To All the Boys y el espectáculo gestual

Por Elizabeth Cadena Sandoval

A finales de 2018, mientras vagaba en los rincones que Instagram tiene preparados para mí, me encontré con la siguiente imagen de la cual no tenía más contexto que su descripción (“Imagina recobrar la consciencia después de desmayarte, abrir los ojos y ver esa cara”):


https://www.instagram.com/p/Bp2wDP4nfPC/?utm_source=ig_web_copy_link

No sabía de qué película o serie se trataba, quiénes aparecían, cuál era la situación o por qué esa/e usuario de Instagram decidió que era necesario añadir este momento a su perfil. Pero incluso en los escasos segundos con que una mira publicaciones, supe dos cosas: que se trataba de una historia romántica en la que estos dos personajes eran los protagonistas y que éstas eran las caras con las que, de interesarme en la historia, me tocaba enganchar. Y claro que me enganché. Pero el proceso fue mucho más complejo de lo que esperaba cuando por fin decidí buscar To All the Boys I’ve Loved Before en Netflix y verla.

Con el reciente estreno mundial de la última entrega de la trilogía de To All the Boys (TATB), me parece que es un buen momento (pretexto) para compartir algunas ideas sobre la construcción de este mundo de romance adolescente. Y es que TATB funciona como caso de estudio de un fenómeno de la cultura visual contemporánea: el “reuso” de imágenes (tomas, secuencias, escenas) de películas o series en las redes sociales. Tal reuso, sin duda, se presenta de muchas formas, con propósitos y resultados diversos (pensemos en los millones de memes que circulan diariamente). Sin embargo, por ahora sólo me refiero al reuso que se encarga de extraer, congelar y sobre todo atesorar los gestos (corporales o verbales) que se consideran más “icónicos” de una película o serie. Y hay aún algo más particular en cómo esta forma de reuso ocurre en Instagram, la principal red social para coleccionar y compartir imágenes y las experiencias individuales/colectivas de esas imágenes. Así, a partir de los mosaicos creados en los perfiles de Instagram dedicados a TATB, me interesa explorar cómo ciertos reusos de la imagen exponen los recursos con que se articula la historia al tiempo que crean universos imaginarios en los que se formulan nuevas relaciones entre la/el espectador y el mundo ficcional. 

Hablemos primero de la narración original. Aquí es necesario señalar que la trilogía cinematográfica To All the Boys (2018-2021) es una adaptación de los libros escritos por Jenny Han, entre 2014 y 2017,[1] por lo que, estrictamente, el texto “original” es el literario. Sin embargo, consideremos que mi objeto final de reflexión son las referencias a TATB en Instagram, donde no es raro que se tomen libros y películas como parte de un todo y donde ciertamente las imágenes cinematográficas son el centro de atención, mientras que las referencias literarias se vuelven una extensión y complemento de la experiencia visual. Esto también se debe en gran medida a que, desde un inicio, tanto el cast como las adaptaciones de TATB han tenido buena recepción por parte de quien también ha leído las novelas. Así pues, me parece arriesgado proponer una rotunda separación entre la narración literaria y la cinematográfica pues, aunque hay claras diferencias, dentro de la práctica del reuso ambas son el “origen de la historia”.

Por otro lado, aunque toda la trilogía cuenta la historia de amor de Lara Jean y Peter, con un satisfactorio final feliz, la primera entrega, To All the Boys I’ve Loved Before (2018), me parece la más interesante no sólo en términos narrativos, sino también porque es la que más ha perdurado en el archivo visual de los perfiles de Instagram a los que hago referencia. Esto, a mi parecer, es testimonio del impacto que ha tenido la práctica del reuso en la experiencia y memoria espectatorial. Dicho esto, todas mis reflexiones se enfocan en la primera parte de la historia, aunque al día de hoy los perfiles de Instagram ya tienen una vasta actualización de material hasta la tercera película.

El título “To All the Boys I’ve Loved Before” (“A todos los chicos que he amado”) hace referencia al elemento que desata el conflicto en al menos las dos primeras partes de la trilogía: cinco cartas de amor que Lara Jean Covey ha escrito (pero nunca enviado) a cada interés romántico que ha tenido en el pasado. La primera novela/película se inserta sin dificultad en la tradición del género romántico, siguiendo patrones e incrustando referencias a ejemplares de la novela rosa y la comedia romántica. Aquí somos testigos sobre todo del proceso de enamoramiento de Lara Jean (Lana Condor) y Peter Kavinsky (Noah Centineo)[2]. La historia comienza cuando las dichosas cartas son enviadas, sin conocimiento de LJ, a los respectivos destinatarios, entre los que se encuentran Peter, quien recientemente ha tenido un rompimiento amoroso. Con el pretexto de neutralizar un malentendido con otro de los destinatarios y darle celos a la ex de Peter, los protagonistas se alían para fingir (con protocolos de por medio) que ahora son una feliz pareja. Sin embargo, los engañados son ellos mismos pues, entre contratos, notas de amor falsas, conversaciones personales y secretos, descubren que no estaban pretendiendo tanto como creían.

