las 8am, con molestia e incomodidad, pero sin mayor problema, o casualmente tener reuniones con muchas personas dentro de una casa, sin preocuparse por la ventilación, que muchas veces era horrible, o el espacio, que pocas veces era suficiente—. En este año hemos tenido que modificar nuestras estrategias para estudiar, trabajar, convivir y, en general, sobrevivir, con mayor o menor éxito. En mi caso, estos reajustes han afectado, incluso, mi percepción del paso del tiempo, que, al pasar la mayor parte de los días sentada frente a mi escritorio dentro de mi cuarto, parecen desdibujarse y convertirse en un continuo que, al mismo tiempo, se escapa muy rápido y se siente eterno. Entre bromas he pensado que la sensación que ha prevalecido en estos meses es la de estar atorada en un bucle temporal que parece no tener principio ni fin, y es precisamente de bucles temporales que me gustaría hablar en esta ocasión.

 Los bucles temporales han intrigado a Hollywood desde hace mucho tiempo. Basta con hacer una búsqueda rápida para encontrar múltiples artículos que recopilan selecciones de películas que hablan de estos temas, desde la clásica Groundhog Day (1993) hasta otros éxitos taquilleros como Source Code (2011) o Edge of Tomorrow (2014). Ahora, ¿cuál será nuestra fascinación con esta premisa? Para empezar, creo que permite desarrollar secuencias emocionantes y visualmente impactantes, además de que las grandes productoras ya han cachado el éxito de este tipo de películas entre la audiencia. Además, me parece que la frase “me gustaría que este momento pudiera durar para siempre” puede cruzar nuestras mentes al vivir experiencias que atesoramos, puesto que nada se escapa del paso del tiempo, e incluso nuestras memorias pueden dejar de ser tan nítidas conforme sigue fluyendo. Quizá nos subyace un deseo por lograr conservar en el tiempo a ciertas personas o ciertos momentos, que se vuelve aún más tentador puesto que es imposible. Estas películas parecen llevar esa premisa al extremo y hacer que nos preguntemos: aunque pudieras hacer que algo durara para siempre, ¿querrías que así fuera?

Fundamentalmente, considero que todas las historias sobre la manipulación del tiempo, ya sea sobre bucles temporales o viajes en el tiempo, nos invitan a preguntarnos no sólo, como había dicho antes, si realmente quisieras poder hacerlo, pero qué implicaciones éticas pudiera tener esa disrupción temporal para las personas que la experimentan e, incluso, para las que no. En esta entrada me gustaría explorar dos instancias en las que se utiliza la premisa de los bucles temporales para reflexionar sobre cuestiones de ética, consentimiento y responsabilidad moral. Estas dos instancias, curiosamente, se estrenaron con apenas unas semanas de diferencia en el verano del año pasado: el episodio del reboot de The Twilight Zone (2019- ) titulado “Try, Try” (2020) y la película Palm Springs (2020). Para ello, resaltaré brevemente los elementos en común que encuentro en el manejo que hacen ambas narrativas de los bucles en el tiempo y sus repercusiones éticas para luego contrastar las maneras en que sus protagonistas interpretan su responsabilidad moral dentro de un mundo aparentemente sin consecuencias.

El programa The Twilight Zone (1959-1964), creado por Rod Serling, era una serie de antología en el que cada capítulo presentaba una historia que transcurría en los confines de la “dimensión desconocida”, que usualmente tenía que ver con eventos sobrenaturales, invasiones alienígenas, u otros elementos fantásticos, de terror o de ciencia ficción. En 2019, Simon Kinberg, Jordan Peele y Marco Ramirez estrenaron una serie del mismo nombre que rescata y moderniza el espíritu de la original de Rod Serling. Cada capítulo explora personajes y situaciones distintas, desde un pasajero de avión que empieza a escuchar un podcast que parece predecir un accidente terrible (“Nightmare at 30,000 Feet”) o un hombre que descubre una maqueta de su pequeña ciudad que le concede el poder de efectuar cambios de tamaño real (“A Small Town”). Muchas de las historias de la nueva serie evidencian y critican temas como el racismo, la xenofobia, el machismo y le inequidad social que las vuelven actuales y pertinentes, si bien el tono y desenvolvimiento de los capítulos en muchas ocasiones hacen guiños a la serie sesentera que le presta su nombre.  