Un cambio importante en la adaptación es la focalización de la narración, pues el texto literario está escrito en primera persona, narrado por la misma Lara Jean, mientras que la película, aunque contiene intervenciones en off de LJ, inevitablemente muestra más al espectador de lo que ve la protagonista. Esto en particular ha sido muy conveniente para la práctica del reuso, pues ha permitido a las/los espectadores interpretar gestos, movimientos y acciones con gran detalle y atención. Y es justamente por la precisión con que se (ad)mira la película que lo que se comparte en Instagram termina exponiendo ciertos recursos narrativos y los expande hacia la creación de una dimensión más allá de los confines de Netflix. Me refiero en especial a tres recursos narrativos: 1) la configuración visual de la película, 2) la producción de la idea de pareja (“falsa”) a partir de los gestos y sutiles acciones de los personajes/actores, y 3) la construcción de los personajes.

To All the Boys I’ve Loved Before se realizó bajo la dirección de Susan Johnson y con la fotografía de Michael Fimognari (quien luego dirigiría las secuelas). En términos visuales, lo primero que resulta evidente en esta película es el uso predominante de planos cerrados, con los rostros de los personajes en el centro y con poca profundidad de campo. Aunado a esto encontramos un uso de colores altamente estilizados, como si se tratara de ese filtro de Instagram que hace la toma más brillante, con los contornos resaltados. Estas cualidades de la imagen a su vez benefician los rostros de los actores, tanto en términos estéticos como en sus expresiones gestuales. Y, finalmente, donde estos elementos se conjugan es en el montaje, el cual se encarga de enfatizar —a veces incluso a costa de la lógica espacial— las reacciones de los personajes, sus interacciones, no desde lo verbal sino desde lo corporal. Estos detalles permiten una forma de reuso que conserva la lógica del montaje original de la película, al tiempo que extrae los instantes que le importan al usuario a nivel experiencial y los congela.

Hablemos, por ejemplo, del final del primer acto: el planteamiento del conflicto. Peter ya le ha propuesto a LJ que finjan ser pareja para despistar tanto a los otros destinatarios como a su ex novia. Una escena después, Lara Jean ya se ha convencido de que quizás la propuesta de PK funcione y con una determinación que hasta ahora no se le había visto, busca a Peter durante su práctica de lacrosse (sí, PK es el capitán y es muy admirado por toda/os), acepta el trato y él, con una sonrisa, la besa para que todos los vean. La cámara, sin embargo, muestra poco interés en los demás: son ellos y la posibilidad de una relación amorosa. Lo que ocurre en los reusos de Instagram es una descomposición de la escena (como unidad  narrativa) en fragmentos más pequeños: instantes, gestos, líneas de diálogo, tomas. Lo interesante es que a esa selección primero se congela y luego se le da un orden cronológico dentro de un mismo cuadro (al estilo de las historietas).


https://www.instagram.com/p/B1lvLVzJgYD/?utm_source=ig_web_copy_link

Aquí, resulta imprescindible abordar las consecuencias de privar a la “imagen en movimiento” del aspecto temporal de su movimiento. Es decir, un instante que, en la película, con un movimiento temporal regular, dura como un minuto y es lineal, en su versión congelada de Instagram, dura lo que sea que la/el usuario decida y sólo ocurre linealmente (de arriba hacia abajo, de izquierda a derecha) si así lo decide quien lo mira. En este sentido, una puede (re)vivir ese momento infinitamente. En la película esta escena es crucial para la historia total de PK y LJ; mientras que el instante congelado, con su obsesión por el detalle, da mayor peso a lo afectivo e incluso potencia las capacidades del montaje.

Ahora bien, mientras que la imagen en reuso expone el montaje, también lo replantea y permite que se extienda a otras experiencias. Hay que notar la precisión en la selección de las tomas: la edición de la imagen está hecha en el instante justo en que el actor hace el gesto. También hay que considerar la descripción: “En esta escena, Peter estaba bañado de la luz dorada del amanecer y honestamente fue hermoso.” Se trata de las experiencias provocadas por el personaje/actor no sólo a través del diálogo sino también a partir de la presentación de su cuerpo. Esto es aún más evidente en reusos como el de la imagen siguiente, donde la descomposición de la escena termina en el reuso de un instante único: el beso. Aquí no se trata de reusar varias tomas, sino de congelar y diseccionar una sola. Y es que, si bien los gestos se congelan sin dejar de sugerir movimiento, se trata más bien de un movimiento corporal-afectivo, sin ataduras con lo temporal: interpretamos el uso del cuerpo del personaje/actor y lo conectamos con una reacción emocional propia que no necesariamente es parte de la historia.