El capítulo “Try, Try”, de la segunda temporada de la serie, gira en torno al encuentro fortuito entre Marc (Topher Grace) y Claudia (Kylie Bunbury), una estudiante de antropología que visita un museo para estudiar diversas máscaras de tribus nativas americanas como parte de la investigación para su tesis. Marc la salva de ser arrollada por una camioneta al cruzar la calle a las afueras del museo y, una vez dentro, Claudia y él empiezan a conversar casualmente y parecen encajar muy bien. Sin embargo, conforme avanza el capítulo, Marc se muestra cada vez más errático y sus intenciones se notan menos desinteresadas. Claudia se da cuenta de que algo no parece cuadrar del todo con Marc, y al confrontarlo éste le revela reticentemente que, para él, no es la primera vez que ese día en específico está sucediendo y, lo que es más, que no es para nada la primera vez que ha intentado interactuar con ella, pese a que para ella y para las demás personas lo sea. Con esta confesión, “Try, Try” se incorpora a la larga tradición cinematográfica de los bucles temporales, pero el capítulo poco a poco se vuelve más tenso, conforme las verdaderas intenciones de Marc se van esclareciendo, y la actuación de Topher Grace se va volviendo más amenazante, en vez de aparentemente encantadora.

© CBS

Claudia, cada vez más aprensiva (y el entorno del museo cada vez más laberíntico y abrumador), queda en shock cuando Marc le confiesa que toda su interacción hasta ese momento no sólo había estado cuidadosamente planeada, sino que es el resultado de un sinnúmero de iteraciones (de ahí el nombre del capítulo: “inténtalo de nuevo”, parece exclamar Marc), reajustes y nuevas oportunidades en su búsqueda por, supuestamente, ganarse el afecto de Claudia. Para Marc, la práctica parece prometer hacer al maestro; pero, para Claudia, las repeticiones previas de Marc la ponen en una desventaja muy clara, puesto que él parece saber muchísimo sobre ella y su pasado, pero para ella es la primera vez en su vida que se encuentra con ese sujeto. De esta manera, el capítulo pone sobre la mesa la cuestión el consentimiento y su revocación, puesto que Claudia alega que, si bien pudiera ser cierto que en algún momento otro de sus yo pudiera haberle gustado Marc, no quiere decir que ese “sí” en el pasado implique que ella en su presente esté obligada a reciprocar sus declaraciones o a hacer absolutamente nada con él. Me parece que el capítulo aprovecha bien la premisa del bucle en el tiempo para, a su vez, recordarnos de la importancia de hablar del consentimiento y su revocación en cualquier momento para empezar a discutir y combatir situaciones potenciales de abuso sexual.  

Asimismo, el capítulo nos invita a preguntarnos lo siguiente: si cada día que pasa, sin poder evitarlo, el tiempo se reseteara para ti y todas las demás personas no parecieran notarlo, ¿cuáles serían las consecuencias? Para Marc, la respuesta sería que ninguna, que las consecuencias no existen y, por ende, puedes hacer absolutamente cualquier cosa sin miedo a repercusiones reales, dado que ni siquiera la muerte puede sacarte de la cárcel del bucle temporal. Lo aún más preocupante es que, para Marc, el hecho de que no haya repercusiones implica que la puerta está abierta para realizar ciertas cosas que normalmente la sanción social evitaría que hicieras. Marc se aprovecha del solipsismo total de su experiencia en el mundo para actuar con crueldad y manipular a las personas a su alrededor, en especial a Claudia. “Try, Try” nos invita a pensar en ese balance entre la convicción propia y el contrato social que debiera garantizar un comportamiento ético, pero que no siempre ocurre, a veces con consecuencias terribles como es el caso de Marc dentro de su bucle destinado a repetirse perpetuamente.

En el capítulo de The Twilight Zone se presenta una exploración ética de las consecuencias de los bucles temporales retomando elementos del thriller, con suspenso e incertidumbre desde el que se pueden encontrar vínculos directos con la propuesta de Palm Springs (2020). No obstante, el tono y desenvolvimiento de la película, dirigida por Max Barbakow y escrita por Andy Siara, es diametralmente opuesto, al ser, más bien, una comedia romántica. La película sigue las peripecias de Nyles (Andy Samberg) y Sarah (Cristin Milioti) durante la boda de Tala (Camila Mendes), la hermana de Sarah. Nyles llega a la boda como el novio e invitado de Misty (Meredith Hagner), una de las damas de la novia, pero desde el principio se denota que la relación entre ambos está en problemas, lo cual sólo se confirma conforme avanza la noche y se ve su interés por la hermana de la novia.

La película parece apuntar a ser una comedia romántica situada en una boda como bastantes otras antes que ésta, pero las cosas cambian abruptamente cuando un sujeto encapuchado interrumpe una escena de intimidad entre Sarah y Nyles y le empieza a disparar flechas a éste. Lo absurdo e hilarante de la película empieza a cobrar fuerza desde ese momento y el primer acto culmina con Sarah siguiendo al malherido Nyles al interior de una cueva en el desierto, pese a un grito (efusivo, pero no muy convincente dada la situación) de que no entre. A lo que parece la mañana siguiente, Sarah despierta en su habitación sólo para darse cuenta de que no es, en efecto, el día siguiente, sino el mismo día de la boda que acababa de pasar. Cristin Milioti es maravillosa en el momento en que se da cuenta de la rareza de la situación y decide confrontar a Nyles.

Nyles pronto le explica la tristeza y desesperanza del bucle temporal en el que se encuentran, al que la muerte tampoco puede ponerle fin, y le confiesa que ella es la tercera persona en ser parte del bucle, después de Roy (J. K. Simmons), quien juró vengarse Nyles por meterlo al bucle y quien lo atacó con flechas al inicio de la película. Sarah desde un inicio se muestra reticente a resignarse a la situación y exige encontrar una salida, pero sus primeros intentos se ven frustrados. No obstante, la química entre ambos personajes es innegable y juntos empiezan a disfrutar de la absurdidad inherente a su situación, a divertirse de maneras distintas y a desarrollar cada vez más un vínculo entre ellos. En este caso, la incipiente relación entre Nyles y Sarah es posible debido a que el hecho de que ambos estén dentro del bucle temporal los pone inmediatamente en una situación de horizontalidad uno respecto del otro.

© Hulu

La película también pone sobre la mesa la cuestión de la responsabilidad moral y lo que significaría comportarse éticamente en un mundo que, aparentemente, no tiene consecuencias. A diferencia de Marc en el capítulo de The Twilight Zone, Nyles confronta a Sarah en un momento en el que ella parece estar tentada por ese mundo sin repercusiones. Ella clama que nada importa, ya que nada trasciende, y Nyles la refuta argumentando que el dolor es real, para las otras personas y para ellos mismos, y que, si bien el resto del mundo se resetea y todo lo que ocurre en el día se borra, ellos, atrapados en el bucle, deben cargar con las consecuencias de sus acciones. Sus acciones siguen teniendo consecuencias, si bien sólo ellos puedan saberlo, y eso es suficiente para evitar que Nyles caiga en un solipsismo ético absoluto como fue el caso de Marc. Nyles logra encontrar el balance entre la conciencia propia y la responsabilidad para con los otros por sí mismo.

Como audiencia, prácticamente no sabemos nada sobre el Nyles que existía fuera del bucle temporal, pero podemos notar que no es exactamente la misma persona que era antes (para empezar, me parece casi inconcebible que fuera pareja de Mysty, porque son muy distintos), que la repetición lo ha hecho, hasta cierto punto, crecer y cambiar, además de acercarse a una nueva persona. Sarah carga con varios secretos vergonzosos de su pasado, pero si Palm Springs nos invita a reflexionar algo, es que si bien nuestro pasado nos da forma, no quiere decir que no podamos decidir nada sobre nuestro futuro. Me parece importante que la construcción de los personajes no recaiga en detalles de su pasado, sino en lo que vemos de ellos durante la película, porque afianza esa posición constructiva y alentadora sobre la posibilidad de moldear un mejor futuro pese a posibles malas decisiones anteriores, aunque tampoco nos permite olvidar que esas malas decisiones traen consecuencias que hay que afrontar, y tratar de conciliar y sanar esas heridas infligidas a otras personas y a nosotros mismos.

Me parece que Palm Springs sigue desarrollando temas presentes en “Try, Try” de manera que se ofrece una reconciliación posible entre el solipsismo moral y la responsabilidad para con los demás al vivir dentro de una sociedad y necesitar de las relaciones interpersonales. Si “Try, Try” utiliza el recurso narrativo del bucle temporal para explorar las posibles consecuencias negativas del solipsismo ético y advertirnos sobre la importancia de hablar sobre el consentimiento, Palm Springs termina con una nota más alegre que nos recuerda que, más allá de las posesiones materiales o los logros profesionales, lo que le da sentido y valor a nuestra vida es la posibilidad de compartir y conectar con las personas que queremos, lo cual me parece un mensaje absolutamente reconfortante y necesario para sobrellevar estos tiempos pandémicos en los que pareciera que nos encontramos dentro de un bucle temporal propio sin una salida clara.            

Referencias

“Try, Try”. The Twilight Zone, escrito por Alex Rubens, temporada 2, episodio 9, CBS, 2020.

Palm Springs. Dirigida por Max Barbakow, escrita por Andy Siara, Hulu, 2020.

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