https://www.instagram.com/p/BqCtKEzHGUX/?utm_source=ig_web_copy_link

Las referencias gestuales excesivas durante el reuso de imágenes adquieren otra capa de interpretación cuando consideramos que durante casi el 80% de la película estamos viendo a actores que pretenden ser personajes que también están “pretendiendo” para cumplir con un papel. A partir de ese beso, Lara Jean y Peter establecen un contrato para sostener el noviazgo falso; ahí proponen las acciones que cada uno hará por el otro para guardar las apariencias. En la siguiente imagen encontramos un énfasis e idealización de gestos (una sonrisa, una mirada, el roce de las manos, la cercanía) que, curiosamente, ocurren durante el desarrollo de la relación falsa. En este sentido, el placer en el reuso de las imágenes está también en desenmascarar al personaje/actor, encontrar la emoción genuina detrás de la mentira/actuación. En esta forma de reuso se da un paso más afuera de los confines de Netflix, pues mientras se conservan las tomas y colores, éstas han sido extraídas por completo de su contexto y secuencia original. Mientras que en la película/libro todos estos momentos están permeados por la perspectiva de LJ, quien narra una y otra vez que sólo están pretendiendo y nada de esto es real, la extracción para Instagram sostiene una narración (voz y perspectiva) propia. Con esto, se percibe una relación más íntima con la imagen. Como planteé con el ejemplo anterior, siempre hay un vínculo afectivo con la imagen; aquí, sin embargo, también se busca apropiación, no de la imagen como tal (en estas prácticas no siempre hay líos respecto a los derechos de autor), sino de los gestos y la experiencia emocional de los personajes: la mirada de Peter ya no está dirigida sólo a Lara Jean sino también a quien se involucra con la publicación (nótese la descripción: “Espero que todos ustedes encuentren su Peter Kavinksy algún día”).


https://www.instagram.com/p/BwFhCelJ9JH/?utm_source=ig_web_copy_link
 

Ahora bien, no podemos referirnos a los gestos corporales sin hablar de los actores y la construcción de los personajes que interpretan. En términos de guion, al menos uno de los personajes protagonistas (Peter) depende casi por completo de su presencia y cualidad visual, más allá de sus diálogos o arco dramático (aunque no es así en el texto literario). Con esto en mente, me atrevo a decir que la construcción de personajes en la película de To All the Boys I’ve Loved Before no ocurre únicamente durante la película sino también a partir de sus extensiones en las redes sociales. Las siguientes imágenes muestran algunas maneras en que se crean estas extensiones en Instagram: complementación de un momento icónico de la película con una cita del libro (e incluso de otras fuentes), referencias excesivas a gestos del personaje en la película, y la inserción de la vida y acciones del actor Noah Centineo en el universo del personaje Peter Kavinksy (especialmente en su relación personal con Lana Condor).

Es esta forma de reuso con la que quizás nos alejamos más del mundo plasmado en la pantalla o en los libros y podemos percibir la construcción de un universo más extenso, donde las relaciones (actor-personaje, personaje-historia, personaje-espectador, espectador-historia, espectador-actor) se complejizan a partir de las reacciones afectivas hacia las imágenes. PK ya no es sólo el interés romántico de LJ, también es Noah Centineo o Noah Centineo con Lana Condor o cualquier otra interpretación que cada usuario/a dé a cada gesto y rostro en el contexto de cada perfil. Y es que no hay que olvidar que cada publicación ocurre entre muchas otras que, al tiempo que se vuelven parte de un mismo perfil, adquieren un significado colectivo. En otras palabras: habrá consecuencias en la percepción de este universo si en un mismo perfil de Instagram aparece un momento romántico entre Peter y Lara Jean, junto a fotografías de Centineo modelando con el pecho descubierto para una revista, o imágenes exclusivas del rodaje de la película.

A modo de conclusión me atrevo a reiterar que, si bien la franquicia To All the Boys se ha beneficiado mucho de la práctica del reuso en términos comerciales (la tercera entrega llegó con mucha anticipación y pronto alcanzó el Top 1 en Netflix), el fenómeno del reuso en redes sociales ocurre con muchos productos audiovisuales, al punto que es imposible separarlos del texto original. Me parece, sin embargo, que la relevancia está en que entendamos las relaciones que establecen con los espectadores y hasta qué punto afecta nuestra experiencia de cada texto e incluso de cada medio.

Por Elizabeth Cadena Sandoval

Notas:

[1] Los títulos originales de las novelas son: To All the Boys I’ve Loved Before (15 de abril de 2014); P.S. I Still Love You (26 de mayo de 2015); Always and Forever, Lara Jean (2 de mayo de 2017).

[2] En ocasiones me referiré a ella como LJ y a él como PK.

Deja un comentario

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión /  Cambiar )

Google photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google. Cerrar sesión /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión /  Cambiar )

Conectando a %s